Miércoles 29 de Marzo de 2017 - 00:22hs. - República Argentina Edición # 1629

Revista #35 Febrero 2010 > Agricultura

Volviendo a la naturaleza

Con 4 millones de hectáreas certificadas, Argentina es el segundo país con mayor extensión de producción de alimentos orgánicos, detrás de Australia que tiene 12 millones de hectáreas. Esto representa una excelente oportunidad de negocios para nuestro país, que se perfila como un gran proveedor de este tipo de productos, cada vez más requeridos por los países desarrollados.


Alimentos orgánicos

Por Luis Freitas

La agricultura y la ganadería orgánica constituyen un sistema que mediante el manejo racional de los recursos naturales y sin la utilización de productos de síntesis química -que ya se sabe son nocivos para la salud- prioriza el sabor y fundamentalmente le da al consumidor alimentos con trazabilidad y seguridad. “Es un tipo de producción sustentable, cuidadosa con la salud de los animales que nos proveen alimentos y de las personas como eslabón final de la cadena”, afirma Laura Tami, de la Cámara Argentina de Productores Orgánicos Certificados (CAPOC). “Tampoco daña al medio ambiente pues apunta a la no contaminación de las napas freáticas, la no erosión de los suelos y a evitar monocultivos que produzcan la proliferación de plagas en las sucesivas cosechas”.

El nicho orgánico representa una excelente oportunidad de negocios para nuestro país, que cuenta con varias ventajas comparativas. La primera es nuestro carácter de proveedor de alimentos al mundo. La segunda es que poseemos todos los climas: subtropical con estación húmeda (Mesopotamia), con estación seca (NEA y NOA), templado húmedo (zona pampeana), frío húmedo (precordillera) y árido (Patagonia), lo que permite trabajar en contraestación respecto de los principales mercados externos.

Sostenido, ma non troppo

Gracias a un trabajo muy fuerte realizado por el Departamento de Orgánicos del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), entre 1992 y 1993 -cuando aquí casi nadie hablaba de este tipo de producción- se elaboró toda la normativa (equivalente a las que poseen la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá) para regular la actividad. La Ley 25.127 nos colocó como líderes en legislación nacional específica: actualmente Costa Rica comparte este privilegio del que gozan sólo seis países en todo el mundo. “Nuestra normativa ya fue exitosamente ratificada en los principales mercados, que son en definitiva los destinos de exportación”, aclara Tami.
En 1993 nuestro país contaba con 5.000 hectáreas dedicadas a la producción orgánica, superficie que para 2000 ya era de casi tres millones. Ahora esas cifras han crecido hasta superar los 4 millones de hectáreas orgánicas certificadas, lo que nos ubica en segundo lugar, detrás de Australia que tiene 12 millones de hectáreas. Aunque el volumen de exportación es todavía pequeño (casi 40 millones de dólares anuales), dentro del mercado comprador Argentina se perfila como un gran proveedor de este tipo de productos.

“En Argentina predomina la producción ganadera orgánica, más de tres millones seiscientas mil hectáreas. El 85 por ciento son ovinos, para carne y para lana. El resto es bovina y hay un poco de camélidos: llamas, guanacos, vicuñas, alpacas. En Chubut hay casi un millón y medio de hectáreas de ovinos orgánicos certificados”, apunta Gonzalo Roca, miembro del Movimiento Argentino de Productores Orgánicos (MAPO). El resto se reparte entre los cultivos agrícolas. Los que se cosechan de manera intensiva suman 71 mil hectáreas solamente. Estos incluyen -en orden de importancia- a los cereales y oleaginosas, peras y manzanas, hortalizas, frutas finas, azúcar, yerba mate y pequeñas producciones como el aloe vera, vitivinicultura y olivicultura, esta última en franco crecimiento.

Durante 2008 la agricultura orgánica bajo certificación mantuvo el aumento de las exportaciones y de la superficie cosechada verificado el año anterior, aunque a un ritmo menor, pero superó el máximo nivel registrado en el año 2001 en un 16 por ciento, llegando a 71.298 hectáreas.
Sin embargo, es necesario resaltar que la comparación se realiza en términos de cantidades exportadas, y que los datos encubren una gran heterogeneidad de productos con valores de exportación diferentes, por lo que debería tenerse en cuenta la evolución a nivel de productos o canastas de productos. Por caso, entre las hortalizas y legumbres los productos con mayores crecimientos fueron zapallo (311 por ciento) y poroto (183 por ciento). Entre los Productos Industrializados se destaca el aumento de las exportaciones del aceite de girasol (196 por ciento) y aceite de oliva (103 por ciento). Pero las palmas se las llevan el puré de manzana (1.875 por ciento) y los arándanos (7.868 por ciento).

La superficie bajo seguimiento destinada a la ganadería, por su parte, creció en un 43 por ciento, alcanzando las 3.646.472 hectáreas (se incorporaron 1,1 millones de hectáreas), debido fundamentalmente a la actividad ovina. A Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut y Río Negro le correspondieron el 92 por ciento de toda la superficie bajo seguimiento. Chubut encabeza la participación en la superficie ganadera con el 42 por ciento de toda la superficie.

Como aún la producción orgánica no ha logrado una efectiva inserción en el mercado interno, el 98 por ciento de lo producido en todo el país va a la exportación. En 2008 el mayor destino de los productos orgánicos de origen vegetal fue la Unión Europea, seguido por Estados Unidos, Suiza y Japón. Se vendieron: frutas (peras, manzanas y ciruelas), con 37.339 toneladas; cereales, con 27.552 toneladas; oleaginosas, con 16.075 toneladas; hortalizas y legumbres, con 16.250 toneladas. En el rubro industrializados (azúcar de caña, vino, aceite de girasol y jugos de fruta, entre otros) totalizaron 37.879 toneladas. Las ventas al exterior de productos de origen animal estuvieron lideradas por la miel (1.298 toneladas), lana (1.157 toneladas), carne vacuna (240 toneladas) y ¡dulce de leche! (4.400 kilos).

Política y transgénicos

En nuestro país el camino a la exportación, por ahora, depende de una persona que manufactura materia prima o de un frigorífico que pueda acopiar cantidad y armar un paquete para enviar a otros países. En ese sentido, Argentina tiene la posibilidad de vender productos con valor agregado, obtenidos mediante un sistema que fomenta la mano de obra, que utiliza siete empleados por cada uno de la agricultura y ganadería convencional, y que además no daña al productor.

Casi toda la producción orgánica está en manos de pequeños y medianos emprendimientos familiares: más de 1.600 productores primarios, casi 250 elaboradores, y unos 100 exportadores. La clasificación incluye desde productores ciento por ciento hasta exportadores netos. En el medio hay una gran cantidad de empresas más involucradas en el mercado y que, en general, son cooperativas integradas. El ejemplo más claro es el azúcar orgánico en Misiones. Unos cuatrocientos pequeños productores le entregan la materia prima a dos ingenios, uno en Misiones -que pertenece a una cooperativa y también está ligado el gobierno provincial- y otro en Salta, y a través de ellos logran exportar.

“También hay productos como, por ejemplo, la rosa mosqueta orgánica con la que se hace aceite, té, semilla, cascarilla, dulce, todo en pequeñas cantidades porque son muy específicos”, aclara Roca. “Es un pequeño productor que accede a la venta en el mercado interno y también a la exportación. También está el caso del dulce de leche, hay exportación en muy pequeñas cantidades, estamos hablando de entre cinco y siete toneladas anuales. Pero es un productor que trabaja en un tambo pequeño, familiar, para un mercado específico. Es poco volumen pero como es un solo productor el negocio es muy bueno”.

Cuando se habla del apoyo estatal a la producción orgánica todos los entrevistados ponderan, entre otras cosas, el sistema normativo en vigencia, el programa del Ministerio de Agricultura con el BIR que desde 2009 funciona a pleno, los convenios con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), con las universidades de Lomas de Zamora y Mar del Plata, para programas de investigación, y la labor de la Fundación Exportar, gracias a la cual los productores orgánicos pueden acceder a las ferias internacionales. Pero, al mismo tiempo, reclaman la reinstalación del 3 por ciento de aumento al reintegro de las exportaciones en orgánicos, que está suspendido por falta de fondos. “Lo más grave es que no haya un nomenclador arancelario en aduana, especial para productos orgánicos”, dice Tami. “Como este sistema obliga a tener toda la contabilidad en blanco -cosa que no sucede en la agricultura y la ganadería convencional- entonces el Estado, sabiendo que recauda sobre lo que realmente se vende, debería desarrollarlo. Lo que pasa es que los políticos en Argentina tienen otras urgencias, no tenemos estadistas, que vean esta posibilidad para un sector dinámico en el mundo donde se puede exportar. El Estado tendría que ver que en el mundo los índices de crecimiento en el sector orgánico siguen creciendo. Lo que pasa es que acá a los políticos que están a cargo de instituciones que regulan el sector, como la Secretaría de Agricultura, y de esto me hago cargo, lo único que les interesa es lo transgénico, porque atrás hay grandes intereses creados”.

Cien por ciento naturales

La producción de leche orgánica puede ser usada como ejemplo de la serie de normas que deben cumplirse para lograr la certificación. Entre las mismas se señala que el grueso del forraje empleado debe ser producido ecológicamente, vale decir, sin el empleo de fertilizantes artificiales o de cualquier otra sustancia. En la formulación de alimentos balanceados está prohibido el empleo de antibióticos, aminoácidos sintéticos y hormonas estimulantes del crecimiento (anabólicos). En los meses de verano el ganado debe pastar, y en la temporada invernal debe tener acceso a corrales abiertos y cama de paja. Si bien se permite el uso de medicamentos veterinarios, se requiere, después del tratamiento, un período doble del normal para volver al ordeñe de leche para el consumo. Para la fertilización de los cultivos forrajeros o de cualquier otro cultivo que se destine a la alimentación animal, se deberá recurrir a fertilizantes orgánicos, principalmente estiércol, con un volumen máximo permitido por unidad de superficie.


 

COMENTARIOS (17)

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