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Revista #19 Junio 2008 > Cine

El sacrificio del héroe

Del director de Memento, Christopher Nolan, llega Batman, el caballero de la noche, un nuevo capítulo de la saga relanzada en Batman Inicia, del mismo realizador, donde el superhéroe refleja más que nunca la realidad que nos toca vivir.


Por Joaquín Almeida

La ciudad cambió, ya no es la Gotham City de antes, con oscuros callejones rodeados por edificios de ladrillo rojo, gárgolas y arcadas de hierro. Ahora es más real, más cercana, porque la realidad parece jugar a que es ficción y los cuentos de super héroes reflejan más que nunca lo que nos pasa.
Batman, el caballero de la noche (The Dark Knight), es la segunda película que Christopher Nolan dirige sobre este personaje de historieta que es tan humano, que duda, se cuestiona y no tiene superpoderes.

Entre edificios ultra modernos, con grandes ventanales que nos dan amplia visión, pero a la vez nos demuestran vulnerabilidad, Batman tiñe su capa negra con los miedos que al parecer preocupan a la sociedad global.

Después de Jack Nicholson haciendo del Guasón en la Batman de Tim Burton (1989), parecía que ya estaba todo dicho sobre el más loco de los enemigos de ciudad Gótica. Pero la llegada de Heath Ledger (Secreto en la montaña) hace honor a la cita de Hitchcock donde dice que una película mejora, cuanto mejor es el villano.

Perder la cabeza

Tan loco es el Guasón, tan amante de la destrucción como fin último, que deja de ser el archienemigo que supo ser, para pasar a ser denominado algo mucho peor: un terrorista.

Y es verdad, su accionar es el de un terrorista, dejando entrever que no hay nada que de más miedo que la posibilidad. Justamente, lo que enloquece es pensar en que ese hospital que explote sea aquel en el que están nuestros seres queridos. La chance de ser alcanzado o no por el horror, se hace así constante.  

“Nadie se asusta cuando las cosas van de acuerdo a un plan”, murmura el Guasón. “Incluso si ese plan es terrorífico. Si le digo a la gente que un gangster fue baleado  o un transporte repleto de soldados explotó, nadie se asusta, porque es parte del plan. Pero deciles que un pequeñito y simple intendente va a morir y ¡ todos pierden la cabeza ! ”.

La locura que desencadena el Guasón tiene su contrapartida en un Batman mucho más fuerte y preparado. El batimóvil es más parecido a un hummer militar ultrasofisticado, que a un auto gótico de lujo.

Su traje le permite mayor movilidad que antes, tiene la capacidad de lanzar objetos mortales, cortar metales y despliega su capa como un ala delta.

Quien diseña sus equipos es Lucius Fox (Morgan Freeman), quien conoce a la perfección algunos secretos tecnológicos de la CIA, que luego desarrollará para permitirle a Batman, digamos, extraditar no oficialmente a un jefe de la mafia china, en el que será su primera acción en el exterior.

También desarrollará la posibilidad de escuchar a 30 millones de celulares al mismo tiempo, para atrapar al Guasón.

“Esto es demasiado poder para una persona”, se queja Lucius.
“Por eso voy a dártelo”, le responde ciegamente Bruce Wayne “solo tú lo usaras”.

Esa situación de excepción, de “solo por esta vez”, es la que permitirá superar el respeto a la intimidad y ante una crisis de magnitudes considerables, abrir una brecha en la libertad de los ciudadanos.

Juntos somos más

Como buen terrorista, el Guasón sabe comunicar sus amenazas. Para hacerlo utiliza una cámara hogareña donde exhibe tormentos que le efectúa a  ciudadanos secuestrados.

También toma de rehenes a los pasajeros de dos ferrys, que en le medio del río, deben decidir cual de los barcos vuela por el aire. Será la gente la que deba tomar la decisión de si mueren los otros.
“¿Qué intentas demostrar?”, le grita Batman al Guasón “¿Qué en el fondo todos son iguales a ti?”

La unidad del pueblo ante la adversidad es un tema que ya ha sido tocado en otros filmes de superhéroes, especialmente post 11 de septiembre, como en Spiderman, visible en el momento en que los pasajeros de un tren levantan en  brazos al joven hombre araña, ya sin máscara, exhibiendo el sacrificio de su juventud.

Ningún producto cultural está exento de su contexto histórico, aunque así lo pretenda. Confundir la cultura con la naturaleza, donde las cosas son en si mismas, están dadas, es un error de purismo inalcanzable. Todo film es un reflejo de su tiempo, pero si bien ese contexto puede servir como análisis, no debe confundirse como una herramienta valorativa.

Batman, el vigilante de la noche, es un protector, que muchas veces es confundido con uno de los malos. Así puede ser estigmatizado por su accionar, que la sociedad no comprende. Como si encarnara la elección entre el deber y el querer ser, que los ciudadanos no quieren tomar.
Como una conciencia social, Batman se ofrece a tomar los caminos que muchos saben es el mejor para resolver los problemas, pero que nadie desea tomar. El sacrificio del héroe, que elige el oprobio para salvar a la sociedad, a la que es mejor proteger incluso con la mentira, rompiendo algunas reglas.

Frente a la pregunta de qué hacer, Alfred le responde a Wayne: “Resista. Ellos lo odiarán por esto. Pero ese es el precio de ser Batman, él puede ser rechazado. Puede tomar las decisiones que ningún otro puede, la correcta”.
Pese a la incomprensión prefiere sacrificarse por el bien común, ante el doble discurso que presenta la nación, que reclama una solución pero de cuya forma no quiere ser responsable.
Batman, el caballero de la noche  es una de las más sólidas y oscuras versiones cinematográficas que sobre este héroe se han hecho y hace realidad una de sus frases en la película: “Seré lo que Ciudad Gótica necesite que sea”.
 

COMENTARIOS (14)

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matzcrorkz

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