Viernes 18 de Agosto de 2017 - 15:04hs. - República Argentina Edición # 1771

Revista #31 Septiembre 2009 > Entrevistas

Aldo Ferrer: Desarrollo nacional o pobreza y desigualdad

El autor de “Vivir con lo nuestro” nos da un pequeño curso básico para entender a la economía argentina, partiendo de que la pobreza, la desigualdad y el atraso se solucionan con medidas estructurales en el marco de un proyecto nacional basado en el desarrollo endógeno y sustentable.


Por Juan Manuel Fonrouge y Diego Otondo

 

El discurso se instaló con fuerza: las mismas medidas de siempre – economía basada en capitales extranjeros, especulación financiera y libre mercado- son las que darán hoy un resultado diferente y llevarán a la Argentina hacia la prosperidad.

 Es bueno destacar que Ferrer es el segundo entrevistado consecutivo. Anteriormente fue Mirta Iriondo la que destacó la labor del INVAP (Investigaciones Aplicadas), a quienes nosotros le dedicamos una extensa nota en nuestra revista del mes de abril. Viene a colación, porque pensar pobreza y desigualdad está vinculado a pensar un modelo de desarrollo relacionado con la innovación tecnológica y científica.

 Lejos del pragmatismo tecnócrata de los economistas liberales, aquellos que cuando hablan de economía escupen cifras significativas sólo para una minoría vinculada a los mercados financieros, Aldo Ferrer comienza hablando de su preocupación por la posibilidad de que desaprovechemos esta oportunidad histórica de encontrar el rumbo definitivo para construir un país soberano.

 -Tenemos que entender de una vez por todas que si el país no tiene una gran base industrial, nos sobra la mitad de la población. Sin embargo, surgió otra vez la visión de que el campo se puede poner el país al hombro y sacarlo hacia adelante… pero el país es demasiado grande. Desgraciadamente, la forma en que se ha conducido la política y la relación con el campo, el propio arrastre de estas viejas ideas del sector ruralista, generaron este desencuentro insólito que ya tiene dos años, y que ha generado este mal clima. Tendemos a repetir historias del pasado. Creo que hay en general un muy pobre nivel de análisis de los problemas.

 ¿Dónde cree que hay que poner el eje para distribuir la riqueza?

  En la estructura productiva…

 -En la industrialización…

 -Correcto. A partir de la creación de empleo, de elevar los niveles tecnológicos de la producción, elevar el nivel de vida y de la distribución, que además tiene que estar fortalecida por las políticas públicas, de salud, educación, medio ambiente, vivienda, hábitat. Esas políticas no funcionan si el sistema productivo es una fábrica de crear desempleados y destruir empresas, entonces no es posible terminar con la pobreza. Sin tecnología, sin desarrollo, sin industria… Si no se resuelven las causas estructurales de la pobreza, lo que se puede hacer con las políticas sociales son paliativos, se podrán solucionar algunas situaciones marginales, pero no acabar con el problema. La principal política social es el empleo. Creo que estamos en una época de indefinición, de confusión sobre los temas fundamentales. En la universidad, con el grupo Fénix, desde hace 7 años venimos tratando de nacionalizar este debate, pero el debate político parece estar en otro lado.

 -¿Considera que se viene perdiendo terreno en algunos aspectos de la política económica?

 -En este escenario de relativo estancamiento se vuelven a abrir todos los viejos debates, pero no se están abordando los temas profundos de la estructura productiva. El dilema ‘país granero del mundo o país industrial’, cuáles son las relaciones entre el campo y la industria, cómo se inserta el país en el mundo, el tema del financiamiento. En la medida en que se fue tensionando la situación financiera, sin perder el control, pero claramente con un deterioro del superávit primario, vuelven a aparecer todas las voces que quieren reinstalar al Fondo Monetario Internacional (FMI) en el centro de la política económica argentina. Pero el FMI es el vocero de los mercados financieros, los mismos que han llevado al mundo a este colapso fenomenal, del cual se está saliendo con la intervención del Estado. En este debate hay sectores influyentes de la opinión pública argentina que ven al FMI como un instrumento para ponerle el bozal al Estado. En el mundo, a la crisis la están resolviendo los Estados. Hay un nuevo protagonismo del sector público, y como ese protagonismo afecta intereses y visiones, como pasó con la reforma provisional y una serie de medidas, los sectores del status quo son naturalmente hostiles a un Estado presente. Pero los que tienen la visión del país periférico, subordinado, del país chico, impotente, que necesariamente tiene que hacer lo que le dicen, se ponen muy nerviosos con las políticas públicas, entonces, una forma de ponerle un límite es el Fondo Monetario. Lo que buscan es volver a llevar al país a una situación de vulnerabilidad financiera, para tener que recurrir al financiamiento externo. Por lo tanto, aceptar las condiciones que son las que aplicamos en el periodo 1976 - 2002 y llegamos a la crisis que llegamos.

 -Otro de los caballitos de batalla es el de la inversión extranjera, ¿qué hay de cierto en esto?

 -Es otro de los viejos temas en la visión convencional. La Argentina no tiene ahorro, por lo que necesita de capitales extranjeros, y la verdad es que el ahorro argentino es el 30 por ciento. Por lo tanto, nuestro problema no es la falta de ahorro, sino la falta de condiciones para usar bien ese ahorro. El ahorro interno es la fuente fundamental de la distribución en todos lados. Esta visión de que el capital extranjero es lo fundamental no es cierta. En China y Japón, lo primero es el ahorro interno, y después el complemento que puede venir de afuera, o no. De hecho, los países más exitosos son los que no importan capital, sino los que están basados en sus propios recursos. Hay todo un lugar común, un empleo de términos que reflejan la idea muy arraigada de que la inversión es lo que viene de afuera, por eso se usa la expresión atraer inversiones ¿Atraer de dónde? De afuera, y la cosa no es así. El tema es generar espacios de rentabilidad para el ahorro interno, y después pueden venir o no inversiones de afuera, y cuando vengan que no sea para traer plata, sino tecnología, para abrir nuevos mercados. Volvemos a estar atrapados otra vez en los viejos dilemas, y corremos el riesgo de cometer los mismos errores del pasado, perder el control de la macroeconomía, y pensar que la solución está en la plata que viene de afuera bajo la supervisión del FMI. Y si hacemos eso volvemos a los ‘90, tal vez no con la gravedad de aquella época, porque fue la época de euforia del neoliberalismo, además no hay nada que vender porque todo se ha vendido en Argentina: el petróleo, las telecomunicaciones…

 ¿Observa que se esté buscando la vuelta al FMI para pagar deuda?

 Es un reclamo del segmento de opinión que concibe al país periférico, que no concibe a una Argentina capaz de vivir con los suyo, que por definición dice que la Argentina es un segmento del mercado mundial, sobre todo integrado al mercado mundial a través de la producción primaria. Entonces, lo que tiene que hacer es abrirse al mercado mundial, y dejar que el sistema, que la economía argentina se organice conforme a las tendencias del mercado mundial. Para esto hay dos inconvenientes, porque el país no se puede desarrollar así, porque el desarrollo de la economía es un proceso complejo, de educación, reforma del estado, solidaridad, apoyo a la ciencia y la tecnología, integración territorial. Los países que logran estas cosas es porque tienen la madurez necesaria, acá sigue estando la visión de que el país es un país apéndice que tiene que ser regulado desde afuera. Por ejemplo, en la década del ‘90, cuál era el mensaje: hay que trasmitir señales amistosas a los mercados, pero el desarrollo no es eso, es lo contrario. Ese enfoque no se corresponde con las leyes generales de desarrollo, ni con las posibilidades reales de país. Significó mucho el pago de la deuda al Fondo, porque es el garante de los sectores neoliberales en la Argentina. Para los sectores neoliberales, el FMI es un aliado, porque viene a disciplinar a la economía argentina, pero esa disciplina nos llevó a la peor crisis de nuestra historia.

 ¿Por qué siguen tan arraigadas estás ideas en nuestro país?

 El problema no es que existan segmentos con esas ideas, porque vivimos en un país pluralista. El problema es que el resto, que es la mayor parte, no se pone de acuerdo en cómo construir un país distinto, basado en sus propios recursos; un país soberano, capaz de vincularse al orden mundial sin subordinación, desplegando la tecnología. El país ha demostrado sobradamente que lo puede hacer. Hace unos días el INVAP ganó una licitación en Holanda para construir un reactor nuclear, que es lo más complejo en tecnología en la actualidad, porque se necesita de la física, la química, la electrónica. Una empresa argentina le gana a los norteamericanos, a los franceses, a los alemanes. Argentina demuestra de sobra que tiene talento, pero ésto es inconsistente con una visión muy arraigada que es la de un país periférico, que tiene que estar ligado a las decisiones de los centros de poder mundiales, y así no se desarrolla ningún país. Entonces lo del Fondo aparece planteado como una necesidad financiera, pero es en realidad una necesidad política de volver a subordinar al país al modelo periférico y a los intereses del status quo. Con el Fondo hay que tener relaciones normales, hay que darle toda la información que pidan, que vengan, que estudien, que lleven información, si no hay nada que ocultar. Ese no es el problema, el problema es no pedirle plata. Los países normales son los que no le deben plata al Fondo, los que le deben plata están listos…

 -Se está dando una batalla simbólica en relación a este tema, por un lado los que pregonan un país moderno volviendo al FMI, y los que hablan de populismo…

 -Ir al Fondo es lo antiguo, es volver a los ‘90, a marzo del ‘76, esa es la visión que se instaló. La política económica es trasmitir señales amistosas, es hacer lo que esperan que hagamos, y esto es inconsistente con el desarrollo, desde esa perspectiva de país periférico. Yo escribí “Vivir con lo nuestro” hace 25 años y me decían de todo. Uno de los analistas neoliberales de la época me decía ‘¿qué vivir con lo nuestro? ¡Eso es morir con lo puesto!’. Pero vuelvo a repetir: lo lamentable no es el segmento que opina así, el país es grande, tiene que tener todas las visiones, el problema es que los que estamos del otro lado nos tiramos de los pelos entre los que deberíamos ser aliados naturales en un proyecto nacional: los trabajadores, los industriales, los productores del campo, las clases medias, los profesionales, en un país que se realiza, pero bueno…

 -Hoy se esta presentando la nueva ley de medios en el Congreso, ¿no cree que la batalla cultural está dada también en lo económico?

 -Creo que hay una batalla cultural, pero en algunas disputas puntuales es una cuestión de negocios, y en relación al negocio de la comunicación es lo mismo. Estos intereses están detrás de negocios puntuales, pero los negocios puntuales están en todos lados, el tema es que esos negocios se resuelvan sin vender el patrimonio nacional ni fortaleciendo a los monopolios, sino creando competencia, oportunidades para todos, sobre todo para las empresas nacionales. En la última elección, uno puede decir que el proyecto nacional estuvo representado por el oficialismo y que la oposición representa al neoliberalismo, pero no es cierto, en el gobierno hay mucha gente que si uno rasca un poco son neoliberales, y del otro lado, hay gente que debería ser necesariamente parte de un proyecto nacional, este es el problema que la Argentina no resuelve. En un reportaje que me hicieron en Le Monde diplomatique dije una frase que usaron como título de la nota: ‘La Argentina es una nación inconclusa’, nunca termina de construir la nación, en el sentido de ciertas ideas básicas.

 -Bases de acuerdos nacionales que trasciendan a los gobiernos…

 -Ejes de la política nacional que incluyen al tema de la pobreza, que no puede resolverse sin una fuerte política soberana, nacional. Son los grandes problemas que están pendientes. El país tiene todas las posibilidades para desplegar ese proyecto, con una población talentosa. Todos los países que son desarrollados son países con proyectos nacionales, el desarrollo siempre es un fenómeno endógeno, no hay proyecto de país dirigido desde afuera; ningún país desarrollado está dependiendo de los capitales extranjeros, de los créditos, y del FMI ni hablemos. Los países crecen así, de adentro hacia fuera, y generan mecanismo de autodefensa para estar vinculados a ese mundo, pero sin perder el control.

 -Cristina Fernández expresó que ‘el problema no es la pobreza, sino la desigualdad’ ¿Piensa lo mismo?

 -Sí, es cierto en el sentido en que en los países donde está absolutamente generalizada la pobreza hay menores problemas de delincuencia y de violencia, que en países de mayor nivel de ingreso medio, pero con más desigualdad. Miren a EE.UU., la cantidad de presos que tiene. Lo mismo que Brasil, y Argentina también. Nosotros tenemos un nivel de ingreso medio bastante alto, pero una terrible desigualdad. La mayor perturbación la genera la desigualdad. Pero obviamente no se puede terminar con la desigualdad si no se erradica la pobreza. Y no se erradica la desigualdad y la pobreza sin cambios estructurales. No es un tema de políticas públicas, o de la cantidad de policías que hay en la calle, o de personas que hay en las cárceles. El tema es cómo se generan condiciones para que haya oportunidad para la gente. La educación, el trabajo, la industria, son los grandes problemas que están pendientes.

 -¿Cómo ve las retenciones?

 -Creo que las retenciones han sido planteadas como un instrumento para absorber la renta excedente, un ingreso extraordinario del campo. Creo que ese no es el problema. El problema es que para producir y exportar soja necesitamos un tipo de cambio, por ejemplo, de 1,5 o 2 pesos, y para producir tractores, textiles, y cuantas cosas 4 pesos, desde esa perspectiva, ni siquiera es un impuesto. El campo lo ve como un impuesto, pero no es así. Es un instrumento de la política económica, es el tipo de cambio diferencial. Ahora, qué se hace con esa plata es otra historia. Ahí sí hay que repartirla con equidad. Pero el campo dice: ‘que no haya más retenciones’, en los ‘90 no había retenciones…

 -Pero había un cambio de 1 a 1…

 -Y claro, el cambio estaba a un nivel que alcanzaba sólo para la producción primaria, pero descolocó a toda la industria argentina, y terminamos con la crisis que terminamos. Sin embargo, se discute que no tiene que haber retenciones. Lo grave de la cuestión es cómo se unificó la ‘Mesa de Enlace’, cuando hay sectores que están de acuerdo con las retenciones; el movimiento cooperativo por ejemplo, que admiten que tiene que haber un tipo de cambio referencial. Y todo se ha ido radicalizando, y en vez de ir creando espacios de convergencia, se han generado espacios de fricción donde, desde el sector agrario, vuelven a manifestarse algunas de las peores manifestaciones del país del pasado, del país sin Estado, del país abierto a la economía mundial, el campo como un segmento de la economía mundial. Se ha deteriorado el debate sobre los grandes problemas del país. Hay que plantear los debates, discutir los problemas.

 

 

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