Miércoles 29 de Marzo de 2017 - 00:20hs. - República Argentina Edición # 1629

Revista #37 Abril 2010 > Derechos Humanos

“El indígena es nuestro primer desaparecido”

Marcelo Valko es egresado de la UBA, dedicado a la investigación antropológica. Ha dictado conferencias en universidades de Latinoamérica, EE.UU. y Europa. Actualmente es profesor titular de la Cátedra Imaginario Étnico, Memoria y Resistencia de la Universidad de las Madres.


Entrevista con el investigador Marcelo Valko

Por Julio Ferrer

De sus trabajos investigativos nació el libro Los indios invisibles del Malón de la Paz, donde demuestra y comprueba con documentos históricos, como 174 kollas -durante el primer gobierno peronista- intentaron conseguir que sus reclamos pudieran hacerse realidad. Sin embargo, una vez más, todo terminará en represión e impunidad. Después de ser rechazado por seis editoriales, este trabajo apareció editado por Madres de Plaza de Mayo (colección Osvaldo Bayer) que tienen a sus hijos desaparecidos. Esta aparente casualidad, no lo es tanto, es una de las hipótesis de la investigación, según Valko: “el indígena es nuestro primer desaparecido. Por otra parte, el paralelismo entre el indígena invisible, y los desaparecidos del Proceso es inquietante. En ambos casos habrá sustracción de menores, se aplicara ley de fugas, se tergiversará la historia y habrá impunidad”.

Los Kollas y el 17 de octubre del 45’. En septiembre de 1945, tres dirigentes kollas de la zona de Cochinoca, Jujuy, Exaltación Flores, León Cari Solís y Juan Méndez llegan a Buenos Aires para presentar una querella contra terratenientes de esa provincia. El trámite, convertido en una especie de burocracia interminable, los obliga a quedarse más tiempo en Capital. En esas circunstancias, los sorprende como testigos privilegiados, aquel 17 de octubre del 45’, donde miles de obreros de zonas fabriles y de distintos sectores populares, exigían la liberación de Juan Domingo Perón, quien en 1946 llegaría a la presidencia de la República. Su tarea sin precedente desde la Secretaría de Trabajo y Previsión hacia el sector proletariado, abrían nuevas esperanzas para las reivindicaciones sociales. Este nuevo horizonte político, permitía ilusionar a los Kollas para lograr sus reclamos históricos: no más azotes, no más maltratos a las mujeres, ni cepos para disciplinar a quienes se rebelaban, ni arriendos impagables ni desalojos a la fuerza de sus tierras ancestrales” Todo el espectro del país empieza a mirar “al coronel del pueblo”, unos con estupor, otros con fervorosa admiración. Cuando hace la gira proselitista en el noroeste argentino, la gira electoral que lo iba a convertir en presidente a principios de 1946, pronuncia una serie de discursos donde sobresalen dos palabras mágicas. Dice: reforma agraria y expropiación. Y dice más: expropiar las fincas de Yavi y de India Muerta, que eran dos de las fincas que les habían usurpado, entre otros latifundistas, el tristemente célebre Robustiano Patrón Costas.

Entonces, cuando Perón triunfa en febrero, los kollas están en plena ebullición”. Los tres kollas se ponen en contacto con el teniente retirado Mario Augusto Bertonasco, que había trabajado como inspector de Tierras (ayudando a muchas familias mapuches), un área que pertenecía a la órbita de la poderosa Secretaría de Trabajo y Previsión que ocupaba Perón. Bertonasco, escucha sus relatos de padecimientos con atención y mezcla de indignación, y les promete ayudarlos. A principios del 46’, les escribe, que la única forma de “salvar a la raza indígena” era realizar una gran marcha a Buenos Aires, porque sería la única forma donde la “gran ciudad” pudiera ver sus necesidades y sufrimientos. “Los Kollas deciden bajar a Buenos Aires, para recordarle a papacito Perón las promesas de campaña. Por primera vez, no será una delegación de 2 o 3 comuneros, serán 174, un verdadero malón, y por las dudas, dado lo peligroso que es este país, se agregan la palabra paz. Ellos reclamaban un número muy superior de fincas, por supuesto; pero el coronel Perón había pronunciado esas palabras y había mencionado aquellas dos fincas”.

Se pone en marcha el Malón de la Paz. Lideraban la expedición, Bertonasco, Daniel Dionicio, Juan Francisco Adolfo von Kemmer (el alemán apodado “el indio rubio”) y Viviano Dionicio, hijo de Daniel, diputado provincial de Jujuy por el partido Laborista, que llegaría a ser convencional para la reforma constitucional desde 1949. De los kollas el más joven era Narciso López, de 7 años, y el más veterano del grupo era Ascencio Miranda, de 86 años. Todos fueron a pie, calzaban sus ushuntas (ojotas). Tenían algunos caballos, mulas y burritos para llevar sus cargas. Durante los tres meses que duró el pacífico Malón, los kollas mostraron lealtad a Perón-a quien nunca cuestionaron- y apelaron a muchos símbolos de la Nación y la religión oficial argentina. Pasaron por pueblos de Jujuy, Tucumán, Córdoba, Rosario, entre otros lugares, y en todos ellos, eran recibidos con mucho entusiasmo y afecto. También pararon a descansar en algunas reparticiones militares, y desfilaron con el ejército. El Malón produjo una cobertura inédita por parte de los medios de comunicación. Semejante visibilidad momentánea, tiene que ver con el propósito inicial del gobierno de convertir a los maloneros y su reclamo en un ejemplo de los alcances y soluciones de la Nueva Justicia Social “casi todo el arco periodístico, sobretodo adicto a Perón, como La Época y El Laborista se sube al Malón. También La Nación, La Prensa, el comunista La Hora, el socialista La Vanguardia, hasta los semanarios Ahora, Radiolandia, Qué sucedió en Siete Días; radios y noticieros cinematográficos como Sucesos Argentinos se ocupaban de kollas, brindándoles un espacio destacado con titulares, entrevistas y primeras planas. La “fama” del Malón llevó incluso a que varias firmas comerciales como la tabacalera 43/70 o el analgésico Geniol, se aprovecharon de los kollas para vender sus productos. En ese contexto, los medios harán hincapié en la figura, el teniente Mario A. Bertonasco, La inclusión del militar en el Malón tiene varias lecturas. En principio el interés del gobierno en un tema delicado que era necesario mantener bajo control y monitorear desde adentro. Es llamativo además, como aquel hombre de confianza de Perón, que cuando el Malón parte de Abra Pampa el 15 de mayo de 1946, aparece atildado con su uniforme y sable a la cintura, llega 81 días después a Buenos Aires, tras caminar 2000 kilómetros junto a los kollas, barbudo, emponchado y con las ushuntas, las ojotas de los kollas. Experimenta una mutación, no solo de su aspecto, sino espiritual, ese cambio lo tornará poco confiable para el entorno gubernativo y lo hará caer en desgracia”.

Perón recibe a los Kollas. Cuando el Malón se estaba acercando a Buenos Aires, empezaron los debates en el Congreso de la Nación, pero ni los diputados oficialistas (que aparentaban solidarizarse con el movimiento) ni la oposición llegaban a un acuerdo para darle curso a las peticiones de los Kollas. Esperaban alguna señal por parte del gobierno… pero nunca llego. “El momento culminante es cuando el Malón llega a Plaza de Mayo. Era sábado, 3 de agosto. Trabajosamente los kollas avanzan por Avenida de Mayo atestada por miles y miles de personas. Y sucede lo que nunca había pasado. El presidente Perón no sólo recibe al contingente, sino que sube a dos kollas al balcón de la Casa Rosada ante una plaza colmada de gente que los vitoreaba. Fue un momento único de la historia argentina. ¡Dos indígenas en el balcón de la Casa Rosada! ¡Jamás había sucedido!”. Después de haber entregado un sobre lacrado con la petición y escuchar de la voz de Perón, la promesa de una solución, los Kollas emocionados, se retiran de la Casa Rosada.

Hotel de Inmigrantes. Triste destino El Hotel que les destinan a los Kollas es el de Inmigrantes ¿paradoja o destino impuesto por la civilización occidental y cristiana? “Después de haber sido recibidos por Perón, los Kollas son alojados en el Hotel de los Inmigrantes. Alojan a los indios argentinos en el mismo lugar donde bajaban los extranjeros de los barcos. Esa es la idea que el Estado Nacional tiene de los indios. Nosotros no podemos tener indígenas, nosotros somos Europa no somos Sudamérica. A partir de ese momento, el Malón abandona las portadas de los diarios y revistas”. Los Kollas llevan más de veinte días en Buenos Aires, de pronto el gobierno les quita sus aliados e interlocutores: Bertonasco y Dionicio. Estos intentan comunicarse con Perón, quieren saber que está pasando. Pero no son atendidos ni reciben ninguna explicación. El estado de ánimo de los kollas pasa de la euforia al desconcierto. En la madrugada del 28 de agosto, tropas de asalto al mando del general Filomeno Velazco, titular de la Policía Federal y una brigada de lanza gases, toman el Hotel, y a fuerza de golpes y gritos, los kollas fueron secuestrados y arrastrados hasta unos vagones lejos de los andenes de Retiro, para ser devueltos como ganado a Jujuy “Velazco contó con el apoyo del Vicepresidente Quijano, y también de la Dirección de Protección al Aborigen fuertemente cuestionada por los kollas, así como de legisladores variopintos, en especial de las regiones norteñas molestos con tanto revuelo. También recibió el aval de los hacendados acusados por los maloneros”. Toda esta represión será presenciada y silenciada por Santiago Peralta, subgerente del Hotel y admirador confeso del Hitler. Este personaje siniestro, desde 1943 (año del golpe militar del GOU), se desempeñaba como director de Migraciones y jefe de Servicio Étnico del Ministerio de Guerra. Cuando Perón asume la presidencia en 1946, recibió la dirección del Instituto Étnico Nacional. Aunque la intensa presión internacional en su contra, impulsaría su renuncia.

Ante tanta impunidad contra los kollas, el diputado Dionicio consigue una audiencia con Perón para denunciar el violento desalojo. Este, lo recibe pero con los funcionarios involucrados. Mientras tanto, una comisión creada para investigar lo sucedido, “intenta” llegar a la verdad pero sin ninguna declaración de las víctimas, algo incomprensible. Nada será esclarecido. Los medios de comunicación, que tanto habían promovido la causa de los kollas, empezarán a alternarse con operaciones de descrédito y silencio” (salvo algunas excepciones). Un ejemplo: llegarán a decir que eran “falsos indios” porque sabían leer y escribir. En octubre de ese año, algunos representantes kollas volvieron a Buenos Aires, pero no obtuvieron respuesta oficial alguna. Sin embargo siguieron creyendo que Perón era ajeno a las maniobras represivas “Todavía hoy en día, la mayoría de los dirigentes mantienen aquella postura” sentencia Valko.

La solidaridad de Atahualpa Yupanqui

El único intelectual argentino que mantuvo su compromiso con el Malón de la Paz, incluso cuando todo el contingente es secuestrado y desterrado, fue Atahualpa Yupanqui. Un compromiso que terminó costándole muy caro “En uno de los capítulos, publicó la carta abierta que escribió Yupanqui después de la expulsión de los kollas. La tituló “Hermano Kolla”. Por su valor testimonial, decidí publicarla en su totalidad porque es un documento magnifico. Mientras todos los que habían apoyado la gesta del Malón callaron, su carta es una denuncia con todas las letras. Y no sólo es una acusación, también es un documento poético, dice por ejemplo: “Muy pronto, hermano Kolla, serás una imagen borrosa de algo de lo mucho que ocurre en el tiempo”. Don Ata había comprendido la envergadura del Malón de la Paz. El gobierno que deseaba guardar silencio sobre lo ocurrido (un silencio que duró casi 60 años), no se lo perdonó. Atahualpa estuvo 8 veces preso, varias veces fue torturado y todos sus discos fueron prohibidos e incluso se prohibió que otros compositores toquen su música. Finalmente marchó al exilio. Pero como Argentina es circular, también reflejamos el encuentro que Yupanqui y Perón tendrán en Europa en 1960. Un encuentro de exiliados. Perón lo fue a ver al camarín después de un recital. Será un encuentro memorable y nostálgico entre aquellos dos hombres. Y aunque sin rencores, Atahualpa le echara en cara el episodio del Malón”.

Algunas conclusiones ¿Por qué los reclamos de los Kollas no pudieron ser resueltos por el gobierno peronista? Según Valko: “El accionar del gobierno tiene su lógica. Una vez que el gobierno empieza a alimentar en forma mediática al Malón, el Malón empieza a extenderse como un reguero de pólvora, como una bola de nieve que avanza sin control. Comienza a solidarizarse con su causa, los trabajadores del campo que no era indígena. De pronto todos querían hacer malones de la paz, los chacareros, los peones rurales, los pequeños arrendatarios. Era un efecto contagioso, terrible y peligroso. El gobierno había comprendido tarde los alcances del Malón. Tal como lo demuestra la investigación, sí les otorgaban las parcelas a los 174 kollas, una lluvia de malones indígenas y de criollos necesitados de tierras se lanzaría sobre el Ejecutivo. El presidente no tenía opción, o les daba la tierra a los kollas afrontando lo que vendría después, o los borraba de la vidriera nacional. Se sabe que opción prefirió el gobierno peronista”

El trabajo de Marcelo Valko tiene como objetivo denunciar a la pedagogía de la desmemoria que construye un país de excluidos, de población marginal, de invisibles. Sacar a la luz una historia y una realidad negada. La verdad histórica y sus víctimas exigen justicia… aún siguen esperando.
 

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