Jueves 24 de Agosto de 2017 - 07:32hs. - República Argentina Edición # 1777

Revista #42 Septiembre 2010 > Agricultura

La guerra de los anabólicos

La decisión de mantener la prohibición de usar promotores de crecimiento en el engorde vacuno, priorizando el mercado de la Unión Europea, sigue generando polémica entre productores y exportadores.


Por Eduardo Henriques

El proceso de fijación de proteínas en los mamíferos -entre los cuales se encuentra el ganado vacuno- es de poco rendimiento metabólico. Entonces, para hacerlo más eficiente, suelen utilizarse anabólicos. Se define como anabólico esteroide cualquier compuesto que afecte la función metabólica del animal para incrementar la cantidad de proteína corporal. Los anabólicos pueden ser de origen endógeno (naturales) o sintéticos. Entre los primeros, se hallan las hormonas naturales, que incluyen la testosterona, el estradiol y la progesterona. Los anabólicos esteroides sintéticos incluyen el grupo de los estilbénicos, prohibidos en todo el mundo, y los no estilbénicos, conformados  por una hormona no natural, con leve acción estrogénica. El método de aplicación más utilizado es el "implante anabólico", una pequeña cápsula que se inserta detrás de las orejas del vacuno y se disuelve en 90 días.

En los Estados Unidos, país de alta competencia en el marco productivo de carnes, el 80 por ciento de los novillos se engorda con anabólicos. Algo muy distinto sucede en la Unión Europea, en cuyos países la producción ganadera se encuentra subvencionada con valores que superan los ochenta euros por animal y, por lo tanto, se rechaza el uso de promotores de crecimiento, desalentando cualquier método que genere una mayor producción. Desde fines de los ‘80, en todos los países de la comunidad se prohibió el empleo de anabólicos en la producción de carnes bovinas, veto que también se hacía extensivo a los productos importados de otros países. En ese entonces, todos los países del MERCOSUR acataron la prohibición, con la única excepción de Argentina. Acá, los promotores de crecimiento estaban autorizados en el marco de cambiantes reglamentaciones que intentaron dar garantías a la Unión Europea de que las carnes producidas con estos fármacos no serían destinadas a ese mercado. Sin embargo, dicho sistema nunca pudo ganarse la confianza de las auditorías externas respecto de su eficacia para ese cometido.

Fue así que durante la gestión de Miguel Campos en la entonces Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (SAGPyA), se puso en vigencia la Resolución 148/2006, cuyo texto afirmaba que quedaba prohibido “el uso de productos veterinarios indicados como promotores de crecimiento que contengan en su formulación sustancias de acción beta agonista o sustancias con acción girostática”. Dicha resolución ponía de manifiesto la decisión del Gobierno de no perder uno de los principales destinos de nuestras carnes y de poner en sintonía nuestras normas con las que rigen en el resto de los países miembros del Mercosur.

La prohibición generó una gran polémica que hoy, a más de cuatro años de su publicación en el Boletín Oficial, sigue vigente. A favor se manifestaron los frigoríficos exportadores nucleados en torno al Consorcio ABC. Su titular, Héctor Salamanco, opina que “el hecho de autorizar los promotores de crecimiento creaba un doble sistema: establecimientos que usaban ese fármaco y establecimientos que no los aplicaban. Como la Unión Europea exige que no se le vendan animales que hayan recibido tratamiento con este tipo de drogas, para extender las garantías que cumplen con ese requisito, debió desarrollarse un sistema de registro de productos en las droguerías y su trazabilidad hasta el punto de venta, comercialización con receta archivada, y trazabilidad de los animales que recibieron el tratamiento. Un sistema que nunca generó la confianza necesaria”.

Los que se oponen a la prohibición tienen su portavoz en la Cámara de Engordadores de Hacienda Vacuna (CAEHV), los “feedloteros”, para quienes los promotores de crecimiento son totalmente inocuos, aprobados por la FAO, la Organización Mundial de La Salud (OMS) y la Organización Mundial del Comercio (OMC). “Los Estados Unidos y Canadá le hicieron a la Unión Europea un panel en la OMC, que realizó los estudios junto a la FAO, cuyo resultado fue que no existía razón técnica para negar la entrada a sus productos, que se trataba de una medida paraarancelaria”, dice el gerente de la CAEHV, Rodrigo Troncoso. “La Unión Europea perdió el juicio y ahora tiene que resarcirlos por la pérdida de unos 130 millones de dólares anuales”.

Queda claro que el hecho de que para ambos sectores las carnes con anabólicos no hagan daño a la salud, no es el aspecto de la cuestión determinante para decidir sobre la utilidad o no de su uso en la Argentina. Lo que se discute es la inconveniencia de tener el doble sistema, por las negativas consecuencias para la economía en su conjunto.

Levaduras para el engorde

Terciando en la polémica y con una alternativa interesante, el licenciado Horacio Gerde habla de las bondades de los productos naturales que también funcionan como promotores de crecimiento. Se trata de los probióticos y prebióticos, que desde hace más de diez años se están desarrollando en nuestro país. Los primeros son -según la OMS- microorganismos vivos que, adicionados a un alimento en cantidades adecuadas, permanecen activos en el intestino, ejerciendo importantes efectos fisiológicos. Entre otras cosas, contribuyen al equilibrio de la flora bacteriana intestinal del huésped, potenciando su sistema inmunitario, mejorando el resultado de las vacunaciones; no son patógenos, pueden atravesar el tubo digestivo y recuperarse vivos en las heces, pero también se adhieren a la mucosa intestinal. Y, lo que es más importante, señala Gerde, presidente de la Fundación para la Promoción de la Producción Intensiva de Carnes Naturales Argentinas y uno de los primeros en introducir el engorde a corral en nuestro territorio, “favorecen el desarrollo del animal en forma natural”.

Los prebióticos, en cambio, son alimentos que contienen sustancias no digeribles -como la pared celular de ciertas levaduras- que estimulan selectivamente el crecimiento de ciertas bacterias de la flora intestinal, mejorando el funcionamiento del sistema inmunológico. La definición de prebiótico es literalmente "promotor de vida" (lo contrario a antibiótico). “Las levaduras secuestran determinadas bacterias indeseables que viven en el rumen -el primero de los cuatro estómagos de los rumiantes- y que compiten con las bacterias que producen el verdadero alimento del animal”, explica Gerde. El proceso es muy sencillo: como entre la pared celular de las levaduras y las paredes celulares de las bacterias “malas” hay mucha afinidad, éstas se atraen y se pegan. Y como la levadura no coloniza, no se reproduce en el rumen, sino que es excretada por el animal y adherida a ella se van las bacterias dañinas. Así se logra que las bacterias “buenas”, al no tener competencia, se desarrollen mejor y eso redunda en un mayor aprovechamiento del alimento.

Por otra parte, el rumiante es un gran comedor de fibra y las levaduras que son celulolíticas también comen fibra, esto hace que la procesen más rápido, liberando espacio para que el animal pueda comer más. “El rumen es un tambor, ejemplifica Gerde, que cuando se llena no deja pasar más. Pero si hacemos que ese contenido se procese más rápido, baja el nivel y puede entrar más alimento. El animal come más, hay más proteínas y más carne. Es tan simple como eso”.

Sobre llovido, mojado

En Argentina, el engorde vacuno siempre fue a campo, pero para llevar la eficiencia y productividad al máximo, los productores lo realizan cada vez más a corral, lo que implica una ración mucho mayor del principal insumo: el maíz, grano que viene incrementando continuadamente su valor desde hace una década. “La prohibición del uso de anabólicos, afirma Juan Carlos Eiras, Presidente de la Cámara Argentina de Engordadores de Hacienda Vacuna, no sólo le quitó eficiencia de producción a todos los establecimientos ganaderos del país, que por el mercado donde venden no tendrían inconveniente en utilizarlos, sino que además les quitó una herramienta de diferenciación a aquellos que no los utilizan”.

A esto se sumó el accionar del secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno, quien cuando los precios de la hacienda rozaron un peligroso pico, decidió el cierre de las exportaciones de carne, primero parciales y luego totales. Solo quedaron exceptuadas de la medida las correspondientes a la Cuota Hilton (casi 300 mil toneladas de carnes “Premium” destinadas a la Unión Europea y que representan un 20 por ciento del total faenado). La solución política a un problema económico aquietó los precios, pero a su vez tensionó al máximo la relación con los actores de la cadena productiva.

Así las cosas, con un panorama externo alentador -las exportaciones ganaderas aumentaron, en volumen, casi un 58 por ciento en 2009- y una falta de stock vacuno, es hora de que el gobierno diseñe y lleve a la práctica una política ganadera a largo plazo. Porque los argentinos, de carne somos…

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