Miércoles 24 de Mayo de 2017 - 08:43hs. - República Argentina Edición # 1685

Revista #23 Noviembre 2008 > Entrevistas

“La educación nunca fue neutra”

Desde hace más de cuatro años Gustavo Oliva es el rector del Colegio Nacional de la Universidad de La Plata. Abogado y profesor de Derecho Político y Reforma del Estado, se desempeñó como Subsecretario de Educación de la Provincia de Buenos Aires en el período 1988-91. El autor de "La centralidad del alumno en el sistema educativo. Gobierno, estructura y financiamiento", dialogó con 2010 y realizó un balance sobre el rol de la educación en Argentina.


Por Lautaro González

¿Qué balance hace del rol de la educación en este último ciclo?

En Argentina hay tiempos de maduración que van cambiando. Nos damos cuenta después de determinado lapso, que hay cosas que se van consolidando. Lo primero que habría que considerar en Argentina es la cuestión del financiamiento educativo. Esto trae aparejado que hoy se tenga un salario casi todo en blanco, al menos de 450 dólares de bolsillo, por cargo testigo. Esto es muy importante ya que desde el año 61-62 que no se tenía este poder adquisitivo. Remontamos una cuesta que venía desde hace 50 años. Esto hace que el docente tenga una calidad de vida más acorde y mucho más digna. Hay un retraso de muchos años en materia de inversión que para llegar a equilibrarlo nos va a llevar un tiempo para poder a empezar a darnos cuenta de toda la recomposición real en el sistema financiero argentino. Insisto, nosotros no venimos de Finlandia, ni Dinamarca ni Canadá: venimos de una desinversión importante.

A esto se le suma romper con el autoritarismo educativo post dictadura...

Claro. Esto desde le punto de vista económico. Ahora desde lo político venía la reapertura democrática, con un Alfonsín que nos decía que “con la democracia se come, se educa y se vive”, pero veíamos que más allá de la intención genuina, no terminaba de completarse nunca esa etapa. La democracia nos traía la posibilidad de cortar con las persecuciones, muertes y  desapariciones. Pero lo que más marcó esa etapa es que se terminaban los criterios de ir por la vida del otro. No digo de impunidad porque cierta impunidad subsistía. Pero la democracia no trajo toda esa salud social que prometía. Además, tampoco estaba tan aceitado el funcionamiento de los partidos políticos como para corregir ese déficit. Siempre tengo alguna duda de lo que pasó en la etapa de Alfonsín. Más allá de los aciertos y errores, si hubiera tenido una militancia más comprometida en el “apoyando” y no en el “destruyendo” del propio Alfonsín, tal vez se hubiese podido animar a algunas otras cosas.    

¿Las internas del radicalismo debilitaron esto que dice?

La misma lógica del internismo de la UCR hizo que hasta se debilitara el posicionamiento de Alfonsín, incluso como para dar algunos debates extrapartidarios como por ejemplo con las fuerzas armadas, todavía sublevadas y demás. Tener debilitado el contexto interno hizo que ese debate no existiera. Creo que Alfonsín pudo haber sido mucho mejor presidente si hubiese tenido un partido no tan narcisista y egocéntrico sino mirando un poco más las necesidades de la gente. Creo que a la UCR le quedó muy grande la responsabilidad de la etapa. Esto no es para apegarle al radicalismo, sino que reflexiono para llegar al punto de cómo la sociedad no fue sintiendo como propia la democracia, por qué se debilitó un criterio general y cómo se corrieron las expectativas. Así como somos muy críticos del menemismo, creo que el radicalismo desaprovechó una etapa histórica en función de la interna de la Coordinadora. Hubo mucha discusión interna por posicionamientos personales en una etapa muy importante, al menos como se presentaba el radicalismo frente a un peronismo que quemaba cajones y parecía una horda  descontrolada. La sociedad, representada por sus dirigentes políticos, no estaba, después del ´83, para mucho más de lo que hizo. Había mucha más entereza y lucha en los organismos de derechos humanos como Madres y Abuelas, que en las dirigencias políticas. De todas formas rescato el liderazgo de Alfonsín que, insisto, en esos años no fue acompañado por un partido que viera el proceso interno que se estaba viviendo.            

¿Esto fue parte del descreimiento popular hacia la institucionalidad política?

Por supuesto. LA UCR en su desesperación por la rosca partidocrática demo-liberal y burguesa se olvidó de la representatividad que tenía en la República. Esto trajo mucho descreimiento, y liberó muchos episodios. No solamente el Punto final y Obediencia Debida como una falla, sino hasta qué punto caminaba la economía.  Me acuerdo que cuando fuimos a la plaza a respaldar a Alfonsín nos anunciaron la economía de guerra., antes del levantamiento carapintada. Además no le dio para jugar más por toda esa interna partidaria. Entonces, una nueva decepción en la educación. Si la democracia no corregía este tipo de cosas menos va a corregir la educación.

¿Cómo influyó el desarrollo del II Congreso Pedagógico en 1988 en el desarrollo de la educación en Argentina?

En ese momento fue una oportunidad muy importante para la educación. Al verse frustrado otra vez, hubo un nuevo quiebre del docente que ya venía reprimido, postergado, mal pago, desjerarquizado, con escuelas sin ningún acondicionamiento. La pauperización salarial termina con el docente y lo que se llamó la farandulización de la política liquida toda esperanza de cambio en el sector educativo. Este recorrido histórico tiene que ver con comprender el lugar que le quedaba a la educación y cómo repercutió sobre el sector. Por eso decimos que la educación nunca fue neutra y siempre acompañó los procesos políticos. Pasan los `90 y con el menemato hubo 1000 días de paro, protestas contra la Ley Federal con una marcha masiva. Sin embargo la ley siguió vigente y muchas universidades la incorporaron como estructura a pesar de la supuesta autonomía. ¿Qué tipo de negocios se ocultaban detrás de esto?  Todas esas contradicciones han jugado en contra de la educación argentina. Todas esas decepciones del docente han jugado en contra. El docente no se va a arreglar con dinero, viene de muchos años con varios cachetazos. No se pueden hacer reduccionismos y simplismos a la hora de analizar el sistema educativo. Porque el docente también vivió la descomposición social de los 90, fue parte de la cultura del desprestigio que tuvo el sector en muchísimos años.

Además, la escuela fue un elemento forzosamente de inclusión en ese proceso donde también aparecieron los negociados con la enseñanza privada.

La escuela pública sobrevivió a todo esto. Hubo negocios que aparecieron como de segunda generación. Se perdió mucho tiempo. La mano negra apareció cuando hubo que pagar los intereses de la deuda externa y había que “abaratar” el costo educativo en Argentina. Había que sobregirar 3.000 millones de dólares, entonces como primera medida el Estado transfirió el problema de los salarios a las provincias. A esto se le sumó la necesidad de darle un marco legal que se llamó Ley Federal de Educación. Y con esto apareció la “colimba educativa”, porque les empezaba a molestar lo que ellos mismos generaron: la pobreza. La educación fue acompañando todo el proceso de destrucción del país y no fue impermeable a eso. Cuando terminó por levantarse la carpa blanca de los docentes vino la Alianza, pero al cuarto mes no se podían pagar los sueldos. La voluntad no alcanza a la hora de gestionar el Estado, hay que tener capacidad y previsionalidad. A la hora de hablar de educación, por respeto al docente,  hay que hacer todas estas consideraciones para que la gente no se enoje tanto y se pregunte porqué para el docente. Para por que está quebrado. De la destrucción total, aparece la Ley Nacional de Educación, primero la de financiamiento.                 

¿Cómo ve el rol del nuevo gobierno en materia de educación?

Creo que como nunca el gobierno nacional, por lo menos en los últimos 50 años, ha puesto la plata que puso para el sector. Y también tiene que ver con los 70.000 millones de pesos que se van a poner en obras públicas. Lo que hay que entender es cómo juega, en términos de velocidad, la educación. Tiene que haber mucha velocidad a la hora de ir por la solución.

Es tanto lo que ha sufrido el sistema y el sector educativo que si no nos apuramos, muchas cosas se pierden: alumnos, vocaciones, profesiones de los docentes, etc. El reconocimiento empieza cuando se le reconoce al docente su salario. El enunciado de Ley de Secundario Obligatorio es muy bueno. Hay que cristalizar este proyecto que significa más docentes, mayor presupuesto y la firme voluntad del gobierno nacional para llevarlo adelante. Tenemos un paraguas político que indica que vamos por más: se implementó el Ministerio de Ciencia y Tecnología y tenemos una inversión del PBI que no se hacía en años.

El Proyecto Educativo Nacional dejó de ser un slogan. El ex presidente Kirchner manifestó que se necesita tomar a la educación como proyecto estratégico en pos de construir la nación. ¿Lo ve de esta manera?

Claro. Los discursos de Néstor Kirchner como de Cristina Fernández ante la Asamblea Legislativa le dan suma importancia a la educación. Todos tenemos que asumir la responsabilidad: la sociedad y la familia. En todo proceso biológico del armado de la subjetividad, toda disciplina dice que cada joven tiene que tener al lado a un adulto. El joven está construyendo su personalidad y tiene que haber un acompañamiento. Si funciona bien el Estado, la inversión, el sector docente y la familia como triángulo virtuoso y  todos trabajando en función del estudiante, de nuestros hijos y ciudadanos, vamos a empezar a remontar. No es cuestión de trasladar solamente a los docentes, a la familia o al Estado. Todos tenemos que trabajar en función de  formar mejores ciudadanos: más contenidos, mejor entendidos en términos de lo que le está pasando al adolescente.   No se puede jugar como hace Macri con un sistema tan sensible como el de educación. Macri es un volver a vivir el desastre. Nosotros no queremos volver a ser los rehenes de los negociados.

Por eso es un buen momento, gracias a la direccionalidad política que le imprimieron Kirchner y Cristina Fernández a la educación que se plasma con concreciones en inversión. Falta la otra parte: hay que generar un cambio cultural.

¿Ese cambio cultural lo ve como parte de una idiosincrasia histórica que se ha tenido con el sector? Pareciera que el sector educativo ha funcionado con piloto automático.

Es que muchas veces ha funcionado con piloto automático. La gran burocracia por ejemplo, de la Dirección General de Escuelas de la provincia de Buenos Aires, es un aparato que no se puede desconectar. Cuenta con 260.000 docentes y 4.000.000 de alumnos. Ese tipo de aparatos sigue. Siguen a pesar de los funcionarios. Cuando se genera desde la estructura burocrática, en un sistema educativo tan complejo, asimetrías entre lo que se quiere decir, entre la Dirección general y el Ministerio de Educación, sin continuidad en el tiempo y un empuje permanente hacia donde vas, se confunde todo. Si no se sostiene en el tiempo un plan con políticas claras hacia dónde se quiere ir, va a tardar mucho en recomponerse. Vamos de banquina en banquina y no se puede armar hacia abajo. Por eso tiene que haber políticas públicas del Estado. Hay que reconocer que algo se está haciendo bien. Esta recuperación del Estado-Nación y de intervención en la economía nos trae mejor calidad de vida a todos. La educación no puede ser más la cenicienta de la política. Además de ser un derecho humano fundamental y un bien social a resguardar, el eje conocimiento genera una actividad económica y un crecimiento social de alta consideración. No es solamente el derecho a… sino la obligación del Estado de tener un pueblo educado si se quiere ser competitivo frente a otros y tener una mejor calidad de vida.

¿Cómo vio la última Asamblea Universitaria donde se aprobaron algunas reglamentaciones que van en contra de la Ley de Educación Superior?

En algún lugar lo vi como un avance. Creo que todos vamos mejorando. Cuando se delimitan determinadas políticas a nivel nacional, creo que todos se van acomodando. Me da mucha pena que la Universidad tarde tanto tiempo en darse cuenta de los procesos que vive el pueblo. Estamos mejor, y creo que se avanzó. Por supuesto que no me gustó que insultaran a los consejeros superiores. Una cosa es tener un proyecto de vanguardia y querer impulsar la Universidad más cerca de los trabajadores, pero creo que los verdaderos trabajadores no están en la Universidad, son muchos los que están afuera. Si bien hay chicos que estudian y hacen un gran sacrificio justamente no son los que insultan a los profesores. Creo que en definitiva se avanzó para ir llevando a la Universidad a un mejor destino. Hay una mayor participación de los no- docentes y los colegios secundarios tienen representación en el Consejo Superior en las Asambleas. Hay que alentar cuando hay un mejor manejo.

El país y la universidad están avanzando pero nunca hay que olvidarse de los más necesitados. No es dejando a los pibes en la calle que se solucionan los problemas. Tenemos que encontrar la solución sin dejarle el cierre del capítulo a la derecha.   




        
 

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