Martes 27 de Junio de 2017 - 14:11hs. - República Argentina Edición # 1719

Revista #22 Octubre 2008 > Educación

PROCREACIÓN RESPONSABLE

Algunas razones por las que los programas de salud sexual reproductiva no logran disminuir el embarazo adolescente ni el número de abortos.


Por Evangelina Colli

El objetivo de esta nota es hablar de la función que cumple el Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable creado por la Ley Nacional Nº 25.673  y su impacto en la población a la que va dirigido. Mi interés está puesto en comprender cuáles son las prácticas por las cuales los jóvenes entienden, significan y construyen las nociones vertidas a través de este programa. Y fundamentalmente qué aspectos inciden en su construcción del deseo y el acceso al conocimiento.

El análisis no incursiona en los indicadores de éxito del programa, pero basándome en las estadísticas cotidianas que muestran el incremento de embarazos en niñas y jóvenes, me pregunto: sobre qué deberíamos estar hablando para comprender el fenómeno y realizar acciones al respecto. Para ello analizo la función que cumple la familia como reproductora y multiplicadora de bienes simbólicos culturales y su resistencia al impacto de la economía de mercado, y dedico especial atención a la forma y las condiciones en las que se transmiten los conceptos y la información para comprender la resistencia o la indiferencia a su incorporación.

Lo que sí observo como determinante en el impacto del programa  es que, si bien contempla y propone acciones para la prevención de enfermedades de transmisión sexual y situación de embarazo y aborto, profundiza la marca social antes que ofrecer opciones para la elección.

¿Responsable para quién? La marca social

A qué se refiere el concepto “procreación responsable”, cuál es su función  en el contexto socio político vertido. Estos términos, a los efectos de identificar simbólicamente, no establecen relación con elementos culturales del entorno de la población beneficiaria, y por ende no cumplen la función designativa de algún bien cultural que quieran o deseen los jóvenes. Es decir, son difíciles de aprehender juntos o separados por su imposibilidad de identificar simbólicamente en la vida cotidiana. Además los verbos empleados: desarrollar una vida sexual gratificante, prevenir embarazos no deseados, elegir individual y libremente, poder definir la posibilidad de tener hijos, responden a un esquema de pensamiento y acción de una generación de ciudadanos, de un paradigma cultural en particular, que no han encontrado posibilidad de perdurar y replicarse en las generaciones actuales. Esto a causa de la desaparición de la posibilidad de integración y proyección dentro de un proceso de vida en continuado que permita a su vez tomar decisiones y realizar elecciones con respecto a un tema en la vida propia y de la comunidad. Entonces no estamos ante la incapacidad personal, sino ante un sistema económico que generó exclusión y pérdida de integración de las personas en un marco de convivencia y desarrollo propios.

El Decreto Nacional 1.282/2003, que reglamenta el programa, cita: “…garantizar el pleno goce y ejercicio de los derechos y libertades … derecho a la planificación familiar …y… decisiones tomadas con sentido de responsabilidad,…." Tampoco aquí es claro en qué es o qué se quiere expresar con “planificación familiar”, o porqué la realidad cotidiana de los beneficiarios no es contemplada como planificada, o cuáles son los parámetros y condiciones de comparación para calificar, como así tampoco ofrece información sobre el motivo de para qué elegir una u otra. O sea, ¿responsable para quién? Para el modelo económico social y político de país que se quiere y no los contiene, o para el modelo de comunidad que se expresa a través de este proceso que es parir hijos jóvenes. Es decir ¿Cuál es el bien que está en juego en este programa?¿Es posible la existencia del bienestar sin promover las potencialidades, el posicionamiento y la valorización de los individuos para desarrollar su propia vida?

“…en los estratos más vulnerables de la sociedad, ciertos grupos de mujeres y varones, ignoran la forma de utilización…, mientras que otros se encuentran imposibilitados económicamente de acceder a ellos…  es necesario ofrecer a toda la población el acceso a: la información…” Las instituciones que enseñan a pensar al individuo, que lo disciplinan, como en este caso la medicina como forma de control social que promueve la salud reproductiva, pero para no tener hijos ahora, y que postula a la ignorancia ligada a la imposibilidad económica, que propone a profesionales que aconsejaran decisiones que tienden al bienestar sexual como bienestar general me conducen a preguntarme si es posible la existencia de ese bienestar en particular sin promover las potencialidades, el posicionamiento y la valorización de los individuos para desarrollar su propia vida. Porque es necesario tener siempre presente que son las condiciones sociales favorables las que hacen posible la apropiación y la experiencia del conocimiento, y el reconocimiento de las condiciones en que ese nuevo conocimiento aparece hace que se acepte su finalidad.

Entonces ¿no sería recomendable informar sobre las condiciones que hacen a una población vulnerable, ignorante y pobre?, asesorarlos sobre cómo revertir situaciones de exclusión y de mala calidad de vida. Planteo esto como importante y necesario para poder identificar claramente el problema que aborda este programa, y en particular cuál es la ideología y el cambio cultural que implica, porque entonces: ¿es el problema a resolver la cantidad de niñas y jóvenes embarazadas y el nacimiento creciente de bebés? ¿O es la cantidad de niñas y jóvenes pobres que dan a luz niños pobres? ¿Cuál es el núcleo del problema: los embarazos y nacimientos, o la pobreza? ¿Según lo propuesto y expuesto por el programa se está trabajando sobre la causa o sobre las consecuencias? Preguntarnos y respondernos estas cuestiones hacen la diferencia en el desarrollo e instrumentación de un programa y por sobre todo en nuestra ética profesional con relación a la función a cumplir.

El folleto

Toda percepción artística y creativa implica una operación consciente o inconsciente de desciframiento bajo la forma de competencia o de disposición cultivada. Sería necesario que, para que esto suceda eficazmente, a la hora de diseñar e implementar un programa el diagnóstico y  desarrollo se trabaje con elementos reales de la conformación cultural de los destinatarios y de la función que esos elementos cumplen en la conformación de la subjetividad del individuo y del grupo.

Porque cuando el mensaje excede las posibilidades de aprehensión, el receptor se desinteresa de lo que se le aparece como sin sentido y se siente por fuera, no contenido en lo decidido por otros aunque sea “por su propio bien”. En este marco se torna imprescindible preguntarse si deben ser los beneficiarios del programa quienes deben incorporar los códigos para el entendimiento o, en este caso, es el programa el que debe acceder a ellos a través de sus propios códigos y expectativas a los efectos de lograr los objetivos planteados y que dentro de lo posible deberían ser los objetivos deseados por el grupo destinatario.

A diferencia de las necesidades primarias, la necesidad cultural como necesidad cultivada crece a medida que se sacia. Los individuos más desposeídos de los medios de apropiación de bienes culturales son los más desposeídos de la conciencia de esa desposesión. Es importante en esta etapa el rol de los profesionales y militantes sociales a los efectos de acercar al grupo herramientas que permitan que ellos mismos identifiquen el o los problemas como así también definir ellos mismos, de qué tipo de problemas están hablando, cómo los ubican en su subjetividad y en su comunidad y qué causas creen que los generan, como así también utilizar la misma dedicación para con las fortalezas de manera tal que el individuo pueda visualizar su propio capital cultural y por ende su valorización.

1-    El ejercicio de planificar sólo es posible en el tiempo, cuando se puede considerar la meta adonde se quiere llegar y se tiene las condiciones sociales dadas para poder elegir y concretar las elecciones. Si hoy la incertidumbre integrada en las prácticas cotidianas y la inestabilidad son el nuevo tiempo lineal entonces considero que lo que a estos jóvenes les falta es una visión mas amplia de un futuro diferente y el conocimiento necesario sobre cómo instrumentar un cambio.

2-    Cuando se define a la “salud sexual como derecho y hay que hacerlo valer” es pertinente considerar que el programa muestra aquí su lado más débil con relación a ser aceptado e internalizado por la población, pues en un contexto donde conviven ya varias generaciones de ciudadanos que han sido violentados en sus derechos básicos, como el trabajo, la vivienda, la salud, y la educación, ¿qué idea fuerza puede sostener que este derecho será reconocido como tal?, ¿no sería recomendable hablar de mejorar la calidad de vida, vivienda, producción, inclusión y posicionamiento social del ciudadano, caso en el cual este derecho sería consecuencia del cumplimiento de los otros?

3-    Me pregunto ¿Qué es un riesgo, definido con relación a qué situación o en qué condiciones y en que contexto se percibe? ¿Se percibe este caso como riesgoso? ¿Dar vida es un riesgo para personas a las cuales las condiciones sociales y los instrumentos del Estado los definen como población en riesgo, y a la cual se les ha naturalizado esa condición?

4-    Esa vida de a dos que proclama el folleto ¿es la vida que conciben los beneficiarios?, ¿Cuál es su idea de familia en cuanto a número de miembros y sistemas de vínculos intra y extra familiar?, ¿Qué significa para el programa disfrutar y que significa para ellos?

5-    Las premisas de concientización que se promueven son estigmatizantes con relación a la pobreza ya que personajes mediáticos “ricos y famosos” no las cumplen ni les son un impedimento para tener una vida plena y saludable. La diferencia reside en el reduccionismo económico y pone en juego la nobleza del programa en cuanto a información y prevención en la salud. Entonces no encuentro en el incremento de embarazos en niñas y jóvenes resistencia a modificar una conducta, la encuentro puesta en el esfuerzo para lograrlo como consecuencia de la imposibilidad de reconocerse insertos en un proceso de construcción que les dé identidad para sí y para los demás y en la absoluta imposibilidad del manejo de un tiempo en el que se vean proyectados y contenidos.

¿Reproducción como estrategia de perpetuidad?

Si la familia se ve amenazada en su lógica específica de unidad, cohesión e integración por la economía mercantil, entonces como reacción tiende a afirmar cada vez más su lógica especifica del amor, su lógica económica particular: perpetuar su unidad contra los factores de división: la reproducción.

Y esto es particularmente cierto con relación al capital simbólico y social que sólo pueden reproducirse mediante la reproducción de la unidad social elemental que es la familia y además ésta función es estimulada y apoyada por las instituciones dadoras de sentido como la iglesia o el Estado, que contribuyen a fundar y a reforzar esta categoría de construcción de la realidad que es la idea de familia, mediante todo el conjunto de acciones simbólicas y materiales cuyo efecto consiste en fortalecer en cada uno de los miembros el interés por el mantenimiento y replicación de la unidad doméstica.

Entonces cuando el programa promueve sus objetivos y principios en realidad está construyendo contra hegemonía desde la hegemonía que representa y, traslada al campo del mercado una situación que es estrictamente del campo del bien simbólico cultural, motivo por el cual la respuesta no se hará esperar y repercutirá en mayor número de nacimientos en la total exclusión del sistema pero por dentro de la red familiar y de la comunidad.

Si a este análisis lo vemos a la luz de los conflictos sociales contemporáneos en al ámbito de nuestro país, conflictos por una mayor distribución de oportunidades en el acceso a la distribución de la riqueza, podríamos acercarnos a la conclusión que en el imaginario social se construye identidad y pertenencia a grupos basada en la exclusión de aquellos que históricamente han sido señalados como población objetivo de exterminios y genocidios a través de la fuerza militar o de políticas diseñadas para profundizar la diferencia hacia abajo.

Si las políticas llegan a poblaciones concretas a través de equipos y personas que lo hacen en relación a otros, el poder observar e identificar el momento cuando se genera el proceso de marcación significará primordialmente que la asistencia de necesidades básicas insatisfechas sea uno de los tantos objetivos a cumplir pero sobre todo sea la consecuencia del logro de otros objetivos fundantes, como el rescate de su identidad histórico y cultural, y más aún, el rescate y puesta en valor de su actual historia e identidad para poder visualizar hacia qué tipo de comunidad se quiere ir.
 

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