Lunes 24 de Julio de 2017 - 23:40hs. - República Argentina Edición # 1747

Revista #13 Enero 2008 > Agricultura

La vaca nos da la leche


Por Luis Freitas
 
Con la firma -el 28 de diciembre de 2007- de un acuerdo entre el gobierno y los representantes del sector, la crisis lechera pasó a un cuarto intermedio, por lo menos hasta junio de este año. Así, los productores resultaron ganadores en la pulseada con el recién asumido ministro de Economía, Martín Lousteau y el polémico secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, que pretendían ubicar el valor del litro de leche por debajo de los 83 centavos que los tamberos recibían en noviembre. Tanto es así que el propio titular de la secretaría de Agricultura, Javier de Urquiza salió a desmentir que el acuerdo marcaba un fracaso de la estrategia impulsada por Economía. "No hay diferencias, esto es un ordenamiento de lo que se había planteado", señaló. Más tarde, el ministerio de Economía hizo trascender que Lousteau estaba "muy satisfecho" con el trabajo realizado por De Urquiza y Moreno en este conflicto.

El Acuerdo Marco Lechero establece para la tonelada leche en polvo de exportación un valor de 2.770 dólares y mantiene los valores al público de 14 productos derivados de la leche que integran la canasta básica (varios tipos de quesos, leches, leche chocolatada, dulce de leche, manteca, crema, yogures y postres). Dicho documento fue rubricado por representantes del Estado Nacional, de los gobiernos de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa y Santa Fe, y de la Mesa Nacional de Productores de Leche, la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas, el Centro de la Industria Lechera y la Junta Intercooperativa de Productores de Leche.

Todo había comenzado -o reactivado, ya que el tema viene de tiempo atrás- cuando Moreno intentó poner un tope de 73 centavos al litro, con el argumento de frenar la suba de la leche para consumo interno. Los productores se plantaron en rebeldía y realizaron piquetes en las industrias lácteas que llegaron a afectar el abastecimiento. Entonces, el ministro Lousteau ofreció dos nuevas alternativas: fijar el precio del litro en 78 centavos y establecer tres precios diferenciales para la leche, según se destinara al mercado local, a la exportación o se tratara de excedentes de producción. Ambas propuestas fueron rechazadas por los tamberos, para quienes, el precio que pretendía fijar el Gobierno no alcanzaba para cubrir los costos de producción. Luego de tres días de bloqueos en hasta nueve empresas lácteas, y cuando parecía que la sangre iba a llegar al río, varias líneas de negociaciones se pusieron en marcha. La más importante fue convocada por Juan José Bertero, el nuevo Ministro de la Producción del gobierno de Hermes Binner en Santa Fe, que abrió el diálogo entre tamberos e industriales y logró destrabar el conflicto que ya amenazaba con transformarse en un problema para la economía regional.

Sobre nevado, llovido

La beligerancia de los tamberos tiene sus razones. En 2007 el sector -cambio climático mediante- tuvo que soportar uno de los inviernos más crudos que se recuerden. A la falta de lluvias se le sumó la instalación de un frente frío que trajo heladas fuertes y numerosas (más de setenta en algunas zonas) y hasta nieve. Después el agua llegó, y en cantidad, inundando las praderas y verdeos en la provincia de Santa Fe, con lo que las vacas que no se ahogaron, se quedaron sin pasto para alimentarse. La situación devino en una merma en el volumen de leche. Así, mientras la producción a nivel general, según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos, creció un 7,2 durante 2007, el sector lácteo -sumando siete meses consecutivos de bajas- registró en el mismo período una caída del 8,6 por ciento.

Grandes extensiones de tierra, suelos ricos, una gran producción de granos e insumos forrajeros y rodeos de excelencia en genética hacen que Argentina esté considerada como una de las principales cuencas lecheras del mundo. Este potencial, hasta hace muy poco, le auguraba el destino de uno de los primeros lugares como exportador mundial. Es por eso que a algunos analistas extranjeros les resulta difícil entender esta disminución de la producción. Y lo que es peor, es que la misma se da en un escenario en el cual, mientras los precios pagados al tambero se mantienen sin modificaciones, la demanda y el precio de la leche en polvo a nivel internacional han tenido un crecimiento espectacular.

La ecuación entre oferta acotada y demanda muy dinámica dieron como resultado una retracción que se vio reflejada en la falta de leche en las góndolas y una tendencia creciente de su valor. Si bien desde el gobierno se atribuyó la situación a las fuertes lluvias que dejaron bajo agua a los principales campos de la cuenca lechera, en el sector creen que la política intervencionista es en gran parte responsable. “El gobierno se metió en donde no corresponde, el precio internacional de la leche es del doble que el corte que el gobierno le puso al precio de exportación”, dice el asesor privado Mario Sirvén. “Eso hace que el gran negocio que podrían hacer las empresas exportando mucho, esté reducido y que la producción vaya a menos. De cualquier manera la demanda está y la falta de leche se hace notar, el precio no es malo y se supone que se va a mantener. Ahora, no hay ninguna duda de que el precio podría ser mucho mejor y se podría producir y exportar más”.

La actual crisis, como señalábamos al principio de la nota, no es de ahora. Uno de sus primeros actos tuvo lugar en marzo de 2002 cuando los productores realizaron medidas de fuerza, obligando a la industria a sentarse a negociar la fijación precio, el sistema de regulación de la oferta cíclica para evitar la sobreoferta y la escasez, la previsibilidad y sustentabilidad del sector y, entre otras demandas, la de contar con laboratorios por fuera de las plantas industriales.

Tres años más tarde otro foco de conflicto fue abierto por el gobierno cuando en julio de ese año mediante la resolución 406 del Ministerio de Economía, decidió aumentar del 5 al 15 por ciento las retenciones a la leche en polvo y del 5 al 10 por ciento las de los quesos, y más tarde quitó los reintegros a la exportación de productos que integran la canasta básica alimentaria.

Si bien por ahora la crisis fue aventada, el sector se mantiene alerta. “cuando no se sabe qué rumbo va a tomar el gobierno y lo que se ve son medidas contraproducentes para el sector, hay mucha gente que se cambia a otro rubro o se achica o espera para despegar. En lechería se sabe que las inversiones son muchas y si todo sigue mal no se recuperan. El precio, si sigue con el ritmo que tiene hoy, no es malo, estamos más aproximados a lo que uno pretendía. Pero con las retenciones y el aumento de los insumos -fertilizantes, pasturas y combustibles- el precio se queda corto enseguida”.

Tanto los productores como industriales insisten con que el gobierno no debería desaprovechar las increíbles oportunidades que hoy brinda el mercado externo. La Cámara de Productores de Leche de Córdoba (CAPROLEC), por caso, aseguró que “con el congelamiento del precio de corte en 2.770  dólares la tonelada, combinado con los actuales niveles de retención, se siguen elevando los derechos de exportación, lo que dificulta las ventas al exterior”. Para la cámara de productores, se está en camino de cometer los mismos errores que en 2005. “Cuando se aumentaron las retenciones, a partir de ese momento el precio al consumidor bajó y lo único que se logró fue disminuir la producción de leche. La crisis que vivimos hoy es una consecuencia de las retenciones de ese período”.

Para Guillermo Giannasi, director de la Comisión de Lechería de Federación Agraria Argentina, "Argentina está teniendo una producción de poco más de 9 mil millones de litros anuales y el consumo interno se lleva 8 mil, con lo cual hay un equilibrio muy precario: cualquier cosa que hagamos mal significará una caída de producción, va a haber desabastecimiento interno y vamos a tener que terminar trayendo la leche de afuera y pagando 5 mil dólares la tonelada".

Agregó que una baja en los precios que cobran los productores "significa un destrozo total para una actividad importantísima e imprescindible para el país. Tenemos todas las condiciones para producir leche en el país y exportar a precios altísimos, pero con este esquema no vamos a ir a ningún lado", sentenció.   

Este mes seguirán las periódicas reuniones entre representantes autoridades de la Secretaría de Agricultura  y el Grupo Lácteo, que representa a productores e industriales. Analizarán, entre otras cosas, el pedido que los productores realizaron al gobierno para que devolviera a través de subsidios, los fondos que se generaron con las retenciones, surgidos de las quitas que se hacen a las exportaciones de leche en polvo y quesos, en el cual ya hay más de 75 millones de dólares. La devolución de dicho monto debe ser utilizada, apuntan desde el sector, para incentivar la producción en las diferentes cuencas lecheras del país.

"Necesitamos señales claras para que en 2008 no se repitan los problemas de abastecimiento", advirtió Roberto Socín, titular de la Mesa provincial de Lechería. Y añadió que "esperemos que los acuerdos firmados se cumplan porque para los productores es una situación muy incómoda tener que tomar medidas extremas. Tenemos que incentivar el incremento de la producción de forma tal de poder abastecer, en cantidad y calidad, los requerimientos del público consumidor como asimismo, incrementar los saldos exportables con los que hoy cuenta el país”.

Negocio no rentable

En cuanto a los números, en 1982 había 16.700 tambos en la provincia de Santa Fe y actualmente existen alrededor de 4.700. Más allá de las contingencias climáticas, lo cierto es que la baja rentabilidad ha hecho desistir a muchos productores de seguir con el negocio. Algunos se pasaron a la agricultura o directamente arrendaron sus campos a productores de soja. No hay que olvidar que un tambo emplea a una persona cada 50 ha y la soja utiliza una persona cada 500 ha. También hay que decir que el campo está desprotegido por la falta de infraestructura acorde para sacar la producción: con caminos en malas condiciones y en los días de lluvia se tornan intransitables, como así también las rutas no tienen controles de carga a nivel provincial y por ejemplo la ruta 70 está bacheada y enmendada con parches.

Tamberos chinos

Diversos inconvenientes climáticos hicieron bajar notablemente la producción de las potencias lecheras como Australia, Nueva Zelanda, Canadá y Estados Unidos, que están llegando al límite de su capacidad. La Unión Europea con su política de eliminación gradualmente de los subsidios al campo genera menos actividad. Por otra parte la demanda de China, India y Rusia (y otros países del sudeste asiático y Europa Oriental) que están consumiendo alimentos como nunca, y agregando lácteos a la dieta de sus habitantes, impulsa los precios hacia arriba. Hace seis años la tonelada de leche en polvo se pagaba US$ 1.650 en el mercado mundial. Hoy cuesta casi el triple: US$ 4.850 y, hace dos meses, hasta tocó los US$ 5.550. Es por ello que las grandes firmas del sector miran hacia América del Sur como la región capaz de abastecer esa demanda. El apetito de los inversores extranjeros por las lácteas locales parece no tener límites y tienen su mirada puesta en Argentina, Uruguay y el sur de Brasil.

En los últimos cinco años, el sector lácteo fue uno de los que más fusiones y compras protagonizó. Desde hace tiempo, la francesa Danone tiene una alianza estratégica con Mastellone Hermanos, dueña de La Serenísima.
SanCor se dedica a los yogures, postres y quesos junto con DPA, un Joint-Venture entre la neozelandesa Fonterra y la suiza Nestlé. Además, tiene un negocio de suero -un insumo- con la danesa Arla. La chilena Santa Carolina compró La Suipachense. Desde la devaluación, la canadiense Saputo se quedó con Molfino. El año pasado, la francesa Bongrain se hizo del 40 por ciento de Milkaut (de donde se fue la chilena Bethia); el grupo peruano Gloria se asoció con la familia argentina Gonella para crear Corlasa y la belgo-holandesa Campina adquirió Inovatech, firma de componentes lácteos.

Este año, y tras fracasar en su intento por adquirir SanCor, Adecoagro -de inversores locales y del exterior- compró la cordobesa La Lácteo, y luego se juntó con la canadiense Agropur. Williner, Verónica y la cooperativa Manfrey son otras de las pocas que permanecen en manos locales. Un experto en compraventa de empresas comenta -off the record– que habrá más ingresos extranjeros y nadie descarta el desembarco de empresas chinas.


 

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