Miércoles 24 de Mayo de 2017 - 08:52hs. - República Argentina Edición # 1685

Revista #28 Junio 2009 > Entrevistas

Martín Sabbatella: Recuperando el valor del tiempo

Luego de gobernar durante tres mandatos el municipio bonaerense de Morón, renunció a su gestión para ser candidato a diputado nacional por el partido Encuentro por la Democracia y la Equidad, logrando una propuesta y una síntesis para la etapa que no debería pasar desapercibida en el polarizado escenario electoral.


Por Juan Manuel Fonrouge

En la sede central de su partido en la Capital Federal, militantes caminan cuando hablan por teléfono tratando de colar notas en los medios, algo más que necesario sobre todo si los fondos son escasos para la campaña. Ultimando las candidaturas en los distritos, a pocas horas del cierre de la presentación de listas y con la imagen de Germán Abdala colgada en la oficina principal donde Sabbatella recibe a 2010, me hace pensar en una de sus frases más recordadas que vuelve a tener vigencia en ese lugar: “es preferible intentar un camino autónomo, independiente, propio, que al principio será tan doloroso como el otro, quizás, pero al final será nuestro”.

¿Cuál es tu formación teórica y cuáles son tus referentes políticos?

Vengo de una familia militante, peronista, donde la política tiene una presencia cotidiana. Personalmente empecé a militar en la apertura democrática, en un momento de mucho auge, de participación, yo estaba empezando el secundario, muy vinculado al movimiento estudiantil, a la formación del centro de estudiantes, al repudio a la dictadura, a los reclamos por la Noche de los Lápices, la lucha por los derechos humanos. Como vengo de familia peronista mi primer acercamiento esta ligado al peronismo, aunque enseguida me conecté con el Frente del Pueblo, porque de alguna manera unía las cosas que a los 14 o 15 años tenia en mi cabeza. Andaba con el morral con la foto de Evita y la foto del Che. Entonces, esta cosa vinculada, por un lado a la tradición peronista, a la tradición nacional y popular, y por el otro, con una carga vinculada más a la izquierda y al guevarismo, y eso lo expresaba el Frente del Pueblo. Con mis herramientas de análisis de ese momento unía estas dos referencias que me nutrían. Después milité unos años en la izquierda, luego me fui y armamos una agrupación local que se llamaba Convocatoria Juvenil. Más tarde entro al Frente Grande y al Frepaso; creo que este es, muy sintéticamente, mi recorrido.

¿Cómo caracterizan la etapa política actual?

Nosotros analizamos que en el 2003 se inauguró un debate interesante en la Argentina, al calor de un momento también muy interesante en la región. Tenemos gobiernos democráticos y populares cada vez más parecidos a su pueblo, que dejan atrás el pensamiento único de los ‘90, el modelo neoliberal, y plantean políticas de profundización de la democracia para que se llene de contenido social, de igualdad, de justicia social, de expresión popular, una democracia que garantice tanto los derechos civiles y políticos, como los derechos económicos y sociales. Hay un proceso de ruptura con el pensamiento del Consenso de Washington, con matices, con diferencias, con expresiones distintas, pero que claramente marca un rumbo, un principio de democracias más profundas. Al calor de todo esto, en la Argentina hay un debate que tiene contradicciones y que tiene claroscuros, pero que inaugura cosas positivas: la recuperación del valor de lo público, el rol del Estado, la recuperación de la política, la integración regional, la perspectiva de los derechos humanos y la renovación de la Corte Suprema, son títulos de una agenda política que deseamos desde hace años, un proceso que por lo tanto determina que no es lo mismo que lo que vivíamos, que es mejor, pero que claramente se va haciendo cada vez más insuficiente, y que se va acercando a sus limites. No es lo mismo relaciones carnales con EE.UU. que integración regional, no es lo mismo la perspectiva de los derechos humanos que los indultos, no es lo mismo la jubilación privada que jubilación estatal, no es lo mismo esta Corte que la Corte menemista; es mejor, pero es insuficiente.

¿Cuál es el camino para profundizar lo hecho hasta ahora?

Nosotros estamos de acuerdo en que el Estado intervenga y grave la renta extraordinaria que pueda tener un sector, para garantizar que este crecimiento se distribuya con equidad. Pero hay que hacer lo mismo y profundizarlo con la renta financiera, la renta petrolera y la renta minera, para que te permita tener la asignación familiar por hijo para los trabajadores ocupados y desocupados, un blindaje social más fuerte para que proteja a los sectores más vulnerables, más desprotegidos, de la crisis internacional. También habría que darle la personería gremial a la CTA, como ejemplo de lo que no se hace y habría que profundizar. Y donde yo creo claramente que es insuficiente es en la no construcción de un proyecto político nuevo, una fuerza política capaz de volver a entusiasmar, volver a enamorar, volver a convocar, una fuerza política sustentada en un núcleo de ideas, de convicciones, de valores que pueda defender los avances y que los profundice.

Lo decís por la decisión de Kirchner de encerrarse en el PJ…

Me parece que la no ruptura con las viejas estructuras políticas, el sostenimiento de estas estructuras degradadas, viciadas, corrompidas, llenas de clientelismo, de prebenda, de toma y daca y vacías de contenido son pragmáticas y funcionales a cualquier ideología. Sostener un proyecto sobre eso es muy riesgoso, porque esos están cuando les conviene, cuando no les conviene no van a estar más y se irán con otro proyecto.

¿Cómo piensan ubicarse en un escenario político tan polarizado?

Para nosotros reconocer el piso de las cosas construidas no significa aceptar el techo. Hay que darse cuenta que le han puesto un techo muy bajo y que tiene muchos límites, pero que esto no significa negar lo construido. Por eso nuestra posición política con absoluta autonomía acompaña lo que cree que está bien y critica lo que creé que está mal; se siente parte de un rumbo que también era nuestro rumbo en términos de un universo de ideas, pero que marca esta diferencia y que plantea construir otra cosa. Por otra parte, tanto la coalición (Mauricio) Macri, (Felipe) Solá y (Francisco) De Narváez, como Lilita (Carrió), (Julio) Cobos y el radicalismo, son dos alianzas que intentan reciclar el viejo bipartidismo y hacerlo por derecha, con una mirada conservadora. Por lo tanto, hoy tenés una oposición que intenta volver hacia atrás, intenta retroceder, intenta volver al pasado, y un oficialismo que claramente choca contra los límites que tiene el PJ. Entonces, lo que no queremos es retroceder, como plantea la oposición, ni queremos tener los límites que tiene el PJ. Pensamos construir otra cosa, convencidos de que la fuerza política nueva a construir es una fuerza política que tiene que dialogar con la historia, que se reconoce en los procesos populares latinoamericanos, nacionales, y que se enriquece con esa historia. Por lo tanto, eso significa que tiene un diálogo con las distintas tradiciones y culturas políticas que componen lo que uno podría llamar el campo popular, que demuestre en los hechos que no todo es lo mismo. Por eso una cosa es la valoración histórica que uno pueda tener sobre el aporte de los dos grandes movimientos populares de masas en la Argentina y otra cosa es en lo que se convirtieron hoy como aparatos degradados, viciados y vacíos en muchos casos.

Pero, por otro lado, claramente la derecha mediática y política busca recuperar el terreno perdido…

Para mí, la mejor defensa que se puede hacer sobre las conquistas que se inauguraron en el 2003 es construir una fuerza política capaz de defenderla, y eso no es el PJ, porque el PJ cuando cualquier propuesta esté un punto arriba se va con esa. No van a ser los que en minoría defiendan los logros del gobierno, van a ser los que constituyan la nueva mayoría que puede ir contra todo ese piso de conquistas. Por eso la necesidad de construir una fuerza política nueva surge también en la vocación de profundizar lo cambios y en defender lo que se ha hecho de bueno en estos años.

Una de las principales criticas políticas al kirchnerismo es la de no haber creado organización en todos estos años, ¿Cómo piensan hacerlo ustedes?

Los pasos son empezar a juntarnos. Creemos que muchos de los que estamos separados tendríamos que estar juntos y muchos de los que están juntos tendrían que estar separados; habría que barajar y dar devuelta. Podemos venir de distintas historias, tradiciones y culturas políticas, pero tenemos la misma mirada de lo que queremos construir. Por lo tanto, construir esa síntesis: una suerte de guiso de todas esas corrientes de pensamiento que nutren la historia Argentina en lo que hace al campo popular. Me parece que el aporte es que tenga cuerpo y vocación de mayoría, que rompa con la cultura testimonial, que no se sienta conforme o cómoda porque dejó testimonio, sino que tenga ganas de construir mayoría, que tenga ganas de gobernar, que la política pueda resolver problemas concretos. Me parece que esto implica también un diálogo y bancarse las diferencias, los matices, las distintas búsquedas. Nosotros queremos desde el partido Encuentro hacer eso. Somos Encuentro por la Democracia y la Equidad, porque creemos que hay que encontrarse hombres y mujeres que podamos venir de distintas historias, pero que tenemos una mirada común de lo que queremos construir, y democracia y equidad es democracia y justicia social, porque son los dos pilares fundamentales. No va a haber mejor democracia en un mar de pobres y excluidos o en una sociedad donde miles y miles quedan a la intemperie; no es posible crecer con equidad y sin concentración de la riqueza si no se fortalecen también las instituciones, si no se fortalece la democracia, y por todo eso se necesita también renovar la política. Encuentro es esto, pero también siempre dijimos que no somos una fuerza que nace autosuficiente, porque hay muchos y muchas en distintos lugares, en otras fuerzas políticas, entonces los pasos que estamos dando ahora es, por un lado, este partido que sigue convocando y creciendo. Para nosotros es un honor y un orgullo que hombres como Hugo Yasky sean parte de la mesa nacional de nuestro partido, o trabajar juntos con otros partidos, como el Instrumento Electoral que construyó Víctor de Gennaro, y seguir dialogando con otros movimientos sociales, políticos, culturales o expresiones barriales.

La posición resulta coherente, pero distante en una elección donde se juega a ‘todo o nada’…

Nos parece que es un camino largo pero necesario, que hay que recuperar el valor del tiempo, que hay que recuperar el valor de la coherencia en la construcción política, entre lo que uno piensa, dice y hace, que no hay que agarrar atajos. Es necesario, es urgente y es posible, concientes de que hay una situación donde se han inaugurado debates que permiten profundizar estas cosas y, al mismo tiempo, que hay también reacciones de quienes piensan todo lo contrario. Ojalá se ordene el sistema de partidos políticos y todo quede claro y se sepa quién es quién, qué intereses defiende cada uno, y la democracia pueda resolver esos debates. En definitiva, la democracia no es la negación del conflicto o la negación de las contradicciones, la democracia es la capacidad de resolver esas diferencias, esas contradicciones o esos intereses distintos. Es mentira que la democracia ideal es la democracia consensual, vacía, donde hay una suerte de acuerdo general. Eso no va a pasar. Si en una democracia se confronta es porque hay intereses distintos; hay que construir una fuerza que sea capaz de expresar con claridad de qué lado está.

La gran deuda de la democracia es la distribución de la riqueza. ¿Cómo se avanza después del duro conflicto por las retenciones al agro?

Esta idea de la negación de los distintos intereses queriendo hacerle creer a la sociedad en esa democracia consensual vacía. Insisto: es intentar negar las diferencias para construir una gobernabilidad del status quo; hay que construir una gobernabilidad rupturista, una gobernabilidad transformadora, una gobernabilidad que rompa el molde. Yo creo que la democracia va madurando, va consolidándose. Por supuesto que la principal deuda de nuestra democracia es la distribución, esa gran franja de la población que queda afuera. La democracia profunda que nosotros imaginamos es la democracia que cobija a todos.

Entre tantas urgencias, no sólo electorales, sino principalmente económicas y sociales, y entendiendo que la construcción política es algo dinámico, que para cada etapa son necesarias sus tácticas, las que permitirán el crecimiento de la organización en tanto exista una estrategia correcta, que exista un espacio donde se valore el tiempo, sobre todo cuando la reacción cuenta con la acelerada y vertiginosa arma de los medios de comunicación, la propuesta de Martín Sabbatella no hace más que asegurarse un resguardo de coherencia en un escenario político inestable, donde todavía la organización no ha podido vencer al tiempo.

 

 

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