Viernes 28 de Abril de 2017 - 20:45hs. - República Argentina Edición # 1659

Revista #40 Julio 2010 > Agricultura

“A medida que se agranda la soja, se achica la ganadería”

Soberanía alimentaria vs. sojización. Entrevistado por 2010, Hugo Bacci, vicepresidente del Consejo Argentino de Productores, criticó a la Mesa de Enlace, reclamó la implementación de un instituto como el IAPI y aseguró que en Argentina “son más poderosas las multinacionales del agro que el Estado”.


Por Héctor Bernardo

El Consejo Argentino de Productores (CAP), es una entidad creada por ruralistas con profundas diferencias con  la Mesa de Enlace. Al contrario de los sectores que produjeron el piquete rural, los integrantes del CAP señalan que su proyecto se encuentra en el marco de la soberanía alimentaria y subrayan su enorme preocupación por el constante avance de la soja. En un distendido diálogo con 2010, el vicepresidente de CAP, Hugo Bacci, remarcó las diferencias con la Mesa de Enlace,  y afirmó que el sector que algunos medios denominaron “El Campo” está conformado por “grupos que buscan construir un país agro-exportador. Un país para pocos, dirigido por los grandes monopolios”.

¿Qué es el Consejo Argentino de Productores?

Es una asociación civil sin fines de lucro, creada por un grupo de productores que representan a distintos sectores. El presidente del CAP es un productor agropecuario que era presidente de la Sociedad Rural de Morteros, un pueblo de la provincia de Córdoba. Él tuvo problemas serios con el piquete agropecuario. Por oponerse al piquete le quemaron el quincho.

Ellos (la Mesa de Enlace) le dicen paro, pero no fue  paro.  Algunos dicen lock-out, pero tampoco lo fue. Un lock-out es el cierre de una fábrica que hacen los patrones. Acá no se cerró nada, se siguió trabajando, sembrando, cosechando. Eso, lo que fue realmente, fue un piquete.

¿El Consejo se diferencia de ese sector?

La nuestra es una asociación sin fines de lucro que está formada por representantes de la Cámara Argentina de Productores de Cerdos, Cámara Argentina de Productores de Pollo, yo soy representante del sector de cría de la ganadería y hay muchos más. Uno de nuestros principales objetivos es que haya un comercio justo para los pequeños productores.

¿En la actualidad no existe un comercio justo?

Es muy difícil. Un pequeño productor tiene que enfrentar a las grandes cadenas de supermercados, que inclusive están de acuerdo en que uno compre para todos. Si tenés cien vendedores y un comprador, ese comprador es el que pone el precio, el que pone las exigencias y es el que después carga el 300%  al precio que le llega al consumidor, cuando el productor recibe un precio muy bajo. Nosotros tratamos de que el que vende no dependa tanto de un solo comprador. Salvo que ese comprador fuera el Estado, como ya ocurrió otras veces en el país con la asistencia del IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio).

¿Qué papel cumplía el IAPI?

En algún momento el IAPI compraba todas las producciones del país y las comercializaba. Todo el excedente lo exportaba a altos precios, y lo que hoy están ganando las multinacionales lo ganaba el Estado. Con esa ganancia, el Estado promocionó la industria, creó trabajo y creó un gran mercado interno. Además, daba préstamos a muy bajo interés y a muy largos plazos para que los chacareros que arrendaban las tierras pudieran comprarlas.
Esto funcionó  así desde 1943 hasta 1955. La primera medida que tomó la dictadura del ´55 fue disolver el IAPI y darle el poder de compra y exportación a los Bunge y Born y a los grandes grupos económicos.

Si acá existiera un instituto nacional de mercadeo que comprara toda la producción y comercializara el excedente, se podría estimular la industria para que haya trabajo para todos. El campo no puede dar trabajo para todos. Lo que da trabajo para todos es la industria.

En la actualidad, los sectores que algunos medios denominaron “El Campo”, se oponen a la creación de un ente similar.

Son grupos que buscan construir un país agro-exportador, un país para pocos, dirigido por los grandes monopolios. Porque ellos son socios de esos grandes monopolios.

El 80% de ese piquete extraordinario que paralizó al país lo realizaron los medios de comunicación. Los piquetes no fueron tantos, y, sin embargo, los medios generaron un estado anímico en la población que hizo que hasta sectores de clase media salieran a la calle.

¿El CAP tiene una lógica completamente distinta a la Mesa de Enlace?

El Consejo Agropecuario tiene varios objetivos, porque nos queremos manejar en el marco de la soberanía alimentaria y en el marco del desarrollo nacional. Si bien somos del sector rural, creemos que no tenemos desarrollo si no se desarrolla el país. Salvo que pensemos en un país para pocos.

Nuestros proyectos están dentro del marco de la soberanía alimentaria. Por tal motivo, nos planteamos ver también qué deficiencias existen para señalar lo que se debe producir. En el sector que a mí me compete, que es el de la cría de terneros, existe una complejidad: el Estado no tiene una participación muy grande y no tiene un poder importante. Son más poderosas las multinacionales del agro que el Estado. Y la demostración está en que cuando se quiso tomar una medida, se paralizó al país. Y si se quieren tomar medidas de planificación, tampoco se puede. Lo que han hecho todos los países desarrollados para crecer (Estados Unidos, Inglaterra, etc.) fue tomar medidas proteccionistas. Acá cuando hay un intento de ordenarse un poco en defensa de la industria y de la promoción de la producción nacional, los medios lo salen a criticar.
¿Cuál es la situación actual de la ganadería?

La ganadería está en una situación crítica. Una, porque no hay datos que indiquen fehacientemente cuántos animales hay, pero casi todos señalan que hay una disminución en el stock ganadero. Paralelo a eso hay un avance de la sojización. Es decir: a medida que se agranda la soja, se achica la ganadería. Y nosotros creemos que esto tiene mucho perjuicio para el país. Se avanza hacia el monocultivo, que está demostrado que es muy malo. Esto ya lo denunciaba José Martí cuando decía que el país que elige la monoproducción se está suicidando.

¿Además, la soja requiere menos cantidad de mano de obra que otros cultivos?
Sí, desgraciadamente la soja requiere mucha menos manos de obra. Eso ha hecho que, según el censo de 2001, el 25% de los habitantes de la zona rural hayan emigrado hacia los grandes centros urbanos. Y en la provincia de Buenos Aires esa cantidad es del 30%. Esto genera un desequilibrio muy grande. En la provincia de Buenos Aires, en casi todos los distritos rurales se han cerrado escuelas primarias a consecuencia de la migración.

¿Y qué se puede hacer para cambiar eso?

Nosotros estamos estudiando un proyecto de estímulo a la producción de terneros. Uno de los objetivos es el aumento a la rentabilidad del productor, no porque haya un aumento de precios, sino porque haya una mayor producción. Recientemente anunciaron desde el Poder Ejecutivo que salían al mercado 1.000 millones de pesos mensuales para préstamos en proyectos de producción agro-industriales a un interés bajo. En nuestro proyecto, nosotros pedimos que a los bajos extractos de productores se les subsidie el interés del préstamo  para que tenga mayor rentabilidad, porque es el eslabón más vulnerable de la cadena de producción de carne y es el que queda donde viene el avance de la soja.
Es tan grande la oferta que le hacen por el alquiler del campo, que de otra manera no puede resistir.

¿Se está haciendo muy difícil frenar el avance de la soja?

Se hace muy difícil por los grandes poderes que vienen detrás de la soja. La  multinacional Monsanto está envenenando al país y es muy poderosa en el mundo. Además, están  acompañándola Cargill y otras semillerías y vendedoras de veneno. Monsanto era el productor del agente naranja que se desfoliaba en la guerra de Vietnam, que mataba los arrozales y envenenaba todo. Parte de ese agente naranja es el glifosato.

Esto es muy peligroso para las poblaciones locales.

Los chicos que son usados como banderilleros tienen el riesgo de contraer cáncer. En Ituzaingó, un pueblo de la provincia de Córdoba que no tiene más de 4 mil habitantes, ya hay más de 200 casos de chicos con cáncer.

¿Y a pesar de eso, no hay manera de detener la sojización?

La soja es un negocio brillante. Pero, ¿qué pasa con el resto del pueblo? Nosotros corremos el riesgo de perder soberanía alimentaria. Una vez íbamos en un viaje desde Rosario a Córdoba  y entre los cuatro que estábamos en el auto nos desafiamos a ver quién veía un animal en ese trayecto. Salvo en los cañadones, el resto era pura soja y no vimos ni un pájaro, ni una liebre, ni una perdiz; no vimos un animal. Los químicos que le echan a la soja van provocando la muerte de la fauna, la flora y microflora del lugar.

Si el problema del mundo es el hambre, pensemos en cómo solucionarlo produciendo alimento. Porque la soja no es un alimento. La soja es una forrajera que se usa para darle de comer a los chanchos.
 

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