Domingo 26 de Marzo de 2017 - 17:40hs. - República Argentina Edición # 1626

Revista #41 Agosto 2010 > Derechos Humanos

El apoyo más importante fue de Anibal Fernández

El debate y la posterior aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario han demostrado la madurez alcanzada por la sociedad argentina en lo que respecta al avance de los derechos civiles. Un ejemplo para toda América Latina.


Por Manuela Expósito

María Rachid es una de las personas más autorizadas para hablar acerca del matrimonio entre personas del mismo sexo. Es que la Federación Argentina de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, de la cual es presidenta, fue la entidad que impulsó desde un primer momento este proyecto fundamental para quienes persiguen la igualdad de todos y todas. Café de por medio, nos cuenta los entretelones de una lucha que lleva años.

¿Qué es lo que los llevó a unirse como federación y cómo fue su llegada a las provincias?

A partir de la sanción de la ley de unión civil en la ciudad de Buenos Aires, algunas organizaciones como Vox y La Fulana empezamos a ver la necesidad de ampliar ese reconocimiento legal a todo el país. Además de impulsar otras uniones civiles en las provincias y ciudades, pensamos que era necesario aprobar una ley nacional. Había otras cuestiones sobre las que avanzar, como la modificación de los códigos de falta en las provincias y la ley de identidad de género. Para ambas era necesario articular con organizaciones en las provincias, entonces empezamos a pensar en una asociación a nivel nacional que tuviera estas leyes y la derogación de los códigos como principales objetivos; también nos pusimos en contacto con asociaciones que realmente tenían un trabajo local en materia de derechos civiles y humanos. Después se sumó ATTA (Asociación de travestis y transexuales de la Argentina), que estaba trabajando mucho en las provincias, y allí decidimos fundar la Federación argentina de gays, lesbianas, bi y trans. Eso lo empezamos a pensar en 2003, y en 2005 se aprueba el matrimonio en España. Nosotros estábamos trabajando en cómo ampliar ese reconocimiento en la ciudad para todo el país y empezamos a pensar que la forma de ampliarlo era ir por todos nuestros derechos, por la igualdad ante la ley. Si se había aprobado en España, quería decir que en Argentina también era posible, porque hay algo en común además de la cultura: tienen el mismo obstáculo, que es la fuerte presencia de la Iglesia Católica. Empezamos, entonces, a trabajar en una asociación que tuviera como objetivo la igualdad ante la ley, el matrimonio para personas del mismo sexo, la ley de identidad de género, la modificación de la ley antidiscriminatoria, la inclusión de la educación sexual en la educación en general y la derogación de los códigos de falta contravencionales.

¿Cuál es el trabajo mancomunado que han hecho con el INADI tanto en la gestión de Lubertino como en la de Morgado?

Cuando nosotros recién constituimos la Federación, Lubertino me convoca a formar parte del consejo como presidenta de la Federación. Acercamos nuestra agenda al INADI y logramos, después de algunos debates, que tomaran toda nuestra agenda como propia. A partir de eso, empezamos a articular. Nosotros sabemos que la sociedad civil a veces cumple el rol del Estado, pero quien debe cumplir ese rol de bregar por el reconocimiento de los derechos es el mismo Estado, donde haya que presionar y denunciar, donde las reivindicaciones se tomen. Avanzamos en conjunto y nunca hubo ninguna propuesta de la Federación que no fuera tomada por el INADI. Había una coincidencia de agendas que hizo que todo lo hiciéramos juntos. Cuando Claudio Morgado asume la presidencia, le da continuidad a esa fuerte vinculación.

En relación con el proyecto, ¿siempre se pensó como ley de matrimonio? ¿cuál es la diferencia que ustedes plantearon respecto a la unión civil?

En un principio pensamos que, cuando no se había aprobado en España, era necesario ir escalonadamente. Sabíamos que era muy difícil que se aprobara la igualdad ante la ley, y que quizás íbamos a tener que tolerar un reconocimiento a medias. Que iba a ser sumamente discriminatorio, pero que era un paso adelante en materia de reconocimiento de derechos. Cuando se aprueba en España, empezamos a hacer encuestas de opinión, en las cuales vemos que la gente está de acuerdo con el matrimonio. Ahí decidimos que no íbamos a aceptar propuestas de ciudadanía de segunda, sino que íbamos a trabajar por la igualdad. En el INADI hubo un debate, porque el código civil hablaba de unión civil pero no de matrimonio. Muy pronto se zanjó la diferencia: nosotros planteamos que la unión civil es algo discriminatorio, que obstaculiza nuestro acceso a la igualdad, como con el Apartheid: una porción de la población está impedida de acceder a un derecho.

¿Qué adhesiones han tenido tanto de ciudadanos católicos como de gente de otros credos, en contraposición a la posición que asumió la Santa Sede?

Recibimos adhesiones de un montón de sacerdotes de diferentes lugares del país. Incluso algunos obispos se han sumado. En algunos casos nos pedían no dar el nombre porque iban a ser expulsados de la Iglesia Católica, y en otros, como fue el caso de Reale Alessio, del grupo Angelelli de Córdoba, o del arzobispado de Quilmes, lo dieron a conocer públicamente a través de gacetillas de prensa. Alessio está enfrentando ahora un juicio canónico, y es probable que lo excomulguen. Hubo una respuesta de la Iglesia Católica, en el resto de los casos todavía no. De otros credos, hemos recibido adhesiones públicas de pastores evangelistas, metodistas, protestantes; de la comunidad judía, los rabinos más conocidos de Argentina fueron a hablar al Congreso... Hubo mucha gente que se expresó a favor, de distintos credos.

Uno de los casos más emblemáticos fue el de Alex Freyre y José María Di Bello, cuando quisieron unirse en matrimonio. En una primera instancia, el gobierno de la ciudad no intervino para impedir la unión, pero luego se volvió atrás. ¿Eso a ustedes los tomó de sorpresa o era algo previsible?
Nos tomó por sorpresa la no apelación, así como por parte de la jueza  Gabriela Seijas que no es una jueza que se destaque por fallos progresistas. No esperábamos un fallo tan innovador. Estábamos convencidos de que el gobierno de la ciudad iba a apelar, así que estábamos preparando nuestra respuesta. No lo creíamos. Ellos salieron con la noticia, lo festejamos, pensamos que realmente Macri había visto que le era conveniente. Después tuvo la reunión con Bergoglio, que hizo que al momento de profundizar ese compromiso, se volviera atrás. No nos sorprendió eso, sino lo anterior. Cuando se presentan dos fallos contradictorios, el gobierno de la ciudad elige el fallo que no nos beneficiaba. Aún así, hay que reconocer que el resto de los matrimonios se dieron porque no volvieron a apelar ninguna de las causas. Macri se ha desdicho de ese video donde hablaba de la igualdad y los derechos, y no avanzó en ese compromiso, sino todo lo contrario, producto de su conversación con Bergoglio y con Michetti, que también está absolutamente en contra.

¿Qué señales de apoyo recibieron por parte del gobierno nacional?

La primera persona de la que recibimos muchísimo apoyo y que nos acompañó durante todo el trabajo, desde 2006 hasta ahora, fue el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández. El acompañamiento lo hemos tenido desde el principio con él, y después con algunos otros referentes: Agustín Rossi cuando estuvo en diputados, Pichetto cuando estuvo en el Senado. Y la misma Presidenta cuando se aprobó, y Néstor Kirchner cuando estuvo en Diputados. Pero el apoyo más importante fue de Aníbal Fernández.

¿Qué bloques acompañaron desde un primer momento el proyecto?

Los primeros, y que de hecho llamaron por teléfono para presentarlo, fueron el Partido Socialista: el primer sector político que se comprometió con la ley de matrimonio. Fue prácticamente iniciativa de ellos, porque cuando se aprueba en España y nosotros todavía lo estábamos pensando, al mismo tiempo recibimos su llamado diciendo que lo había aprobado el PSOE. El primer proyecto es de Eduardo Di Polina, que lo elabora junto a la Federación argentina de gays lesbianas bisexuales y trans.

¿Era de esperarse que algunos senadores recibieran presiones por parte de los sectores eclesiásticos de algunas provincias?

Sí, sucedió en todos los países del mundo, incluso en España, por lo que esperábamos que lo hicieran acá. Lo mismo en Argentina. La institución eclesiástica ha presionado mucho cuando se aprobó el matrimonio civil, la educación laica, la ley de divorcio, cuando se debate la distribución de anticonceptivos, de preservativos, cuando se habla de educación sexual. La Iglesia está constantemente presionando a los funcionarios y legisladores con amenazas y extorsiones. Yo creo que no lo veían posible, que llegaron tarde, que recién en el Senado hubo una presión mayor, pero es una institución que está muy deslegitimada. Fue cómplice de la dictadura, tiene una historia al lado de los genocidios permanentemente. En todos estos debates siempre están del lado equivocado. Y además, organizan grandes movilizaciones en contra de la igualdad para todas las familias y no lo hacen cuando hay casos de pedofilia dentro de la Iglesia, cuando hay una dictadura militar, cuando se instala el neoliberalismo que genera hambre y pobreza. Eso hace que ellos estén de un lado, y la sociedad del otro.

¿Cómo vivieron el desenlace de la votación?

La primera sensación, además de una profunda felicidad, fue de alivio. Sentí que había un montón de familias y de vidas que iban a mejorar a partir de la aprobación de esta ley.

Teniendo en cuenta la respuesta positiva de la sociedad ante este avance, ¿creés que la sociedad aceptaría a las transexuales en puestos de trabajo alejados de lo que es la prostitución?

Creo que va a llevar muchísimo tiempo, que esta ley ayuda muchísimo a eso, pero no va a ocurrir de un día para el otro, así como tampoco la igualdad para las familias. Es una herramienta muy importante para las personas trans, pero para la igualdad social va a haber que trabajar muchos años más. El hecho de que se aprobara el derecho de voto de la mujer, o que se quitaran del código civil los artículos que decían que nosotras éramos incapaces, fue una herramienta importantísima para nuestra igualdad, pero todavía tenemos que trabajar para la igual remuneración por igual tarea, por la violencia intrafamiliar y otras cosas. Vamos a tener que seguir trabajando para la no discriminación, pero ahora tenemos una herramienta fundamental que es la ley. Falta la herramienta de reconocimiento de la identidad de personas trans. Ellas necesitan su herramienta jurídica por la cual estamos trabajando con la Federación y en el INADI también.

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