Domingo 26 de Marzo de 2017 - 08:11hs. - República Argentina Edición # 1626

Revista #45 Enero 2011 > Editorial

Militancias


Por Diego Otondo


Al debate sobre el periodismo en general, se le sumó otro: militantes o periodistas; propaganda o periodismo profesional. Se toman como dos cuestiones antagónicas, como si fuera el periodismo independiente y objetivo la tesis y la militancia y la propaganda su antítesis. En realidad, ni una cosa ni otra. Así planteado, no se advierten las diferencias. Sí existen profundas diferencias de acuerdo con la concepción política y económica de cada uno y a quién se dirige el relato; qué causa defiende y cuál ataca.

Con respecto a los cables de Wikileaks, Javier Moreno, director del diario El País de España, perteneciente al Grupo Prisa, que opera en nuestro país (dueño de Radio Continental, por ejemplo), dijo: “ha primado el derecho de los ciudadanos a disponer de información veraz y relevante sobre asuntos públicos de interés general. Los periódicos tenemos muchas obligaciones. Entre ellas no se encuentra el proteger a los Gobiernos, y al poder en general, de situaciones embarazosas”.

Con el paso del tiempo, el periodismo que se autodenomina “independiente” fue cambiando de aliados de acuerdo con los cambios de épocas. No son los mismos aliados en el contexto de la Guerra Fría que luego de la caída del Muro de Berlín. Por esta razón, hoy Moreno advierte sobre lo poco que le interesan los gobiernos, pues hoy, la información está dirigida a los accionistas que son los que lucran con el llamado “interés general”. Los mercados suplantaron al Estado como aliado.

Todo tipo de comunicación posee, aunque más no sea implícitamente, una estrategia y se ancla en una posición ideológica y política. Los periodistas que están preocupados, nerviosos y desesperados porque el director de Télam es un militante antes que un periodista, militan para las fuerzas que luego de la implosión de la Unión Soviética se presentaron como el camino correcto: la libertad absoluta de mercado sobre la base de la democracia liberal con alianzas esporádicas. El Estado queda sólo para garantizar el orden.

La militancia trabaja desde la honestidad intelectual y el periodismo independiente lo hace con máscaras. La línea divisoria entre las militancias se hizo añicos en los últimos años. Porque hace años su exposición era menor. En realidad, siempre hubo una férrea militancia para elevar ideales. Si el comunismo soviético avanzaba, el periodismo profesional se alineaba con la dictadura; si el peronismo se convertía en una molestia, también se cerraban filas con la dictadura; si el menemismo cumplía con los diez puntos del Consenso de Washington, el periodismo independiente lo veía como un gran aliado.

Como explicó el sociólogo Niklas Luhmann, “la simplificación mediática y su propia invención de la actualidad hace asumible la pertenencia a un sistema”. En el caso específico de las filtraciones, la manipulación mediática ha puesto el foco en el gobierno argentino de acuerdo a sus intereses. El objetivo del diario El País, Clarín y La Nación fue denostar políticamente a los gobiernos de turno y correr el eje de la política internacional hacia las cuestiones domésticas, sobre todo si la información cuestionaba al gobierno norteamericano. Pero a esto no le llaman militancia, sino profesionalismo.

Nacionalización

La presidenta Cristina Fernández hizo referencia en un discurso a la “nacionalización” de los medios de comunicación. Esto significa que existan unas maneras de interpretar al país y que se informe sobre aquellos asuntos que hacen a la constitución de los intereses nacionales. Nada de esto ocurre con los medios hegemónicos.

Los militantes neoliberales asumen de modo tal su posición  debido a que sus intereses están más allá de las fronteras, conectados a una telaraña de poder. Pertenecen a una maquinaria global que busca en el relato pequeño el éxito individual y sectorial. Los hechos no se vinculan entre sí, todas las historias se presentan como separadas. Explicó Daniel Ulanovsky Sack, periodista y profesor de Harvard, que “mientras más fragmentada aparezca la noticia, menos entiende la ciudadanía sus efectos”.

La nacionalización de los medios significa pensar estratégicamente a una nación, atendiendo a temas estructurales, tomando a la coyuntura en su justa medida pero desde la lupa ideológica. Aquí las dos militancias se diferencian en cuanto a los objetivos. La mirada integral choca contra el bombardeo diario y fragmentado.   

El mundo presentado en fragmentos adquiere una sustancial importancia desde el punto de vista del establishment: implica someter al ciudadano a una estupidización política que permite asegurar el del status quo mercantil. En otras palabras: la diferencia entre una militancia social y una militancia de mercado es evitar, para los segundos, el compromiso político. La militancia organizada excede a las “esquirlas” que provienen de la bomba mediática y esto es un obstáculo para los escribas cautivos.

La infiltración informativa desde Wikileaks ha sido utilizada a manera de fragmentos, de tiros al aire, sin un contexto internacional que indica la desventaja de  los Estados Unidos, su decadencia. Por ejemplo, en las últimas semanas el chusmerío a lo Jorge Rial, es decir,  el periodismo “profesional” e “independiente”, construyó un relato para acentuar críticas al gobierno. Ninguna novedad significó leer en Clarín “EE.UU.: fuerte crítica a los Kirchner” o en La Nación “Revelan la preocupación de EE.UU. por Cristina Kirchner”.

Clausewitz y la batalla cultural


Desde el plano simbólico y político, el objetivo es torcer el rumbo. El famoso militar prusiano Karl von Clausewitz definió a la guerra como “un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad”. En América Latina, lo sucedido en Ecuador, Honduras, Bolivia y Venezuela tuvo como objetivo un cambio en la manera de actuar en materia política, diplomática y económica. Todo ello con la complicidad militante de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que agrupa a los editores privados de las grandes empresas mediáticas.

El intento de tomar otros caminos desde un plano simbólico tiene un objetivo político claro de cara a 2011: acentuar las diferencias –afianzamiento corporativo- mediante la conquista política. El periodismo militante de derecha asume ese objetivo primigenio para que el objetivo final de la guerra se cumpla. Es la causa original de la guerra sentar las bases para que las urnas expulsen a los enemigos que bajo el lema “pluralidad de voces” se convierten en competidores del sentido dominante.

La intencionalidad de los militantes neoliberales se comprende – siguiendo con Wikileaks de fondo- en un contexto en el cual el Titanic opositor no ofrece nada y espera desorbitado chocar contra el témpano en 2011. Y a su vez, la oposición alineada con las tintas monopólicas espera los frutos de tantas tapas negativas.

Pero el ataque de los medios al gobierno se tornó,  con el correr de los años,  desmedido porque la guerra no fue el equivalente del objetivo político y la desesperación ganó terreno. El CEO de Clarín dijo que hay una guerra contra el gobierno. Y las filas mediáticas fueron sumando nuevos exponentes al avizorar que las metas iniciales se fueron alejando y que el resultado de la batalla comenzó a presentarse para ellos como una dura derrota.

De esta manera, a pocos meses de las elecciones presidenciales, se invirtió la fórmula que dice que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Aquí hay una guerra política y de sentido entre los quieren la construcción de una Argentina justa y los que quieren y sueñan con la libertad financiera, con Europa como espejo. Sólo que para la alianza entre los medios y la oposición, la política se convirtió en la continuación de la guerra por otros medios y está librada al azar sin una construcción homogénea.

La oposición más recalcitrante se alineó a los postulados guerreros de Magnetto, y aquellos que están más cerca ideológicamente del Gobierno, sacar coma utilizan a los grupos concentrados como vidriera, advirtiendo o no que la alianza sólo será un momento de época.

El problema opositor es que tienen que presentar los objetivos políticos sin la figura “batalla”. Otro de los obstáculos es presentarse a la sociedad sin los resabios neoliberales que forman parte de su matriz ideológica. La guerra se muestra ya no como un acto político, sino como algo natural, como una evolución necesaria de cara al futuro. Para el titular de la UCR Ernesto Sanz, por ejemplo, un paso adelante sería, como lo definió en el coloquio de IDEA, abandonar el “Estado-centrismo”, la radicalización ideológica. Primero, la guerra; luego, la política y el “veremos”.

Ideologías

Los cuestionamientos hacia un periodismo militante son encarados desde el clientelismo. Siempre se toma el camino más corto para evitar los debates ideológicos. ¿Qué significa hablar de ideología? La ideología es lo que define la identidad social de un grupo, sus creencias, y no puede ser individual ni privada, no es una creencia personal, sino que pertenece a un sistema.

Es por eso que hoy no se puede discutir al periodismo sin hacer hincapié en su ideología. El periodismo es ideológico en cualquiera de sus variantes e iza banderas con distintos objetivos.  

En estos tiempos, la discusión se tornó molesta porque es ideológica y allí se manosea el corazón de un sistema. Todo aquello que estaba organizado de una determinada manera ha explotado. Las militancias han resurgido, de un lado y de otro, para verse cara a cara, para discutir y no regalar nada.

El desafío de los nuevos tiempos significa no sólo poner al descubierto la ideología del sistema que impera en los grandes medios, sino construir las voces necesarias para romper con los obstáculos que impiden la visualización de actores que operan en el silencio.   

“La comunicación debe crear vínculos que fortalezcan las identidades que luchan por dejar de ser lo que otros quieren que sean”, expresa el prólogo de El fin del periodismo y otras buenas noticias (Los nuevos medios sociales de comunicación – Una hipótesis y una guía).

En resumen, la batalla cultural es un enfrentamiento ideológico con proyectos antagónicos. Asumir el debate de los proyectos significa crear una agenda que priorice los asuntos nacionales y los intereses estratégicos para contrarrestar a los fragmentos diarios que desvían la atención de los temas de fondo. La lucha no se agota en el fin de un monopolio u oligopolio, sino que continúa en la manera en que pensamos a un país desde la pluralidad.
 

COMENTARIOS (5)

Leer todos los comentarios
crorkz

8wvZ90 Really appreciate you sharing this blog post.Much thanks again. Really Cool.

high quality backlinks

7YE2y8 Im grateful for the blog article.Thanks Again. Will read on...

awesome seo

lUfJtk Great post. Will read on...

AGREGAR COMENTARIOS

La finalidad de este servicio es sumar valor a las notas y establecer un contacto más fluido con nuestros lectores. Los comentarios deben acotarse al tema de discusión. Se apreciará la brevedad y claridad de los textos, y el buen uso del lenguaje: las malas palabras y los insultos no serán publicados.