Jueves 27 de Abril de 2017 - 02:25hs. - República Argentina Edición # 1658

Revista #56 Junio 2013 > América Latina

DE LAS UTOPÍAS AL SÍ SE PUEDE

La revolución nació y se desarrolló en un contexto desfavorable. El pueblo cubano debió soportar un brutal bloqueo económico, ataques terroristas, todo tipo de agresiones y difamación. A pesar de todo ello, desde el 1° de enero de 1959 esa pequeña isla del Caribe se transformó en un faro para todos los pueblos que luchan por un mundo más justo.


Por Stella Calloni

El heroico triunfo de los rebeldes de la Sierra Maestra, apoyados por la mayoría del pueblo de Cuba, derrocó a la feroz dictadura de Fulgencio Batista y sorprendió a América Latina y el mundo a inicios de 1959.

Para algunos sectores de las clases medias intelectuales de la región, incluyendo a norteamericanos, los guerrilleros de la Sierra Maestra eran jóvenes románticos y las historias de la resistencia clandestina de alguna manera se vivían como uno de los tantos relatos de los resistentes europeos contra el nazismo.

Algo de eso había en lo que se hablaba en los pasillos universitarios de aquellos tiempos, generalmente los más informados. Parecía imposible a todas luces que en una isla pequeña del Caribe, hubiera triunfado una revolución popular que marcaría la historia para siempre.

Muy pocos analizaban como un hecho extraordinario que esta revolución era la continuidad de otra lucha heroica, la de los mambíes cubanos contra el colonialismo español en el siglo XIX -una de la páginas más brillantes en la historia de América Latina y el Caribe-, tanto en el concepto de la guerra de liberación como en la inspiración política de José Martí y el Manifiesto de Montecristi.

Esa continuidad histórica fue también la que ayudó a la instalación y permanencia de la revolución al darle un marco genuino y propio, difícilmente repetible en otros lugares.

Esa misma inspiración y bases genuinas, les permitirían sobrevivir no sólo en resistencia permanente contra la potencia imperial, situada a sólo 90 millas de distancia, sino también en los momentos en que sus principales apoyos, como la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y el socialismo del este europeo, se desintegraron.

Cuba en soledad resistió y creció moralmente ante el mundo.

En Washington, en cambio, habían entendido rápidamente de qué se trataba la revolución que llegó en 1959 para quedarse. Los rebeldes que bajaron de la Sierra Maestra y las acciones revolucionarias de los primeros tiempos, nada tenían que ver con el simple derribamiento de un tirano y su reemplazo en el poder.

Desde esos primeros días la revolución arrasó con las estructuras del poder neocolonial y Cuba se convirtió en el primer país -y el único hasta ahora en la región- realmente soberano e independiente de la política de Estados Unidos. En “La Historia me absolverá” el comandante Fidel Castro Ruz había expresado, a través de su magnífico alegato ante los jueces de la dictadura batistiana, no sólo la tragedia que vivía el pueblo de Cuba, sino el programa de acción revolucionario para revertir esa situación.

Terminada la Segunda Guerra Mundial y debilitado el imperialismo con la derrota del fascismo en la Alemania nazi, en Italia y en el Japón militarista, Estados Unidos se enfrentó al prestigio que había adquirido la URSS y el sistema socialista mundial y decidió recuperar terreno rápidamente.

Así comenzó rápidamente la reorganización de sus organismos de inteligencia y se diseñaron estrategias y tácticas de guerras sucias y psicológicas para desacreditar a quien definiría como su nuevo enemigo: el comunismo.

Operaciones secretas, acciones subversivas a nivel mundial, conspiraciones de todo tipo comenzaron a sucederse rápidamente después del dictado de la ley de Seguridad Nacional en 1947 para crear la Agencia Central de Inteligencia (CIA), entre otros proyectos similares.

Destinada a conformar un poderoso servicio de información, rápidamente la CIA derivó en la organización de esas acciones y operaciones secretas y terroristas, gracias a una de las cláusulas de la ley.

Cuando la Revolución Cubana llegó al poder, entre otros acontecimientos que marcarían la vida regional, la CIA había asesinado a Jorge Eliécer Gaitán (el 9 de abril de 1948) en Colombia, frustrando un movimiento popular de raíces profundas y sembrando de muertos los campos y ciudades en ese país, que hasta hoy continúa bajo un terrorismo de Estado encubierto.

Washington creía tener bajo su estricto control a Centroamérica después de sus numerosas intervenciones en los años 30, con la invasión y luego el asesinato de Augusto César Sandino en Nicaragua y la instalación de la dictadura del primer Anastasio Somoza (García), al que sucedió su hijo. Fue el premio que le dio Washington al asesino de Sandino. En 1932 produjo la gran matanza de miles de salvadoreños rebelados justamente bajo la dirección del revolucionario Farabundo Martí, quien había luchado junto a Sandino.

En 1944 en Guatemala, una rebelión cívico-militar derrocó a los generales Jorge Ubico, el dictador con 14 años de gobierno, y a su sucesor Federico Ponce. El 20 de octubre de ese año se iniciaría la llamada Revolución guatemalteca, con una junta revolucionaria de Gobierno integrada por el capitán Jacobo Arbenz, el mayor Francisco Javier y el civil Jorge Toriello Garrido. Cinco meses después llamaba a elecciones y en 1945 era elegido Juan José Arévalo. Revolución nacionalista, patriótica, antiimperialista y agraria que continuaría luego con el presidente electo Jacobo Arbenz. Esta revolución rompía con el dominio económico y político que había logrado Estados Unidos en Centroamérica.

En 1954 Estados Unidos invadió Guatemala bajo el argumento de “defender los derechos” de las fruteras del imperio y luchar contra el “comunismo” de Arbenz. Saltando rápidamente por el mapa de América Latina, habían logrado también desviar y frustrar el formidable proceso revolucionario surgido en Bolivia en 1952.

También en 1954 otro dictador amigo de Washington, el general Alfredo Stroessner, llegó para quedarse 35 años en Paraguay.

Ese mismo año la Embajada de Estados Unidos en Brasil jugó un papel determinante en la guerra psicológica sin cuartel que llevó al suicidio -todavía hoy sospechado de asesinato- del presidente Getulio Vargas, quien había liderado una revolución en 1930 y había sido elegido en 1951 por el pueblo de Brasil.

En 1955, también Washington fue clave en el derrocamiento de Juan Domingo Perón en Argentina, donde había surgido un movimiento popular de grandes alcances, que desde el punto de vista de Washington era “más que amenazante”.

La década del 50 fue prolífica en la instalación de dictadores en el Caribe: el golpe del 10 de marzo de 1952 puso en el poder al sargento Fulgencio Batista en Cuba, y en el ’53 surge la sorpresa de los revolucionarios del Moncada, una acción que si bien fracasó desde el punto de vista militar, abriría las puertas a la revolución que triunfó en 1959. Pretendieron la continuidad de la dictadura con “elecciones” y Batista tomó posesión del gobierno en 1955.

Sólo dos años después asumía otro de los dictadores cercanos: François Duvalier en Haití (1957), mientras continuaba la mano de hierro de su colega Rafael Leonidas Trujillo en República Dominicana, y Puerto Rico seguía bajo ocupación colonial. Por todo esto, relatado a grandes rasgos y sólo con algunos ejemplos para mostrar el entorno feroz de la revolución que comenzó en Cuba aquel enero de 1959, y la dinámica temible del imperio en esos tiempos, es que aquellos muchachos que bajaron de la Sierra Maestra significaron una derrota increíble para las políticas de dominación regional de Estados Unidos.

Eso determinó que desde los primeros momentos de 1959 hasta hoy, 50 años después, Estados Unidos no dejó un solo día de atacar a Cuba, provocando con su accionar miles de víctimas, entre ellas las del avión que sus mercenarios hicieron estallar en pleno vuelo en Barbados en 1976. A todo este accionar terrorista se añade el daño provocado por el bloqueo o sitio medieval que mantiene sobre ese país, desde hace casi medio siglo. La resistencia cubana supera toda capacidad de imaginación.

Cuba los ha derrotado en todos los terrenos, militar, político, cultural, pero esencialmente en lo ético y moral. En el nuevo mapa de América Latina, ahora es Cuba quien ingresa por la puerta grande.

Su ejemplo irradió luces y esperanzas para los oprimidos de América Latina y el mundo. Es la inspiración que produjo esta irrupción de los pueblos que hoy resisten los embates del imperio y cuya voluntad compartida ha cambiado el mapa de América, golpeando las nuevas políticas imperiales y los diseños geoestratégicos de recolonización continental planeados para el siglo XXI.

Las luchas de liberación del siglo XX y las mayores rebeliones contra las injusticias, así como el resurgimiento cultural desde las catacumbas de la dominación, reconocen la inspiración y solidaridad de la Revolución Cubana. Es el espejo luminoso donde se mira una América en rebelión, en contraposición con el espejo astillado de un imperio decadente, que siembra terrorismo y muerte en el mundo.

Cuba siembra maestros, médicos y héroes en verdaderas luchas antiterroristas, como los cinco jóvenes hoy prisioneros y rehenes del imperio.

 

La Revolución encendió luces hace 54 años, que hoy se multiplican e iluminan cada vez más los oscuros arrabales de nuestra América decidida a recuperar su independencia frustrada y la liberación definitiva. Aquel 1º de enero de 1959 el pueblo cubano abrió las compuertas de la imaginación liberadora, que es en suma el camino a la vida en dignidad.

COMENTARIOS (29)

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What a plreusae to find someone who thinks through the issues

BvQictpKYl

gabriel dice este fue uno de los mejores cocneirtos de mi vidamas de 20 grupos en un solo show, ORISHAS regresa a su tierra, y lo mejor juan fer Velasco, jUANES ,Y geovanotti,, jaaj tambn Olguita taf1on y sobre todo fue una fiesta blanka, honrando la paz mundial ... full bien..

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