Domingo 26 de Marzo de 2017 - 17:40hs. - República Argentina Edición # 1626

Revista #9 Agosto 2007 > Derechos Humanos

LA IMPUNIDAD TIENE CURA

Juicio a Cristian Von Wernich


Por Liliana Díaz

A diez meses del histórico fallo que condenara por primera vez por genocidio a un represor, Miguel Etchecolatz, se desarrolla en La Plata otro juicio que también será histórico: por primera vez se sienta en el banquillo de los acusados a Cristian Von Wernich, un sacerdote que participó de los crímenes cometidos durante la última dictadura militar.
 
Después de la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final, en Argentina comienza a sentirse que hay un remedio para la impunidad, y es el juicio y castigo a los culpables. Esto que parece tan sencillo se logra después de 3 décadas de lucha incansable por parte de los organismos de derechos humanos y los sobrevivientes del horror, y por el impulso político que el gobierno nacional le dio a esta cuestión como Política de Estado.

No es casual  ni mera coincidencia que el primer juicio después de las polémicas leyes haya estado presidido por el juez Carlos Rozanski. Se trata del primer juez federal nombrado por concurso por el Consejo de la Magistratura.

 “El Estado argentino –no hablo de un gobierno ni un gobernador, sino de la totalidad del Estado– y la sociedad civil permitieron que se iniciaran los juicios. Y eso es irreversible. No se podría haber hecho este juicio si la República Argentina no hubiera estado en condiciones. Es la suma de una historia”, dijo el juez Rozanski al término de aquel juicio.
 
Cristian Von Wernich tiene 69 años y más protección que la que jamás tuvo ninguna de las víctimas de la dictadura: blindex  y chaleco antibalas en la única sesión en la que estuvo presente. Preso hace 4 años, trasladado hace solamente unos  meses a la cárcel común de Marcos Paz, Von Wernich está acusado de 7 homicidios, 31 casos de torturas y 41 privaciones ilegales de la libertad.

EL DOLOR Y LA PERVERSIDAD

Lo que más resaltan los familiares y sobrevivientes es la perversidad con la que se movía en los centros clandestinos de detención del llamado “circuito La Plata”: la comisaría quinta y la Brigada de Investigaciones de La Plata, el denominado COTI de Martínez,  el "Puesto Vasco"  y la Brigada de Investigaciones de Quilmes. Capellán de la policía bonaerense durante la dictadura, confesor de Camps, brindaba “asistencia espiritual” a los torturados. Los hacía confesar, les prometía la libertad a cambio de delación. Algunos lo adoraban porque llevaba y traía noticias a los familiares, a quienes les pedía dinero a cambio de sus “buenos oficios”.

Según la periodista Adelina “Mona” Moncalvillo, Von Wernich fue ordenado sacerdote recién en 1976 por orden de Camps. Ambas familias se conocían de Concordia, eran de un rancio nacionalismo terrateniente, Cristian llevaba una vida de play boy y se paseaba en autos deportivos.

El hermano de Mona Moncalvillo se llamaba Domingo y también le decían Mono. Fue detenido el 18 de diciembre de 1976, y hasta marzo de 1977 su familia no supo nada de él. Según el testimonio de Mona ante el Tribunal, por entonces se presentó el comisario Nogara a la casa de su padre en La Plata para preguntar si quería ver al hijo que estaba en la Brigada, a pocas cuadras de allí. Al sacerdote se le imputó la coautoría en los homicidios calificados de Domingo Moncalvillo, María del Carmen Morettini, Cecilia Idiart, María Magdalena Mainer, Pablo Mainer, Liliana Galarza y Nilda Susana Salomone.   El papá lo visistó, y posteriormente lo hizo Mona. “Era dantesco. No entendíamos nada. Eran 8 personas y no 7 como se dice. Cuando yo fui estaba también Guillermo García Cano. Seguramente fue uno de los primeros que asesinaron, por eso se habla del grupo de 7.  Fue un impacto muy alto. Estaba muy contenido por no poder hablar. Muy deteriorado. Nos contó que había sido estaqueado y torturado en la ingle, en las piernas.

Tenía los talones en carne viva, siendo que ya habían pasado 4 meses. Nos contó que había un sacerdote que les brindaba asistencia espiritual. Decía que era bonachón pero no tenían claro el papel abyecto del personaje que les llegaba por el lado espiritual, en una situación de dolor extremo ante la muerte en que cualquiera se aferra a la fe. Ese doble rol era tremendo. Era una cosa increíble, mucho más porque tenían fe en lo que les decía. Fue partícipe de sesiones de tortura.

Hasta Noviembre de 1977 continuaron las visitas de los familiares. Un día mi hermano nos dijo que Camps les proponía  quedarse 5 años detenidos en ese lugar o salir al exterior. Por supuesto todos optaron por salir. Para eso Von Wernich recaudó dólares para los pasajes, la ropa, comida... Pidió dinero a mi papá, yo nunca pregunté cuánto. Con eso también tenían que preparar los documentos. Cuando avanzaban los días en una visita mi hermano me dijo que los documentos estaban listos pero sin fotos. Tuve entonces una terrible sensación. Cuando llegó el día de la partida mi hermano salió con Cecilia Idiart y Susana Salomone. En lugar de ir a Buenos Aires desviaron a Brandsen. Estaban Vergez y Von Wernich. Les dieron una inyección, los desnudaron, los balearon y los llevaron a la morgue judicial. Luego los trasladaron a Puesto Vasco, tiraron neumáticos encima y quemaron los cuerpos. Antropología forense buscó pero había sido removido todo con máquinas.

Cuando declaró Julio Emert, el que iba de chofer, dijo que uno de los chicos se rebeló, le dieron un culatazo y la sangre lo salpicó. Luego en lo de Etchecolatz, Von Wernich les dijo que ‘no se arrepientan porque era sangre bendecida por Dios’. Esto lo supe porque  Emert  declaró en la CONADEP. Me llamó Graciela Fernández Meijide que conocía perfectamente el caso y así pudimos saber qué pasó con mi hermano.

En la semana del 30 de Noviembre del 77 nos preguntamos, si supuestamente habían salido del país, por qué no teníamos noticias. Fuimos a la Brigada de Investigaciones y había cambiado todo. Toda la gente, incluso Camps, había sido trasladada. Cuando pregunté qué pasó con los presos me dijeron “esa gente pasó a la clandestinidad”. Busqué a Camps en Capital y me recibió en un lugar terrible. Me dijo que no conocía a mi hermano. Después reconoció conocerlo de la Brigada, pero me dijo “no sé qué pasó con esa gente, salieron con todas las garantías, con sus documentos. Habrán vuelto a la clandestinidad o los habrán matado en el camino”. Encontré un teléfono de la hermana de Von Wernich. Hablé con él y me dijo lo mismo. Desde ahí no tuvimos más información.

Von Wernich era un hombre maquiavélico y perverso, esquizofrénico. El entraba a todos los centros. Después del dolor y la desesperación él pasaba a ser el cómplice en ese juego perverso. Muchos creyeron y confiaron, algunos sí vieron después que era un servicio encubierto.

LOS QUE ESPERAN Y NO ESTÁN SOLOS

Chicha Mariani espera en cada audiencia alguna pista que la lleve a lo que se convirtió el motivo de su vida: Anahí. A los 83 años, con una pérdida progresiva de la visión y después de haber pasado por el juicio a Etchecolatz que en persona dirigió la masacre de su hija y de su yerno, no descansa un solo día. Escucha cada palabra, cada testimonio, con la esperanza de que por allí se cuele un dato que la ponga en el camino de su nieta, aquélla bebé que sobreviviera en la calle 30 de La Plata.

HACER JUSTICIA ES EJEMPLIFICADOR

Marta Lidia Vedio  junto a Marcelo Ponce representan en esta querella unificada a APDH La Plata, CTA y las víctimas Mercedes Molina Galarza y Analía Mafeo.

Promediando el desarrollo de juicio, dice que ya hay acumulada una cantidad de pruebas contra Von Wernich que “sabíamos que  íbamos a tener, pero en el juicio oral la prueba tiene que ser  rendida frente al Tribunal. Han venido los testigos, han dicho lo que tenían que decir y a esta altura no le pueden quedar dudas a nadie de que Von Wernich era un engranaje más del mecanismo represivo y de obtención de información de la dictadura militar, particularmente de la policía de la provincia de Buenos Aires, que se movía de una forma muy activa en los centros clandestinos de detención, que tenía un rol específico en la obtención de información de las personas detenidas desaparecidas, y que participó en sesiones de tortura.

¿Estaría probado entonces que tomó parte incluso en los 7 casos de homicidios?

En ese tema hay un testimonio que fue rendido ante la CONADEP. A lo largo de las audiencias  va apareciendo  una serie de coincidencias entre este testimonio que está por escrito porque su protagonista ya murió, pero en lo que dicen otros testigos respecto de los mismos hechos, aparecen coincidencias  que vienen a sostener y a darle contextura propia a la prueba de que Von Wernich participó efectivamente en estos homicidios. Se trata de Julio Emed,  ex policía que testimonió ante la CONADEP.

¿Cómo evalúan el hecho de que recién en este momento histórico podamos atrevernos a juzgar incluso a un miembro de la Iglesia?

El juzgamiento es una parte imprescindible del proceso que hace una sociedad sobre los hechos que ocurrieron en su seno. De acuerdo a la idiosincrasia del pueblo argentino, a su sistema constitucional, a su concepción sobre la república, no habría otra manera de procesar estos crímenes que no sea a través de la justicia. Lo que ocurrió en este tiempo fue que la necesidad de justicia se fue abriendo paso, abriendo grietas en las murallas de impunidad, que parecían infranqueables a principios de los 90 por ejemplo. A partir del 95 cuando aparecen los HIJOS, cuando habla Scilingo, empieza a aparecer otra vez el tema en la discusión social y la necesidad de que estas conductas tan graves y aberrantes no queden impunes. Las Madres, las Abuelas, los Organismos de Derechos Humanos no bajamos nunca las banderas, siempre estuvimos en la calle con nuestro reclamo, y necesariamente en algún momento esto tenía que dar sus frutos. Y los dio a partir de 2003 cuando se anulan las leyes de punto final y obediencia debida. La mayor parte de los jueces dictaron la nulidad de las leyes a partir de  2003. De hecho, el juez Corazza  llamó a declarar a Von Wernich ese año, después lo volvió a llamar en 2005 por otra causa, y así fue que se armó esto que hoy está en juicio oral. Tuvimos solamente dos juicios en La Plata. Necesitamos que los tiempos se aceleren y que de una vez podamos cerrar esta historia como parte de una apuesta a un futuro en el que, que se castiguen los delitos pase a ser una realidad cotidiana en la Argentina, y no como viene siendo hasta ahora que la impunidad campea en distintos sectores a partir de que los crímenes de la dictadura no tienen castigo.

¿Cuál es el resultado que esperan de este juicio?

Vamos a pedir un castigo de prisión o reclusión perpetua para Von Wernich y esperamos que el tribunal así lo decida. Esperamos conseguir una buena sentencia, sólida, bien fundada, que supere en su momento los valladares que pueda poner la Cámara de Casación, si tiene que llegar a la Corte sea convalidada también allí… Esto desde el punto de vista legal. Desde el punto de vista político, hacer justicia es ejemplificador, más allá de la cuestión del genocidio que no debe volver a repetirse, creo que nuestra sociedad ha aprendido mucho ya sobre esto, hoy en día nadie habla ya de la posibilidad de un golpe militar… Pero pensamos  en cómo se construye una sociedad sobre la base de la justicia y del respeto a los derechos humanos. Cómo construimos socialmente la convicción de que no puede haber una vida democrática si no hay una justicia  que funcione y derechos humanos que se respeten. Esa es la apuesta central de estos juicios.

¿Cómo ves la actitud del Tribunal?


Bien, es un tribunal democrático, está dispuesto a aplicar la ley y hacerla respetar, a respetar los derechos de la defensa, a escuchar todo lo que tiene que decir, a respetar el derecho de las víctimas y escuchar lo que  tienen que decir, y finalmente a aplicar la ley, que en definitiva es lo único que nosotros estamos pidiendo en este momento.

¿Cómo ven el papel de la Iglesia? Fue sorprendente que Von Wernich se presentara con el clerigman, como diciendo “yo sigo siendo sacerdote”…

Él sigue siendo sacerdote…esa es la respuesta. La actitud de la Iglesia está demostrada en eso, y en que como  institución no haya abierto la boca sobre esta cuestión. Por el contrario, lo ha protegido sacándolo de su parroquia, llevándolo a Chile, a un pueblito escondido. Este es un procedimiento completamente irregular para los cánones reglamentarios de la Iglesia…

…avalando incluso que se identificara como Cristian González….

Exactamente. Son situaciones donde la Iglesia jugó un papel de cobertura de Von Wernich. Lo que hizo fue cubrirlo hasta último momento. Y aún hoy que él está expuesto públicamente con todos sus crímenes, no hay voceros  que salgan a decir algo sobre este tema. La Iglesia ha hecho después de la dictadura algunas autocríticas, en general tibias porque su responsabilidad en la masacre es muy grande. La Iglesia jerárquica en su gran mayoría fue cómplice de la dictadura, y todavía no lo ha reconocido.

Con todo lo que significa para los que han dado su testimonio y que profesan la fe católica…

Varias personas que testimoniaron se han declarado profundamente católicas y esos testimonios estaban particularmente caracterizados por el dolor. Era gente que fue atravesada primero por el abandono de su iglesia. Y después por el paulatino descubrimiento de la complicidad. Eso ha sido y sigue siendo muy doloroso.

¿Qué pasa con la protección de los testigos? Antes de que se iniciara el juicio había mucho temor… Se temía incluso que muchos no fueran. Sin embargo la mayoría fue y no se supo que hayan sido amedrentados… ¿Qué medidas especiales se tomaron para garantizar su seguridad?

El Tribunal ha puesto a disposición de los testigos una serie de medidas que tienen que ver por un lado con la contención psicológica y por otro la seguridad concreta. Los que están trabajando son el Comité de Defensa para la Etica, la Salud y los Derechos Humanos, a cargo del Dr. Norberto Liwski en toda la parte psicológica. El Centro de Protección a la Víctima del Ministerio de Justicia de la Provincia de Buenos Aires a cargo del Dr. Alberto Linares, que combina parte de la contención psicológica con temas de seguridad específicos, y el programa de Protección a Testigos del Ministerio de Justicia de la Nación. Todo ese arco es puesto por el Tribunal a disposición de los testigos. Yo tengo la hipótesis de que esta percepción de los primeros días,  fue más sembrada por los medios que por los propios testigos. Los titulares de televisión decían “temor en los testigos”. Y yo no estoy tan segura de que así sea. Porque en realidad la cantidad de testigos que pidieron medidas de protección es muy baja. A medida que va pasando el tiempo los propios testigos van dejando estas medidas. Me parece que hubo en gran parte una psicosis sembrada porque el miedo vende, es noticia. En cambio que haya un juicio normal no vende.

¿Los organismos de derechos humanos tienen confianza en que el pedido de justicia va a ser saldado en este juicio?

Sí, tenemos confianza en que va a haber una condena que seguramente va a ser ejemplar, porque no sólo es que Von Wernich se merezca estar preso, es que la prueba lo sostiene, es la clase de condena que queremos, no que se condene a una persona por un concepto que se ha formado a lo largo de los años, queremos que se condene a quienes han cometido delitos,  delitos que podemos probar, y que vayan presos todo el tiempo que tengan que ir. Queremos condenas serias.

Hay mucha gente que sigue todas las audiencias porque tiene algún familiar desaparecido del cual no sabe cuál fue su destino final, y siempre está esperando algún dato. ¿Se va sabiendo un poco más cada vez?

Se va sabiendo mucho más cada vez, no tanto en las causas penales en las que a veces aparecen testigos que no han declarado en otras oportunidades pero son muy pocos. El juicio que más resultados viene arrojando es el Juicio por la Verdad, que ya lleva 9 años, con audiencias todos los miércoles, donde hay gente declarando en forma permanente… Es muy impresionante ver los avances que se han conseguido en lo que se sabe, la gente que se ha visto en uno u otro centro clandestino, han aparecido datos que después condujeron a la identificación de chicos desaparecidos, con un perfil siempre bajo, de trabajo… Ahora, saber todo, encontrar todo es muy difícil hasta que los represores no rompan el pacto de silencio.

Debe ser muy duro tenerlo ahí a Von Wernich, saber que él sabe y que no hay manera de hacerlo decir….

Eso lo dijo Mercedes Galarza cuando declaró, que es la hija de Liliana Galarza, asesinada en la Brigada de investigaciones.

Mercedes nació en cautiverio…

Cuando declaró dijo: “yo sé que Von Wernich sabe dónde está mi mamá, sabe dónde está el cuerpo de mi mamá, y él la mantiene desaparecida”.    
 

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