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Revista #34 Enero 2009 > Editorial

EDITORIAL: 2010, TIEMPO DE DESCUENTO

América Latina transita una nueva etapa en su proceso emancipatorio. Asumir la posibilidad de que existan retrocesos, determinados por la participación popular en los procesos sociales, pero fundamentalmente, en el marco de los procesos electorales, puede prevenirnos de crisis mayores


Por Juan Manuel Fonrouge

Esta democracia, todavía incompleta, no es el premio consuelo a la lucha revolucionaria de antaño, es caminar por la senda pacifica que las oligarquías locales prohibieron con golpes, proscripciones y fusilamientos. Por ende, la falta de experiencia en la construcción democrática, puede generar retrocesos, lógicos y previsibles, en tanto no perdamos el horizonte.

Se trata de construir una América del Sur potencia, que se erija como faro de los pueblos del mundo que buscan su liberación. Hoy en América Latina se encuentran las únicas experiencias en el mundo capaces de mostrar una alternativa al capitalismo globalizado.

Nuestro programa contempla un continente libre de presiones oligárquicas sostenidas por intereses imperialistas, sin intervenciones, sin hambre ni desocupación, con salud y educación, parándose desde un modelo político único en el mundo, que contempla la participación popular, que transforma la democracia delegativa en una cada vez más participativa y directa, con una economía mixta, que contempla al mercado, pero bajo la regulación del Estado; un Estado presente en las áreas claves de la sociedad y la economía, potenciando el desarrollo endógeno y sustentable, frenando el saqueo de los recursos naturales, utilizando parámetros de crecimiento basados en las mejoras sociales, en la igualdad, en el respeto al medio ambiente y a la biodiversidad, y no las tasas abstractas funcionales sólo al poder económico.

Habrá que asumir que, en el marco de esta democracia delegativa, con constituciones en gran parte de los países funcionales a un modelo de participación política elitista, y con la vídeopolítica signando en gran medida estos procesos, el camino seguirá siendo sinuoso.

Se abre, por primera vez, la necesidad de recambio electoral, lo que se hace imprescindible para que los procesos no se estanquen. El proceso cubano ha sido único y en un contexto diferente. Y si el recambio no viene por dentro de los partidos tradicionales, deberá venir desde afuera. Así lo atestigua la candidatura de Marco Enríquez Ominami en Chile.

Esto es inevitable, más temprano que tarde, la necesidad de encontrar reemplazantes. Porque el proceso político, en alguna medida, debe exceder a cualquier figura, aunque sin el rol del conductor estratégico, no hubiese sido posible transitar esta etapa de salida al régimen neoliberal. El rol de estos líderes estratégicos también esta en encontrar su sucesor.

La posibilidad de que existan retrocesos electorales o políticos no implica pensar en volver a la resistencia. Hoy la democracia esta de nuestro lado, en la medida que la agenda política este marcada por la búsqueda de la igualdad y la justicia social, la lucha por los derechos sociales, el medio ambiente, el trabajo, la salud y la educación.

La batalla legislativa

2010 es un año histórico, no sólo por ser el año del Bicentenario, sino por ser un año clave en nuestra historia de disputas por definir un modelo estratégico de país. Un primer interrogante pasara por encontrar el consenso popular para los cambios.

Podemos decir en líneas generales que en nuestro país no se ha constituido una fuerza orgánica, sino más bien, se ha actuado sobre la fuerza de los consensos previos. Más que un partido o un movimiento, han sido desde los sectores más dinámicos de la sociedad, desde donde se han impulsado los cambios. Las políticas de derechos humanos, sociales, jurídicas, han sido el corolario de años de luchas reivindicativas.

El año 2010 es clave, porque más allá de la falta de constitución de un movimiento transformador, nuestra sociedad sigue teniendo crédito para avanzar mucho más. Para los que piden moderación, no hablamos de las formas, sino de las medidas de fondo, no se encuentran motivos para buscarla en este año que se avecina.

El Gobierno ha encontrado mayores consensos no cuando hizo lo que la oposición de derecha o los organismos de crédito internacionales le han exigido, sino cuando han puesto su fuerza en resolver los grandes temas pendientes.

Por supuesto que no es fácil, pero la oposición constructiva, la centro izquierda, la que entiende que en el parlamento “si se gana con la derecha, gana la derecha”, más allá de las diferencias, ha demostrado no acompañar “las medidas del gobierno”, sino las que tiene un consenso social, no quizás de “la gente” mediatizada, pero si de los sectores más dinámicos de nuestra sociedad, ya sean gremiales, sociales, partidarios o estudiantiles, como ocurrió con la Ley de Medios.

“Utilizar la fuerza del enemigo en beneficio propio”

Así reza una de las proposiciones del “Arte de la guerra” de Sun Tzu. La oposición de derecha al gobierno la ha sabido utilizar. De la fortaleza del propio gobierno, de la falta de oposición, han convertido al kichnerismo, en una fuerza hegemónica y autoritaria, cuando es de suponer que, para transformar de fondo las condiciones semicoloniales de este país, si hay algo que todavía escasea es la fuerza.

Una fuerza no sólo material, expresada en estructura y organización, sino también en recursos humanos, con una generación exterminada que, por su edad, hoy ofrecería sus mejores cuadros para gobernar el país.

Pero la falta de una fuerza transformadora también radica en las falencias simbólicas y culturales, con el miedo y el lógico descrédito a la política, sumado a un sistema de medios de comunicación continental, que bien pueden ser catalogados como parte de un plan cóndor comunicaciónal.

Pero es precisamente en la composición del nuevo parlamento, desde donde podemos llevar a cabo grandes cambios en el 2010. Ahora no esta en la derecha, ni siquiera en la derecha del peronismo, y muchos menos del radicalismo o en Unión-Pro, la posibilidad de lograr victorias pírricas. Ahora estará en las fuerzas progresistas y revolucionarias encontrar consensos para frenar el avance conservador y privatista, en utilizar su fuerza en beneficio propio. Tener que mirar a la izquierda para ganar una votación legislativa, es beneficioso como resguardo al camino que debe transitar el gobierno.

Lo que ocurra en 2010, y el desenlace del 2011, tendrá al Congreso como protagonista. Lo central estará en la capacidad de imponer la agenda legislativa, en vez de sumirse en internas parlamentarias inútiles. Y esa agenda, para que se lleve a cavo, deberá estar ceñida por la necesidad de avanzar en materia de justicia social, soberanía nacional y regional y recuperación del patrimonio nacional y los recursos naturales.

Se deberá imponer la agenda de las medidas a tomar, y no dejarse llevar por la monocorde agenda de la derecha, que solo sabe pedir seguridad, pero cuando gobierna, como en la Capital Federal y en la provincia de Bs.As, no hace otra cosa que acrecentarla. Es no entender que la violencia radica en este sistema, y para que la violencia, al menos sea aminorada gradualmente, debe desaparecer la desigualdad social, principal promotor de esta.

2010: El año del Bicentenario

El año del Bicentenario es clave. Será recordado en la historia como el año donde tomamos los destinos del país y construimos un proyecto estratégico de nación, o donde nuevamente vemos dejar pasar una oportunidad histórica, y le damos servido en bandeja el poder a la derecha neoliberal.

Los resultados de la última elección parecen haber potenciado el autismo del gobierno. La estrategia del PJ, del control de la provincia de Bs.As alquilando mafias electorales, y surfeando con los gobernadores, esta agotado.

Si durante estos años la política de Kirchner fue la de no organizar una fuerza, y pedirla prestada, ahora no queda otra. No hay proyecto nacional, popular, progresista y revolucionario sin organización política, sin formación, sin identidad, sin unidad, sin debate estratégico del camino que debe seguir el país.

Hay que retomar la idea de que se puede construir un proyecto de poder, con iniciativa, amplio, con programa claro y una estrategia a largo plazo en común. Sabiendo ahora que se puede, y que las urnas son el camino, acá y en toda Latinoamérica.

Los esbozos de soberanía e integración regional no pueden ponerse en juego. La unidad, en este contexto, resulta imprescindible. Es absurdo no ponerse de acuerdo hoy, con el neoliberalismo, teórica y empíricamente, en defunción.

Avanzamos este trecho de nuestra historia con mayor experiencia política, al menos comparada con la que teníamos en la década del ‘90. Crecimos. Nos reencontramos. Sin olvidarnos que venimos de 30000 desaparecidos, de la devastación más absoluta a la que se puede llevar a un pueblo: el genocidio.

Es necesario reconocer los debates abiertos desde el 2003, para que la futura síntesis sea favorable a un modelo de país con justicia social, libertad y desarrollo nacional.

Para lograr imponer un programa que incluya la recuperación de los recursos naturales, hay que exponer que el rol del Estado ha sido beneficioso. ¿Quien va a querer estatizar YPF si creemos que lo de Aerolíneas Argentinas es un desastre? ¿Quien va a creer que con la democracia se solucionan los problemas, si cuando se vota una Ley de medios 44 a 24 desacreditamos la votación y aplaudimos la que es ganada por un voto tránsfuga? ¿Quién va a creer que la solución a la pobreza estructural es con trabajo si negamos que el seguro a la niñez provenga del ANSES?

Hay dos errores centrales en este sector que va del kirchnerismo a la centro izquierda. En los primeros, dejar en manos de un líder carismático, de forma ciega y sin capacidad de opinar, el futuro del proceso abierto por la lucha popular. En el caso de los segundos, en no reconocer lo hecho, lo que impediría plantear la necesidad de avanzar.

La sociedad vuelve a estar polarizada entre dos caminos. Profundizar los puntos favorables, o volver a la derecha. Ya no hay grises ni moderados. Aunque Quizás no sea para tanto, y solo celebremos el Bicentenario, cuando para la definitiva independencia todavía siga faltando un camino largo a recorrer.

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Williampn

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