Viernes 23 de Junio de 2017 - 07:40hs. - República Argentina Edición # 1715

Revista #20 Julio 2008 > Educación

EL TRABAJO COMO SIGNIFICANTE FUNDAMENTAL

Entrevista con Adriana Puiggrós


Por María Elisa Ghea
 
Presidenta de la comisión de Educación de la Cámara de Diputados de la Nación. Doctora en Pedagogía, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Master en Ciencias en la especialidad de educación, del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (CINVESTAV) del IPN, México. 
 
¿Cuál es el mayor desafío en la vinculación “educación común” y “el mundo productivo y del trabajo”?
 
Las vinculaciones entre las políticas educativas con las políticas económicas no pueden desligarse en ningún caso, y mucho menos en un país que ha sufrido durante décadas la destrucción de sus sistemas productivos. Pensar un sistema educativo vinculado a un modelo de desarrollo es el desafío, justamente que tenemos.  
 
¿Cuál ha sido el rol de la escuela pública en este proceso?
 
Ha sido tradicionalmente la institución alfabetizadora por excelencia estructurada en base a las trayectorias cognitivas, pero siempre ha estado inmersa, sabiéndolo o no, en otros entornos en los que circulaban saberes socialmente productivos, es decir, vinculados a las prácticas laborales, organizativas, recreativas, etc., en las que se ponían en juego las relaciones económicas, sociales, barriales y regionales. Estos saberes fueron potenciando sinérgicamente la tarea alfabetizadora de la escuela, no sin tensiones, pero cooperativamente. 

En el recorrido histórico se han ido perdiendo saberes
 
Lamentablemente la sociedad argentina ha ido perdiendo estos saberes expresados en proyectos de vida, laborales, y sociales. A la vez que la escuela no ha sido capaz de pensar prospectivamente el actual escenario de desarticulación entre ambos mundos. Es imperativo, entonces, volver a articular estos espacios alfabetizadores mediante puentes entre la cultura letrada y los saberes de la sociedad civil. El eje vertebrador de los proyectos está dado por la potencia del trabajo productivo, que supone saberes y aprendizajes compartidos, diversidad de experiencias y del saber hacer.
 
Hubo una desarticulación no casual
 
No ha sido en absoluto casual y se fue construyendo a lo largo de décadas. Se dislocaron las relaciones entre la producción, la transmisión de saberes -entre padres e hijos, fundamentalmente- y el desarrollo social y económico. Durante años, en la representación de gran parte de la sociedad argentina y de la cultura escolar dominante, hubo una separación entre aquellos que debían formarse para el trabajo intelectual o las profesiones liberales, por un lado –gozando éstos, además, de mayor prestigio social- y aquellos que debían recibir una formación para el trabajo técnico y manual. Nada ilustra mejor esta dicotomía que la tradicional pregunta formulada a los adolescentes que finalizaban la educación primaria: “¿Querés estudiar o trabajar?”.
 
Y a esto se sumaron las políticas económicas.
 
El modelo económico implementado por la última dictadura militar y reforzado en los 90, empujó a miles de trabajadores y a sus hijos fuera del mundo de la producción y del sistema educativo, a la vez que se realizaron espectaculares innovaciones tecnológicas imposibles de incorporar para quienes no han tenido acceso a una educación básica sólida. Por eso, en este sentido, el eje del trabajo no puede configurarse como un simple anexo de la formación escolar, sino que debe incluirse como significante fundamental de la matriz educativa en todos los niveles, como un organizador de las prácticas educativas.
 
¿Hay que reconstruir la cultura del trabajo?
 
Es la cultura del trabajo del conjunto de la población argentina la que fundamenta la formación de los científicos y profesionales que son requeridos por los centros de investigación y de producción más importantes del mundo. No podemos olvidar que la cultura de la clase trabajadora argentina es la que se ha ido acumulando en años de lucha de mujeres y hombres, poseedores, a su vez, de culturas regionales diferentes y articulados en la identidad común de trabajadores y ciudadanos. La cultura argentina está constituida por la masa crítica que se forma con los saberes, formales e informales, de los treinta y siete millones de habitantes del país. 
 
¿Cómo estamos hoy en este sentido?
 
Estamos en un momento de expansión donde tenemos la posibilidad de formar jóvenes que puedan ingresar tanto a la Universidad como al mundo del trabajo. Claro está que todo es posible en la medida en que siga creciendo el empleo. Tengo que decir que no considero al empleo una variable independiente de la cultura política.  Necesitamos que en la casa de cada uno de los chicos haya al menos un adulto con un salario digno y la posibilidad de recuperar y compartir la mesa familiar, para que la escuela pueda dejar de hacerse cargo del vacío que queda cuando esto no ocurre. Pero creo que la defensa del empleo digno es parte de una cultura política a la cual debe contribuir una política educativa que extienda la valorización de la cultura del trabajo y de la integridad de educación del trabajador.
 

COMENTARIOS (19)

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wQjFA4BRDT

This is yet another confirmation that we live in a victim mentality world. Society has devolved to a state where the individual cannot even be held responsible for decreasing caloric intake or increasing calories burned through physical acbayitv.Metitolism rates vary, but if there is a person who converts X calories consumed into X+Y calories that are either burned or stored as fat, we have just discovered the solution to the energy crisis...

rjhM2guy

Woah nelly, how about them apepsl!

crorkz matz

864BNB I value the blog article.Thanks Again. Cool.

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