Viernes 28 de Abril de 2017 - 20:55hs. - República Argentina Edición # 1659

Revista #23 Noviembre 2008 > Educación

DESMITIFICAR LA DISCAPACIDAD

En la actualidad sólo hay seis bibliotecas para no-videntes en todo el territorio argentino. La de la capital bonaerense es una de las más importantes. Desde allí se trabaja arduamente para “desmitificar” y hacer a un lado los prejuicios. Su director asegura que es necesario dejarse enseñar para dar el primer paso en la búsqueda de una verdadera integración.


Marcelo Calvo, director de la Biblioteca Braille de la Provincia de Buenos Aires

Por Héctor Bernardo

“Una ironía de Dios”, así  definía Jorge Luis Borges en su poema “Los dones” el hecho de que una persona cuyo único vicio era la lectura perdiera la vista. Marcelo Calvo nació ciego, al igual que su hermana Cristina. Ellos nunca supieron por qué, dado que no había antecedentes de ceguera en su familia. Durante toda su vida lucharon arduamente para integrase y ser aceptados. Hoy, Marcelo es el director de la Biblioteca Braille de la provincia de Buenos Aires, y Cristina – ya jubilada- fue su ayudante durante muchos años. Allí encontraron un lugar para combinar su amor por los libros con la puesta en marcha de una serie de programas que buscan dar contención a los no-videntes, integrarlos a la comunidad y conseguir que “la sociedad también se integre a la discapacidad”.

En toda la Argentina sólo existen seis bibliotecas de este tipo. La de la capital de la provincia de Buenos Aires es la más antigua y una de las más importantes del país. Posee alrededor de cinco mil ejemplares, que están divididos entre libros parlantes (grabaciones) y libros en braille.
Su director, Marcelo Calvo, suele atender personalmente a todo aquel que se acerca a realizar alguna consulta. A pesar de su metro noventa, y sus más de 100 kilos de peso, este hombre de 65 años se desplaza con suavidad por su pequeña oficina. Luego de tantear el borde de su escritorio toma asiento en un viejo sillón y, siempre con una sonrisa, comienza a hablar sobre el rol de la biblioteca.

La institución está enfocada en dos grandes grupos sobre los que trabajamos: los libros y la proyección de la biblioteca hacia afuera. Con respecto al primero, el principal problema es que, mientras que las bibliotecas comunes pueden adquirir los libros en cualquier editorial, las que son para no-videntes se ven obligadas a transcribir las obras a braille o grabarlas en cassette. En este último caso se las denomina “bibliotecas parlantes”.

Ésta tiene la particularidad de ser de carácter mixto. Es por esto que en este momento, entre obras grabadas y obras en sistema braille, poseemos alrededor de  5.200 títulos.

¿Por qué además de tener los libros en  braille hacen copias en cassette?

Esto es debido a que existen muchas personas que se han quedado ciegas por diabetes, glaucoma o por alguna situación cualquiera durante la adultez, no saben leer braille y prefieren oír un libro, por eso se hace necesario tener un gran número de títulos en cassette.

¿Los préstamos se hacen sólo dentro de la provincia de Buenos Aires?

No, los préstamos se hacen dentro de la provincia, pero también al resto del país y al extranjero (especialmente a Uruguay) por correo, y los lectores no tienen que pagar un solo centavo, ni siquiera de franqueo.

¿Y el segundo gran grupo a que hizo referencia, de qué se trata?
Más allá del habitual servicio de préstamos que realiza la biblioteca, también posee un área de extensión que se encarga de proyectar la institución hacia afuera. Un afuera que a su vez se divide en dos grupos: los no-videntes y la comunidad toda.

¿Por qué esta división?

Esta división – por más paradójico que suene- no tienen como fin separar, sino integrar. Esto se debe a que en las actividades que se realizan para los no-videntes  se trata de acercarlos a la sociedad y las destinadas al segundo tratan de acercar a las personas con vista a la discapacidad.
Para las personas ciegas suelen realizarse actividades como, por ejemplo, visitas al Museo de Ciencias Naturales, donde una serie de guías los llevan a recorrer áreas especificas enfocando temas como: la cultura precolombina, la evolución de la especie a través del cráneo, etc. También se organizan charlas, conferencias, proyección de videos y los viernes se realiza una serie de encuentros para que las personas que perdieron recientemente la visión formen grupos en los que se cuenten sus experiencias y encuentren cuál es el mejor camino para afrontar su situación. La idea es que estas personas sepan que su vida no se termina con la pérdida de un sentido tan importante como es el de la vista.

¿Y para las personas con vista?

La idea es que las personas que ven eliminen sus prejuicios con respecto a los ciegos. Para esto se suelen realizar charlas en escuelas e instituciones de la provincia donde la idea central es lograr que los chicos tomen conciencia de cómo relacionarse con las personas ciegas, que sepan cómo estudian, cómo trabajan, cómo pueden vincularse o cómo ayudarlos a cruzar la calle, por ejemplo. El fin de este trabajo se puede definir con una palabra: desmitificar.
A la gente le cuesta asumir la discapacidad. Por eso trabajamos mucho sobre el tema de la discriminación, pero la discriminación entendida como que la sociedad discrimina y todo el mundo al estar inserto dentro de ella discrimina también, incluso los discapacitados discriminamos. Por eso tratamos de que la gente se imagine por un instante en el lugar del otro antes de emitir in concepto. Creemos que es necesario concientizar y cambiar un poco los esquemas. Esa es la única manera de que esto cambie.

¿Sintieron que esto era una cuestión clave?

Sí, porque, por ejemplo, por desconocimiento la gente suele atribuirles a las personas ciegas otros defectos. Yo siempre cuento una anécdota de una experiencia que viví cuando estaba con mi hijo en el ómnibus. Allí, una mujer que iba sentada detrás de nosotros dijo: “Pero qué desgracia pobre muchacho” en referencia a mí. Y el hombre que estaba a su lado le contestó: “Y... yo para estar así preferiría morirme ¿Viste el chico que lo acompaña? ¡Qué cara de bueno! Le debe pagar”. Para ellos, yo tenía tres defectos: el primero, era el hecho de ser ciego, el cual ellos notaron porque subí del hombro de mi hijo; el segundo, que era sordo porque hablaban con tal naturalidad como si yo no los pudiera oír; y el tercero, que era incapaz de tener hijos, porque suponían que ese chico que iba conmigo me estaba acompañando por compasión.

Entonces, cuando el colectivo dobló a la izquierda yo, que estaba desesperado por establecer un vínculo con estas personas, dije fuerte: “Estamos en 7 y 54 así que faltan 12 cuadras para la Terminal”. Enseguida la mujer dijo: “¡Ay... pero este hombre ve!”. Así que para ellos, además de ser ciego, sordo y no poder tener hijos, era tonto, porque ni siquiera me podía dar cuenta de por dónde andaba.

Debe haber sido una situación complicada...

Lo que pasa es que la gente no sabe. Y no tiene porqué saber cómo vincularse, porque seguramente nadie le ha explicado, y la gente no nace sabiendo. Pero lo bueno es que se deje enseñar y ayude a una verdadera integración.

A mí me ha pasado ir por la calle y que la gente me diga “¡cuidado, cuidado!” y uno no sabe cuidado con qué. Qué es lo que pasa: ¿me va a caer algo en la cabeza y debo correrme? ¿debo frenarme porque me voy a caer a un pozo? ¿o alguien me está por atropellar? Bueno, todo esto pasa por desconocimiento, por no saber cómo comunicarse con el otro. Así, también se da que cuando a uno lo ayudan a cruzar la calle, la gente no sabe que debe prestarte el hombro para que vos te agarres y cruce adelante la persona que ve.  Pero no, muy por el contrario, te agarran del brazo y vos que sos el ciego vas adelante y te vas llevando por delante todo: el cordón, los autos estacionados, todo.

¿Y esto es muy común?

Sí, pero el problema es aún mayor cuando nace un chico discapacitado en una familia que maneja estos desconceptos. Un chico discapacitado necesita un marco de contención importante, y si la familia no está preparada se discapacita la familia toda.
He tenido que trabajar con padres que me dicen delante de sus hijos: “la desgracia que me tocó vivir”. Entonces los chicos sienten la tristeza de sus padres, el desconocimiento, la angustia y, al no saber cómo afrontar la situación, la van a afrontar mal.

¿Su lucha se enfoca en ésto?

Sí, porque estoy convencido de que la gran barrera para la integración es el desconocimiento. La gente debe acercarse, preguntar y dejarse enseñar. Nadie nace sabiendo, pero la única manera de vencer la discriminación es acercarse y conocer al otro.



 

COMENTARIOS (16)

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