Viernes 28 de Abril de 2017 - 20:55hs. - República Argentina Edición # 1659

Revista #22 Octubre 2008 > Educación

¿QUIÉN PROTEGE A LOS JÓVENES?

Debate sobre la violencia. Entrevista a la pedagoga Sofía Thiested


Por María Elisa Ghea

El tema de la violencia social es un debate de permanente actualidad y la  institución escuela no escapa al análisis y relatos sobre el particular.  Por ella transitan a diario millones de niños/as, adolescentes y adultos. El sistema educativo es un espacio público en el que cotidianamente se intercambian no sólo saberes e ideas entre sujetos sino, además, prácticas sociales, juegos, frustraciones y expectativas. Tensiones que se repiten como mínimo durante 180 días del año lectivo. ¿Cómo creer entonces que la escuela puede ser un bunker al cual la realidad que la rodea no ingresa?

En un contexto de estigmatización en el que se sostiene que “los niños cada vez más chicos son violentos, o delincuentes, y los jóvenes son peligrosos para el resto de la sociedad”, la escuela había quedado como el último reducto de convivencia alejada de una realidad que la sociedad considera violenta e insegura. Sin embargo, en más de una oportunidad se puede leer titulares de casos particulares y excepcionales que dicen: “otra vez la violencia en la escuela”. 

La pedagoga Sofía Thiested, sostiene que no se puede abordar el tema de la violencia en las escuelas, sin tener en cuenta que las sociedades se mueven en un mundo cada vez más complejo.


Hay una tendencia a estigmatizar a los chicos con la categoría “violentos” ¿cómo entender esto?

Hay cuestiones que para los adultos son extremadamente violentas y que los chicos no consideran de esta manera y viceversa. Hay situaciones que los chicos consideran terriblemente violentas por parte de los adultos hacia ellos y entre los adultos. En principio, habría que definir cuál es el parámetro de violencia. Decimos que algo es violento con respecto a algo que uno, entre comillas, considera que rompe lo normal, y esta normalidad también es discutible.

¿Hay límites impuestos?

Obviamente las sociedades tienen una definición para cada cosa. Hay en el imaginario parámetros que determinan hasta dónde el sujeto “puede hacer” sin invadir los derechos del otro. Hay un orden establecido en lo colectivo. Las sociedades cada vez se han complejizado más, hay escenarios extremadamente complejos donde algunas cuestiones que hacen a los respetos mutuos se ven interrumpidas si se quiere, entonces eso es lo que se debe tener presente, pero que son situaciones que bajo ninguna cuestión uno puede estipular de equis manera.

¿Hay una violencia escolar?

No. Lo que hay son episodios de una conflictividad social fruto de una sociedad extremadamente compleja que se expresa en la escuela, en las calles, en los jóvenes y otras en los adultos. A veces se expresan con violencia física y otras en la carga simbólica de algunas cosas que se dicen. Pero no podemos hablar de violencia escolar.
Hace un tiempo escuchaba a Carina Kaplan que planteaba que el origen de la categoría violencia escolar tiene que ver con definiciones que se hacen en los países del norte que están pensando desde la lógica de que la violencia es una violencia que se expresa y que se debe trabajar con la lógica de la defensa.  Me parece que éstas son cosas para discutir, que la violencia hay que pensarla como conflictividad social y con episodios extremadamente complejos pero no extendidos.

¿La escuela sigue siendo el espacio de intercambio más seguro para los chicos?

Sí, la verdad que sí. La escuela es uno de los lugares que reúne a la mayor cantidad de sujetos de distintos lugares, son espacios de alto grado de contacto de chicos y adolescentes y adultos en escenas de diversidad cada vez menos frecuentes en las grandes ciudades. En un momento del mundo en el cual hay procesos fuertes de ghetificación, en donde cada vez los grupos sociales tienden a encerrarse sobre sí mismos, las escuelas, y en especial las públicas de gestión estatal, siguen siendo lugares de contactos entre diferentes y son muy pocos los episodios de violencia. Tal vez sí, lo que sucede es que hay un resaltado por parte de los medios de comunicación que ponen el acento en aquellos episodios que eventualmente acontecen en la escuela.

¿Cómo es, la escuela está más permeable a lo que sucede afuera o el afuera pudo romper los muros?

Me gusta una expresión que usa Eva Giberti “episodios de violencia que se expresan coyunturalmente en la escuela”. ¿Qué quiere decir esto? Bueno, la escuela es una institución social más en la que acontecen las cosas que acontecen en la vida. Si no acontecen en la misma medida en la que acontecen en la vida, es porque en todo caso sigue siendo un lugar en donde hay adultos que velan por los jóvenes y por los niños y donde, de alguna manera, hay algo del orden de la regulación de reglas internas de funcionamiento que, salvo cuando pasan cosas muy graves, en general siguen operando. Y esto de alguna manera es interesante.

Por qué el mensaje de los medios “violencia en las escuelas”, “jóvenes violentos” es comprado por parte de de la sociedad?
Cuando hoy los adultos nos enganchamos frente al televisor, ante una noticia equis de violencia escolar, en realidad están pasando muchas cosas en simultáneo. Por un lado hay una sociedad que tiene dificultades para tratar con sus jóvenes y hay mucho temor a ocupar posiciones autoritarias frente a ellos.  

DE LA ESTIGMATIZACIÓN

Los episodios de inseguridad acompañados de muerte que protagonizaron en octubre los vecinos de la localidad de San Isidro, pusieron otra vez sobre el tapete el tema de la inseguridad y violencia que tiene, para algunos, como únicos protagonistas y responsables a los pibes.
    A partir de esto el Gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, lanzó al debate de la opinión pública la necesidad de revisar la legislación vigente sobre la edad de imputabilidad de los chicos. Esto recuerda aquel debate de finales de los 90 cuando Carlos Ruckauf proponía “mano dura” y “tolerancia cero” como forma de garantizar a la sociedad una vida más segura. Sin embargo hay más de un ejemplo de países desarrollados que implementaron estas políticas que lejos de resolver el problema, han reconocido que los índices sobre el particular no disminuyen.

Hay una tendencia a estigmatizar a los chicos más desprotegidos por el sistema como sujetos riesgosos para el resto, en lugar de considerarlos sujetos en riesgo. Hay evidencias de que el origen social, es decir de dónde proviene la persona y sus condiciones socio-económicas no son determinantes para definir que ese sujeto pueda ser más o menos violento que otros que están insertos en situaciones contextuales muy distintas.

¿Cómo comprender las necesidades de los pibes, como por ejemplo  ser escuchados,  hablar, en un presente que cambia demasiado rápido?
No quisiera dejar de reconocer la complejidad del mundo en el que vivimos y la complejidad de relaciones entre generaciones. Transitamos en un mundo en el que los saberes de las generaciones adultas para educar a las generaciones jóvenes pierden vigencia muy rápido y hay una tendencia a menospreciar la posibilidad de pautar normas, de poner una serie de límites y demás sobre las generaciones que vienen. Esto lo trabajan bastante los psicoanalistas y algunos sociólogos que están señalando que estamos en unas sociedades en las que los adultos se corren permanentemente del lugar de “ser adultos”.

Esto en nuestro país viene con un condimento adicional, porque post dictadura la idea de poner límites da la sensación de ser autoritario

Así es. Estas cuestiones deben ser abordadas, se deben poder hablar. Algunos autores dicen que en este tiempo las pautas de nuestros padres no nos sirven para criar a nuestros hijos y a mí me parece que esto es algo en lo que deberíamos trabajar un poco. Lo que hay es una dificultad para construir horizontes de posibilidad.

¿Hay una especie de resistencia generacional de ambos lados?

Hay un cambio en la relación entre adultos y jóvenes y este cambio tiene que ver con la aceleración de cambios en el mundo. De alguna manera lo que las generaciones adultas aprendieron en su experiencia juvenil no termina de ser útil para pronunciarse acerca de las cuestiones sobre las que los jóvenes requieren. Cuando éramos jóvenes no había celulares, no había Internet, nos juntábamos en la esquina, en los clubes, en las escuelas, en la plaza, y no somos tan grandes. Cuando educamos a nuestros hijos adolescentes tenemos que pronunciarnos constantemente sobre estas cuestiones. Por otro lado hay una cuestión sustantiva en términos de ver qué futuro podemos imaginar nosotros los adultos y también los jóvenes para sí mismos. Esto también genera una situación compleja que puede dar lugar a algunas situaciones complicadas.

¿Y cómo se enfrenta esta situación?

No hay una única respuesta. En la Cámara de  Diputados, por ejemplo, se está trabajando en distintos proyectos de ley y creo que hoy el consenso es que no es sencillo pronunciarse sobre esto.

También está la idea de bajar la edad de imputabilidad de los chicos ¿se resuelve con leyes?

No, no creo que se resuelva con leyes, en todo caso las leyes pueden acompañar procesos que tienen que ser mucho más generales que los estamos teniendo presente. Pensar el tema de la violencia es pensar la cuestión de la sociedad en la Argentina.  Tal vez nuestras generaciones se encuentran hoy con la certeza de que para los jóvenes es difícil imaginar futuros posibles altamente alentadores y eso de alguna manera se expresa en las experiencias juveniles.

¿Qué relación existe entre situaciones de exclusión social y violencia?

Se ha demostrado que no hay una relación estable entre situaciones de exclusión social o de pobreza y violencia. Distintas investigaciones están mostrando que los episodios de violencia, incluso los célebres de los últimos tiempos en los medios de comunicación social destacan la sorpresa por encontrarse con que no hay una asociación causal lineal entre pobreza y violencia. No son sólo las situaciones de exclusión las que van a explicar el por qué se producen algunos episodios en la escuela.

¿Esta situación pone en jaque a las escuelas, a las familias y a los que tienen que tomar decisiones?

La verdad es que las escuelas son instituciones que no pueden estar fuera de esto. En ellas también se expresa el incumplimiento de promesas sociales y políticas  que afectan a los jóvenes y a los adultos. En este sentido se espera que la escuela recomponga o que no acontezcan cuestiones que acontecen en el conjunto de la sociedad y la verdad es que las escuelas no están fuera del mundo.

¿Hay una falta de sinceridad por parte de los adultos al responsabilizar a los más débiles en lugar de hacerse cargo de lo que les compete como tal?

Algo de esto hay. Sin duda hay cuestiones de las que los adultos nos desentendemos y sobre las que responsabilizamos a niños y jóvenes.

¿Cuáles son los riesgos o el peligro de que el discurso sobre que los chicos son violentos gane en el imaginario social?

Hay muchos riesgos. Una mala lectura del problema o una generalización llevan a construir una imagen del otro que es muy útil para poder operar. Puede tener como correlato, y lo podemos ver en el debate político y mediático,  imaginar que culpando a quienes muchas veces son víctimas de las complejas situaciones en las que vivimos, las cosas se resuelven. La baja de la edad de imputabilidad es, para mí, un ejemplo en donde quienes son víctimas de una sociedad y un mundo que presenta pocas oportunidades certeras para construir un futuro posible quedan asociados con aquello peligroso, riesgoso, aquello que puede agredirme.

¿Faltan espacios en donde los chicos se expresen y que esa expresión tenga poder de cambio?

Creo que hay de todo. Los mismos chicos dicen que tienen pocos lugares de encuentro. La verdad es que hay pocos lugares no peligrosos o no riesgosos en donde encontrarse. Cuando uno trabaja en escuelas del conurbano los lugares de encuentro son las esquinas y las esquinas son lugares, por ejemplo, muchas veces vedados para las chicas.

¿Por qué vedados?
Por los riesgos que implican. Me parece que hay pocos lugares protegidos para los jóvenes, pocos lugares que propongan, incluso, recursos para expresarse.

OPINIÓN

Por Cintia Rogovsky

LOS HIJOS DEL HOMBRE

“La gente afirma que muchas explicaciones convencen menos que una sola, pero la verdad es que para casi todo hay más de una razón. Diríase que siempre se encuentran ventajas para prescindir de la verdad”. (Adolfo Bioy Casares, Diario de la Guerra del cerdo, 1969)

Aún no siendo una especialista en el tema, me animo a expresar algunos interrogantes. En la novela de Bioy que cito al comienzo, este maestro del género fantástico narra una semana en una Buenos Aires en la que ha estallado una guerra entre las generaciones y en la cual los viejos llevan las de perder, a merced de los jóvenes (no ignoro que lo políticamente correcto hoy sería hablar de “adultos mayores” o “abuelos”).
¿Pura ficción? ¿Nada que ver con ese otro plan real -y bien violento- ejecutado en los 90 mediante la privatización de gran parte del sistema provisional que dejó en la miseria a los jubilados?

Hace unos años se estrenó The Children of Men, una película dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón, basada en la novela homónima de P. D. James. Ambientada en 2027, nos muestra un mundo destruido por las guerras, el terrorismo nuclear y la contaminación. Mientras casi todos los países  se hallan en la miseria y el caos, Inglaterra “resiste”, gobernada por una autoritaria extrema derecha que recluye a los inmigrantes en campos de concentración.

Allí se sugiere, en clave de ¿ciencia ficción?, una hipótesis diferente a la de Bioy: un futuro cercano en el que ya no hay niños ni jóvenes porque la esterilidad es una pandemia. El ser humano más joven acaba de morir asesinado, curiosamente, en Buenos Aires. ¿Algún parecido con la realidad?

No deja de resultar paradójica esa imagen del futuro en la que los únicos que no están son precisamente quienes representan, tanto en el imaginario del individuo como en el de la especie, el futuro. Es un mundo bastante violento, por cierto. El de Bioy y el de James. Casi tanto como el nuestro. Quizá la pregunta que uno debería hacerse es por qué, en un mundo así, tendría que estar ausente de la escuela la manifestación brutal o solapada de la violencia. Por qué debería ser la escuela la única institución que permaneciera a salvo de lo que sobrepasa el mundo del que forma parte. Yo no tengo, como dije, respuestas.
Afortunadamente, estaba hablando de ficción.

 

COMENTARIOS (17)

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