Domingo 26 de Marzo de 2017 - 17:53hs. - República Argentina Edición # 1626

Revista #66 Abril 2015 > América Latina

La historia sigue viva

El encuentro en Panamá trascenderá como aquel en que Cuba y Estados Unidos volvieron a verse cara a cara. El intento de acercamiento de Washington a La Habana quedó opacado por el decreto de Obama contra Venezuela y el discurso del presidente norteamericano en el que pareció plantear un nuevo fin de la historia.


Héctor Bernardo

La VII Cumbre de las Américas llegó en un momento crucial para la región. Desde que el 17 de diciembre pasado el presidente Barack Obama y su par cubano, Raúl Castro, anunciaran el comienzo del diálogo para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, todas las miradas de la región volvieron a enfocarse en lo que parecía ser el último resabio de la Guerra Fría.  Sin embargo, y casi sin tener tiempo para festejar el acercamiento entre estos dos países, los gobiernos de América Latina se vieron sorprendidos por el decreto de la Casa Blanca en el que se declaró a Venezuela como “una amenaza inusual para la seguridad de los Estados Unidos”.

El encuentro en Panamá llegaba con esta fuerte contradicción. Por un lado, el acercamiento a Cuba, tras más de medio siglo de hostigamiento por parte de Washington y, por otro, el ataque a Venezuela. 

Cabe aclarar que, a pesar del comienzo de las conversaciones, todavía no se ha avanzado en el levantamiento del bloqueo, el cierre de la base de Guantánamo, ni en retirar a Cuba de la lista creada por Estados Unidos de los países que patrocinan el terrorismo.

Más allá de todas estas cuestiones, la foto que todos los medios buscaban, el apretón de manos entre Obama y Raúl Casto, pudo concretarse. Pero el presidente estadounidense también debió enfrentar los duros discursos de sus pares latinoamericanos. Uno de los ejes más interesantes de ese cruce fue el intento de Obama en decretar un nuevo fin de la historia y la respuesta de los presidentes de Cuba, Argentina, Venezuela y Ecuador.

La negación de la historia

Uno de los puntos más interesantes del debate producido en la Cumbre se dio a raíz de lo que pareció ser un nuevo intento por imponer “el fin de la historia”. En su discurso, el presidente Barack Obama aseguró: “Cuando llegué a mi primera Cumbre, hace 6 años, prometí que iniciaría un nuevo capítulo de participación y compromiso en esta región y opinaba que nuestras naciones tenían que liberarse de los viejos argumentos, los viejos resentimientos que demasiado a menudo nos atrapaban en el pasado.” Luego remarcó: “Los Estados Unidos no serán prisioneros del pasado”.

El discurso de Obama siguió en esa clara línea por interpretar el presente y proyectar el futuro sin hacer pie en el pasado; en el rol que Estados Unidos ha tenido en una región que desde siempre consideró – y considera- su patio trasero. 

Cerca del cierre de su alocución, el presidente norteamericano afirmó: “El punto final es este: los Estados Unidos miran hacia el futuro. Nosotros no queremos estar atrapados en las ideologías, por lo menos yo no lo estoy”, y con ironía aseguró: “Me encantan las clases de historia que recibo aquí. Yo soy estudiante de la historia y en efecto conozco varios de los episodios que se han mencionado”. Luego concluyó: “Podemos pasar mucho tiempo hablando de agravios y de injusticias pasadas. Supongo también que es posible utilizar a los Estados Unidos como una gran excusa muy cómoda debida a los problemas políticos que podrían suceder a nivel nacional. Sin embargo, eso no es lo que va a aportar progreso, eso no es lo que va a resolver el problema de los niños analfabetos que no tienen suficiente comida y eso no hará que nuestros países sean más productivos y competitivos en una economía global”.

Varios presidentes decidieron responder a esa postura de intentar negar la historia. Venezuela, Bolivia y Cuba entre ellas. Una de las intervenciones más interesantes y concretas respecto a ese tema, fue la de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

En respuesta directa al presidente norteamericano la mandataria argentina aseguró: “Yo sé que el presidente Barack Obama, lo acaba de decir, no le gusta mucho la historia o le parece que no es importante. La historia a mí me encanta porque además, me ayuda a comprender lo que pasa, lo que pasó, por qué pasó y, fundamentalmente, a prevenir lo que puede llegar a pasar, porque la historia enseña. No para recordarla y autoflagelarnos, o como un ejercicio de masoquismo, sino simplemente para entender por qué pasaron las cosas”.

Por último la presidenta aseguró: “No hay que tenerle miedo ni a la historia, ni a las ideologías. Miren lo que ha pasado después de que se decretó el fin de las ideologías, aparecieron los fundamentalistas”. Y concluyó: “aprendamos de la historia y defendamos nuestras ideas”.

La provocación 

El encuentro en Panamá estaba dividido en tres partes: por un lado, la Cumbre de Presidentes; por otro, los Foros Sociales, también auspiciados por la Organización de Estados Americanos (OEA); y, finalmente, la Cumbre de los Pueblos, a la que asistieron organizaciones sociales, movimientos políticos, sindicatos y representantes de los pueblos originarios de todo el continente.

Los Foros Sociales fueron cooptados por fundaciones y Organizaciones no Gubernamentales (ONG) vinculados a la Agencia Central de Inteligencia norteamericana (CIA). La presencia de algunos personajes como Guillermo Fariñas (con fuertes vínculos con el terrorista Posadas Carriles, responsable de la voladura de un avión de Cubana de Aviación que provocó 73 muertes), Lilian Tintori y Mintzy Capriles (esposas de los ex alcaldes Antonio Ledezma y Leopoldo López, detenidos por su participación en el intento de golpe contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro), y la bloguera contrarrevolucionaria Yoani Sánchez. Pero, sin dudas, una de las provocaciones más burdas se ha dado con la presencia del asesino del comandante Ernesto “Che” Guevara, el mercenario y agente de la CIA Félix Rodríguez Mendigutia.

En ese sentido, el presidente de Cuba, Raúl Castro, afirmó: “aprecio como un paso positivo la reciente declaración del presidente Obama de que se decidirá rápidamente sobre la presencia de Cuba en una lista de países patrocinadores del terrorismo en la que nunca debió estar. Porque cuando esto se nos impuso, resulta que los terroristas éramos los que poníamos los muertos”. “En esa etapa tuvimos 3.478 muertos y 2.099 discapacitados de por vida. Los terroristas eran los que ponían los muertos. ¿De dónde venía el terror entonces? ¿Quiénes los provocaban? Algunos de los que incluso han estado por Panamá en estos días. Como el agente de la CIA, Rodríguez que fue el que asesinó al Che y se llevó sus manos cortadas para probar por sus huellas digitales, no sé en qué lugar, que se trataba del cadáver del Che”.

La Cumbre de Panamá será recordada como aquella en que la que se trató de negar la  historia y esta se hizo presente con más fuerza que nunca. Se hizo presente en los discursos, en la participación reivindicada de Cuba, en la presencia de líderes revolucionarios que lucharon contra el neoliberalismo. Una Cumbre en que la que la historia estuvo más viva que nunca.

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