Lunes 24 de Julio de 2017 - 23:43hs. - República Argentina Edición # 1747

Revista #36 Marzo 2010 > Economía

La bandera neoliberal

Durante enero, volvió a tomar fuerza un debate interno de la economía política argentina: la independencia del Banco Central, su autonomía, su función en la sociedad. Todas estas cuestiones recobraron empuje a partir de la decisión de Hernán Martín Pérez Redrado de no aceptar el Fondo del Bicentenario, creado con el fin de desendeudar al país, por una suma de aproximadamente 6.600 millones de dólares.


Autonomía del Banco Central

Por el Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular. (GEENaP)

Debemos preguntarnos cuál es el rol principal que cumple el Banco Central de la Republica Argentina. Según su carta orgánica, preservar el nivel de reservas que tiene la nación para asegurar la estabilidad monetaria. Dentro de un marco de independencia y autonomía del Estado nacional, es decir, que el presidente del BCRA y su directorio no vean forzadas sus determinaciones por presiones políticas, sino que sean producto de análisis técnicos acerca de la viabilidad e impacto en el estrato financiero-económico argentino.

Ahora bien, en el caso de que el Gobierno decida intervenir en el desempeño económico de la nación, ¿cuáles son las políticas que puede llevar adelante para cumplir dicha misión?

Sin lugar a dudas, la política comercial, que definirá cómo se desempeñará el Estado en el mercado internacional con respecto a la comercialización de bienes y servicios que produce.

Por otro lado, la política fiscal, que definirá la forma en que se recaudarán los impuestos y cómo se invertirá el dinero recaudado para la realización de obras, subvenciones y subsidios para el bienestar general de la población del país si se habla particularmente de nuestro país.  

Y por último, la política monetaria, que implicará el control del dinero circulante de la nación, las políticas de crédito bancario, la regulación de las tasas de interés, con las que se impulsarán la inversión, el ahorro y el consumo ciudadano, como así también el control del tipo de cambio de un país respecto al mercado internacional.

Entonces, cabe reflexionar acerca de la contraposición de funciones o la reducción del abanico de posibilidades que tiene el Estado nacional para tomar las medidas, canalizadas a través de políticas para el bienestar social de los ciudadanos que les han otorgado mediante el voto popular el mandato de presidir la nación. Reflexionemos lo siguiente: ¿qué ocurre cuando un presidente del BCRA toma una decisión? A lo sumo puede ser desplazado por el Presidente de la Nación. No obstante, las consecuencias que se transmitirán desde la opinión pública a sus representantes recaerán sobre los integrantes del poder ejecutivo. Con este panorama, vemos cómo la autonomía del Banco Central puede provocar costos políticos a un gobierno, por el simple hecho de una decisión que tome esta entidad independiente.

Podremos entonces pensar en un BCRA encargado de implementar la política monetaria Argentina, en acompañamiento al conjunto de políticas de Estado que se formulan desde el Poder Ejecutivo para desarrollar un modelo económico de país, que sobrepasa la esfera de los funcionarios, y que se realiza en pos de una mejora social para todos los argentinos.

Ahora bien, ¿por qué entonces se discute tan fervientemente la dependencia o independencia del Banco Central? Reparemos en desde dónde se aborda la defensa de la independencia de dicha institución. Caroline Atkinson, vocera del FMI, expresó respecto al caso Redrado: "Por supuesto, creemos que la independencia de los bancos centrales es muy importante a la hora de formular la política monetaria, en todo el mundo". Recordemos, entonces, que el FMI ha sido, desde su cambio de rol en 1982, un poder de opresión para las decisiones económicas de la República.

Hasta la cancelación de la deuda con dicha entidad en 2006, el FMI, a través de sus oficinas en el BCRA, determinaba las políticas de ajuste para los países en vías de desarrollo. Apelemos a la memoria y situémonos en diciembre de 2001. Las tareas del FMI en Argentina terminaron su ciclo. Ese ciclo comenzó a cerrar su libre decisión sobre la economía argentina con el levantamiento popular a partir de las consecuencias del neoliberalismo en la República Argentina.

Es asombroso ver a ciertos economistas, periodistas y empresarios defendiendo ese modelo. Modelo que desbarató la producción industrial, excluyó de la sociedad a millones de argentinos, vendió las empresas nacionales y determinó que en todo el mundo se diera una defensa de la libertad de los tecnócratas al frente de los bancos centrales de los países.

Pensemos que, durante ese período, Argentina fue el país con mayor seguridad jurídica y mayor integración internacional para dicha entidad, dado que los postulados del neoliberalismo y las recomendaciones del FMI eran adoptados como la palabra revelada de la razón. El Consenso de Washington era a los economistas lo que la Biblia es a la Iglesia católica. No existían divergencias respecto de la palabra que se expresaba en ese listado de tareas a realizar. En diciembre de 2001, el ambiente económico se vio invadido por la duda, y a partir de mayo de 2003, la duda comenzó a corroer a esa razón revelada. Podemos decir hoy en día que Argentina fue el mayor exponente de las incongruencias del neoliberalismo, dado que nadie ha adoptado el manual neoliberal como lo hizo nuestro país. Ni siquiera Chile, dado que no ha privatizado aún las minas de cobre, por citar un caso emblemático.

Expresado el FMI, veamos lo que dicen los defensores de la autonomía del Central. “No puede existir seguridad jurídica en un país donde el mismo ente que emite el dinero sea el mismo que lo gasta”. ¿Qué quiere decir esto? Que dado que el Banco Central es el único organismo autorizado a emitir moneda corriente de curso legal, no puede ser “rehén” del Gobierno, que es quien decide en qué se invierte.

¿Tiene asidero esto? Indudablemente no, dado que la limitación de autonomía implicaría que el BCRA debe acompañar mediante la política monetaria y direccionar el crédito para un proyecto superador, que sobrepasa al poder ejecutivo y a las autoridades de la propia entidad. El BCRA debe encargarse de apalancar un modelo económico que hoy en día busca la reindustrialización del país y el crecimiento, a través de la inclusión social, el trabajo asalariado, la redistribución del ingreso y el desendeudamiento externo.

Por estos motivos, hemos de considerar que a partir de la serie de crisis económicas generadas por el neoliberalismo a nivel mundial, los Bancos Centrales del mundo han dejado esa bandera de la independencia y autonomía, para cumplir funciones de apalancamiento del modelo económico que desarrollan los países.

¿Cómo se ha desempeñado el Banco Central desde 2003-2009, durante la gestión de Alfonso Prat Gay, diputado por el ACyS, y Martín Redrado, ex Presidente de dicha entidad? Ambos han mantenido una estabilidad monetaria, en la cual no se han generado cimbronazos. Pensemos que el dólar en el año 2003 se ubicaba en el valor de $3 por cada dólar, y siete años después, en 2010, el dólar se ubica en $3.88 por cada dólar, es decir, que el tipo de cambio ha crecido a un promedio de $ 0.125 centavos anuales. Una cifra irrisoria. Tengamos en cuenta del mismo modo que, a partir de septiembre de 2008, el mundo globalizado ha sufrido la crisis económico-financiera más profunda de los últimos 80 años.

En cuanto al direccionamiento del crédito bancario, no hubo una modificación relevante que acompañe el crecimiento del país. Es cierto que durante el periodo 2002-2005 el impulso al crédito destinado al consumo permitió un fortalecimiento del mercado interno con una propensión a la dinamización de la oferta en Argentina, facilitando el crecimiento de la oferta económica. La continuidad de esa orientación crediticia en detrimento del crédito productivo ha generado un estancamiento de la oferta, que en lugar de invertir se ha dedicado a la remarcación de precios, fomentando un incremento de la inflación.

En la actualidad, del total del mercado de crédito, un porcentaje superlativo se destina al consumo mediante créditos personales y el financiamiento a través de  tarjetas de crédito. Esta forma de direccionamiento crediticio ralentiza el aumento de la oferta y el proceso de reindustrialización, atentando sobre el modelo económico actual.

La llegada de Mercedes Marcó del Pont a la presidencia del BCRA es un guiño positivo a la profundización del modelo. Sus declaraciones se apuntan a la necesidad de modificar la distribución del crédito, mediante el financiamiento de proyectos productivos, para solucionar el problema estructural de la oferta argentina y limitar el crecimiento de precios.

También es auspiciosa la posición de Marcó del Pont con respecto a la independencia del BCRA, al ser la autora del proyecto de ley de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central para limitar la autonomía de la institución, y que la funcionaria  acompañe mediante la política monetaria y el rediccionamiento del crédito un proceso de reindustrialización, con redistribución de la riqueza, inclusión social y desendeudamiento nacional, para continuar engrandeciendo la patria en este año del Bicentenario.
 

COMENTARIOS (203)

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7kTaETYRS

Sérieusement ?? Regardez plutôt les titres des dernières semaines concernant l’élection présidentielle et vous verrez que c’est bien le contraire (facebook permet un aperçu rapide).De plus vous êtes sur un blog, par sur le journal donc aucun rapport avec la &l&s;ouanbqp;une ».Enfin il s’agit de montrer le point de vue qu’ont des médias étrangers sur nos candidats.

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