Jueves 27 de Abril de 2017 - 02:24hs. - República Argentina Edición # 1658

Revista #44 Noviembre 2010 > Editorial

Un mundo argentino y latinoamericano


Por Diego Otondo

Antonio Cafiero en el prólogo de Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, editado por Oscar Castelluci, expresa que “Perón siempre contó entre sus seguidores a un cuerpo inmenso de hombres, mujeres y jóvenes (…) que no fueron hijos de la prebenda oficial”. Y agrega: “Ellos lucharon para que Juan Perón pudiera volver a aportar a la vida política de Argentina algo central: la lucha por la idea”. 

La revalorización de la política desde que Néstor Kirchner asumió la presidencia, es el aspecto más destacado y un legado insustituible. Simplemente porque la política en esta etapa es proyecto de autonomía. Los debates y las reflexiones desde abajo se nos vinieron encima desde un proyecto estatal. Y, precisamente, el camino hacia la autonomía requiere participación colectiva y es una causa compartible. La idea de un país como proyecto estratégico con la vista puesta en Latinoamérica.
 
Desde 2003 hasta la fecha, los límites “naturales” se rompieron. La creencia de una alineación eterna con el mundo globalizado y, sobre todo, con el capital financiero internacional devino otra: la evidencia de que en realidad genera endeudamiento y vulnerabilidad externa. Como expresó el economista Aldo Ferrer en La Argentina y el orden mundial, “la vulnerabilidad externa ha aumentado bajo el sistema de hegemonía financiera y su ciclo”. Estas líneas representan el puntapié inicial y estructural de la esperanza reeditada en su versión kirchnerista.
 
La neutralización
 
La vulnerabilidad chocó de inmediato con un proyecto autonómico. “La Nación debe recuperar la capacidad de decisión y de discernimiento acerca del modo en que nuestro país debe insertarse en el mundo globalizado, discriminando entre sus elementos positivos, a los que nos sumaremos, y neutralizando el impacto de sus aspectos negativos”, expresó Néstor Kirchner. 
 
Los debates que nacieron desde aquel 25 de Mayo nos permitieron conocer la dirección y el teléfono de los enemigos de la democracia política. Esa estructura de poder fue a la que Néstor Kirchner puso en el banquillo de los acusados con los riesgos del caso: la tríada economía – medios – ejército es golpista cuando sus intereses son amenazados. Pero para la transformación hay que meterse con los grandes, y los grandes se quedaron sin armas y sin cuadros, que fueron descolgados para no ser, nuevamente, venerados. 
 
El mundo a partir de 2003 se pensó en clave argentina y latinoamericana, con un modelo propio para maximizar los márgenes de maniobra. El ex canciller Rafael Bielsa sostuvo, refiriéndose a los años 90, que era absurdo “condicionar la estrategia de un país a la voluntad de otro”. Los estallidos en Argentina (diciembre de 2001), Bolivia (octubre de 2003) y Ecuador (abril de 2005), en un contexto religiosamente neoliberal, requerían, y así se hizo, una solución periférica.
 
Un proyecto emancipador significó tener en cuenta, como señala Aldo Ferrer, que “los países en desarrollo deben preservar la mayor autonomía de decisión propia posible e insistir en la formulación de marcos regulatorios multilaterales que no privilegien la globalización selectiva favorable a los intereses de las economías centrales”. 
 
Frente a la globalización selectiva el gobierno de Néstor Kirchner atenuó sus efectos. El especialista en relaciones internacionales Alejandro Simonoff afirma en Regularidades de la política exterior de Néstor Kirchner, que la “apertura y diversificación de nuestro comercio exterior fue uno de los ejes sobre los cuales se articuló el definido “modelo de acumulación de matriz diversificada con inclusión social”. Esta estrategia para nuestro comercio exterior permitió asentar la base material de una política exterior autonomista”.
 
Fue en la IV Cumbre de las Américas en la que Néstor Kirchner sentenció que “existe evidencia sobre el fracaso de la teoría del derrame”. El Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) significaba, en ese momento, el derrame complaciente con la asimetría y la desigualdad social. “No nos servirá cualquier integración, sino aquella que reconozca las diversidades”, agregó. Y así fue. 
 
El camino transitado hasta hoy, dejó atrás lo dado para pasar a una construcción participativa en el plano latinoamericano. Señala el investigador Marcos Kaplan en El mundo de la violencia que “la adaptación a lo existente como lo dado inmodificable conlleva a la renuncia de la participación social y política”. En este sentido, las relaciones carnales con los Estados Unidos suponían un destino natural de la Argentina como vagón de una locomotora que no podía cambiar de manos. 
 
La negación
 
El proyecto autonómico se negó durante años porque se despolitizó el debate y sólo florecía el día a día y un “destino manifiesto” a la par de las grandes potencias. Lo estratégico no estaba en nuestras manos y los problemas nacionales se solucionaban con una receta universal que funcionaba en Rumania, Paraguay o Eritrea, la que hoy funciona en Europa. 
Lo nacional estaba ausente desde el punto de vista estratégico. La política combativa era marginal y los llamados “representantes del pueblo” oficiaban como CEOs de un entramado ajeno a los intereses nacionales. 
Pero la solución periférica se impuso, poniéndose como eje principal la integración. La idea tan temida por el mentor del “fin de la historia” llegó: la historia continuó y diferentes pensamientos nacionales en América Latina rompieron con el consenso neoliberal. El Estado pasó a ser protagonista y recuperó a la memoria histórica como una batalla del presente. 
 
La integración como un enemigo
 
Las nacionalizaciones que emergieron para romper cualquier luna de miel pretendida por el establishment dividieron las aguas. Porque en el camino había dos horizontes: la producción o la especulación financiera; el Estado o el omnipresente mercado como decidor. 
 
“El ataque contra la imagen de las empresas favorece procesos de renacionalización o reprivatización en beneficio de capitales nacionales, puestos en marcha en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Argentina. En Nicaragua ya fueron afectados los intereses de Unión Fenosa, en Argentina los de Repsol YPF y los de Marsans (Aerolíneas Argentinas), ambos sujetos a procesos de “reargentinización”, aunque en el último caso el Estado argentino también amplió su paquete empresarial, y en Bolivia y Venezuela los de Repsol YPF”, escribió, liberalmente, el investigador Carlos Malamud del Real Instituto Elcano. 
 
El ingreso de Venezuela en el MERCOSUR fue un disparate si se lo examina desde un punto de vista neoliberal. Pero así fue. Néstor Kirchner organizó el “AlCArajo” paralelo a la IV Cumbre, en la cual Chávez le hizo el corte de manga a las ambiciones comerciales norteamericanas. El proyecto comercial que iba desde Canadá hasta Tierra del Fuego no fue aceptado por el MERCOSUR. George Bush se fue de la Argentina con una derrota.
En las idas y vueltas en materia de integración, la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) nació como la voluntad política de doce naciones para articular paradigmas propios. Su objetivo amplió el mero marco neoliberal de la integración en boga para “construir, de manera participativa y consensuada, un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre sus pueblos, otorgando prioridad al diálogo político, las políticas sociales, la educación, la energía, la infraestructura, el financiamiento”. 
 
“De acá”
 
Con relación a la soberanía argentina, Kirchner fue contundente: “Sobre la deuda del Club de París nos dicen: “tienen que hacer un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para que puedan pagar la deuda con el Club de París”. Nosotros les dijimos: “señores, nosotros somos soberanos; nosotros queremos pagar la deuda del país pero “de acá” que vamos a volver a hacer un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional; bajo ningún sentido, bajo ningún aspecto”. 
 
El poder nacional adquirió una nueva significación. Sus elementos cobraron importancia. La forma en que se abordaron aspectos como la educación, lo tecnológico y lo científico, pasando por lo militar, y hasta lo industrial, significaron para la Argentina un vuelco en los paradigmas de los últimos 30 años. 
 
Los logros y los desafíos desde 2003 responden a un proyecto emancipador. Un proyecto de reindustrialización que atempera las diferencias entre los desarrollados y subdesarrollados, que disminuye la famosa división internacional del trabajo entre los exportadores de materia prima y los exportadores de manufacturas. 
 
El destino contrario que se pregona desde los grandes medios es la conexión con los centros de poder internacionales. Es por eso que con la muerte de Kirchner “hay que pensar todo de nuevo”, es decir, volver a la “obediencia natural” para que el Estado pierda presencia. 
 
Por lo tanto, las manifestaciones populares en Plaza de Mayo ante la muerte de Néstor Kirchner son la expresión en contra de los pensamientos tendientes al destino manifiesto globalizador. La política como expresión de una construcción que puede llevar a la autonomía, a la integración política regional y a la soberanía nacional y popular, fue el camino para romper con la dependencia y se convirtió en un modelo a defender. Son las nuevas luchas por “la idea”.
 

COMENTARIOS (9)

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