Sábado 29 de Abril de 2017 - 04:32hs. - República Argentina Edición # 1660

Revista #39 Junio 2010 > Entrevistas

“El peronismo es una categoría social y cultural”

Uno de los referentes del partido Solidaridad e Igualdad, habló sobre su apoyo y sus críticas al gobierno nacional, aclaró por qué cree que es equivocada la actitud de los partidos de centro-izquierda y aseguró que “es imposible encarar cualquier proceso de cambio sin un porcentaje muy importante del sujeto peronista”.


Entrevista a Carlos Raimundi

Por Héctor Bernardo

Carlos Raimundi fue diputado nacional en cuatro oportunidades; es abogado y docente de Derecho Político en distintas universidades (entre las que se destacan la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de La Plata). Como referente político del partido Solidaridad e Igualdad (SI), por más que en este momento no ocupe un cargo, sigue siendo una personalidad destacada dentro de los sectores que desde una visión crítica apoyan al gobierno nacional.

Entrevistado por 2010, Raimundi habló de su posición con respecto kirchnerismo, de sus críticas a los otros partidos de centro-izquierda, remarcó la necesidad de  “recomponer un bloque social” para que este proyecto no se interrumpa en  2011 y aseguró que “es imposible encarar cualquier proceso de cambio sin un porcentaje muy importante del sujeto peronista”.

¿Hasta qué punto se siente identificado con el proyecto del Gobierno nacional?

 Acompañé fuertemente 4 o 5 grandes lineamientos de la política oficial que sortearon las estructuras de poder. Ahora se puede encarar el proyecto futuro, habiéndose sacado determinadas ataduras. Ataduras a las que hasta hace poco tiempo ni siquiera se las podía describir y hoy están en el debate público. Por ejemplo, que la mayor potencia del mundo haya tenido para América Latina un proyecto como el ALCA y que Argentina no esté ahí, que la región no esté ahí, es histórico.Otro hecho destacable es la recuperación de los aportes previsionales como política pública, como herramienta para financiar política pública. Es central. En un plano distinto está la discusión acerca de si se manejan de forma correcta o no los fondos de la ANSES. Un tema en el que tengo algunas diferencias con la política oficial. Pero no podría dar esta segunda discusión si no se hubiera ganado la primera batalla. De lo contrario, hoy tendría que seguir discutiendo con las AFJP SIEMBRA y CONSOLIDAR las comisiones de las multinacionales. Hay que ser capaz de distinguir el plano estratégico de la administración coyuntural de la política. A partir de ahí discuto muchas cosas. Reconozco que hay operadores bursátiles que intermedian en un canje como el que se está haciendo, pero eso no debe implicar enriquecimiento personal de los funcionarios; le dije en la cara a Ricardo Jaime que era un funcionario corrupto; y no comparto el modo de construcción política de algunos intendentes del Partido Justicialista del conurbano.

¿Cuál cree que son las grandes deudas que todavía quedan por encarar?

Creo que hay que profundizar este proceso. Eso significa consolidar un proceso de creación de trabajo a partir del destino de fondos para el desarrollo estructural. Nosotros tenemos calculado que eliminando algunas exenciones impositivas y utilizando parte de las reservas se podrían reactivar fuentes industriales muy importantes, como la ferroviaria. Es una irracionalidad la dilapidación de recursos naturales, de recursos no renovables, que hace un país que sostiene un sistema donde el 90% de las cargas y el transporte de pasajeros se hacen por autovía, por ruta. Hay que ir trasvasando ese sistema hacía la recuperación del sector ferroviario.
Esto no quita, que yo sepa perfectamente que hay un problema político. Hugo Moyano, que es uno de los principales aliados del gobierno y uno de los principales responsables de sostener la paz social,  ha acumulado un nivel de renta muy importante (para él y para sus trabajadores) con las flotas de camiones. Esto hace difícil combinar esos dos temas. Creo que si hay que transferir parte de la renta de la recuperación ferroviaria para estos mismos actores para no poner en riesgo la paz social, hay que estar dispuesto a admitir eso. No es el sistema ideal, porque es extorsivo, pero por lo menos nos va sacando de una lógica perversa, que es la del sistema de transporte y de cargas de Argentina.

En algunos reportajes, usted ha señalado que hoy se está discutiendo política como nunca antes. ¿No le da la sensación de que, en muchos casos, esas discusiones están comandadas por la pasión y no por la razón?

En muchos casos, a las personas con las que he estado más cercano, como Juan Manuel Abal Medina o Gabriel Mariotto, les he planteado mi idea de que en algunos aspectos de políticas estratégicas habría que pasar del plano de la sola confrontación a la función pedagógica de la política, utilizando todo el instrumental que provee el manejo del Estado. Este no es un planteo utópico, ingenuo, ni romántico. O mejor dicho, puede tener una cuota de romanticismo, pero al mismo tiempo es pragmático. Porque en esta etapa de la Argentina hay batallas que no se pueden perder. Porque en el caso de que el poder ganase estas discusiones, quedarían aplastadas por muchos años. Quedarían enterradas. Entonces hay que ganarlas, y para ello hay que pensar estrategias para sostener la impronta general de este proceso, mejorarla y corregirla, y luchar para que esto no se interrumpa en el 2011. Porque una interrupción no sería una tregua, sino un retroceso. Para eso hay que recomponer un bloque social; hay que tratar de ampliar la base de sustentación de este proyecto; hay que recuperar a los sectores que se fueron perdiendo. Para ello, la polarización permanente, la política de choque permanente no sirve. Es necesario entrar en un plano más didáctico, yendo a cosas simples, como recuperar un mensaje fuerte de transparencia. Se podría sustituir unos minutos de propaganda en el fútbol, y en lugar de hablar de los kilómetros de ruta, le diría a cada beneficiario del Plan Cooperativas y de la Asignación Universal por Hijo, que esas son leyes, que son sus derechos, y que, por lo tanto, no tienen porque dejarle ni el 20%, ni el 30% a ningún puntero político. Ese es un mensaje para esa persona, a la cual convierto en sujeto de derecho, y también es un mensaje para la clase media, que muchas veces es corrupta, pero que al mismo tiempo es pacata para recibir algunos mensajes.

¿Es posible construir con gran parte de esa clase media que muchas veces suele tener actitudes reaccionarias hacia los sectores populares y que en ocasiones parece apropiarse del discurso de las clases altas?

Si se llegara a la conclusión de que no es posible, no tendría sentido la política. Desde el momento en que hago política es porque creo que no sólo es posible, sino que es necesario. Para decirlo en términos muy simples, creo que una alianza entre sectores medios y sectores populares es la única perspectiva que tiene la Argentina para tener políticas progresistas. La alianza entre sectores medios y sectores altos da un modelo oligárquico; la alianza entre los sectores bajos y sectores altos da un conservadurismo popular que brinda algunos paliativos para los sectores más bajos, pero consolida el poder de los sectores altos, eso fue la década de Menem. Entonces me parece que hay que recomponer un bloque social entre sectores medios y sectores populares. Para ello, las políticas de transparencia, las políticas productivas, las políticas de educación, las políticas culturales son claves.

¿Cómo vislumbra el 2011?

 Si el círculo oficial se empecina en que su base de sustentación va a ser la estructura territorial del justicialismo y la ortodoxia sindical, se equivoca. Hay que mantener la impronta general, pero creo que el dispositivo general hay que ampliarlo y transformarlo. Por eso yo he acompañado esa impronta general, pero nunca formando parte del dispositivo oficial. Porque quiero mantener mi autonomía en la capacidad de hacer política sin estar subordinado a la maquinaria aplanadora del Partido Justicialista.
Este modelo está apoyado en dos grande pilares: el pilar de aquellos que están por la conveniencia, porque hay un superávit de caja que en este momento lo distribuye el Gobierno, pero mañana lo puede distribuir otro y se irían con ese otro; y el segundo pilar es la gente que apoya por convicción. Creo que se ha trabajado mucho para sostener el primer sector y no para sostener al segundo.

¿Cómo ve el rol de los partidos de centro-izquierda en este momento?

Aspiro a que haya una recapacitación de muchos compañeros, porque creo que confunden los planos de análisis. Es decir, hay medidas que en términos conceptuales las apoyan, pero si las toma el kirchnerismo las rechazan. Eso es un error. Si uno estuvo toda la vida de acuerdo con la desmonopolización de los medios, con la re-estatización de Aerolíneas Argentinas, etc., después no puede estar en contra porque esas medidas las tomas el kirchnerismo. A un gobierno que ha tomado estas medidas, se le pueden criticar muchas cosas, pero no se le debería hacer la vida imposible.La otra estrategia con la que disiento en términos categóricos es con haber contribuido a formar mayorías parlamentarias con la derecha, porque eso fue al precio de situar en la presidencia de Comisiones estratégicas a factores de poder que van a implicar un retroceso para Argentina.

¿Por qué cree la centro-izquierda ha actuado de ese modo?

El peronismo le da una particularidad a las construcciones de izquierda en Argentina que hace que a esa vertiente más tradicional (marxista-leninista, anarco-sindicalista o de la social democracia) se le sume la izquierda que vio que el proletariado, que es el sujeto revolucionario por excelencia, en Argentina adscribía a una corriente nacional como el peronismo, que no necesariamente tiene todos sus componentes revolucionarios o de cambio. Esto complicó el proceso de formación de una izquierda autónoma.
Un gran error de la izquierda fue haber intentado poner en disputa a los partidos tradicionales. Eso también demoró la posibilidad de una construcción autónoma. Hace muchos años que yo renuncié a intentar poner en disputa a los partidos tradicionales. Pero de lo que sí estoy convencido es que es imposible encarar cualquier proceso de cambio sin un porcentaje muy importante del sujeto peronista. Es imposible.
El peronismo hace mucho tiempo que ha dejado de ser una categoría política. El peronismo es una categoría social y cultural. La categoría política es el PJ. Por eso tampoco tiene que existir esa sensación de que si uno se separa del PJ, se separa del peronismo. No, no es así. Se separa de una estructura política determinada para pasar a formar parte de otra mayor que contemple un proceso cultural y social mucho más amplio que el PJ, proceso al que le da vida el sujeto peronista.

Los “hijos” de Noble

“El sujeto del conocimiento de la verdad no es un individuo, sino la sociedad”
El eje central de este tema es el conocimiento de la verdad, y el sujeto del conocimiento de la verdad no es un individuo, sino la sociedad. Primero tiene que estar el ejercicio de ese derecho por parte de la sociedad. Después, si esos hijos quieren vivir con su madre adoptiva y deciden eso, ahí sí estaríamos ante la esfera de su derecho individual. Pero primero está el derecho de la sociedad.
Por otro lado, tal vez la razón sustantiva de la demora, de la dilatación en conocer la verdad, sea que estos sectores perderían muchísimo poder si se conociera la verdad. A veces pienso qué pasaría en esta sociedad si se descubriera que el grupo que durante 40 años le vino diciendo a la sociedad argentina que era el portador de la verdad, en realidad le está mintiendo desde hace 35 años. Se desplomaría un eje de credibilidad y, por lo tanto, un eje de poder. Las consecuencias serían muy serias.
 

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