Miércoles 29 de Marzo de 2017 - 04:19hs. - República Argentina Edición # 1629

Revista #54 Diciembre 2012 > América Latina

ENTREVISTA A ÁLVARO GARCÍA LINERA: LAS NUEVAS ESTRATEGIAS DE LA DERECHA EN BOLIVIA

El vicepresidente de Bolivia habla sobre las campañas de desestabilización que ha sufrido el gobierno de Evo Morales. La infiltración de los sectores conservadores, la CIA y su red de fundaciones en sectores que, si bien hacen reclamos legítimos, terminan colaborando con la derecha más recalcitrante.


Por Stella Calloni

 

En los últimos tiempos el presidente de Bolivia, Evo Morales, ha denunciado la injerencia permanente de Estados Unidos en su país y también la intervención directa que han tenido en diversos episodios de la última década.

Al analizar los hechos claves de esa injerencia desde que asumió el gobierno por primera vez (en enero de 2006) se advierten intentos de desestabilización, amenazas separatistas de los Estados de la Media Luna (los más ricos de Bolivia), campañas periodísticas constantes, que incluyen el intento de golpe de Estado de septiembre de 2008, hasta un plan para asesinar al presidente descubierto en abril de ese mismo año. Las investigaciones llevaron a la CIA y a la red de Fundaciones como la National Endowment Fundation (Fundación para la Democracia), la Usaid (Agencia Internacional para el desarrollo) y sus respectivas redes de ONG’s que trabajaban activamente en todos estos planes.

 “Eso y mucho más”, recuerda el vicepresidente Álvaro García Linera, matemático, politólogo, escritor, una de las figuras intelectuales más importantes de su país y de América Latina.

García Linera describe las nuevas estrategias de los sectores conservadores de su país, que van cambiando a medida que “la revolución verdadera avanza y genera una contrarrevolución aún más fuerte. Esto obliga a la revolución a tomar medidas y a desplegar nuevas iniciativas para oponerse a ello y así sucesivamente. Hubo una reacción de esos sectores conservadores desde el principio. Primero bajo la forma de estructura política, con liderazgos que se opusieron al proyecto revolucionario y a esta construcción social del Estado y fueron derrotadas en las urnas. Luego esas estructuras políticas - aún cohesionadas- buscaron una ruta, un camino no democrático, violento, para defender sus privilegios. Buscaron una opción golpista (2008) y fracasaron. El residuo de esta estructura organizada optó por el magnicidio, que también fue desmontado en 2009. Hasta ahí, con otros hechos por supuesto, esto cierra un ciclo de las resistencias políticamente organizadas o visibles, con banderas propias opositoras que luchaban por otro tipo de Estado, otro tipo de economía. Yo lo expresaría como un inicio de la transferencia de la oposición a formas más ambiguas, ya no como cuerpo alterno organizado, sino como estructura organizada y flujos diseminados al interior del movimiento popular”.

Al preguntarle por las características de esta etapa actual, que se inicia con la nueva victoria de Evo Morales con más del 60% de los votos en diciembre de 2009 para su segundo mandato, explica que “la estrategia de las fuerzas opositoras al avance de la revolución política, cultural y económica que revolucionó la naturaleza social del Estado, al consagrar los derechos indígenas y la conducción de esos derechos desde la propia administración estatal, lleva a la dura reacción que trata de detener ese proceso en forma permanente”.

En este sentido, en los últimos tiempos se ha visto el desarrollo de una serie de conflictos sociales, García Linera analiza que “la derecha al abandonar la estrategia de guerra de posiciones hacia una estrategia de guerra de movimientos, tiende a involucrarse en los movimientos sociales, lo que se da en distintos ámbitos, y lo más vulnerable va a ser el movimiento indígena de Tierras Bajas (amazónicas o Tipnis). El otro va a ser el sector de los medios, y el de la policía”, situación que se puso en evidencia en la movilización con armas y violencias en la Paz, en junio pasado, que coincidió con el golpe de Estado en Paraguay.

Define García Linera que “sobre demandas y necesidades colectivas legítimas, todas ellas, sectores conservadores van a colaborar en una estrategia de apoyo, copamiento e infiltración de organizaciones sociales para, desde adentro, redimensionar a esos sectores hacia posiciones cada vez más conservadoras o agresivas”.

En su análisis estima que esto muestra que la derecha “aprendió de sus derrotas, saben que no tienen un proyecto alternativo creíble y su opción es intentar la derrota política, económica o moral del gobierno. Se utiliza la estrategia del desgaste, del camuflaje. La derecha se enmascara en lo social para acumular fuerzas y desgastar. No es de confrontación desenmascarada sino de desgaste. Precisamente este es el caso de lo sucedido en las Tierras Bajas (amazónicas) y en lo que significa la denominada ‘marchas del Tipnis’”.

Al consultarle por qué resultaron más expuestos a la acción de estos grupos conservadores algunos sectores indígenas que otros, señala que “en Bolivia los indígenas representan el 62% de la población total. De ese porcentaje el movimiento indígena de las Tierras Altas y los valles, que tiene más tradición política organizativa, abarca cerca del 95% y un 5% son del movimiento indígena de Tierras Bajas”.

De acuerdo a sus investigaciones, estos sectores están más expuestos por su dispersión geográfica y razones territoriales históricas que han influido en las diferencias.

En este caso, por diversas razones las instituciones de dominación colonial tanto de tierras como de fuerza de trabajo, que transformaron la economía y la sociedad en los valles y el Altiplano, tuvieron una presencia marginal en la Amazonia, que fue considerada “como una frontera”, señala García Linera. Como resultado de esto muchas de las comunidades allí “fueron influenciadas por la Iglesia Católica, otras religiones y las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs). Se trata de sectores sociales importantes y decisivos en la lógica de la construcción plurinacional de Bolivia, pero cuyo proceso de sedimentación política y organizativa es distinto al de Tierras Altas”, donde hace 60 años se produjo una distribución de tierras.

La pregunta es si esas diferencias hacen posible que la derecha y la acción injerencista encuentre un sector más vulnerable en esas comunidades de Tierras Bajas.

“La construcción del Estado plurinacional es un reto, es un proceso de construcción de soberanía política de la sociedad y no todos los sectores sociales avanzan a esas velocidades, ritmos y necesidades de esa soberanía política en el caso de las Tierras Bajas. Es una nueva experiencia para nosotros. Eso no lo habíamos visto antes”.

El vicepresidente reconoce que en estos tiempos han avanzado profundamente ante estos nuevos desafíos de “construir la plurinacionalidad con las 36 naciones que no son homogéneas, ya que eso depende de la voluntad política organizativa, de su madurez, y son experiencias muy distintas entre unas y otras. La dificultad es saber entender las densidades y las velocidades diferentes. Uno tiene ahí un reto y también una potencialidad para los sectores conservadores y los grupos externos.”

El gobierno de Evo Morales enfrenta a los sectores conservadores, que desde distintos ángulos “coinciden y convergen para tratar de utilizar al movimiento indígena de manera diferenciada e intentar confrontarlo con el gobierno. Se utilizan demandas propias del movimiento indígena para radicalizarlas y convertir esa demanda, que era parte de la construcción del Estado plurinacional, en una demanda que busca detener la construcción del estadio de la plurinacionalidad.

También expone algo que ha sido muy difícil ver y juzgar desde afuera; el hecho de que “desde hace más de 30 años la forma de acumulación territorial de las fuerzas del movimiento indígena de Tierras Bajas se da frente a la expansión hacendal-terrateniente y ganadera que viene desde hace más de 100 años en la Amazonia, y fue la lucha por territorios indígenas que les permiten garantizar propiedad para poder desenvolver sus actividades en áreas dispersas.”

Fue precisamente el gobierno de Morales que actuó frente a esta demanda, entendiendo que es la mejor manera de poner freno a la expansión de la ganadería y hacienda en la Amazonia, lo que se resolvió entregando casi siete millones de hectáreas a los pueblos indígenas de Tierras Bajas en un promedio de 400 hectáreas por familia, cuando en el resto de población boliviana de valles y Tierras Altas son cinco hectáreas por familia”.

Reconoce que fue una demanda legítima y justa, pero por las características de los compañeros y de su ocupación territorial del espacio “la propuesta de esos compañeros es que las Tierras Comunitarias de Origen (TCO) o fiscales, sean solamente entregadas a indígenas de Tierras Bajas y ni un solo cuadrado a los de Tierras Altas, que es el 95% de la población y en promedio tiene 4 o 5 has. Es evidente que existe una demanda de esos compañeros de Tierras Altas para ser favorecidos por la distribución de tierras fiscales y que tienen derecho a pedirlas en la Amazonia. Pero se opusieron los de Tierras Bajas y la primera marcha fue por ese motivo. Su posición es que las tierras fiscales en esa región sean solamente para indígenas de Tierras Bajas”

Desde su punto de vista, esta es una demanda legítima, radicalizada que divide al movimiento indígena, cuya unidad había caracterizado este proceso. Detrás de ella están los sectores interesados en mantener la situación privilegiada de poder en esa región donde las comunidades que han recibido las tierras continúan trabajando en la caza de lagartos y otros menesteres rudimentarios o en madera y entregan la materia prima a los mismos grupos de hacendados, que logran enormes ganancias en esa intermediación.

El vicepresidente investigó profundamente la historia, los temas geopolíticos y lo que significó la pérdida de buena parte de territorio amazónico (ACRE) a manos de Brasil. Además, el aislamiento del país en un extenso territorio, el más rico. Y demostró que muchos sectores desconocen lo que ha sucedido en esa Amazonia, donde se registra desde tantos años una ausencia del Estado, que ahora cuando aparece, beneficia de inmediato a los indígenas entregando las tierras. “Pero aún falta la tarea profunda de la descolonización cultural”

El intento de construir una corta carretera por el Tipnis, una zona protegida, pero que ha sido y está siendo explotada por sectores locales y extranjeros, es indispensable para unir dos Estados y un territorio divido: “Hasta el día de hoy el 50% del territorio boliviano no tiene vínculo con el otro 50% y estamos en el 2012. Ni una sola carretera vincula de manera estable, permanente y regular a la Amazonia con las Tierras Altas. Eso no debe pasar en ninguna parte del mundo. Dos áreas diferenciadas de un país que viven de espaldas entre sí, y no en vano cuando se subleva la oligarquía cruceña lo hace arrastrando a la oligarquía de Beni y Pando (la Media Luna). Siembran la idea de que los Kollas de las alturas se queden en su territorio ‘y nosotros en el nuestro’. Santa Cruz se siente propietaria. No puede haber este tipo de abismo territorial en un país que no sólo genera la base o fermento para el desarrollo permanente de estas lecturas separatistas, sino que también es la base para la predominancia aún hasta el día de hoy del poder político de esas oligarquías en estas regiones donde el Estado no llega. Allí donde no hay Estado, no existe predominancia del poder indígena, sino de los hacendados ganaderos, ONGs, Iglesias. Existe poder de dominio. Es una pelea por la construcción de soberanía en la Amazonia, que representa el 50% de Bolivia, y nos encontramos que eso ya está ocupado por empresas extranjeras, lo que hemos denominado en el país como la formación de una plusvalía medioambiental”.

Confiesa que de pura casualidad cuando se investigaba el tema del Tipnis “pedimos cruzar llamadas porque sabíamos de la intervención de la Embajada de Estados Unidos, y nos encontramos con la sorpresa de las sistemáticas llamadas de los dirigentes de la marcha y el señor (Felipe) Quispe, a la embajada de Estados Unidos. Simplemente buscamos una lista de llamadas a la Embajada y eran de Quispe, su esposa y su asesor. Diez o doce llamadas por día a la Embajada norteamericana. Fue como el detonante, una sospecha y a partir de eso comenzamos a rastrear el origen de las ONGs involucradas, quién las financia. Rastreamos hasta Europa y Estados Unidos, el núcleo de donde viene el financiamiento principal, y quiénes y por qué son movilizados. En el fondo es una lucha de empresas y gobiernos extranjeros contra el Estado boliviano”.  

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