Miércoles 29 de Marzo de 2017 - 00:20hs. - República Argentina Edición # 1629

Revista #21 Septiembre 2008 > Derechos Humanos

LAS MANOS DE MI MADRE

Hebe de Bonafini Cocinando Política. Allí donde la muerte fue un plan sistemático de exterminio, en el exacto lugar físico del horror, las manos de la presidenta de Madres de Plaza de Mayo revuelven el guiso más sabroso que puede cocinar el amor.


Por Liliana Díaz

En la primera clase cocinó un guiso de cebada perlada. Se remoja un poco la cebada, lleva cebolla, tomate, falda, todo picadito. Al final se le agrega el zapallo. Cuando estuvo listo según me cuentan, lo compartieron en una cena fraternal. Ya a solas Hebe me cuenta: “Para cocinar lo único que necesitás es una tabla y una buena cuchilla. Todo lo demás, picadora, microondas, todo eso es invento del capitalismo. Sólo necesitás saber picar.” Dice Hebe además que esto tiene que ver con la soberanía alimentaria, el hecho de decidir qué queremos comer y cómo alimentar a nuestra familia. Pone el acento en recuperar nuestros sabores ancestrales, las comidas de cada región, todo aquello con lo que nos criaron en otros tiempos.

La segunda clase se desarrolla sin comida. Como es un taller, cada participante hace los preparativos, pero en este caso, ante la ausencia del responsable, Hebe preparó otro tipo de alimentos. Todos participaban en un clima de fraternidad; la mayoría al hablarle le decía “Madre”. El Espacio Cultural Nuestros Hijos está en plena etapa de construcción: en uno de los pabellones de la ESMA se preparan camarines, un gran auditorio para múltiples actividades, y aulas para los talleres. Ya se ofrecen espectáculos musicales y obras de teatro con entrada gratuita, además de los talleres. Uno de ellos es el de Hebe, cada martes a las 17 hs. “Cocinando Política”.

“Es verdad que al trabajar el papá y la mamá a veces se complica, pero también es cierto que no se organizan para aunque sea a la noche comer juntos. Ni a la noche ni el domingo, yo tengo amigas que me dicen los chicos el domingo duermen hasta las tres de la tarde, no quieren comer a la una.  “No me dan ganas de cocinar, así que los chicos compran pizza”. Entonces, Cocinando Política no es cocinar por cocinar, sino recuperar todo lo que nos hicieron perder porque nos fueron metiendo en la cabeza que la mujer tiene que liberarse, que tiene que trabajar, tiene que ir al spa, tiene que hacer gimnasia, Yo también tuve que hacer fierros y no por eso dejé de lavar los platos… Perdimos una parte importantísima porque no nos dimos cuenta de que no sólo es cocinar aunque sea un poco de arroz, cualquier cosa sencilla y fácil. Tiene que ver con eso de que si querés una buena educación, apagá la televisión. Porque la televisión también interfiere en la comida. Los chicos se prenden a la televisión, al dibujito. Son momentos muy especiales, a veces no nos damos cuenta de cuántas cosas hablamos cuando no está la televisión prendida, cuántas cosas compartimos o discutimos. Me parece que eso también es lo que el capitalismo te mete. En mi casa discutíamos mucho, sobre todo mi papá que era radical y mi hermano peronista. Eran unas discusiones a muerte, te podés imaginar… Mi hermano que tenía desde joven las cosas muy claras y mi papá que ya estaba deformado como radical. Mi hermano decía “vos sos un trabajador explotado pero contento”, y mi papá se enojaba muchísimo, pero lo discutíamos en la mesa. Ahora no discutimos en la mesa ni  podemos enseñar a los chicos.

Entonces me parece que la comida, el comer, el cocinar comidas fáciles y ricas y sabrosas, es una manera de dar afecto, es una manera de entregarle al otro. Hay muchos pibes que no son cariñosos con el papá o la mamá. Están criados de una manera más fría. Una vez que crecen un poquito parece que ya es una vergüenza abrazar a la mamá o al papá. Entonces me parece que todo eso se perdió a partir de que perdimos la posibilidad de comer juntos, aunque sea un plato de sopa. En ese momento, cuando uno está comiendo y apaga la televisión, habla. Y se habla de todo, de lo bueno y de lo malo. Y hasta le podés preguntar a tu hijo cuando no está bien “qué te pasa”. Y hay que insistir, aunque te diga “nada”, porque la droga entra a las casas cuando la familia no está muy fuerte o muy firme, o cuando hay alguna dificultad. Me parece que hay un montón de cosas hermosas con las que uno se crió que se han ido perdiendo.

Entonces, cocinando política tiene que ver con eso, con que nosotros podamos transmitirle también a nuestros hijos un rato de estar, “ayudame a poner la mesa, ayudame a cocinar esto”, no que el pibe pida por teléfono una pizza o unos sandwichitos, esto del delivery que también es una enfermedad que te trae el capitalismo. Yo no digo que no sea cómodo comprar la comida hecha, pero ¿ustedes se dieron cuenta de que tienen todas el mismo gusto? La gente no aprende a diferenciar gustos, sabores, como uno hace en la casa. Además es más barato, como el guiso de cebada perlada que hicimos y que además no dio ningún trabajo, costó un peso cincuenta. Eso es muy fuerte y tiene el gusto del afecto, del amor. No es sólo el gusto de la comida, yo el otro día me olvidé de una parte importante: cuánto amor puse para hacerlo. Si vos cocinás de mala onda te sale una mierda. Yo tengo una amiga a la que se le quema hasta la lechuga, pero porque no le gusta cocinar. Y está gorda así porque come todo el día chocolate. Me parece que en este lugar hemos logrado una cosa tan fraternal tan rápido…Compartimos aquí un momento muy feliz.

Y en esto de cocinar política a mí me gusta contarles cómo las Madres enfrentamos todo esto. Nosotros empezamos a enfrentar todo esto muy rápido, cuando nadie decía nada, cuando nadie hablaba. Enfrentamos todo, hasta los propios organismos de derechos humanos. Hasta los jueces, los milicos, los políticos. Por eso les quise traer un regalito. Nosotros tenemos todo guardado desde 1977, desde el 30 de abril hasta hoy, todo documento que nos escribieron y que escribimos. Les traje dos documentos de las Madres, uno de diciembre del 78 y otro de enero de 1980. Son las primeras cosas que hicieron las Madres. Discutíamos mucho para hacer todo esto. Esto tiene que ver con que la CGT y Amnistía Internacional hablaban de “presos de conciencia” y de desaparecidos que no tuvieran nada que ver con la lucha armada, por lo cual la CGT decía que sus desaparecidos eran los “buenos”, y nuestros hijos los “malos”. Aplicaban la teoría maldita de que los guerrilleros y los revolucionarios eran terroristas. Sabiendo eso de la CGT, las Madres hicieron esta carta (ver documento). Y fuimos, y les discutimos, y cuando salimos nos pegaron. Estaban todos los de la CGT, entre todos nos pegaron, y nadie salió a defendernos. ¿Por qué Amnistía no pidió por la gran cantidad de presos que tuvimos en nuestro país, 8900 presos?  Porque habían estado en la lucha armada, porque eran compañeros revolucionarios. Venían de Tucumán, del ERP, Montoneros… Entonces no. Estas cosas por ahí no se tienen en cuenta, pero hay que tenerlas claras. Por eso me pareció importante entregarles una copia de cada cosa, porque a veces parece imposible. Otro día les voy a traer qué salió en los medios de esta corrida que nos dieron los de la CGT. Le pegaron más rápido a las madres que menos podían correr, como Susana que era muy gorda. Fue espantoso. La política se cocina contando la verdad, diciendo cómo son las cosas. Después vino la otra historia. Nosotros nos conformamos en Asociación y nos planteamos que no íbamos a reconocer la muerte de nuestros hijos. Había una ley de “presunción de fallecimiento” que hizo Alfonsín, que decía que las personas que por seis años no habían sido vistas, estaban presuntamente muertas. ¿Pero cómo pueden decretar la muerte de una persona porque no la viste? Si en Turquía algunos estuvieron presos 20 años, y estaban vivos… Y muchos de nuestros compañeros estuvieron presos 12, 15 años. Después le dieron el Nobel a Adolfo Pérez Esquivel en el 80, sale de gira con Emilio Mignone, y salen diciendo que ya las Madres tendríamos que empezar a buscar cadáveres, que estaban todos muertos. Entonces nos dio un ataque. Yo estaba afuera, porque había ido a acompañar el tema del Premio Nobel, y en Suecia hacemos una declaración donde sacamos la consigna “Aparición con Vida”.  Si se los llevaron vivos por qué los voy a pedir muertos. ¿Yo los mato? ¿Por qué los voy a matar? ¿Quién me dice que están muertos? ¿Dónde están los responsables de esas muertes? Ustedes no se imaginan la lucha que tuvimos con los organismos para mantener esta consigna. Por eso hacemos esta solicitada (Ver documento). Nos pegaban de todos lados para que las Madres aceptáramos la muerte. Quise traerles estos documentos para que entiendan cuál es la ideología de las madres, la forma de ser, y hasta dónde hemos llegado por mantener una posición tan radicalizada, porque mantener aparición con vida y no reconocer la muerte de los hijos es una posición muy cuestionadora del sistema. Y ahora hay dos pedidos, uno desde Suiza y otro de Argentina por lo de Mansión Seré, para que se le perdonen años de prisión a los militares que hablen. ¡Por favor! ¡Si con lo que ya sabemos que hicieron hay que condenarlos a perpetua!!! ¿Le vamos a rebajar la pena porque hablan? Que hablen todo lo que quieran, pero igual van a ir en cana… Y a mí me parece que es una falta de respeto que no hayan consultado a las Madres para eso. Salieron ellos solos a pedir. “Así hablan”, dicen. A mí no me interesa, que hablen todo lo que quieran, pero nosotros tenemos que condenarlos, no queremos reconciliarnos con ellos, y esa es una manera de reconciliación, que es terrible. Así que no es que en aquella época o en esta, en todas las épocas nos ha sido muy difícil hacer entender cuál es la posición política de las Madres. Una posición política radicalizada, pero muchos están vivos gracias a que nuestros hijos no hablaron. Porque los que fueron asesinados en los campos de concentración es porque no hablaron, porque no quisieron contar dónde estaba el compañero. Y los torturaban hasta matarlos. A mi nuera, que era una piba hermosísima, le dijeron en el Puente 12 que sirviera la comida, la mierda que le daban de comer a los pobres que estaban ahí tirados. Ella dijo que no, y ahí nomás la fusilaron. Ahí nomás la fusilaron, delante de todos. ¿Entonces cómo, de ella no se acuerda nadie?. Los que no negociaron, los que no hablaron, los que torturaron hasta matarlos. Entonces me parece que todo lo que hacemos acá, de querer darle vida a este lugar… Acá se preparó lo peor de lo peor. Las peores torturas, las peores cabezas se prepararon en este lugar. Cuando nosotros tuvimos la oportunidad hablamos con Kirchner y yo le dije, “mirá Néstor, yo quiero el Liceo Naval Militar, porque le quiero mostrar al mundo entero que las Madres somos capaces de poner vida donde hubo muerte”. Y la gente no se va ni acordar de que la muerte fue tan fuerte, sino que estamos construyendo nueva vida. Por eso hablo del amor, del afecto, de la comida, de la falta que nos hace eso. Así nosotros conseguimos que la gente siga viniendo, que formemos un grupo humano importante, que somos capaces de hacer cosas. Habíamos quedado en hacer un pedido al Ministerio de Salud y al de Educación sobre qué queremos que coman nuestros niños en las escuelas, qué queremos que vendan en los kioscos de las escuelas, porque venden cualquier porquería. Nosotros tenemos que organizarnos también desde acá para hacer pequeñas cosas, no grandes cosas. La comida, la forma de cocinar, la forma de comer, la forma de atendernos, eso es lo que está faltando y todos necesitamos. Querernos, atendernos, escucharnos. Y la comida si querés va a ser una excusa, pero va a ser parte importante de lo que vamos a hacer. Yo quiero que las comidas sean económicas, ricas, sabrosas. Que las podamos compartir entre todos, pero que tenga que ver con todo esto que estoy planteando. Si sólo nos vamos a dedicar a hacer comidas, Cocinando Política no va a servir. La próxima clase voy a cocinar “osobuco militante”. Es una comida que no estamos acostumbrados a comer, se hace fácil, es rico, son cosas nuestras, económicas. Tenemos que incorporar semillas y legumbres que no comemos. Todas las cosas que comíamos antes y ahora no se comen más. No nos acordamos más de las batatas al rescoldo, de los choclos, que en el disco de arado quedan riquísimos. Yo un día que no tenía plata hice ravioles con hojas de parra. Si los árabes la comen deben ser ricas, pensé. Y salieron riquísimos, pero nadie se enteró de qué estaban hechos. Hay que inventar, todo se cocina, todo se come. Yo comí víbora, hormigas con chocolate, hasta perro en Corea del Norte, durante el Congreso de la Juventud.”

Entre risas y anécdotas Hebe sigue dando lecciones de vida. Como si volviera al punto de partida, cuando la dictadura la arrancó de la cocina para iniciar un derrotero incansable en busca de sus hijos desaparecidos. Siempre dice que las Madres fueron paridas por sus hijos. Hoy vuelve a la cocina para enseñarnos a amasar desde el amor y recuperar así con sus manos lo más profundo que nos quitaron. Marcando rumbos, las manos de mi Madre.
 

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