Miércoles 29 de Marzo de 2017 - 04:19hs. - República Argentina Edición # 1629

Revista #18 Mayo 2008 > Agricultura

Las cajas rurales de Chávez


Por Luis Freitas

Como parte de una rica relación con el gobierno de Hugo Chávez, en 2006 el presidente del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), Carlos Cheppi, realizó una visita a Venezuela para interiorizarse sobre el funcionamiento de la cuestión agrícola. Una de las cosas que más llamó la atención del funcionario fueron las cajas rurales. Se trata de un aceitado sistema de organizaciones microfinancieras que no sólo impulsa la riqueza de los campesinos venezolanos, sino que además propicia la participación, la solidaridad y el compromiso, al rescatar el valor de la palabra empeñada y la confianza en el otro.

Para conocer a fondo esta interesante experiencia, a mediados de 2007 una delegación de 26 personas, tocaba tierra bolivariana. De la misma participaron referentes de los quince Centros Regionales y del nivel central del INTA conformando un equipo con múltiples disciplinas (agrónomos, veterinarios, sociólogos, economistas, administradores) y con muy distintas experiencias de trabajo; además de representar a las 24 provincias argentinas.  

Los anfitriones fueron miembros de la Fundación CIARA (Capacitación e Innovación para Apoyar la Revolución Agraria) del Ministerio del Poder Popular para la Economía Comunal, que llevaron a la comitiva a conocer las cajas rurales de las localidades de Lara, Mérida, Sucre y Barinas. En todos lados los argentinos eran recibidos con banderas de Argentina y Venezuela, se realizaron talleres de trabajo, “también hubo actividades culturales, disfrutamos de platos típicos y nos obsequiaron artesanías para que nos lleváramos de recuerdo”, cuenta Celeste Golsberg, del Instituto de investigación y desarrollo tecnológico para la Pequeña Agricultura Familiar (IPAF).

Finanzas solidarias

Los sistemas financieros son, básicamente, instrumentos de intermediación. Y el enfoque clásico se refiere a las finanzas como la disciplina que trata el uso del dinero, su costo y rendimiento, formas de transferencia, protección y control, y los circuitos de captación y reciclaje de sus distintos productos. Dicha visión excluye a los actores, la intermediación y sus objetivos. Por ello en las economías capitalistas mundializadas, los sistemas financieros se han transformado en poderosos instrumentos de concentración y centralización del capital.

Una alternativa a este modelo son las denominadas finanzas solidarias, que se constituyen como formas de democratización del sistema financiero, buscan la adecuación de los productos financieros a las necesidades básicas de la población y al fortalecimiento de procesos de organización social desarrollados en los territorios. La prioridad aquí son los excluidos del sistema bancario tradicional  con los que se constituye un eslabón de integración y sustentación de una relación más duradera entre economía y sociedad.

Además de la experiencia del Grameen Bank de Bangladesh, existen experiencias anteriores como los Irish Loan Funds -que concedían pequeños créditos escalonados a personas carenciadas en Irlanda a principios del siglo XIX, con sistemas de garantías comunes entre vecinos y préstamos solidarios.

En la actualidad, la enorme acumulación de capital ha generado una gran masa de excluidos, que de distintas maneras buscan organizarse en estrategias de supervivencia más o menos independientes del mercado formal. En Latinoamérica especialmente  se desarrollaron múltiples alternativas concretas para los amplios estratos de la población excluida del sistema financiero tradicional. Muchas de ellas surgen desde organizaciones de base, movimientos sociales, ONGs. A veces quien las motoriza es el Estado en un intento por armar una construcción compleja que aborde -y mejore- ciertos problemas socioeconómicos y político-culturales.

Incluidas en este rubro, las Cajas Rurales de Venezuela intentan construir otra economía, centrada en el trabajo, a través de intercambios que se basan en principios de reciprocidad, solidaridad y justicia; desarrollando capacidades tecnológicas y de gestión eficientes tanto social como económicamente. También fortalecen procesos de decisión participativos y democráticos cuyo objetivo es mejorar el nivel de las condiciones de reproducción de la vida (biológica, social, cultural) de todos los miembros de la comunidad. La tarea -nada fácil, por cierto- tiene como horizonte constituir un programa de acción colectiva que dote de sentido trascendente las acciones cotidianas individuales.

El funcionamiento de las cajas rurales no es muy diferente al de una cooperativa de tipo informal de ahorro y crédito, donde a partir de un proceso fuerte de apropiación, sus miembros auto gestionan tanto aportes propios como fondos públicos, con una metodología de pequeños créditos. El enorme éxito de esta experiencia se puede medir en base a su gran desarrollo territorial: actualmente se hallan funcionando más de 400, algunas de las cuales ya tienen  más de 10 años de antigüedad. Pero lo más importante es que las Cajas Rurales forman parte del proceso de transformaciones macrosociales que viene impulsando el gobierno de Hugo Chávez. En este proceso se han reorientado los lineamientos institucionales de CIARA, se han promovido un conjunto de líneas de acción complementarias en otras instituciones del Estado; y por sobre todo, se ha animado un proceso de participación ciudadana en los sectores vulnerables que hace que estas acciones trasciendan el alcance de los mismos instrumentos. En este periodo, las Cajas se potenciaron para constituirse en verdaderas herramientas de organización comunitaria.

Modelo para armar

La actividad de la delegación argentina consistió en una presentación acerca del contexto sociopolítico venezolano, y de la propuesta metodológica de las cajas rurales en general a cargo de gente del CIARA y el Ministerio. Luego se realizaron varias visitas a terreno en pequeños grupos, para conocer diversas comunidades y sus cajas rurales, y una evaluación final. El vínculo creado en aquella oportunidad sobrepasó los límites de una visita protocolar y se convirtió en un espacio para compartir experiencias, ideas y proyectos. "Las realidades del país, comparado con el nuestro, son semejantes y al mismo tiempo muy diferentes. Por ejemplo, allá en una zona o provincia es importante el cultivo del café, como acá en Formosa es la banana por ejemplo, pero la problemática es la misma. Algo que me llamó la atención fue, por una parte, la presencia de gente joven como organizadores y capacitadores, con buena formación, con claridad conceptual y mucho trabajo, casi ninguno sobrepasa los 40 años y, por otra, que hay muchas más mujeres que hombres en la conducción" cuenta uno de los miembros de la delegación, Víctor Mazacote, investigador del IPAF NEA.

Diversos intereses mutuos en profundizar el intercambio surgieron durante la visita. La gente del CIARA ofreció asesoramiento para impulsar el desarrollo de pequeños productores y comunidades vulnerables, y los técnicos argentinos, a su vez, propusieron compartir con los equipos de esa fundación nuestras experiencias en temáticas de economía social, particularmente en finanzas y comercialización alternativas como son los fondos rotatorios y las ferias francas.

La idea es que las Cajas Rurales sean un primer paso, un intento para que la gente se junte, se organice y comience a resolver sus dificultades en forma comunitaria. El sistema ha demostrado que los sectores con menos recursos pueden ahorrar y que son responsables en el pago de sus compromisos. También queda claro que las Cajas Rurales no son un fin en sí mismo sino un medio, una estrategia para fortalecer los procesos de organización en la sociedad, y que pueden ser exitosas tanto en Venezuela como en Argentina.

La Ley de microcréditos aprobada dentro de la órbita del Ministerio de Desarrollo social representa el marco legal apropiado para financiar un proyecto similar al de Venezuela. “Los que tenemos alguna experiencia en desarrollo sabemos que si las cosas se hacen sin un marco legal adecuado después, cuando los proyectos asoman la cabeza, comienzan las complicaciones”, explica Augusto de Haro, miembro del INTA y uno de los participantes de la delegación.

El volumen de dinero  destinado para los microcréditos asciende a 100 millones  de pesos distribuidos entre consorcios a nivel provincial que son los encargados de administrar los fondos y de transferirlos a las unidades ejecutoras. “En el medio rural existe el problema de los tipos de organizaciones que lo componen, explica de Haro, porque si uno mira la reglamentación de los microcréditos esta especifica, entre otras cosas, que diariamente hay que realizar depósitos en el banco o realizar algún tipo de trámite legal. Y eso, si estás en una comunidad que está a sesenta kilómetros del asfalto y, en el mejor de los casos, a doscientos kilómetros del banco más cercano, es virtualmente imposible de llevar a cabo.

Entonces estuvimos viendo cuales son las alternativas y finalmente la operatoria que vamos a utilizar es la de bancos comunales, que es bastante similar a la operatoria de las cajas rurales venezolanas, en el sentido de que hay una apropiación de la gente de esos fondos y ellos los administran”.

El costo más importante de las Cajas Rurales es el del mantenimiento de los técnicos que asesoran sobre el tema agropecuario y productivo y van semanalmente a cada comunidad para que la gente se vaya apropiando del proyecto. “Acá el INTA aportaría ese personal, obviamente reforzando nuestras capacidades, porque no somos especialistas”, explica de Haro. “Cuando  ponés en marcha un proyecto, la meta es que la gente se apropie de él, pero hasta que camine solo hay que darle asistencia técnica. Siempre lo más difícil es el destete”.

Ahorro y organización

Las Cajas Rurales conforman un sistema de financiamiento y de ahorro local, que involucra a un grupo de personas de una comunidad rural, brindándoles -además de dinero-  capacitación y formación permanente, a través de la fundación CIARA.

En ese proceso los actores asociados hacen el aporte que ellos mismos deciden en asamblea y deciden, del mismo modo, un sistema de créditos que van rotando entre usuarios y usuarias de la caja. “Hasta hace casi dos años, casi todas las cajas funcionaban con el propio ahorro local, un número importante de bolívares que la misma gente podía ir ahorrando, nunca con un sentido de acumulación porque ninguna de las cajas tiene una cuenta bancaria, ya que el dinero debía de ir rotando entre quien lo necesitara”, aclara Gladis Ayala, presidenta del CIARA.

Son los campesinos asociados los que establecen sistemas de pago, intereses y la manera en la que se hace el retorno. En este mecanismo es donde se ha fortalecido el valor de la palabra y el de la confianza en el otro en un espacio, como el local, en donde todos se conocen. “Por el crecimiento de estos procesos, recientemente, las diferentes áreas financieras del Estado han empezado a otorgar créditos externos, agrega Ayala. Actualmente el sistema de Cajas Rurales involucra a unas 22 mil familias asociadas, reunidas en unas 415 cajas que irán migrando, poco a poco, hacia el modelo del banco comunal.
 
Las Cajas Rurales de Venezuela propician la participación, la solidaridad y el compromiso, al rescatar el valor de la palabra empeñada y la confianza en el otro.

Si bien las realidades de Argentina y Venezuela son, en algunos aspectos, muy diferentes, la problemática de los pequeños productores es la misma.

 

COMENTARIOS (20)

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