Miércoles 29 de Marzo de 2017 - 04:20hs. - República Argentina Edición # 1629

Revista #18 Mayo 2008 > Entrevistas

La resistencia continúa

ENTREVISTA CON GONZALO CHAVES


Por Liliana Díaz

Vivió durante su primera juventud los duros momentos de la resistencia peronista, con el compromiso militante de su padre. Se sumó a la Juventud Trabajadora Peronista y luego a Montoneros detrás de los mismos ideales. Perdió a su padre y su hermano mayor bajo las balas de la triple A y vivió en la clandestinidad hasta 1983. Escribió dos libros: en uno narra sus vivencias militantes de los años ’70, y en el otro cuenta los pormenores del bombardeo a Plaza de Mayo en el ‘55. Hoy dirige el Instituto de Estudios de Estado y Participación de ATE provincia de Buenos Aires. En diálogo con 2010 recordó con una memoria implacable los sucesos de la Revolución del General Valle en 1956.

El 9 de junio se conmemoró otro aniversario de los fusilamientos de José León Suárez. ¿Qué significó para vos ese hecho?

Yo estuve en el homenaje que se hizo el 9 de junio en José León Suárez. Donde estaba el basural ahora hay viviendas, está asfaltado, pero igual es impactante, por su historia. A ese lugar llevaron 12 personas para ser fusiladas. Mataron a 5, otros quedaron heridos pero los dieron por muertos, y otros pudieron huir. Fue un hecho muy fuerte para la larga historia de la resistencia del peronismo. Una historia que todavía no está totalmente escrita pero que tiene sus símbolos. Uno de ellos es el 9 de junio del 56: el levantamiento que encabeza el general Valle para restaurar la Constitución del 49 y hacer una convocatoria a elecciones para entregarle el gobierno a quien gane. Esa era la proclama del General Valle. Dicen que los oficiales juzgados por el levantamiento del 9 de junio de 1956 eran 755, de los cuales 540 eran suboficiales. Por eso, el general Osorio Arana, de la dictadura de Aramburu y Rojas, dijo: ‘esta es una revolución de subalternos’. El grupo de oficiales peronistas que había en el Ejército era muy reducido. En su mayoría los que se levantaron el 9 de junio eran suboficiales, casi todos sargentos, y civiles, casi el 90% trabajadores. Se levantaron en Santa Rosa (La Pampa), La Plata, Berisso y Ensenada, en el Gran Buenos Aires y en la Capital Federal. Este levantamiento cívico-militar fuer escarmentado con los fusilamientos. La Plata tuvo un protagonismo muy importante, participaron cerca de 1000 civiles. El grupo de Berisso estaba comandado por el dirigente Alberto Prodia, el grupo de La Plata por Pablo Guerrero. Estos grupos civiles tenían conexión con Delfor Díaz, que era un suboficial del Regimiento 7. A pesar de ser un suboficial, era como el segundo al mando del Teniente Coronel Cogorno, que fue el jefe de la insurrección en la ciudad de la Plata. El general Juan José Valle era el jefe a nivel nacional. Delfor (que ya falleció) me contó en una entrevista hace más o menos 5 años, que estaba en su casa una tarde, tocan el timbre, era el hijo de Cogorno. Le dijo: ‘mi papá quiere hablar con usted, ¿cuándo puede ir?’. Vamos ahora le dijo. Subieron al auto y se fueron. Cogorno le dijo: ‘mire Díaz, estamos preparando una insurrección,  en el mes de junio. ¿Se suma?’ Entonces le dijo que sí. Así era la lealtad en esos tiempos. Era tal la paridad de ideas que no se preguntaba mucho. Entonces Cogorno le dijo ‘yo le voy a dar una misión, porque hasta ahora son pocos los oficiales en el Regimiento 7 que se han sumado a la revuelta. Su misión va a ser hablar con el Capitán Morganti para sumarlo. Pero usted es suboficial, no puede ir a plantearle a un oficial que se sume a una revolución. Usted le va a llevar una carta mía, si el hombre después que la lee la dobla en un triángulo y la guarda en el bolsillo está de acuerdo, si se la devuelve está en desacuerdo.’ Díaz fue con la carta y se la entregó a Morganti. El tipo la leyó, la dobló en triángulo y se la guardó. Dice ‘ahí supe yo que teníamos un oficial en el Regimiento 7’.
En realidad, el regimiento es tomado desde adentro por un grupo de suboficiales entre los que estaban Díaz y su hermano, que vivían en las casitas de los cuarteles, y mi viejo, Horacio Ireneo Cháves que era suboficial retirado del Ejército. Se descolgaron por las paredes del Regimiento 7, se juntaron con un grupo de suboficiales y  tomaron la guardia desde adentro, con la complicidad del suboficial de guardia: Di Grazia.

¿El Regimiento 7 estaba donde hoy está la Plaza Malvinas?

En 19 entre 50 y 54. Esas tres manzanas. Cuando toman el Regimiento entra Cogorno y se hace cargo. Lo que cuenta Díaz es que cuando están en la casa de Cogorno, vistiéndose para ir a tomar el Regimiento 7, ve que Cogorno se pone las botas. Era un oficial de caballería. Díaz le dice ‘mi teniente coronel, con botas va a ir? Pero por supuesto Díaz, si me voy a hacer cargo del Regimiento 7 tengo que ir con uniforme de gala.’ Salieron,  toman el regimiento y a las 3 de la madrugada ven que  la revuelta está perdida, entonces Cogorno da la orden de retirada. Se va con Díaz y el teniente de reserva Abadie en un auto. Se escapan para Ranchos, parece que tenían organizada ahí la fuga, una avioneta que los iba a sacar del país. Abadie estaba herido, sangrando. En la mitad del camino Cogorno le dice al chofer ‘pare, ¿para qué vamos a ir los tres en el auto?. Bájese Díaz, porque si nos agarran nos agarran a todos juntos. Vaya por otro lado. Si usted cae preso yo cuido su familia, si yo caigo preso usted me cuida mi familia.’ Se separaron, Díaz se ocultó por un tiempo en la casa de unos amigos y después cayó preso. Cogorno siguió con Abadie. Llegaron a Ranchos y pararon a cargar nafta. Abadie no podía bajar porque estaba manchado de sangre, se iba a delatar. Entonces Cogorno  se puso un sobretodo de civil, se sacó la gorra y bajó. El playero le vio las botas y lo denunció. Al poco tramo lo detuvieron, lo trajeron al Regimiento 7 y lo mataron, sin compasión. A Abadie lo mataron en la Sección Perros de la Policía de la Provincia.

¿Y con tu papá qué pasó?

Mi papá, cuando Cogorno dio la orden de retirada, se quedó resistiendo con una ametralladora pesada Colt, esperando el avance de las tropas que venían a ocupar el regimiento. La ametralladora se  le atascó en un momento y lo detuvieron. Después de muchos años, en un homenaje en el Partido Justicialista, se acercó un hombre y me dijo: ‘yo tengo una foto de su padre cuando se entrega’. Y me la dio, era un fotógrafo que vivía al frente. Mi padre estaba sobre la calle 17 con las manos en alto. Impresionante. Estuvo preso en Olmos y luego lo llevan al Penal Militar de Magdalena, construido por el peronismo e inaugurado con los peronistas. Nunca se había usado.

¿Y después qué pasó con él?

En diciembre del 76 se produce una fuga en el penal de Magdalena. Mi padre se iba a fugar con el suboficial Baglione y un oficial de penitenciaría que se llamaba Zabala… Pero tuvo un encontronazo con un guardia y lo meten en un calabozo y no se puede fugar. Los otros cortaron los barrotes con una lima y se fugaron, un auto los esperaba en las cercanías, llegaron a la embajada de Brasil, el gobierno se enteró de la fuga por la llamada del embajador. Como castigo, a mi padre lo mandaron a la cárcel de Río Gallegos. Estuvo un mes hasta que se produjo otra fuga, pero en esa no tuvo nada que ver. Estaban los más altos jerarcas del peronismo, John William Cooke, Cámpora, el secretario general del SUPE, Jorge Antonio, Guillermo Patricio Kelly y otros más. Sobornan al jefe de la guardia y una noche se van en un auto a Chile. En el auto no había lugar, mi viejo se queda con otros presos. Como castigo lo mandan a Rawson. Ahí pasa un año hasta que por un error lo ponen en libertad. Fue juzgado dos veces por el mismo hecho, en la justicia civil y en la militar. No se conoce en la historia otro caso, una aberración jurídica. La justicia civil lo puso en libertad porque venían las constituyentes del 57, pero sigue con una condena firme en la justicia militar. Después de un tiempo cae preso otra vez.

Volvamos a lo que sucedió aquél 9 de junio y sus consecuencias, ¿qué relación hay entre los fusilamientos de José León Suárez y el levantamiento?  

Según la carta que el general Juan José Valle le manda a Aramburu, la Libertadora estaba al tanto. Dejó madurar el levantamiento para reprimirlo, además de infiltrarle hombres, de modo que cuando llegaron a muchos regimientos ya los estaban esperando. Los dejaron seguir para hacer un escarmiento. Fusilaron civiles y militares, en total se habla de 31 o 32 personas. Hubo fusilamientos en La Plata, en el Regimiento 7 y en la Policía de la Provincia, también en Lanús , en José León Suárez, en Campo de Mayo, y al general Valle lo fusilaron en la Penitenciaría Nacional de Las Heras el 12 de junio. La amenaza de Aramburu era que hasta que no se entregara Valle fusilarían una persona por día. Por eso Valle se presentó. Cuenta su hija Susana que en un momento Perón lo había nombrado en la Junta de Calificaciones del Ejército, tomando exámenes para los ascensos de los altos oficiales, entre los que estaba Pedro Eugenio Aramburu, y era el de las calificaciones más bajas. Valle le pidió a Perón que le diera 3 días más para ver si éste hombre de bajas calificaciones podía hacer un esfuerzo y ser ascendido. Perón le dio la autorización pero le advirtió: ‘este hombre le va a pagar mal’. Y le pagó con la muerte.

…el máximo castigo…

Y  bueno, la revolución del 9 de junio es una revolución fracasada. Fue derrotada, reprimida. Uno puede suponer que eso le quita mérito, pero la historia demuestra que a veces los fracasos constituyen hitos. Cuando Fidel Castro es derrotado en el Moncada, se considera un hito en lo que después siguió. Al Che Guevara lo mataron en Bolivia y sin embargo se convirtió en un mito de la revolución. Y el 9 de junio tiene ese significado para el peronismo, es una gesta que le dio impulso a la Resistencia Peronista y lo puso de pie.

Los fusilamientos de José León Suárez dieron origen a la obra magistral del periodismo y la literatura argentina que es Operación Masacre. En ese relato Rodolfo Walsh describe a los fusilados, tanto los sobrevivientes como los que murieron, como personas que no tenían absolutamente nada que ver. Sin embargo otros testimonios cuentan incluso que estaban todos esperando la señal en la radio…

Había gente que estaba en la conspiración y otros que estaban esperando una convocatoria por radio. Me parece que no hay que trabajar con esa idea de que eran inocentes. ¿Inocentes de qué? Eran trabajadores, peronistas, y en su gran mayoría estaban tratando de organizarse para devolver el gobierno a Perón. La investigación de Rodolfo Walsh fue una investigación muy particular, sobre un sector de los fusilados. Hay otro trabajo de Salvador Ferla que habla de la historia del 9 de junio con más amplitud. Walsh tomó una parte de los civiles, no se mete con los militares de la revolución. Y demostró cómo la justicia fue violada, y cómo estos hombres fueron asesinados. Es un relato extraordinario. El comienza a escribir su libro en La Plata, estaba jugando al ajedrez en el bar Rivadavia que estaba en 50 entre 7 y 8, una persona le dice que hay un fusilado que vive. Según su hija, Patricia, esa persona se llamaba Dillon, un apellido irlandés. El “gordo” Dillon, yo nunca lo pude ubicar… A partir de eso hace un proceso. Las dos personas que escriben las obras más importantes sobre la revolución del 9 de junio no proceden del peronismo: ni Rodolfo Walsh ni Salvador Ferla. Rodolfo en su juventud había sido simpatizante de la Alianza Libertadora Nacionalista, estuvo en la revolución de Lonardi contra Perón. Lo explica Salvador Ferla: ‘la libertadora fue tan impía, tan desastrosa, que nos obligó a los que no éramos peronistas a hacernos peronistas’. O sea que Walsh no sólo escribe una obra que inaugura un género en  Argentina, la literatura de no ficción, sino que también hace un proceso interno muy importante, lo cual le da un valor extraordinario.

A la luz de estas vivencias que recogiste, ¿cuál es la mirada que tenés sobre el proceso histórico que estamos viviendo hoy en Argentina?

Argentina es el nombre de un proyecto de nación, es una nación inconclusa, no realizada. La saga de lucha del peronismo es la lucha por la concreción de la nación que fue destruida con la revolución del ’55. Ahí se inició una etapa de resistencia que yo opino que no ha terminado todavía. Tuvo sus momentos pero prosigue. Venimos de un momento muy difícil. Venimos de un genocidio, de la diáspora. De un país que tuvo no solamente 30 mil desaparecidos sino también 10 mil presos políticos, más de 5 mil muertos y 500 mil exiliados. Según los estudiosos, los pueblos que sufren genocidio necesitan por lo menos 50 años para salir del proceso, y nosotros nos estamos reconstruyendo a partir de eso. De la derrota, del genocidio, de la diáspora, y tuvimos nuestros avances y nuestros retrocesos. La democracia nos devolvió muchas cosas, pero no todas. Nos dio la posibilidad de votar, de elegir un presidente, de ejercer ese derecho. Pero no nos dio la posibilidad de trabajar a todos. En ese proceso estamos. El gobierno de Cristina Kirchner es un gobierno que se inscribe en esa pelea, en esa disputa por hacer de la argentina una sociedad más feliz. Galasso dice que la historia de la Argentina es la historia de quién se queda con la renta diferencial de la tierra, este conflicto con el campo tiene mucho que ver con eso. Cuando la renta diferencial de la tierra la tuvo la oligarquía la usó para viajar a Europa y para construir castillos. Cuando el peronismo a través del IAPI se apropió, la utilizó para desarrollar la industria nacional y dar trabajo. El Estado tiene derecho a fijar retenciones, y debe distribuir y construir para los más pobres.

¿Y cómo ves  desde el compromiso y el castigo recibido por haber participado, la conciencia cívica, social, ese compromiso hoy en Argentina?

Las épocas no se pueden comparar. Yo he vivido momentos en los que estábamos muy solos en el peronismo, peleando. Y otros momentos donde éramos millones. Estamos en una etapa buena ahora, están soplando vientos favorables. Nosotros remamos toda la vida contra la corriente, y si ahora soplan vientos favorables hay que desplegar las velas. El tejido social se está reconstruyendo, gente que recuperó su trabajo, el protagonismo de la clase obrera se está viendo a partir de que los salarios mejoraron, de que la gente que trabajaba en negro ahora trabaja en blanco, está aumentando la afiliación a los gremios más importantes. Y esa idea que había en algún momento de que la clase obrera no era más sujeto de la historia quedó un poco vieja. Creo que debemos construir una alternativa desde los trabajadores que convoque a la mayoría de la sociedad para seguir adelante en la transformación de este país.

¿Qué recuperarías de los setentistas que haya quedado en el camino?

Nosotros peleamos muchos años para transformar la vida. Ahora estamos peleando para que la vida no nos transforme a nosotros.
 

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