Lunes 24 de Julio de 2017 - 23:35hs. - República Argentina Edición # 1747

Revista #35 Febrero 2010 > América Latina

El poder popular en la Revolución Bolivariana

El proceso iniciado por Hugo Chávez hace más de una década, tiene por delante obstáculos que deben ser resueltos de cara a las elecciones parlamentarias que se llevarán a cabo en septiembre.


Balances y realidades sobre Venezuela

"Lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer"
Antonio Gramsci


Por Esteban Collazo desde Venezuela

Once años de revolución y aún convive anárquicamente el salvaje capitalismo junto con un incipiente socialismo. Esto no implica que no sea una revolución, aunque algún marxista ortodoxo pueda decir lo contrario. Desde hace más de una década el presidente Hugo Chávez conduce un proceso de liberación nacional, con gran presencia del Estado, con una profunda redistribución de la riqueza y avance de los sectores populares. Un proceso marcado por la participación de las masas, por la toma de conciencia de su papel histórico, por la creatividad, pero que también está plagado de contradicciones.
Por un lado, en la República Bolivariana de Venezuela hay empresas capitalistas que explotan a sus trabajadores, monopolios, un consumismo que no da respiro, donde vale el que tiene la 4x4 más grande y toma whisky importado. El 70% de los celulares Blackberry de América Latina son comprados en estas tierras, en su mayoría por jóvenes que ni siquiera tienen para el abono. Pero al mismo tiempo se impulsa la instalación de empresas de producción socialistas, se controlan los resortes claves de la economía nacional, se crean Misiones para mejorar la calidad de vida, se recuperan tierras para transferírselas a los campesinos, se garantiza la alimentación del pueblo a precio subsidiado y se fomenta la creación de poder popular a partir de los consejos comunales y las comunas.
Y este gran experimento ocurre mientras el capitalismo da alertas y el imperialismo estadounidense manotazos de ahogado. La reactivación de la IV Flota, el golpe a Honduras, las bases en Colombia, en Panamá, en Aruba, en Curazao (el 8 de enero salió un avión militar estadounidense que incursionó en dos oportunidades en el espacio aéreo venezolano), la invasión a Yemen con la excusa de un supuesto atentado cometido por un joven nigeriano, son muestras de que el imperialismo se resiste a morir.
En Venezuela la crisis se sintió por la caída del precio del barril de petróleo y la baja en las exportaciones. Aún así, pudo cerrar el año con una tasa de desocupación del 6,6% (en 2002 era de 14,6%), mientras que en Estados Unidos ascendió al 17,3. También, durante el 2009, se avanzó en la lucha contra el latifundio y se rescataron 380 mil hectáreas, sumando un total de 2 millones 800 mil hectáreas en 10 años. Se recuperó Sidor y ante el desabastecimiento de arroz el Presidente Chávez ordenó la expropiación de la empresa estadounidense Cargill. Se intervinieron cuatro bancos privados por irregularidades y se fusionaron en el nuevo Banco Bicentenario, lo que significó un gran avance sobre la banca aunque todavía no se pueda estatizar por completo. También se devaluó la moneda para reactivar la producción nacional, disminuir y sustituir importaciones. Venezuela todavía depende de la producción de petróleo, por lo tanto, la devaluación y la nueva “divisa petrolera” pueden ser un buen instrumento para fomentar la industria nacional.
En el plano político, se aprobó la ley Orgánica de Educación y la reforma de la ley Orgánica de Consejos Comunales. Además, en febrero se había aprobado el referéndum de la enmienda constitucional.

El proceso bolivariano

Se puede pensar que el actual proceso no se inicia sino con las luchas por la independencia, con Francisco de Miranda, con Simón Rodríguez y con el plan político de Simón Bolívar. Pero el hecho político que marca a fuego al pueblo y abre la etapa de cambio, es la movilización espontánea del 27 y 28 de febrero de 1989: el Caracazo. El pueblo salió a la calle, impulsado por una huelga general de transportistas y por el aumento de precio de la gasolina, y fue reprimido por el Ejército.
En 1992 Chávez intenta dar un golpe de Estado junto a otros militares, pero fallan. Él va a prisión pero asume los errores cometidos. Eso cayó muy bien, porque por primera vez el pueblo veía que alguien se hacía cargo. Al salir de prisión en 1994 se dedicó a recorrer el país, con la propuesta de hacer cambios profundos, empezando por una reforma constitucional. Ganó las elecciones de 1998 y comenzó una etapa sin precedentes en la historia de Venezuela, por la participación directa de las masas.
En el 2001 se aprobaron dos leyes trascendentales como la Ley Orgánica de Hidrocarburos y la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario. La pobreza descendió y aumentó el ingreso de los sectores populares, al tiempo que la oposición preparaba el golpe de Estado del 11 abril de 2002. Gracias al pueblo que acudió a la cita histórica, como aquel 17 de octubre de 1945 en Argentina, y rescataron al Presidente, el golpe fracasó. Sin consuelo para los opositores, en diciembre comenzaron el paro petrolero que duraría hasta febrero de 2003. Fueron dos meses de desabastecimiento y angustia en todo el país, hasta que los trabajadores tomaron las plantas junto a las Fuerzas Armadas.
Luego del golpe se impulsó la creación de las Misiones de salud, educación y de alimentación, con la ayuda de Cuba, y se organizó al pueblo en Mesas de Agua, de Electricidad, en Comités de Tierra Urbanos, de Vivienda, para que sea el pueblo el que encuentre las soluciones y los caminos. Así, en 2004 Chávez ganó el referendo revocatorio que la oposición había impulsado fraudulentamente, y declaró el carácter antiimperialista de la Revolución.
En 2005 se ampliaron la Misiones y se inició un análisis nacional sobre al Socialismo del Siglo XXI. “Un socialismo que se alimente del pensamiento de los siglos pasados, pero que se alimente, sobre todo, de la creatividad de los pueblos”, dijo Chávez. El 2006 se centró en el fortalecimiento de las bases, y para ello se aprobó la Ley de Consejos Comunales. También se impulsó la creación del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En diciembre el Presidente fue reelecto y se comenzó a plantear una reforma constitucional porque la del ’99 no expresaba el carácter socialista de la revolución. En 2007 se impulsó la reforma constitucional y perdió por un margen mínimo de votos. La campaña desatada por la oposición, los errores del gobierno en la comunicación y en la gestión, sumado al descontento del pueblo por los altos niveles de corrupción en algunos funcionarios, lograron que la reforma no sea posible.

Chávez y el pueblo

 

Aunque en la actualidad el fervor y la pasión hayan caído un poco, es increíble ver el entusiasmo del pueblo que es conciente que está eligiendo su propio destino, escribiendo la historia como lo hicieran Simón Bolívar, Francisco de Miranda, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora. No es fácil sostener altos niveles de participación durante más de una década plagada de batallas electorales y en continua guerra contra la oposición y los medios de comunicación imperialistas. El desgaste es grande cuando hay un enemigo externo como EEUU o el presidente Álvaro Uribe; y más cuando el enemigo está dentro. Aún así, la participación del pueblo y el compromiso es lo que determina el avance que se ha conseguido en poco más de una década.
Hay enemigos internos muy peligrosos para el proceso: los alcaldes, los gobernadores, los legisladores y algunos ministros; los pseudos-chavistas, o rojos rojitos como aquí le dicen, que frenan el avance y atentan contra la creación de poder popular. Las bases y Chávez quieren que el poder esté en manos del pueblo, sin intermediarios, sin burocracia y sin corrupción. Las masas y el líder son una misma cosa, quizás comparable con el proceso histórico que se vivió en Argentina con el peronismo. Es una identificación muy profunda: sufren con él, gozan, se ríen, algunas lo aman. Chávez es la síntesis de 200 años de lucha del pueblo venezolano. Es, además, la acumulación histórica de los procesos populares y revolucionarios de Latinoamérica. Se ve en él, el acompañamiento de Fidel Castro y de la Revolución cubana. “Chávez fue el instrumento escogido no como caudillo mesiánico sino como genuino conductor del esfuerzo colosal del pueblo por asumir su propio destino”, dice José Vicente Rangel, ex vicepresidente y ex ministro de Defensa de Venezuela.
Chávez es ver a un niño de 10 años como José “El Poeta” Moreno, que trabaja de operador en una radio comunitaria, que habla de socialismo, que escribe y le lee un poema a “Mi Presidente”. Es impensable “un chavismo sin Chávez”, como alguna vez creyó alguno en Argentina con Perón. Chávez en Venezuela es la vanguardia, marca el camino y dinamiza la lucha. Es un gran paraguas, el vértice que a todos une. En Venezuela hay un movimiento policlasista, pero todos encolumnados con el líder. Quizás sea una de las principales diferencias con Argentina, donde en la actualidad no hay una líder que agrupe a todos y logre mayores niveles de participación e identificación con el proceso y los avances logrados.

“O inventamos o erramos”

Los venezolanos reconocen que no hay una formula para construir el Socialismo del Siglo XXI. Quizás, lo único que tengan claro es que ellos mismos son dueños de su propio destino y que como escribió Bolívar: “El mejor sistema de gobierno es aquel que da a su pueblo la mayor suma de felicidad posible, seguridad social y estabilidad política”.
En ese sentido, la creación de los consejos comunales en 2006 es parte de esa construcción, de una forma de organización superior. “Hacia un Estado comunal”, plantea el Presidente y todos lo repiten entusiasmados. La Ley Orgánica de Consejos Comunales, modificada a fines de 2009, establece que los consejos comunales son “una instancia de participación para el ejercicio directo de la soberanía popular”. Los consejos comunales “permiten al pueblo organizado ejercer el gobierno comunitario y la gestión directa de políticas públicas (…), en la construcción de nuevo modelo socialista”. A partir de los 15 años se puede participar de los consejos y la Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas “es la máxima instancia de deliberación y decisión para el ejercicio del poder comunitario”.  
Hay experiencias muy buenas, donde la comunidad está bien articulada; y otras, donde los vecinos no logran ponerse de acuerdo ni en el nombre del consejo. “O inventamos o erramos”, dijo Simón Rodríguez. Y en eso están. En los barrios se puede ver a los vecinos discutiendo cómo deben ser las viviendas, cómo lograr que el agua llegue a las casas y cuáles son las prioridades del territorio. En 2008 el Gobierno destinó a los consejos comunales 4.898 millones de bolívares fuertes y en 2009 se calcula que superó los 5 mil millones. Son recursos que bajan directamente a la comunidad, sin ningún tipo de intermediario.

Lo que viene

Uno de los principales problemas que atraviesa la revolución es el descontento de la población y de la militancia por la corrupción, por la ineficiencia del Estado y la burocracia. Es una bomba de tiempo. El Presidente Chávez puede estar en una situación complicada si no resuelve esas cuestiones. Él lo sabe y es ahí donde hay que medir la correlación de fuerzas.
Son desafíos muy grandes los que tiene la revolución por delante. Si no logra resolver las tensiones internas, puede complicarse luego de las elecciones parlamentarias de septiembre. De no conseguir la mayoría calificada, la oposición estaría en condiciones de echar atrás muchos de los avances conquistados por el pueblo.
El millonario Sebastián Piñera ganó en Chile, la derecha ganó en Panamá, en Honduras hay un presidente ilegítimo, a Rafael Correa en Ecuador lo quieren tumbar, lo mismo a Fernando Lugo en Paraguay; el neoliberalismo más rancio ganó espacios en el Parlamento argentino y este año habrá que ver qué pasa en Brasil, mientras se espera el 2011 en Argentina.
En este escenario, o se profundizan las políticas y la unidad de los pueblos, o retorna a la barbarie. A 200 años de las luchas por la Independencia, el ideario bolivariano  y sanmartiniano está más vivo que nunca. Como dice el Presidente Hugo Chávez: “Algún día tendremos que darle forma en nuestra América a nuevos modelos de integración que comiencen por el alma de los pueblos, que comiencen por el afecto de los pueblos; que comiencen y que tengan como fuente permanente y eterna el amor entre los pueblos”.
 

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