Lunes 24 de Julio de 2017 - 23:45hs. - República Argentina Edición # 1747

Revista #62 Agosto 2014 > Derechos Humanos

LA COMPAÑÍA QUE HACÍA FALTA (*)

(*) A continuación, a modo de homenaje a la lucha de Estela de Carlotto y todas las integrantes de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, reproducimos la columna de opinión que escribió para el número 55 de nuestra revista. Un lujo tenerla como una de las referentes en la lucha por los derechos humanos y que nos permita acompañarla.


Revista2016 saluda con mucha alegría a Estela de Carlotto, a todas las Abuelas de Plaza de Mayo y celebra la recuperación de Guido Carlotto, nieto 114 al que se le restituye la identidad. La incansable búsqueda de estas ejemplares luchadoras sigue dando frutos.

Por Estela de Carlotto

Desde 2003 las Abuelas no hemos tenido más que gratificaciones en materia de derechos humanos. Acostumbradas a esperar poco del Estado, Néstor Kirchner nos recibió a escasos días de asumir la presidencia, así como también a nuestros nietos, para escuchar nuestras necesidades. Kirchner fue un patriota, un político valiente que se atrevió a hacer lo que algunos presidentes constitucionales no se animaron. Por eso, cuando hace más de dos años lo sorprendió la muerte, el pueblo argentino se terminó de sacudir la modorra del “no te metás” –impuesta por la dictadura militar primero y reforzada más tarde por el neoliberalismo salvaje de los años 90–, para comprometerse aún más con el modelo de país que él había propuesto construir.

Hasta 2003, el Estado argentino amparó a los asesinos y a sus cómplices e hizo del olvido y la impunidad una política pública. Aquel año, con la llegada al poder de Néstor Kirchner, la Argentina asumió los derechos humanos como proyecto de país. Néstor y Cristina, cada uno a su turno, rompieron con el círculo de impunidad avalado y promovido a lo largo de dos décadas por los mandatarios que los precedieron. Los criminales de la dictadura, que hasta entonces caminaban impunes entre nosotros, comenzaron a ser juzgados y condenados.

Durante las gestiones de Néstor y de Cristina nuestra Asociación pudo resolver 35 casos de nietos apropiados, todos ellos hijos de nuestros hijos desaparecidos. Estos nietos han sido fruto de nuestra búsqueda pero también del mayor acompañamiento del Estado.

Con la asunción de Néstor, y luego de Cristina, nos hemos sentido más acompañadas. No somos las únicas. Millones de argentinos y argentinas sienten que ya no están frente a un Estado ausente y por eso mantendrán vivo en su memoria y en sus corazones su recuerdo. El firme compromiso que Néstor y Cristina asumieron con los derechos humanos desde el principio fue de la mano de una fuerte ampliación de los derechos sociales y de ciudadanía. Las Abuelas, que todos los días caminamos las calles, visitamos escuelas y dialogamos con organizaciones de la sociedad civil, percibimos todos estos avances que buena parte del espectro mediático prefirió ocultar, hasta que no pudo hacerlo más.

Poco conocíamos de Néstor cuando accedió a la presidencia. Sin embargo, lentamente fuimos descubriendo su compromiso y voluntad por construir un país más justo y soberano. Fue él quien pidió perdón en nombre del Estado por las atrocidades cometidas durante la dictadura y así abrió las puertas a la verdad histórica: se anularon las leyes de obediencia debida y punto final, comenzaron los juicios a los genocidas, y cada lugar de encierro, de tortura y de muerte se convirtió en un espacio de memoria.

Todas estas políticas permitieron la reconstrucción de lazos solidarios, desintegrados durante décadas en Argentina. Néstor y Cristina fueron quienes supieron leer las demandas sociales y articular con instituciones y organismos que veníamos trabajando en ellas en pos de la construcción de nuevos derechos. Prueba de ello es la Asignación Universal por Hijo, la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, la ley de matrimonio igualitario, la nacionalización de YPF, entre otras medidas que ampliaron derechos.

Néstor supo dialogar, generar puentes, confiar, apostar y exigir. Es decir, construir colectivamente, a través de la militancia. Este legado de compromiso, de solidaridad, de lucha contra el individualismo y de apuesta a lo público es el que ha sembrado junto a nuestra querida Presidenta, y es el que hoy recogen cientos de jóvenes militantes. El mismo legado que dejaron los 30.000 desaparecidos y miles de detenidos y exiliados de la dictadura.

Hace un tiempo decíamos que debíamos acompañar a Cristina para seguir profundizando las políticas iniciadas, para que todos y todas vivamos en un país más justo. Hoy hemos visto muchas de esas políticas concretadas. Pero es necesario estar atentos y continuar apoyando todas las medidas que amplían derechos, cuidar los logros conseguidos hasta ahora, discutir hacia dónde queremos ir, para cumplir de este modo con los sueños de nuestros hijos. «

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