Miércoles 29 de Marzo de 2017 - 04:14hs. - República Argentina Edición # 1629

Revista #24 Febrero 2009 > América Latina

La madrugada de la revolución

Ricardo Napurí tiene 82 años y vive en Argentina. Ex teniente de la aviación de Perú, Colaborador del Che desde 1959 hasta 1964. Diputado constituyente en 1979 y Senador Nacional en 1980, en Perú. Linotipista y periodista en Argentina; discípulo de Silvio Frondizi y Marcos Kaplan, dos intelectuales marxistas argentinos que dirigían el grupo PRAXIS desde mediados de los 50. Creó el MIR en Perú en 1965. Luego, el partido Vanguardia Revolucionaria y en 1971 el Partido Obrero Marxista Revolucionario, POMR. En 1975 organiza el Frente Obrero, Campesino y Estudiantil, FOCEP. En Argentina militó en el trotskismo. Estuvo 16 años en exilios y 8 en prisión.


Por Pablo Llonto

Hace medio siglo, un peruano radicado en  Argentina, discípulo de Silvio Frondizi, llegaba a Cuba junto a la madre del Che, en los primeros días de la Revolución y se entrevistaba con Guevara, quien le daría dos tareas. La historia de Ricardo Napurí (82) quien vive hoy en Buenos Aires, ha sido la de los años más intensos de Latinoamérica. Sus recuerdos de aquellos primeros pasos de la gesta de los barbudos.

En la solemnidad de estos días, tan cargados de evocaciones a los cincuenta años de la revolución cubana y al Che, un testigo de época vuelve a pensar en su destino mientras encuentra la felicidad de haber terminado su libro de memorias.
La epopeya de los barbudos (cuya apología, hace treinta y tres años, era motivo para una censura, un dedo señalador o el cobarde peso del terrorismo de estado) incluye hoy reseñas, películas, documentales y las apreciaciones de quienes recuerdan fechas y anécdotas más o menos sabidas.

¿Pero qué pasaba en la Argentina de los meses previos a la caída de Batista y en los meses posteriores al ascenso de Fidel, Camilo y Guevara?
Ricardo Napurí, que vio tantas cosas en sus ochenta y dos años, tiene infatigable la memoria y el espíritu revolucionario. Peruano, de profesión militar en su juventud, rebelde militar. Enrareció las anécdotas castrenses latinoamericanas con un gesto que debería enseñarse en los Colegios Militares: ante un levantamiento civil-militar contra la dictadura del general Odría, se negó a bombardear blancos civiles y por ello fue deportado a Buenos Aires.   

Napurí en 1958 era miembro del grupo Praxis, y cuando desembarcaron los del Granma admite que no eran muchos quienes tenían sus ojos puestos en la isla: “La izquierda argentina era ajena a la realidad de lo que podía ocurrir en Cuba. Los militantes o eran socialdemócratas o comunistas o trotskistas. Lo que sucedía en Cuba no era asunto de ellos. En Praxis yo era el encargado de los latinoamericanos. No hay que olvidar que unos 60.00 estudiantes de todas partes de América habían llegado a la Argentina en los 50. Mi tarea era vincularme con panameños, ecuatorianos, colombianos. Teníamos, antes del triunfo de la revolución, un grupo de apoyo al Movimiento 26 de julio. Éramos no más de quince locos, pero con un hecho particular: a las reuniones venía la mamá del Che. Ello me permitió el privilegio de conocerla; pero debo ser claro, conocerla en instancias en que no se sabía cuál era el rumbo que iba a tomar aquel proceso”.

- Y ustedes viajaron enseguida a La Habana…

-Luego del triunfo de la columna del Che en Santa Clara, dicen que Camilo Cienfuegos quiso darle una alegría al Che y como la victoria era inminente fletó un avión, para mandarlo a Buenos Aires el 5 de enero de 1959. La idea era llevar a la mamá del Che a Cuba. Sería el regalo sorpresa de Camilo. Unos cuantos de los que estábamos en aquel grupo viajamos en ese vuelo con la mamá de Guevara. Estaban Alexis Lattendorf, Armando March el secretario de la Asociación de Empleados de Comercio, que era rosarino. Seríamos treinta. Nosotros llegamos a Cuba el 9 de diciembre. Fidel había entrado en La Habana un día antes.

- ¿Por qué la izquierda argentina no veía inicialmente con simpatía a Fidel Castro y su gente?


-    Si bien habían echado a un tirano, lo consideraban amigo de los Estados Unidos. La izquierda solamente aceptaba lo que pasaba de acuerdo a las tradiciones leninistas. Fidel era propietario de medios de producción, casi rico y el discurso de los primeros días de los rebeldes vencedores era confuso. Fidel había realizado, meses antes, una maniobra brillante al pactar en Miami con un sector de la burguesía para echar a Batista. La gente miraba con simpatía a los guerrilleros porque venían “recubiertos” con gente del sistema.

- ¿Cuál era su ocupación en aquellos días?

- Era periodista de La Razón y Secretario General de la comisión interna del diario. Fui a Cuba con la idea de conocer el proceso primero y después ver en qué podía ayudar. Pensaba que siendo miembro de Praxis y estando en el diario La Razón podría presentar la revolución cubana a los argentinos.

- ¿Y su conversación con el Che?
- Por lo que conté antes pude relacionarme tan privilegiadamente porque todos estábamos en el mismo hotel y el mismo piso. El Che iba en cada momento a ver a su mamá, caminaba por los pasillos y como el vínculo era bueno la mamá le habrá dicho, y entonces un día el Che me vio y me dijo ‘¿quieres hablar conmigo?

- ¿En qué lugar fue la entrevista de la foto?

- En el hotel Havanna Hilton, el 10 de enero. Le hablé de Silvio Frondizi. Le expliqué que por mi militancia política podía ayudar, podía escribir. El Che me dijo ‘eso está muy bien, pero lo más importante es que nosotros tenemos que reproducir lo de Cuba en todos los países que se pueda’. Es decir, me incentivó para que fuera a mi país a impulsar un proceso revolucionario.

- ¿ Y volvió a la Argentina?

- No. En La Razón me pusieron abandono de trabajo. No regresé porque me cuadró el Che y acepté. Ellos me parecían menos formados que yo, pero habían hecho una revolución, habían tomado el poder. Si bien no se sabía si se orientarían hacia el socialismo, había una revolución en las calles cuyo curso ni los cubanos lo sabían.

- ¿Y de allí a Perú?

- A partir de entonces empezó una relación para ver cómo instrumentar la decisión de empezar en Perú un proceso aprovechando las influencias que desataba la revolución, cubana. El Che era así. Ya le había dicho a Fidel, cuando aquí triunfemos me voy de Cuba a tratar de liberar otros pueblos de América Latina. Por eso a todo el que llegaba le decía que había que hacer guerrillas en su país y yo acepté. Y me agregó otra tarea, tenía que viajar a Lima para convencer a Hilda Gadea, su esposa hasta entonces, peruana, de que no tenía que viajar a La Habana. Claro, el Che tenía entonces otra mujer, Aleida. Pero Hilda era brava y decía, ‘yo me voy a ver a mi marido’ Y viajó. Se volvió conmigo.

La historia de Napurí continuó inevitablemente intensa. La guerrilla en Perú fracasaría. Años después, las persecuciones. Detenido-desaparecido por el plan Cóndor. Senador en Perú. Constituyente. El regreso a la Argentina y una vida dedicada al sueño de la revolución. Agradecido de los tiempos vividos dice: “ Tuve el privilegio de haber estado en el proceso doble de la mecánica con la que Cuba ayudó a exportar la revolución; hoy de Fidel para abajo dicen que esa época desapareció, que el setentismo es el pasado. Pero digo yo, ¿cambió? O cambió para que la idea revolucionaria fuera más vigente que nunca. El Che decía hacer dos o tres Vietnam,  y ello significaba que querías terminar con la sociedad capitalista. No se puede congelar al Che en una esfinge, no es un personaje setentista, El mensaje de aquella Cuba es correcto y más vigente aún.
 

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crorkz matz

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