Jueves 23 de Marzo de 2017 - 23:02hs. - República Argentina Edición # 1624

Revista #25 Marzo 2009 > Economía

Ser o no ser

Al contexto de concentración económica y extranjerización de la economía argentina se le suma la Mesa de Enlace. Sus voceros establecen que la Argentina debe ser un país agroexportador. De fondo se pide menos presencia estatal y se proclama la eterna división internacional del trabajo


Concentración económica y Mesa de Enlace

 "Las fortunas agigantadas en pocos individuos, no son sólo perniciosas, sino que sirven de ruina a la sociedad civil."
Mariano Moreno


Por Diego Otondo

La fórmula ideal de la democracia y la convivencia entre el Estado y el mercado se resume, según el politólogo Adam Przeworski, así: los agentes privados deben beneficiarse comportándose a favor del interés público y deben sufrir cuando no lo hacen, al igual que los gobiernos. De este modo, lleva la discusión sobre cuánto Estado y cuánto mercado al terreno de la institucionalidad democrática. Pero la crisis ha mostrado que las pérdidas son dirigidas al Estado y la variable de ajuste se traduce en despidos. En este sentido, la democracia que debe expresarse en lo político, en lo social y en lo económico encuentra dificultades. El capital transnacional o multinacional queda al margen de las directivas democráticas y su sufrimiento se traslada o se “externaliza” al Estado o a diferentes sectores de la sociedad.

El contexto de concentración económica -que no es otra cosa que menor poder de decisión- encuentra, para variar, a la Mesa de Enlace en alianza con los sectores neoliberales. La discusión que antes dividió las aguas, ya no lo hace. No es quién tiene o no la tierra en su poder o la concentración en el sector agropecuario, sino la forma de articulación de su producción. Por fuera del debate está aquello puntualizado por Aldo Ferrer cuando expresa que “los precios relativos del mercado mundial no son los nuestros…” La transformación hacia el mercado interno de los precios del mercado internacional permitiría determinar la estructura productiva, sostiene el economista. El qué de la cuestión está atravesado por el lugar que ocupa la Argentina en el mundo según los sectores hegemónicos.

Un lugar en el mundo

Estas razones de cara al Bicentenario, están mostrando en Argentina la dificultad, en el debate y en la práctica, de cuál es el rumbo que el país debe tomar teniendo en cuenta la posibilidad de disminuir las restricciones que la globalización política impone. Hoy el modelo de país, el debate hegemonizado, queda despojado de su esencia encasillado en la actual división internacional del trabajo. Julio César Moreno en el diario La Nación del 7 de agosto de 2008 lo resumió así: “En el siglo XXI los alimentos y productos agroindustriales tienen mucha más importancia que los automóviles, los tanques y los aviones. Y la Argentina es un país agroindustrial neto, lo que le señala con claridad su lugar en el mundo”.

Sería, por lo tanto, una extrema estupidez intentar recuperar el gas y el petróleo cuya extracción pertenece en un 96% a inversiones extranjeras directas.

El sentido estratégico para sectores pertenecientes al mercado o a su defensa, es dejar la situación tal como está o como sostiene la Coalición Cívica en una de sus propuestas: “…se debe dejar al mercado funcionar” o llegar a una situación de paz, es decir, dejar al campo sólo producir, “sin intervención en los procesos productivos”. “Si al campo se lo deja trabajar le va a ir bien a todo el país” dice la Coalición.

En la misma vereda encontramos visiones como la que sostienen Emilio Cárdenas (ex embajador) y Andrés Cisneros (ex secretario de Relaciones Exteriores) en su artículo “La Argentina en el mundo de hoy” cuando determinan que un país agroexportador es el proyecto nacional de inserción en el mundo.
    
Paradojas

Aunque un Estado más activo  – recuperación de Aerolíneas y reestatización de la jubilación privada, por ejemplo- es la intención, la situación emerge en forma de paradoja. La  economía argentina se extranjerizó de manera acelerada. Por si fuera poco, el conflicto con las patronales campestres profundizó una alianza con sectores neoliberales en un claro intento por poner a la Argentina en su lugar: el mundo requiere alimentos y es necesario producirlos y venderlos sin ningún tipo de gravamen.  De lo contrario, el tren pasa y nosotros, la Argentina “toda”, queda sola, aislada y empantanada.

El poder económico de cara a las privatizaciones de los años ´90 no sólo se quedó con la economía que pertenecía al Estado. Se quedó también con el poder político. Hoy, la puja está representada por las patronales agrarias y los sectores neoliberales, un poder político puesto en duda. Y la unión contiene una base sustentable en la concentración mediática que acapara más del 75% de los medios cuyas líneas editoriales asimilan coincidencias, actúan en bloque o cadena nacional. 

Al contexto actual se suma la concentración económica. En el año 2004 más del 60% de las 100 empresas que más vendieron fueron transnacionales. En este sentido, de las 25 mayores empresas 20 son extranjeras. De acuerdo con el Informe sobre las Grandes Empresas que anualmente publica el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) las empresas extranjeras ganan 11 veces más que las nacionales. Las empresas de capital extranjero dominan el 90% de las exportaciones y no es casualidad que los grandes exportadores de cereales no estén en la discusión ni en la agenda mediática. Hay que recordar que las grandes exportadoras están acusadas de haber estafado al Estado en más de 1750 millones de dólares y que su “desatino” todavía sigue impune.

El panorama también está atravesado por las llamadas translatinas –empresas transnacionales de países emergentes-. Se pregona que la Argentina es un país inseguro jurídica e institucionalmente para la inversión pero Brasil ha hecho oídos sordos. Las firmas brasileñas JBS Friboi y Marfrig adquirieron frigoríficos importantes como son Best Beef, Quickfood y el cordobés Col-Car. También fue comprado Swift en septiembre de 2006, Cepa, Consignaciones Rurales, Argentine Breeders & Packers, Exportaciones Agroindustriales Argentinas y Finexcor. A la lista frigorífica se suman Alpargatas,  autopartista Edival, la textil Grafa, las fábricas de calzados Gatic y Unisol, la panificadora Fargo, las lácteas Milkaut y Molfino, la cervecera Quilmes, la cementera Loma Negra -adquirida por parte de Camargo Correa en 2005-  y el holding petrolero Pérez Companc.
    
Alegrías mercantiles

La trama transnacional está circunscripta “al aprovechamiento del mercado nacional o regional, tanto en la explotación de recursos naturales o insumos estratégicos” (Realidad Económica Nº 189). Como sostiene Miguel Teubal, investigador del CONICET: “Existe un aspecto del neoliberalismo, ahora tan criticado que se mantiene intacto: se trata del modelo agrario, de agricultura industrial…”. Refiriéndose a los agronegocios Teubal sostiene que “los grandes exportadores, aceiteras y cerealeras están lideradas por Cargill, Bunge Argentina, LCD Argentina, Aceitera General Deheza, Vicentin y Nidera. Son empresas que exportaron en 2007 por un total de 14 mil millones de dólares, 28,4%  de las exportaciones totales del país”.

Esta situación no quita el sueño y permite la alegría, entre otros, de Silvana Cervetto, jefa de ventas de Expoagro cuando expresa: “nos sorprendió la respuesta de las empresas ante la convocatoria a Expoagro 2009, pero entendemos que estos momentos de difícil coyuntura también son momentos de oportunidad para permanecer en el mercado y ocupar espacios que otros deciden dejar libres”.

“Permanecer en el mercado” o dejar al mercado “funcionar” significa impedir la democratización de la economía, cuyo costo político es el poder de turno, sea quien sea. La transformación queda expuesta sólo a los sectores duros de poder. El pensamiento dominante y su ideal dice que la sociedad civil es ajena al aparato estatal, y hoy esa tendencia está teniendo notable éxito, acompañando la tendencia. “…El gasto público crece a niveles altísimos”, por lo tanto es obvio que hay que bajarlo según las propuestas de Elisa Carrió para bajar la inflación. Es imperante un Estado bien delimitado, aún cuando la crisis mostró que su participación es más que nunca necesaria.  De las 500 compañías líderes en nuestro país el 72% son extranjeras.

Según datos de 2006 son 30 las empresas transnacionales que operan en el sector minero sin regulación.  Actualmente tenemos firmados 56 tratados bilaterales que dan la posibilidad a una empresa extranjera de iniciar juicios en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) del Banco Mundial. Más: la concentración económica no tiene una contrapartida en una ley antimonopolios que sea cumplida. La Ley 25156 que permite el control de las fusiones y adquisiciones importantes está ansiosa por ver el esperado día de su debut.

Sin embargo, el panorama empresarial y concentrado no deja demasiadas ilusiones para la originalidad del debate. Constantemente la sociedad civil dominante o clase media aspira a que el Estado de una vez por todas sea aquél neoliberal que no comprometa sus aspiraciones. La Mesa de Enlace es la iluminación de ese anhelo. Los  ofrecimientos al titular de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Mario Llambías por parte de la Coalición Cívica son el camino. También lo es la moral determinista de Carrió que, se sabe, habla para las 360 empresas que controlan la mayoría de las ventas en Argentina y para los grandes medios que con métodos grondonianos, es decir sin repregunta, ofrecen un escenario de camaradería para la líder de la no violencia o para cualquiera que integre la Mesa.   

El mito

El debate que tiene que trasladarse a qué país queremos y cómo lo logramos se encuentra empantanado en términos hegemónicos. “…Argentina no aprovecha en sus líneas centrales, que son el comercio internacional y la inversión extranjera directa de las empresas transnacionales, mientras acentúa su aislamiento político y económico” explica Jorge Castro en el diario Perfil.

Los estímulos externos como eje de crecimiento por el aumento de los precios es la caravana a seguir. El sector agroindustrial es mucho más estratégico que el petróleo. Habría que preguntarle a Hugo Chávez. Pero la cuestión de fondo tal como la explica Aldo Ferrer es un poquito distinta. Es una ilusión, sostiene, pensarse como “granero del mundo” especializado en un solo sector. Dice: “No hay ningún caso de un país que descanse esencialmente en sus recursos naturales que sean desarrollados…La transformación de la producción es esencial”. Pero la concentración ha convertido a la Argentina en república sojera en detrimento de alimentos de consumo popular. En manos extranjeras se encuentran 20 millones de hectáreas y 3000 productores son responsables del 80% de los réditos de la bendita soja. Pero no importa. Para Eduardo Buzzi los dilemas sojeros son suficientes para  calificar a la reunión con el gobierno con un mísero cuatro. “La batalla del año pasado fue por las retenciones a la soja y al girasol. La razón del combate no ha cambiado”, explica con sinceridad Joaquín Morales Solá en La Nación del 25 de febrero exponiendo el verdadero sentido de la  cuestión.

Así, la cuestión se plantea de un modo falaz en tanto que los sectores de viejo cuño neoliberal y las patronales agrarias más la oposición, descansan sus apuestas en una división clara de qué debe o no producir la Argentina quitando del camino la  versión autárquica. Da lo mismo producir acero o caramelos, máxima de la última dictadura militar y de su apertura económica. Sin embargo todo el contexto de concentración económica de actores invisibles en la discusión es todavía poco y la estimulación desde el Estado una herejía. Las desregulaciones, las privatizaciones y una división en lo que Argentina debe producir ataron las decisiones al mercado internacional. Si el debate actual sobre qué papel juega la Argentina está atravesado por ideales de mercado,  su destino tendrá poco de propio y la dependencia será aún mayor.
 

COMENTARIOS (6)

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