Jueves 23 de Marzo de 2017 - 23:07hs. - República Argentina Edición # 1624

Revista #40 Julio 2010 > Derechos Humanos

De los countries a Devoto

Civiles y dictadura


Por Pablo Llonto

Aún son pocas las causas en las que se investiga el rol de los civiles (ministros, secretarios de estado, empresarios, gerentes) en la implementación del terrorismo de estado para imponer un plan económico. La detención de Martínez de Hoz demuestra que es posible avanzar en ese sentido hasta llegar a la conclusión más cercana a la verdad: que se trató de un golpe cívico militar destinado al beneficio de los más poderosos.

Cual si fuera una desintoxicación de nuestro pesimismo, la imagen de José Alfredo Martínez de Hoz y su camilla, ambos detenidos, tuvo algo de gratificante mientras, al mismo tiempo, preocupaba a más de un civil procesista, cuyos brindis con Videla, Galtieri o Massera deben andar deprimidos en alguna fotografía de época.

Hace ya mucho tiempo que las denuncias e imputaciones contra diferentes civiles (empresarios) por su participación en el terrorismo de Estado conviven con las causas contra militares. Veamos algunas de ellas: Mercedes Benz, Ford, Astilleros Astarsa y Mestrina, Ingenio Ledesma, fábricas de cerámicas Lozadur, Cattaneo, metalúrgicas Tensa, Acindar, editorial Atlántida, Papel Prensa, Clarín, Siam, Molinos...

Las prisiones de Martínez de Hoz, Jaime Smart (ex ministro de justicia de la provincia de Buenos Aires con el Gobernador-Dictador Ibérico Saint Jean) o el ex juez Víctor Brusa (condenado en Santa Fe a 21 años), forman parte del escaso lote de represores no uniformados que ingresaron en procesamientos o sentencias por delitos de homicidio, secuestros y torturas. Casi nada, para ser sinceros.

Pero así como decimos que éste es el país de los juicios múltiples, de la verdad y de la memoria, de las Madres y las Abuelas de la valentía, también señalamos que es el mismo país de la impunidad a los empresarios y a los miembros civiles de las múltiples dictaduras que asolaron la Argentina entre 1976 y 1983.

Ellos, para entendernos mejor, fueron los poderosos, los monopolizadores, los corruptos, los especuladores de guantes blancos. Ellos, quienes engendraron la bestia militar-policial que les dejaría el camino libre para construir sus paraísos económicos basados en la explotación de los pueblos.

Comisiones internas arrasadas, centenares de delegados sindicales desaparecidos, camiones verdes que entraban a las fábricas a llevarse obreros “molestos y subversivos”. Todo ello para que las empresas funcionasen “normalmente y en orden”, permitiendo así la consolidación de ganancias que partirían pronto, muy pronto, para Suiza, Uruguay, Islas Caimán, y cuanto pelotero feliz existiese en el mundo de las evasiones.

La muy particular y antigua visión de ciertos jueces que consideran delitos de lesa humanidad los crímenes cometidos por generales, capitanes y sargentos, pero no consideran delitos de lesa humanidad los cometidos por gerentes, presidentes de directorio y principales accionistas, es idéntica a la visión de la Iglesia, que llama homicida a quien aborta pero no llama homicidas a los militares que asesinaron a miles de jóvenes. 

Esta miopía judicial tiene, sin embargo, su contracara. La embravecida aparición de algunos fiscales y algunos querellantes dispuestos a pasar de la información a los juzgados. Y tomar el problema por asalto.

En estos días se prepara un estudio pormenorizado de los principales grupos económicos que se beneficiaron con el terrorismo de estado. Sobre ellos se pondrá el acento para demostrar que el plan económico de la dictadura, ideado por Martínez de Hoz y su gente, necesitaba para su implantación la sangre, el fuego, la muerte y la desaparición. Con esos requisitos, el “amigo Joe” (para Magdalena Ruiz Guiñazú) aceptó la sociedad con Videla-Massera-Agosti para un golpe de estado que no venía a imponer orden, sino a imponer Un Orden. El orden de las fábricas silenciadas, que trabajasen a destajo; el orden de la patria financiera; el orden de la estafa de la deuda externa.

La base de este trabajo es la recorrida por leyes, decretos, reglamentos, normas, archivos periodísticos, libros contables y otros para confirmar “en los papeles” que el golpe del 24 marzo ya contenía la idea de un plan de exterminio de la mano de un plan económico que beneficiaría a determinados sectores de la economía. Dentro de ese plan, el robo de empresas, el desapoderamiento de acciones a determinados empresarios, la eliminación física de los mismos era también una pata de la ancha y extensa mesa del terror. Algunos casos, como el de los hermanos Iaccarino (empresarios del sector lechero, secuestrados y obligados bajo tormentos a ceder sus propiedades) o el de la familia Graiver (despojada de sus empresas, entre ellas Papel Prensa) ya forman parte de la instrucción en juzgados de La Plata. 

El entendimiento, por jueces y camaristas, de cómo funcionaron quienes dieron y sostuvieron el golpe, resulta imprescindible para avanzar en estas causas. Si muchos aún responden que se trataba de un plan militar, estamos frente al problema del desconocimiento histórico. Y frente a ello, sólo nos queda el buen uso de la palabra “prueba”. Es eso entonces, llenar de pruebas los juzgados. 

Por ahora, entonces, el uso de la expresión dictadura cívico militar parece un deseo, acosado por las limitaciones de una justicia que aún está lejos de su momento más luminoso.

En la zona Norte, a iniciativa de ex obreros de diversas fábricas, se ha formado una comisión que intenta nuclear a todos aquellos trabajadores que sufrieron en carne propia el terrorismo de estado. Con la idea de conformar un mapa detallado de la responsabilidad empresa por empresa, quienes persiguen el objetivo de juzgar la complicidad patronal ya han avanzado en el asunto y poseen un primer material (documental fílmico), que recorre el país en la suma de otros testimonios. Falta mucho, y por ello andan de camino en camino, solicitando testimonios.

Quizás para cumplir con el poema de Neruda a Miguel Hernández: “Que sepan los silenciosos cómplices del verdugo/ que no será borrado tu martirio/ y tu muerte caerá sobre toda su luna de cobardes”.

COMENTARIOS (16)

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