Jueves 23 de Marzo de 2017 - 23:04hs. - República Argentina Edición # 1624

Revista #50 Marzo 2012 > Economía

CAMINO AL ANDAR

Los modelos históricos liberal, estatal y financiero no tienen cabida en forma pura en la actualidad. Pero la teoría del nuevo modelo está aún en ciernes.


 

Por Arturo Trinelli

 

Luego del contundente triunfo electoral de Cristina Kirchner, los debates en torno al futuro económico se dividieron en dos grandes grupos. Por un lado, quienes defienden el modelo y llaman a profundizarlo, asegurando que el mantenimiento de algunas medidas y la ejecución de otras novedosas sería lógica consecuencia de un gobierno que desde 2003 viene reparando progresivamente injusticias del pasado. Por otro lado, los detractores entienden que el considerado “modelo” es en realidad un conjunto de políticas de corto plazo y desarticuladas entre sí, que solucionan, acaso parcialmente, los problemas de fondo de la economía real,  ayudadas por un “viento de cola” que actúa como motor genuino del crecimiento, pero que, como tal, es contingente y circunstancial. Reclaman, por lo tanto, políticas estructurales de largo plazo y critican que el actual rumbo económico no tenga un horizonte definido o reglas claras.

Este debate pone de manifiesto ciertos interrogantes subyacentes que es interesante abordar: ¿a qué llamamos “modelo”?, ¿existe al menos algún denominador común entre aquellos modelos que la historia económica argentina reconoce, más allá de las características de cada uno y de los diferentes contextos donde tuvieron plena vigencia?

A grandes rasgos, podría decirse que hay dos indicadores esenciales que diferencian un modelo de otro: la manera en que se origina el excedente que toda economía genera, y cómo dicho excedente económico es luego distribuido socialmente. Sin duda que esto está muy vinculado a los marcos teóricos en los cuales los modelos anteriores estuvieron referenciados,  los que les proporcionaron legitimidad y sustento.

Concluidas las guerras civiles, la consolidación del Estado nacional encontró en el modelo agroexportador la forma de insertarse en el comercio internacional, entre 1880 y 1930. Sobre la base de la división internacional del trabajo y el liberalismo económico, Argentina se especializó en la producción de materias primas agropecuarias. Esta doctrina le asignaba al mercado la capacidad de organizar la vida social de manera eficiente, considerando que las regulaciones estatales del mundo económico constituían una grave interferencia. Dicha idea se basaba en la concepción del mercado como una entidad autorregulada, con fundamento en el principio de subsidiariedad y con antecedente teórico en la obra de Adam Smith. La posición de este filósofo y economista escocés reflejaba el naciente individualismo burgués del siglo XIX y reaccionaba contra los monopolios estatales de su época, abogando por un “Estado (meramente) gendarme”.

A partir de la crisis del ’30 y luego de la Segunda Guerra Mundial, Argentina inicia un proceso de industrialización por sustitución de importaciones (ISI), consolidado durante el peronismo pero abruptamente interrumpido luego del derrocamiento de Perón en 1955. Durante ese período, la creación de nuevas agencias estatales que regulaban la producción, la reforma del sistema impositivo, el control del cambio o la reorganización bancaria, marcaron un formato novedoso en cuanto a la participación económica estatal. Estos cambios encontraban parte del sustento teórico en los trabajos de John Maynard Keynes y su idea de fomentar la demanda agregada para alentar el trabajo y la producción, asignando un papel fundamental a las empresas estatales y al gasto público. Aquí, el “Estado de bienestar” era el gran promotor del desarrollo económico nacional.

Con el golpe del ’76 se inicia el modelo de “valorización financiera”, basado en la apertura económica, endeudamiento y dominio del capital financiero sobre el productivo. El esquema se complementó en los años ’80 y especialmente durante los ’90, con un agresivo sistema de reformas que, mediante la venta de activos públicos y la apreciación cambiaria, terminó por desmantelar la industrialización alcanzada en la etapa anterior y, al profundizar el descomunal esquema de endeudamiento, desembocó en la crisis del 2001. El neoliberalismo y las ideas del Consenso de Washington daban sustento teórico a la concepción de “Estado mínimo” y renovada legitimidad al avance del sector “privado eficiente” sobre lo “estatal corrupto”. Sin posibilidad de generar ciclos de expansión económica prolongados, el excedente era utilizado principalmente para el pago de una deuda que se incrementaba año tras año por los créditos que el país recibía para sostener el tipo de cambio, aún a expensas del desmantelamiento industrial, el deterioro de los indicadores sociales y la concentración del aparato productivo.

¿Y el modelo actual?

Todos los modelos anteriores, a diferencia del actual, tuvieron una vigencia aproximada de más de dos décadas. Su influencia a largo plazo pudo ser analizada por lo potente de sus instrumentos o por la extendida duración de sus políticas económicas: 50 años para el modelo agroexportador y casi 30 para el financiero. Sin dudas, encontraron en las teorías económicas vigentes una garantía de sustentabilidad para definir modos de acumulación, esferas de vinculación entre público/privado y, sobre todo, para reconfigurar el rol del Estado. En otros términos, tales teorías complementaron la construcción de un “sentido común” que dio legitimidad a esas definiciones políticas.

Ahora bien, ¿el kirchnerismo ha impuesto un nuevo modelo? ¿Es su lógica de acumulación relativamente novedosa? ¿Existe hoy una propuesta definida que supere la (razonable) crítica al “anarco-capitalismo”?

Por lo pronto, cabría afirmar que los modelos anteriores (puramente liberal, monopólicamente estatal o crudamente financiero) no tienen cabida en forma pura en la actualidad. Quien quiera volver a los años 20’, 50’ u 80’ encontrará límites constitucionales y teóricos. Pero, ¿es suficiente ello para fundar un nuevo modelo?

Tal vez sea prematuro para determinarlo, pero podría pensarse que, efectivamente, hoy el crecimiento del país y la distribución social del excedente económico se fundamenta sobre criterios distintos a modelos anteriores que tuvieron prolongada vigencia en décadas pasadas. La especulación financiera no tiene el privilegio de antaño, el esfuerzo está puesto en la consolidación del capital productivo, y la renta extraordinaria del sector agropecuario es utilizada para financiar el lógico déficit de esta nueva etapa de industrialización que el país debe profundizar para que crecimiento y desarrollo sean procesos complementarios en la Argentina del siglo XXI. Por oposición a lo que está ocurriendo en muchos países desarrollados, las características del crecimiento argentino actual se exponen claramente en base a la producción y el trabajo, al constante incentivo a la demanda y al consumo, la inclusión social, el reconocimiento de derechos y el desendeudamiento externo. El horizonte estratégico es institucionalizar estos cambios a nivel regional. Desde Unasur se está trabajando en propuestas concretas en este sentido, como la creación de un Banco de Desarrollo que financie proyectos pensados desde Sudamérica para Sudamérica, la desdolarización del comercio intrarregional, la sustitución de importaciones desde los países desarrollados por los aliados regionales, y otras tantas iniciativas pensadas en función de consolidar la región para estar expuestos lo menos posible a los embates y desequilibrios de los mercados financieros globales.

Sin dudas, nuevos esquemas de conceptualización que refuercen la idea del “cambio de época”, como la construcción de un renovado lenguaje que supere las antinomias de otros tiempos y actúe sobre la cultura política, serán pasos fundamentales en la consolidación de una nueva etapa que, junto con la permanente gestión de políticas económicas fundamentadas en criterios e ideas promotoras de inclusión social, contribuyan al fortalecimiento de un nuevo modelo con bases sólidas, estrategias definidas y objetivos claros. 

COMENTARIOS (2)

Leer todos los comentarios
g2zcOPbqgEL6

MP writes:“This is Econ 101. Couldn't they have prciteded this would happen? “Nope. Its not Econ 101. Econ 101 can only acquaint one. Its Thomas Sowell’s book Applied Economics and the concept of first stage economic thinking and its relationship to political-time-horizons. Sowell is likely telling us that Fre9de9ric Bastiat’s “What is Seen and Unseen” essay, applied to a political-time-horizon, creates poor economic results. The political-time-horizon is short hence first stage economic thinking matches and the results are for all to see.From Bastiat’s essay “What is Seen and Unseen“, published in 1849:“There is only one difference between a bad economist and a good one: the bad economist confines himself to the visible effect; the good economist takes into account both the effect that can be seen and those effects that must be foreseen.” Politicos are “visible effect” economists.

PhVUIcbX

I beloved up to you will reeivce performed right here. The cartoon is attractive, your authored material stylish. nonetheless, you command get got an impatience over that you wish be turning in the following. ill undoubtedly come more previously once more as precisely the similar nearly a lot ceaselessly within case you protect this hike.

AGREGAR COMENTARIOS

La finalidad de este servicio es sumar valor a las notas y establecer un contacto más fluido con nuestros lectores. Los comentarios deben acotarse al tema de discusión. Se apreciará la brevedad y claridad de los textos, y el buen uso del lenguaje: las malas palabras y los insultos no serán publicados.