Lunes 21 de Agosto de 2017 - 14:47hs. - República Argentina Edición # 1774

Revista #36 Marzo 2010 > Entrevistas

Milagro tras milagro

Militante y luchadora social, Milagro Sala recorre su vida y su obra al servicio de los que menos tienen.


Por Luis Freitas

“Parece un hombre, y un hombre de avería, alguien agresivo”, dice el conductor de un auto último modelo, frente a las cámaras de TN. “Es una cucaracha, una cualquiera, es una mina violenta. Y está donde está, porque la puso este gobierno” apunta, un tanto furiosa, la atildada señora, con ropas y acento de Barrio Norte. “Es una india desgraciada, una persona que se ve que es agresiva”, comenta el señor mayor, de traje y sombrero, ante la requisitoria del cronista de C5N. “Sus rasgos demuestran que tiene una fuerza interior que justamente no es de patriota”, agrega sin aclarar si es un estudioso de la teoría de Cesare Lombroso, aquel médico y criminalista italiano para quien el delito era el resultado de tendencias genéticas verificables en los rasgos fisonómicos de las personas.

¿Pero quién puede despertar semejante odio de clase? ¿Una asesina serial? ¿Una funcionaria corrupta? ¿La esposa de un narcotraficante? No. Los dardos tienen como blanco a Milagro Sala, la líder de la organización Tupac Amaru, la mujer que le devolvió la dignidad a miles de excluidos de Jujuy, su provincia natal.

Del piquete al “cantri”

Milagro nació en el humilde barrio Bajo Azopardo de la ciudad de San Salvador de Jujuy. Hija de nadie, coya orgullosa, a los 15 años descubrió que sus padres -el profesor en la universidad Nacional de Jujuy y ella, supervisora- no eran en realidad sus padres. Su madre la había dejado abandonada dentro de una caja de cartón frente a un hospital. Educada en la verdad, lo vivió como una traición y se fue de su casa. Por años deambuló por las calles, en lo más profundo de la sociedad. Conoció las drogas, el delito y a los 18 cayó presa por entrar a un domicilio ajeno. “Me metieron en la cárcel por ser pobre, porque no tenía quién me defienda”, cuenta Milagro. “En la cárcel me puse a pensar que así como el poder era injusto conmigo, con cuántos chicos humildes también era injusto, que la Justicia es justa sólo con los que tienen plata. Entonces me juré que el día que saliera iba a luchar para que no hubiera más injusticia”.

Cuando recuperó su libertad -tras ocho meses de encierro- empezó a dormir en un rinconcito de la sede de la Juventud Peronista y encontró su primer empleo, como portera de un edificio público. Allí comenzó a tejer relaciones en el gremio municipal y pronto sería delegada de la Asociación de Trabajadores del Estado, donde empezaría a sufrir el proceso de ajuste de los 90, el de las pérdidas masivas de empleo.

“Militando en ATE sentíamos que los gobiernos provinciales no nos daban respuestas ni soluciones pero por otro lado se robaban todo lo que agarraban”, recuerda Milagro. “Nos organizamos en los ’90, pero nos dimos cuenta de que no servía voltear gobernadores porque al otro día seguía todo mal. La desnutrición infantil, la desocupación, la deserción escolar cada vez se engrosaban más y cuando nos planteamos políticamente qué íbamos a hacer pensamos cómo empezar a dar las soluciones que los compañeros pedían a los gritos. Entonces cambiamos la estrategia, sentíamos que si no nos hacíamos cargo de lo que nos pasaba, nadie se iba a hacer cargo”. Porque esta mujercita de 46 kilos y pelo cortado a la navaja, no se había olvidado de la promesa que se había hecho cuando estaba entre rejas. Así fue como, junto a otros compañeros, fundó la organización Tupac Amaru y pasaron de quemar gomas y tirar piedras exigiendo el pago de los sueldos atrasados y más presupuesto para educación y salud, a atender la necesidad de los que menos tienen.

Hoy, la obra emprendida por “la Tupac“, como la llaman sus miembros, no tiene parangón en nuestro país. En el Alto Comedero, a 15 kilómetros del centro de Jujuy, levantaron "El cantri de los villeros", un barrio de 1.800 casas. En total, en San Salvador y otras diez ciudades de Jujuy construyeron 3.500 viviendas, 18 polideportivos con cancha de fútbol, básquet y pileta de natación (“¿Por qué los chicos de los barrios humildes no pueden disfrutar de una pileta?”, se pregunta Milagro), una escuela secundaria para adultos, una secundaria de bachiller común, una primaria para adultos. También edificaron cuatro centros de salud para atender todas las necesidades básicas (Alto Comedero, El Carmen, Palpalá y Salvador). En este último funciona uno de los tres tomógrafos computados que hay en la provincia para el cual no hay que esperar y cuya atención cuesta ¡un peso! La gente de la Tupac Amaru además se las ingenió para poner en funcionamiento cinco fábricas: metalúrgica, textil, de bloque de adoquines, de caños de hormigón y de muebles de caño.

Todos sus emprendimientos son realizados por cooperativas donde cada integrante cobra entre 900 y 2.000 pesos. Todo con los fondos que el Estado les gira a través del Ministerio de Obras Públicas (7.900.000 mensuales del programa de Emergencia Habitacional), más 6 millones anuales que les llegan desde el ministerio de Trabajo. Cuando le pregunto a Milagro cómo es que con esa cantidad de dinero –que no es poca, por cierto- han podido hacer tantas obras, me dice que la receta es fácil: “Somos honestos. El Estado nos ayuda dándonos plata y nosotros sabemos distribuirla. Si la plata es para construir viviendas construimos viviendas. Porque antes le daban los fondos a las grandes empresas de contratistas amigos para que construyan 500 viviendas y construían 200 y decían que se había terminado la plata”. La Tupac construye 200 casas populares en mucho tiempo menos que las constructoras privadas y además ahorra en materiales (en el taller metalúrgico, por caso, hacen puertas, columnas y ventanas).  El Estado les paga como si las construyeran en seis meses, pero ellos las terminan en cinco. La diferencia la usan en otros gastos, que se deciden en asambleas que cuentan con más de 900 delegados, de los cuales 156 son presidentes de cooperativas. Entre todos analizan las necesidades más urgentes, se discuten y finalmente se vota cómo invertir el dinero. “Le demostramos a todos de que trabajando honestamente y con muy poca plata se pueden hacer muchísimas cosas”, dice Milagro, orgullosa. “Por eso me dolió mucho, pero mucho que la gente me empiece a conocer con la mala propaganda que me hizo Gerardo Morales. Lo que pasa es que hay sectores de la derecha acostumbrados a agredir verbalmente, a ser violentos acusando e injuriando sin razón. Se creen que tienen derecho a todo, pero cuando alguien se les planta dicen que somos negros, que somos violentos, que no tenemos compasión de nada. Me indigna que en Argentina no se mida de la misma manera y de que nos conozcan de una forma tan violenta y no por las obras que hacemos”.

El ejemplo se multiplica

“Con nuestra organización estamos trabajando en dieciséis provincias”, explica Milagro. “En Córdoba, por ejemplo, se han empezado a construir viviendas en el Barrio libertador, los compañeros de Mendoza también han hecho lo mismo en la zona de Lavalle y también construyeron un centro polideportivo. Los compañeros quieren vivir un poco mejor y para eso se organizan en cooperativas. Saben que si administran bien la plata puede haber para viviendas y para muchas cosas más. Despacito vamos a llegar lejos. Seguimos trabajando, demostrando que se puede, seguimos empujando para que los chicos salgan de la calle, de la droga, que vuelvan a estudiar, que coman en sus casas, que sus padres tengan trabajo, que sus abuelos tengan una jubilación digna, como en la época de Evita. Es una tarea pesada pero vamos a demostrar que en algún momento puede convertirse en gloria ¿no?”.

FOTOS: Gentileza Agencia Misturpin

COMENTARIOS (21)

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crorkz

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