Viernes 18 de Agosto de 2017 - 15:19hs. - República Argentina Edición # 1771

Revista #9 Agosto 2007 > América Latina

EL GRAN HERMANO

América Latina y las urnas.


Por Diego Otondo

"La guerra es paz; la libertad es esclavitud, la ignorancia es fuerza.
Ministerio de la Verdad".
 “1984” de George Orwell             


Desde el Río Bravo hasta Tierra del Fuego, las elecciones en América Latina durante 2006 tuvieron puntos de encuentro. La influencia de los medios disparan un debate acerca de cuál es su real contribución. La ausencia de debate político para determinar un camino está ausente. Los personalismos en los medios desfiguran los contextos ideológicos, sociales y económicos, para ubicarlos en el entretenimiento. El poder político compite con el poder mediático y en muchos casos se presta a su juego.

América Latina vivió en 2006 once elecciones presidenciales. Más allá de las contingencias de cada país, los procesos electorales estuvieron atravesados por los medios de comunicación. Todos los procesos tuvieron algunos rasgos comunes inherentes a la política mediática que engloba el continente. La concentración, que alude a un contexto global, sumerge las elecciones al maniqueísmo, la denuncia, el melodrama, y de fondo se establece el contexto que refleja la puja entre el Estado y los conglomerados mediáticos, como así también el entretenimiento en detrimento de lo político. Según algunos estudios no fueron aquellos políticos que gozaron del beneficio de la prensa los que en las urnas obtuvieron la victoria.

El trayecto que marca a los medios de comunicación en América Latina y su historia siempre ha respondido a actores fundamentales aquellos grupos de mayor envergadura de la región y que mantienen su alianza con los principales grupos globales (ver recuadro). Frente a ello es obvia la dependencia frente al mercado; el Estado se presenta en escena como un regulador de la situación, pero una vez que el proceso ya se ha puesto en marcha, es decir, que ocupa un segundo plano.

El Centro de Competencia en Comunicación para América Latina realizó en Bogotá, Colombia, un estudio referente a las elecciones celebradas a fines de 2005 y todo 2006. La presencia de los partidos políticos en los medios masivos no implican, necesariamente, una victoria en las urnas. La mayoría de los medios generan y reproducen sus intereses relacionado al modelo económico, en ocasiones contrarios al resultado de la votación. Según el informe “los medios perdieron incidencia en el voto. El poder de los medios no es ilimitado. En Chile, Brasil, Ecuador, Bolivia, Venezuela y Nicaragua los medios no pudieron convertir sus deseos en órdenes electorales. En México, Perú, Costa Rica, Colombia y Honduras los medios masivos ganaron pero perdieron credibilidad y legitimidad”.

Despolitización

Los desafíos mediáticos en un nuevo contexto, estuvieron presentes en las elecciones presidenciales como partícipes de un modelo que, o se quiere mantener o se quiere recuperar. Frente al declive justificador del Consenso de Washington y las victorias electorales que buscan otro rumbo político en la región –Evo Morales y Hugo Chávez como referentes -, con un papel del Estado mucho mayor, y con un ascenso político de sectores sociales antes despojados de decisión y participación, los medios adquieren un rol secundario en las decisiones de los votantes en los lugares cuya base social es amplia y arraigada.

La tendencia habitual del día a día noticioso marca la falta de análisis contextuales para entender cómo se desarrollan ciertos procesos económicos, sociales o políticos. La seguridad ciudadana, la denuncia, la corrupción, la estabilidad/inestabilidad o la institucionalidad o el autoritarismo, como ocurre en nuestro país, determinan el camino a recorrer bajo el manto del discurso ético, la “neutralidad” y la “objetividad”.

La politización de las demandas sociales, lo que en algunos casos se preveía, como en las elecciones bolivianas, llevó a los diarios privados a defender la candidatura de Fernando Quiroga. La victoria de Evo Morales traería consigo “la ingobernabilidad, el bloqueo internacional y la debacle social”. Es obvio que la apuesta de los medios no tuvo incidencia en el resultado final de la elección, y esto no sólo pasó en Bolivia porque la base social como sustento, y como ocurrió en Brasil con Lula, fue el detonante final.
El sociólogo y periodista Venício Lima resume una preponderancia habitual de los grandes medios: la corrupción en el gobierno de Lula impregnó a la prensa dominante en las elecciones presidenciales en detrimento de noticias son relativamente más importantes para la ciudadanía. La victoria de Lula para un segundo mandato tiene un correlato con la victoria de Evo Morales en Bolivia (ver recuadro) y Honduras con la llegada a presidente de Manuel Zelaya del Partido Liberal.

En Nicaragua, según la Fundación Violeta Chamorro, los medios de comunicación tomaron a Daniel Ortega como blanco de las críticas y fue el candidato que más apareció en los medios, pero aludiendo de manera negativa al candidato del Frente Sandinista. No debe ser casualidad que Ortega se haya negado a participar en los debates televisivos y no haya dado entrevistas. Según el estudio la victoria de Ortega estuvo al margen de los medios de comunicación.

Los candidatos y los diferentes partidos políticos, sea cual fuere su tendencia ideológica, se enfrentan a los medios, se establece una competencia y un choque de intereses. Las afinidades ideológicas, como ocurrió en Costa Rica, Colombia o Venezuela, empujan a los medios privados a determinar la línea discursiva con un modelo económico y social específico; el entretenimiento y la nulidad de debate político, de ideas, de programas de gobierno, se arrodillan ante la noticia diaria exigiendo el melodrama de ocasión.    

Vencedores vencidos

El poder político compite con el poder mediático. México sostuvo, en su proceso electoral complejo, dicha ecuación. Los tres candidatos principales, López Obrador (Alianza por el Bien de Todos), Felipe Calderón (PAN) y Roberto Madrazo (PRI) fueron tentados por los principios dominantes que rigen en estos momentos. La “Ley Televisa” (ver recuadro) fue un señuelo de Emilio Azcárraga en el balneario de Avándaro en México en el cual se reunió con los tres candidatos para plantearles sus inquietudes. Calderón y Madrazo presionaron a sus allegados para que votaran la promulgación de la ley, a diferencia de López Obrador que no lo hizo.

En este caso la apuesta de Televisa fue por los tres candidatos. Incluso el mayor espacio en ese medio lo tuvo López Obrador. Anteriormente Roberto Madrazo fue el candidato que mayores minutos estuvo en los diferentes medios.  Los distintos embates producidos entre los candidatos fueron propagados y aprovechados por los medios. No hubo debate político, no interesó el camino que tomaría la sociedad mexicana luego de las urnas.     Raúl Trejo Delarbre,  investigador en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, concluye que “la personalización de la política es consustancial con la mediación” mecanismo que invierte los hechos: los personalismos dejan de lado la corriente ideológica en el cual fueron formados los candidatos, por lo tanto, el contexto se borra.

Las elecciones mejicanas no son un hecho aislado. Aunque la percepción de los medios en México luego de las elecciones es negativa - incluso los medios fueron considerados como peligrosos para la democracia – no existe información equilibrada. Las particularidades sobrepasan el contexto general o las ideas políticas que existen detrás de cada candidato. El entretenimiento y la fatalidad asumen su papel protagónico. Los medios asumen su papel sin dueños, como ocurrió con las críticas a Chávez cuando no le renovó la licencia a RCTV. La democracia y la libertad de prensa van de la mano. Pero los principios de la libertad de prensa, como arguye el sociólogo brasileño Lima, que incluyen la pluralidad y la diversidad, sólo presenta un panorama: la conquista de la opinión pública, clientes más que ciudadanos.  

El panorama electoral argentino no escapa ni escapará a la lógica empresarial de las comunicaciones. Ya lo observamos. Durante el período preelectoral observaremos como los candidatos están vestidos en el momento de emitir el voto; no escucharemos la palabra integración, ni mucho menos el devenir del MERCOSUR; la política exterior y sus objetivos estarán vinculados al aislamiento de la Argentina sin saber el por qué; enfrentaremos las nociones propias de los candidatos, sus humores y caprichos; no habrá debates y se escuchará la crítica; los cronistas televisivos desde los diferentes bunkers nos ofrecerán hermosas notas de color; Chávez, como sucedió en Ecuador, será y es el protagonista desde afuera; la república y la democracia estará en juego junto con sus instituciones; Morales Solá seguirá preocupado por la democracia, no por la distribución de la riqueza; la Iglesia en nombre de Dios seguirá compitiendo con el Estado; las mentiras del INDEC son y serán, siempre en sí mismo, la causa de la inflación; y sabremos el resultado de las elecciones a las 17: 45 por boca de urna y sobre todo sabremos también como serán los próximos cuatro años en la Argentina.   La discusión profunda sobre el porvenir será un gran ausente, porque el Gran Hermano no está para esto.  
 

COMENTARIOS (5)

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