Miércoles 24 de Mayo de 2017 - 08:46hs. - República Argentina Edición # 1685

Revista #55 Marzo 2013 > América Latina

HUGO CHÁVEZ FRÍAS: CUANDO EL PUEBLO DESPIERTA

La multitudinaria despedida al líder venezolano le demostró al mundo que la Revolución Bolivariana continuará más allá del dolor. Un pueblo llora, pero el rugir de las montañas hacen que el corazón de América lata con más fuerza.


Por Stella Calloni

En febrero pasado, cuando aún el expresidente de Venezuela Hugo Chávez Frías luchaba con toda su fuerza ante una enfermedad que avanzaba y debilitaba su cuerpo, pero no su espíritu eternamente combatiente,escribí algo que hoy tiene vigencia, al ver a ese pueblo desbordando en calles y carreteras, en montañas y llanuras y que acaba de protagonizarotro capítulo en la historia latinoamericana.

Entonces decía algo que sostengo aún del presidente Hugo Chávez:“lo que uno siempre recuerda es su sonrisa”, generosa, amplia, una sonrisa, un rostro que hoy se vuelve un mito y que hora tras hora crece y se multiplica, porque es un pueblo. Un hombre que es un pueblo nunca muere, seguirá multiplicándose a través de los años y los siglos.

Lo recuerdo sonriendo como cuando lo conocí en Caracas en marzo de 1994 y desde entonces admiré su fuerte optimismo en cada momento. Había salido de la cárcel de Yare el 26 de marzo de 1994 por un indulto del ex presidente Rafael Caldera. Lo que nadie recuerda es cómo lo esperaba el pueblo ese día, y son escasos los que hablan de esa silenciosa pero activa presión popular que reclamaba su libertad.

Durante su primera conferencia de prensa al salir de la cárcel se le veía joven (39 años), apasionado,  muy delgado. Usaba uniforme y contestaba con una sonrisa a cada maliciosa pregunta con que se lo quería tratar de acorralar, como si fuera un golpista común.

Entre todos los periodistas extranjeros que estaban allí, comprobé que ninguno había leído su manifiesto que publicaron durante el alzamiento rebelde de febrero de 1992, en el que el grupo rebelde que anunciaba que no estaban dispuestos a disparar contra su pueblo nunca más ni a ser utilizados para reprimirlo.Y menos aún después de aquel “caracazo” de febrero de 1989, que marcó el rumbo para una América, que arrasó en los años 90 y dejó temibles e inolvidables huellas. Fue el pueblo venezolano el primero en rebelarse contra la imposición neoliberal. No hay que olvidarlo.

Además Chávez y sus compañeros hablaban de la antigua corrupción de gobiernos y altos sectores económicos de Venezuela, de la enajenación de las riquezas del país que hundía al pueblo en la miseria (un 80% de pobreza entonces), y de la necesidad de una nueva Venezuela soberana y justa, una quinta República y una América unida. Fue la resurrección de un viejo sueño de todos los patriotas.

Recuerdo que me acerqué para pedirle una entrevista, le dije “trabajo en un periódico ( La Jornada de México) que respetará lo que hablemos”. De inmediato se estableció una buena corriente (buena onda, como dicen los jóvenes argentinos), y como lo estaban esperando en la comuna 23 de enero, me pidió que lo entrevistara en el camino.

Al recorrer esa ciudad laberíntica comenzaron a unirnos nombres: Omar Torrijos (general y líder panameño), al que conocí profundamente, y con quien compartíluchas, alegría, hastael momento de su muerte, y cuando el 20 de diciembre de 1989 Estados Unidos invadió Panamá, un país que tenía entonces poco más de dos millones de habitantes. Y hablamos de Juan Velazco Alvarado (general y líder peruano) e inevitablemente del general Juan Domingo Perón (tres veces presidente de Argentina). También charlamos sobre los líderes históricos independentistas en nuestra América y la Revolución Cubana: el Comandante Fidel Castro Ruz, Ernesto Che Guevara, el actual presidente Raúl Castro y los revolucionarios del ‘59, que eran sus grandes ídolos. Y de Sandino y el sandinismo. Todo estaba en su memoria extraordinaria y creadora.

Cuando llegamos al barrio, sentía como si lo hubiera conocido desde toda la vida. Y ahí pude ver el amor del pueblo, la veneración con que lo saludaban.

De muchas cosas se habló en esas horas. No eran las palabras de un golpista latinoamericano típico. Chávez hablaba de sociología, de libros como las Venas abiertas de América Latina (de Eduardo Galeano) y también de Gabriel García Márquez y tantos otros escritores y luchadores que honran a nuestra América, lo que desconcertó a muchos que habían tragado el anzuelo mediático del “golpista” o “gorila”.

La imagen de Chávez que yo tenía en ese momento era la de una figura que reunía todas las características de un gran líder popular.

Por supuesto choqué contra montañas, porque los medios se habían encargado de señalar a Chávez como un golpista, unido a lo que llamaban la “internacional carapintada” etc., etc.

En esos momentos Chávez estaba al frente del Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR)200 junto a sus compañeros de 1992. Durante un buen tiempo debió soportar las dificultades de que se entendiera que su proyecto nada tenía que ver con las dictaduras que asolaron al Cono sur.

Pronto Chávez se convertiría en un líder muy original en sus conceptos, el hombre que recuperaría el pensamiento contrahegemónico del mejor pasado: el bolivarismo, que incluía su apasionada pelea por la unidad de América Latina.

Su paso más importante entonces fue viajar a Cuba en 1994, donde lo recibió el comandante Fidel Castro y se inició una amistad maravillosa que cambiaría los vientos latinoamericanos. Este encuentro rompió con muchas de las dudas y prejuicios sobre su figura.

En una carrera sorprendente en 1998 fue elegido presidente de Venezuela, lo que asombróa la vieja oligarquía local y derrumbó los acuerdos de un bipartidismo que se sucedía en el poder. Afuera estaba el pueblo.

Heridos de muerte aquellos partidos decadentes, comenzó a aparecer la verdad sobre la falsificación democrática que se había vivido enese país: sindicatos unidos a patronales, como se evidenciaría después, en los intentos de golpe contra Chávez; silencio absoluto sobre luchas populares, guerrillas, y desapariciones forzadas. Una Dirección de Inteligencia como la DISIP, en la que trabajaron personajes del terrorismo anticubano como Luis Posadas Carriles (comisario Basilio), Orlando Bosh y otros criminales de lesa humanidad protegidos por Estados Unidos.

Las máscaras cayeron y eso comenzó a golpear la impunidad con que habían manejado a Venezuela durante tantos años, mediante una farsa de democracia.

Es imposible reproducir en una página todo lo que Chávez logró en estos 14 años en que ganó una elección tras otra, a pesar de golpes de Estado, patronales, petroleros, judiciales, intentos de magnicidio, lo que él transformó en pasos nuevos para consolidar la revolución bolivariana. Otra enseñanza histórica, de cómo se aprende haciendo.

Su fuerza y audacia revolucionaria, que se revelan en su brillante pelea por la verdad cuando dispuso ese “Aló presidente”, un encuentro radial domingo a domingo con su pueblo, agrietaron a un poder mediático terrorista y antipatria y resultaron un hallazgo en la lucha contra la desinformación.

El presidente Chávez llegó un día a la ONU y dijo lo que debía decir. Y Fidel Castro sostuvo entonces emocionado: ya no estoy solo en esto. Y su entusiasmo por la unidad se fue expandiendo y llegaron otros presidentes que reivindicaban ese camino unitario, que fue su sueño primero y que se concretó con enormes esfuerzos y coraje en una realidad que desajustó los esquemas imperiales.

Bajo su influjo renació la OPEP, el Movimiento de los No Alineados, todo lo que fuera unidad y fuerzas para resistir a un imperio cada vez más brutal en su decadencia. 

Chávez enseñó a su pueblo la mirada estratégica para no equivocarse de enemigo nunca, lo cual es un paso indispensable para la liberación. Y también la solidaridad, la revolución con “amor y humor”, el “sí se puede”, como demostró en cada paso que dio. La marea humana que no sólo desfiló en sus funerales, que durante días y días lo revivió con palabras, demostró la enorme conciencia adquirida por su pueblo, al que marcó un camino de  participación y movilización permanente,  

Venezuela es otra, pero no sólo porque las ganancias petroleras vuelven al país, sino por todo lo que ha rescatado soberanamente, por lo construido, que es infinito, por la restitución de derechos, por las dignidades recuperadas y contagiadas a todo el continente, por la solidaridad continental y mundial, que salvó a nuestros pueblos en muchas circunstancias.

Demostró que con la solidaridad sí se puede, y la Operación Milagro, realizada junto con Cuba, cuya medicina enaltece al continente, ha permitido ver a miles de ciegos en toda nuestra América, que no tenían ninguna esperanza.

La Operación Milagro se ha dado asimismo en otros aspectos. El mandatario venezolano ayudó a que muchos condenados a la ceguera de la ignorancia, la desinformación y sumisión abrieransus ojos, estén despiertos y enfrenten a sus opresores.

Hugo Chávez es un ser de luz y demostró que cuando las burocracias impiden avanzar, uno debe buscar otros caminos. Él los encontró creando las misiones, Robinson, Barrio Adentro, Vuelvan Caras y tantas otras. Y se pudo.

Falta mucho por hacer y es lógico, catorce años donde además debió defenderse de los intentos imperiales por destruirlo no pueden jamás terminar con las lacras de dos siglos desde las independencias frustradas, la traición y el entreguismo, y más de 500 añosde dominación y saqueo.

La creación de organismos populares que podían llevar adelante los proyectos que la burocracia nunca podría cumplir fue de hecho una revolución: alfabetización, salud, educación, bases extraordinarias de este proceso. Se añade una vasta recuperación cultural, en un país donde la TV enseñaba a despreciar lo propio y donde la cultura de la colonización había extendido sus redes, tan difíciles de quitar cuando contaminan el alma y la conciencia de los pueblos. Venezuela entró al mundo como una buena marea y hasta con la música, los coros, en todo, sonando fuerte.

Nada es igual ahora, nada. Quien conoció Venezuela antes y ve la Venezuela actual no puede dejar de advertir los grandes cambios sucedidos. El logro mayor ha sido recuperar la dignidad de un pueblo, sitiado en sus barrios altos, adonde sólo llegaban los políticos a comprar votos y a humillar.

Ese mismo pueblo del “caracazo” a solo cuatro años de que Chávez fuera elegido por primera vez (1998) salió a las calles aquel 11 de abril de 2002, cuando se produjo el golpe de Estado, con un librito de la Constitución en las manos, bajó de los cerros, se extendió como una marea humana por Caracas y  dijo a los militares venezolanos que estaban esperándolos para rescatar al presidente, como se hizo el 13 abril de ese año. El pueblo derrotó al golpismo manejado por Estados Unidos, escribiendo una página gloriosa y única en la historia latinoamericana. 

Es bueno saber que el ejemplo de humildad que ha dado Chávez, su humanismo y solidaridad, su grandeza, se han sembrado en el pueblo venezolano, pero también en toda América. Chávez sigue y seguirá derrotando a sus enemigos cada día, aún en la muerte, como sucede con los muertos que nunca mueren, de los que habló y cantó Alí Primera, otro amante de su patria y de su pueblo. 

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