Jueves 27 de Abril de 2017 - 02:24hs. - República Argentina Edición # 1658

Revista #45 Enero 2011 > Agricultura

Un dulce negocio

Stevia revaudiana. Luego de la nota de Gustavo Torres sobre el fenómeno de la yerba dulce (ka ’a he’e), nuestro especialista en temas agropecuarios nos pinta el auspicioso panorama que esta planta le ofrece a los productores locales.


Por Luis Freitas

Panes y tostadas con mayonesa de stevia fresca, croquetas parmesanas rebozadas con stevia fresca, brochettes de lomo marinado en stevia, fugazzeta con stevia, ragout de ternera con glace de ciruelas pasas glaceadas con stevia y de postre compota de mango y pera endulzada con stevia con helado. Tan interesante menú fue el que degustaron, el pasado 6 de octubre, los participantes de la Jornada Internacional de Actualización Técnica sobre stevia, la planta que se posiciona como un cultivo innovador, rentable, y que en Argentina presenta condiciones promisorias tanto en el mercado nacional como en el internacional.

La hierba dulce ya había sido presentada en sociedad el 24 de abril en el Seminario “Stevia: cultivo y comercialización”, organizado por El Nuevo Agro, Agro Stevia SA y la Cooperativa Entrerriana de Productores Orgánicos y Stevia (CEPOS). Este último encuentro -realizado también en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires- estuvo organizado por la Cámara Argentina de Stevia (CASTEVIA), una flamante asociación que apunta a nuclear a los diversos actores que intervienen en el cultivo, procesamiento, comercialización e investigación de esta hierba endulzante natural.  En la apertura, María del Carmen Alarcón, titular de la Secretaría de Integración Nacional, manifestó el compromiso del gobierno nacional para trabajar junto al sector en pos del desarrollo de la stevia en el país.

Un cultivo innovador

Con alrededor de 150 hectáreas, la provincia de Misiones ocupa la mayor superficie cultivada de stevia en Argentina. Allí se ha generado una verdadera economía regional motorizada principalmente por una gran cantidad de cooperativas agrícolas, que encontraron en este producto una alternativa de diversificación comercial. También hay producción en Salta, Buenos Aires y algunas experiencias en la región serrana de Córdoba y Tucumán. Y en Entre Ríos se conformó, sobre todo durante estos últimos años, un polo productor de esta “yerba dulce”, como se la conoce popularmente. En Entre Ríos, CEPOS,  conformado por más de 50 productores con una extensión promedio de 1/3 de hectárea cada uno, concentra casi el 20 por ciento de la superficie total cultivada en el país y su primera meta es lograr  cubrir la demanda interna. Para ello enfocan todos sus esfuerzos en empezar a formalizar la producción; proyectan mecanizar 70 hectáreas y trabajar en la infraestructura de secado, que al ser inexistente, es el principal impedimento para que la producción crezca.

Su presidente, Juan Pallí, ve un gran futuro en este cultivo: “esta es una oportunidad para que la stevia se desarrolle y para que las principales industrias de bebidas del mundo y multinacionales procesadoras de materias primas alimentarias ingresen al negocio”. Aunque en los pequeños y medianos productores subyace el miedo de que estas terminen concentrando la producción e imponiendo exigencias como mecanismos para-arancelarios que condicionarían los precios. Además, temen que la explotación desmedida traiga como consecuencia la destrucción de las últimas reservas nativas.

Actualmente la demanda nacional -cuyo destino son las herboristerías mayoristas, porque no hay laboratorios locales donde extraer los principios activos de la planta a nivel industrial- está cerca de los 400 mil kilos, y como la producción local anual apenas alcanza los 150 mil kilos de hoja, el volumen hoy se completa con importación. El vacío de producción tiene que ver con la dificultad para implementar cultivos extensivos de stevia, y es, por ahora, la principal traba de este negocio en ciernes. “Sólo en Paraguay hay 1.500 hectáreas totales de manejo extensivo, algo similar a la horticultura pero en superficies medianas; y en Brasil, la compañía química multinacional Merck apunta a extensas plantaciones en el estado de Paraná”, sostiene Pallí, titular de la empresa Agro Stevia S.A, dedicada a la investigación y profesionalización del cultivo en Argentina. “La idea, dice, es poder generar conocimientos sobre el cultivo y sus usos en beneficio de CEPOS y todos los emprendedores”. Obviamente, la primera meta es cubrir la demanda interna. “La empresa surge para empezar a formalizar la producción, proyectamos mecanizar 70 hectáreas y trabajar en la infraestructura de secado, que al ser inexistente, es el principal impedimento para que la producción crezca”.

Ingresar en el negocio de la stevia requiere de una inversión inicial alta con mayor superficie de cultivo y personal de campo, lo que supone una extensión mínima de 2 hectáreas (promedio de 50/60 mil plantas por hectárea a 1,60 peso cada una).

“También se puede conformar una unidad económica de manejo familiar, integrando la stevia como complemento de otra actividad en una superficie menor a una hectárea, es decir, unas 20 mil plantas. Este esquema resulta ideal para un avicultor, un tambero o un horticultor, que pueden amortizar la mano de obra que, si bien no es mucha, significa un costo importante en la ecuación”, aclara Pallí. Este escenario permite que la stevia cultivada de manera orgánica logre un valor que oscila entre los 1.50 y 3.50 dólares por kilo de materia seca.

La comercialización, por otra parte, es un proceso sencillo, tanto que los productores argentinos vienen recibiendo precios superiores al promedio internacional (entre 1,70 y 2 dólares el kilo). Dicha situación se da por la escasa producción y por los valores que se manejan internacionalmente, que se han mantenido estables durante las últimas dos décadas.
Los productores de CEPOS, a diferencia de sus colegas de otros países, desarrollan un cultivo tecnificado, ya que el sistema de riego por goteo que usan y el mulching (plástico) que cubre los camellones donde se disponen las plantas resultan casi una sofisticación. Ya hace más de cinco años que la stevia se ha convertido en una buena opción como cultivo complementario. Y los resultados serán mucho mejores si se integrara este cultivo intensivo a otra actividad en superficies inicialmente menores a una hectárea, de lo contrario la inversión necesaria puede trepar a más de 10 mil pesos sin contar el costo de los plantines.

Tanto Brasil como Paraguay -hablando de países productores de Latinoamérica-cuentan con sus propios laboratorios, lo que marca una diferencia importante. A nivel local, contar  con una planta para la extracción sería un paso importante para el despegue de la producción, pues permitiría no solo comercializar la hoja, sino sintetizar el principio activo para su utilización industrial.

“El mercado de hoja tiene un vasto camino por andar, después deberá pensarse en cerrar el circuito con extracción y procesamiento para uso industrial”, precisa Roberto Campos, argentino radicado en Brasil hace 20 años, director del Área de Productos Naturales de Laboratorios Merck, la química multinacional que en Brasil apunta a extensas plantaciones en el estado de Paraná. “Los laboratorios pueden instalarse de un año a otro, pero la oferta de hoja no se puede generar en tan corto tiempo, por eso desarrollar volumen de hoja es la gran oportunidad para Sudamérica”.

Con semillas o por rizomas

La stevia tiene tallo anual y alcanza entre los 40 y 80 centímetros de altura, según la región y el ecotipo. El corte se realiza antes de la floración a los 10 centímetros del tallo y se deja orear sobre el camellón (N. de la R.: Área de terreno cultivable más elevada utilizando los suelos vecinos, los que estarán  siempre con agua. De esta manera,  se cultiva la parte elevada, la cual  permanecerá siempre por encima del nivel del agua). Luego se coloca bajo techo, pero con buena circulación de aire, en camas de media sombra o estanterías; al día siguiente se sacan las plantas al sol y cuando están secas se despalillan y se embolsan. El ciclo de la planta es de unos 3 meses, es decir que en un buen año se pueden realizar hasta 3 cortes con un rendimiento de 100 gramos de hoja por planta.

La multiplicación puede hacerse por semilla o rizoma (tallo subterráneo con varias yemas que crece de forma horizontal emitiendo raíces y brotes herbáceos de sus nudos). El poder germinativo de la semilla es bajo, por ello es aconsejable iniciar el cultivo en vivero -que facilita el riego y desmalezado- para producir plantines que luego se llevan al terreno definitivo, generalmente durante el otoño. La reproducción por rizomas, en cambio, es muy efectiva. Se eligen las plantas madres de mejores características, se separan los nódulos radicales y se germinan, luego se trasladan al terreno definitivo. Es un método útil para cultivos de pequeñas superficies y la selección y multiplicación de plantas madres. La micropropagación es un método de multiplicación conveniente para la obtención de clones de alta producción.
 

COMENTARIOS (23)

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michael crork

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