Viernes 28 de Abril de 2017 - 20:49hs. - República Argentina Edición # 1659

Revista #46 Mayo 2011 > Economía

DE COMPRAS POR EL CENTRAL

El Mercado Central de Buenos Aires se ha convertido en los últimos meses en una alternativa al incesante aumento de precios con el que especulan empresarios, comerciantes y supermercadistas. Una mirada por dentro al lugar que concentra millones de personas al año.


El reloj marca las 8 horas de un día domingo. En la parada de la línea 8 (Ex 86) que se dirige desde el centro de la Capital Federal, se encuentran decenas de personas que esperan trasladarse hasta allí. Algunos a trabajar; la mayoría a hacer compras.

La entrada es inmensa. Luego de atravesar la Autopista Ricchieri, el colectivo se topa con camiones de diferentes tamaños y modelos repletos que esperan ingresar para descargar y seguir viaje. Changarines con sus ropas sucias y gastadas por el trajín del trabajo, se cruzan con su carros de pabellón a pabellón.

Gente en autos particulares y colectivos de diferentes líneas hacen fila entremezclados entre esos camiones para traspasar la amplia entrada que  marca el límite entre la vía pública y esa gran  “plataforma que integra sus negocios”, tal como lo anuncia el cartel de ingreso.

Una vez adentro, el lugar se transforma en un laberinto para quien no conoce su disposición. Un centro administrativo; estacionamientos; pabellones de carga, descarga y almacenaje; puestos de venta minorista y otros mayorista; dependencia policial; galpones; pabellones pesqueros; espacios concesionados, componen el Mercado Central de Buenos Aires.

Cuesta caminar por sus pasillos repletos de gente con bolsas y changos. Miran; comparan; hacen cálculos; llevan sus listas; contemplan la calidad; van de un lado a otro; consultan ofertas.

Mujeres con niños y carritos, hombres con grandes bolsas, familias enteras se dirigen hasta este “paraíso de las frutas y verduras” en busca del tan cotizado precio y calidad y escapando del sistema de comercialización actual (que busca sólo su rentabilidad) para encontrarse con una alternativa que resulta muy atractiva.

El Mercado Central de Buenos Aires se encuentra entre los más importantes de América Latina. Abastecido transportes de mercadería que llegan desde todas las provincias y países aledaños, este lugar cuenta con grandes espacios que posibilitan el acceso y la fácil circulación dentro de él a las más de once millones de personas que, según datos de la Secretaría de Comercio Interior, circulan anualmente por allí. 

Recorrer el Central es encontrarse con una mezcla de olores y ruidos de toda clase. Los vendedores gritan alabando sus ofertas y la calidad de las mismas, mientras se escuchan los murmullos de los compradores y, de fondo, el rugir de los motores que completan la escena sonora.

Todo allí es actividad, parece una pequeña ciudad ubicada en unas 210 hectáreas distribuidas metodológicamente, además de las más de 300 que aún se encuentran desocupadas.

Para llenar la canasta

Es que en los tiempos que corren, los gastos de una familia tipo (padres y dos hijos menores) para cubrir sus necesidades básicas – lo que se conoce como Canasta Básica de Alimentos – y superar la línea de la pobreza  oscila los $1.382, 62 , de acuerdo a estimaciones (correspondientes a febrero de este año) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC).

No obstante, estos estimativos aumentan según la cantidad de hijos y más aún si se tienen en cuenta no sólo los alimentos sino también el acceso a los servicios y demás bienes no alimenticios, denominado Canasta Básica Total (CBT).

En este contexto socio-económico, surge la necesidad que tienen las familias de subsistir en un ámbito en que los precios de los alimentos se encarecen cada vez más dentro del modelo de comercialización globalizada.

Así como lo indica el Ministro de Economía, Amado Boudou, la opción es caminar buscando precios para contrarrestar ese sistema de especulación que domina el funcionamiento de empresas y grandes supermercados e hipermercados.

“En algunos supermercados de capital, por ejemplo, vas a comprar verduras y las que están podridas son las que ponen en las góndolas de los precios acordados con el Gobierno. Es una vergüenza eso. No hay que comprarles nada, no queda otra que recorrer y prefiero venir en colectivo hasta acá que dejarme estafar”,  comenta Marta, de 58 años, mientras elige los tomates redonditos y colorados en uno de los puestos del Mercado que los vende a $4 los dos kilos.

“Porque hay sequía, porque hay inundaciones, porque no es la época de tal o cual fruta, porque, porque...”. Siempre hay algún de tipo de explicación (o excusa) para el aumento de los precios de la canasta frutihortícola. Para los consumidores, ya es historia repetida.

Ante esta especulación, el Mercado Central permite  comprar a costos más accesibles que influyan en el cuidado de la economía familiar. Es así como multitudes recorren día tras días sus pasillos. Para llegar hasta allí, lo hacen a través de diferentes medios, ya sea en transporte público, en sus vehículos particulares o en colectivos contratados para el traslado.

Dentro del Mercado se observa que la venta no se reduce sólo a frutas y verduras sino que también a mercadería de todo tipo: carnes (vacuna, de cerdo, pollo, pescado), pastas, fiambres, lácteos, panificados, artículos de  limpieza, vestimenta, entre otros rubros.

"Siempre vengo a comprar verduras y frutas pero hoy por ejemplo le dije a mi marido que vamos a llevar productos de limpieza que se venden sueltos. Igual siempre es una tentación llevar otras cosas. A mis hijos les gustan mucho las pastas que compro en uno de los puestos”, cuenta Marisa, mientras “ojea” las góndolas.

Antes de continuar sus compras, recomienda entusiastamente las pastas: “además de precio, hay calidad. La semana pasada compré las cuatro planchas de sorrentinos riquísimos a $17, nada que ver con los embolsados del super”. La oferta era tentadora y más aún si tenemos en cuenta que allí mismo podemos comprar la salsa, el queso rallado, el pan y todo lo necesario para una rica comida.

“Las diferencias de costos son abismales. Siempre que puedo me doy una vuelta. Por ejemplo, el otro día compré en un super chino un morrón y me lo cobraron casi $3 y acá pago los dos kilos a $5”, describe Héctor, padre de familia que vive en González Catán.

A veces acompañado de su mujer y otras veces solo, elige el Mercado en busca de mejores precios. “La carne también está más barata. Como en todos lados hay de calidad y no tanto. Hay mucho para ver y comparar. Antes tenía prejuicios al respecto pero ahora que conozco el lugar, no”, agrega mientras esquiva gente con su chango.

Recorriendo los pasillos del Paseo, se ve como algunos optan por realizar compras comunes con otras familias para repartir gastos. “Llevando por cantidad se abaratan los costos”, es la opinión de muchos. Ponerse de acuerdo en qué comprar y qué no, a veces se vuelve tarea complicada.

- Llevemos queso cremoso que es barato que la muzzarella- , sugiere una señora.
- Pero la muzzarella es más rica, es preferible-, le responde el marido.
- Pónganse de acuerdo que hay mucha gente para comprar- comenta otro por ahí, dando por finalizado el cambio de opiniones.

Hay quienes se dirigen hasta el predio más de una vez al mes ya que al viajar en colectivo no pueden realizar grandes compras. Más favorecidos son aquellos que tienen sus propios vehículos, muchos de los cuales realizan compras mayoristas.

No obstante, también están las personas a las que el Mercado les queda lejos y el acceso se les dificulta. A pesar de que algunos medios de comunicación utilizan esta cuestión para desmerecer a esta corporación, esto no le quita validez a su función mientras continúe siendo de utilidad para  esa gran masa de gente que a diario decide recorrerla. 

Un espacio popular

Las realidades que se observan en el Mercado y en supermercados son muy dispares. Diferente también es el aire que allí se percibe. La concurrencia masiva lo hace un espacio popular. “Milanesas para todos y todas, pruébelas”, se escucha de boca de un vendedor de uno de los tantos puestos de carnicería que hay.

Es así como se componen dos sistemas contrapuestos. Por un lado, el negocio de los supermercados que ha adquirido un relevante lugar entre los sectores económicos más dinámicos de la Argentina. Asimismo, la mayoría de estas grandes cadenas son de capitales multinacionales, siendo además un mercado oligopólico.

Éstos ofrecen un sinfín de marcas, se envuelven en una pelea constante por tener las “mejores ofertas” que encubran la suba de otros productos, presentan decoraciones novedosas tanto en su interior como en su exterior y carteles que resaltan entre los productos para atraer la atención de los clientes.

En contrapartida y como una alternativa a este modelo, el Mercado Central de Buenos Aires es un lugar espacioso, con gran variedad en diferentes rubros, con menos lujos pero más oportunidades a la hora de comprar “bueno y barato”-como muchos dicen por sus pasillos-.

Los argentinos tienen la posibilidad de elegir y el Central es una alternativa viable para todo aquel que esté en busca de precio y calidad. Otro sistema es posible a sólo unos minutos de la Capital Federal y cada vez son más quienes a diario acceden a él.

COMENTARIOS (29)

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alex crork

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