Martes 27 de Junio de 2017 - 14:29hs. - República Argentina Edición # 1719

Revista #33 Noviembre 2009 > Entrevistas

Por la verdad

Stella Calloni es poeta, periodista e investigadora. Ha recorrido América Latina y lleva en su sangre la rebeldía de los pueblos oprimidos, la historia insurgente latinoamericana. El destino y las circunstancias la convirtieron en corresponsal de guerra, cubriendo distintos conflictos Centroamericanos como la guerrilla Sandinista en Nicaragua, la del Salvador o la invasión a Panamá.


Stella Calloni

Por Julio Ferrer

Sus investigaciones sobre la política de EE.UU. hacia América Latina durante décadas, le permitieron elaborar un documento (entre otros) tan revelador como imprescindible: Operación Cóndor: Pacto Criminal; donde desnuda los mecanismos macabros de esta “Internacional de la Muerte” de las dictaduras del Cono Sur. Actualmente se desempeña como corresponsal en América del Sur, con sede en Buenos Aires, del periódico La Jornada de México.

Con mate de por medio y sus teléfonos sonando sin parar, Calloni recuerda cómo llegó al periodismo y la importancia de la poesía en esta profesión: “mi periodismo empezó con la poesía. Creo que si en esa preparación poética, que me llevó a hacer cosas creativas desde niña, no hubiera podido hacer un periodismo, que en realidad, era la decisión política de pelear en el campo de la escritura por la verdad. Curiosamente cuando estaba empezando a tener un pequeño reconocimiento en la poesía, me quedo apresada en el periodismo. Nos reuníamos, en una manera de militancia con Gregorio Selser, de quien tuve un aprendizaje extraordinario a partir de sus trabajos de investigación sobre las relaciones de Estados Unidos con Centroamérica. Fue un gran maestro. También con Marcelo Quiroga Santa Cruz (escritor y fundador del Partido Socialista de Bolivia), el uruguayo Zelmar Michelini, escritores como el guatemalteco Miguel Angel Asturias, después premio Nobel de Literatura. Néstor Taboada Terán, escritor boliviano, entre otros. Había un gran movimiento cultural en el país. A mí fundamentalmente me gustaba la investigación. Entonces me metí en la historia de África, en la matanza indígena en Latinoamérica, sobre todo acá en Argentina. No sólo los que exterminaron los colonizadores, también el general Roca (luego presidente de la República) con su “Campaña del desierto”; la Guerra del Paraguay, La Revolución Mexicana. Todo esto se defendía en una mesa de unidad que luego se transformaría en los Comités de solidaridad y Movimiento de Unidad Latinoamericana en el que militábamos. Yo tenía algo de anarquista en mi conducta porque me negaba a trabajar en los periódicos que yo consideraba que eran del sistema. Nunca pedí trabajo en ninguno. Yo escribía en las revistas de México, Uruguay y otros países. Así nació mi periodismo”.

La revolución Cubana y la madre del Che

Corría el año 1959, y un grupo de barbudos había liberado al pueblo cubano de las garras del imperio norteamericano. En esa época, Calloni - que pertenecía a los movimientos de Solidaridad Latinoamericana; llegó a conocer a Celia Guevara, la madre del legendario Che. “Al poco tiempo de triunfar la revolución cubana, con estos movimientos de solidaridad, conocí a Celia Guevara. Resulta que el Che mandaba a pedir libros para estudiar el tema nacional, se interesaba mucho por el revisionismo histórico porque le permitía tener una idea más completa de la realidad argentina. Y yo me tomaba el trabajo de buscar algunos de esos libros. Como yo me había venido de mi pueblo natal de Entre Ríos a Buenos Aires, estaba sola. Celia fue como una especie de madre. Nos hicimos muy amigas. Se cultivó una hermosa amistad. Compartimos viajes; recuerdo el que hicimos a Misiones, a la ciudad de Carguataí, a la casa donde había vivido con el Che, hoy convertida en Museo. El Che se parecía mucho a su madre, Celia era una mujer muy culta, tenía asma, poseía un espíritu inquebrantable, de una austeridad y una resistencia increíble. Era una mujer admirable”.

El golpe cívico-militar del 76’ la sorprende en México disertando en un Congreso. En Argentina ella vivía en una especie de semiclandestinidad, porque “guardaba” militantes en su casa y los ayudaba a salir del país. “Mi principal problema a partir del golpe es que me había solidarizado con muchos compatriotas brasileros, uruguayos, bolivianos, entre otros. En ese momento fui invitada a un Congreso en México, y pensaba que ésta iba a ser una dictadura más al estilo de Onganía o Lanusse. Creo que nadie pensó en la magnitud del plan sistemático de secuestros, desapariciones, asesinatos y robos de bebés. Vuelvo en setiembre de ese año, y mi casa es allanada. Salí del país sin poder sacar a mis hijas que se quedaron en Buenos Aires. Luego de un año, regreso a escondida al país y con la ayuda de gente de Brasil, como el gran escritor y sociólogo, Ribeiro, o Luisa Mercédes Levinson y su hija Luisa Valenzuela –querida amiga-; pude exiliarme con mis hijas en Panamá. También gracias a la ayuda del General Torrijos, presidente de ese país a quien había conocido como periodista del diario El Mundo, cuando visité Panamá en el año 1974”.

Trabajó con el Grupo de Cine de Panamá, hasta que ingresó al diario mexicano Unomásuno (que había surgido en el año 1976). Periódico que tuvo mucha importancia no sólo en México sino también en toda América Latina por su el estilo y formato de periodismo, similar a lo que había sucedido con el diario La Opinión de Timerman. “El Unamásuno se formó como una cooperativa de intelectuales y pintores mexicanos y con una parte de los trabajadores que habían sido echados del diario Excelsior. “Empiezo a trabajar en la sección de Internacionales, que estaba de jefe, Oscar González. El equipo de redacción era magnífico, había muchos latinoamericanos. Para ese diario cubrí el primer reportaje donde se anunciaba el inicio de la insurrección final de la Revolución Sandinista. A partir de ese momento, además de trabajar periodísticamente, trabajo para el Frente Sandinista. Donde permanezco hasta 1984. Todo lo que había estudiado aquí sobre las dictaduras en Centroamérica fue importante para mi trabajo, porque me movía todo el tiempo entre Nicaragua, El Salvador, Panamá y México. Pero desde el triunfo Sandinista (1979) me instalo de modo casi permanente en Nicaragua como corresponsal”.

Calloni fue parte de la lucha y victoria de la revolución sandinista. Se entusiasmaba con el hecho de que ese país y su pueblo empezaban a construir su rumbo histórico. Sin embargo, la mano del imperio y sus mercenarios aplicarían con toda ferocidad la contrainsurgencia para acabar con ese sueño nicaragüense. “Fue una guerra brutal, sucia, que Estados Unidos llevó adelante en forma encubierta contra el pueblo de Nicaragua. Recuerdo la organización criminal de la “contra” nicaragüense bajo órdenes de la CIA y la intervención de los grupos de tarea de los militares de la dictadura argentina, especialmente los del siniestro batallón 601, que entraban, arrasaban y masacraban aldeas enteras. Lo he visto. Ese horror es algo que te queda para siempre en la memoria, en tus días, en tus noches. Por eso soy una persona antiguerra, no hubiera elegido nunca ser corresponsal de guerra. Estar en los conflictos armados y acostumbrarse a ver la gente morir. Se transforma en un caminar constante con la muerte. Un horror”.

El Salvador
 
Su vida en Centroamérica se entremezclaba entre revoluciones y amistades que la marcarían a fuego. En 1979 viaja al Salvador, país donde se estaba desarrollando una guerra de liberación. Y en esa tierra convulsionada, un personaje de la iglesia se había vuelto “incómodo” para los sectores más reaccionarios de la jerarquía eclesiástica: monseñor Arnulfo Romero” Tuve el honor de ser su amiga. Lo entrevisté una noche en que había una tormenta terrible. Lo esperé en el Arzobispado y nunca olvidaré que lo vi llegar empapado cargando niños, que había salvado de una masacre del ejército salvadoreño. Él me dice en esa oportunidad: ‘No hay un conflicto entre la iglesia y el gobierno. Hay un conflicto entre el gobierno y el pueblo y la iglesia está con el pueblo’. Su compromiso se hace más fuerte cuando matan a dos sacerdotes que él quería mucho y que trabajaban en las poblaciones campesinas. Empezó a llevar una tarea muy valiente. Hasta llegó a “ordenarle” al ejército terminar con la represión al pueblo. Poco después lo mataron de un balazo certero cuando oficiaba la misa en la catedral del Salvador. Monseñor Romero fue la voz de la conciencia del pueblo”

Panamá

En 1989 envía al diario El Día la primicia de la inminente invasión a Panamá, semanas antes del 20 de diciembre, día del desembarco. Según sus propias palabras esa fue una de las coberturas más tremenda. “Fue la destrucción de un país de dos millones de habitantes. Yo estaba viviendo ahí. Vi como desaparecía una ciudad que amaba; un barrio como El Chorrillo fue destruido por las bombas yankees, esas casas eran de los trabajadores que construyeron el Canal, a principios del siglo XX. La perversión informativa fue tan cínica, que los invasores estadounidenses dijeron que lo habían incendiado los Batallones de la Dignidad, gente que intentó defender a su país. Sé por qué fue la invasión y cómo lo hicieron. La vergüenza histórica de presentar todo el conflicto en la figura de si el general Manuel Noriega era culpable o no de narcotráfico, cuando este precisamente había desafiado a Estados Unidos e investigado a los bancos de Panamá. Se descubrió que lavaban el dinero de las drogas y el tráfico de armas de los bancos del oeste estadounidense. Se sabía que los yanquis no venían por Noriega. Porque después que invadieron, mataron y se lo llevaron ilegalmente, cuando la legislatura de ese país lo había nombrado por horas Jefe de Gobierno, a partir de que entraron los norteamericanos a sangre y fuego Panamá se convirtió en uno de los lavaderos más grandes de dinero”

Operación Cóndor: La Internacional de la Muerte

Según el legendario líder revolucionario Fidel Castro, la periodista Stella Calloni es “una de las mejores investigadoras para comprender el intervencionismo del imperialismo norteamericano en las distintas regiones”. Sin duda Fidel se refiere al libro Operación Cóndor. Pacto criminal : la operación de contrainsurgencia organizada por Estados Unidos que significó la creación de una Coordinadora de la Muerte de la que se sirvieron las dictaduras latinoamericanas del Cono Sur durante los años 70 del pasado siglo XX. Calloni afirma que se “internó en esos caminos después del asesinato, en marzo de 1980, de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador. “Operación Cóndor”, fue réplica de otras creadas e impulsadas por Washington bajo la dirección de la Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) -como lo fuera Fénix, en el sudeste asiático a mitad del año ’65- comenzó sus primeras y trágicas “pruebas” en 1974 con el asesinato del general chileno Carlos Prats y su esposa Sofía, en Buenos Aires, donde actuó un escuadrón de la muerte integrado por hombres de la CIA , la DINA (policía política de la dictadura pinochetista) grupos terroristas cubano americanos de Miami, la Triple A y sectores de seguridad locales. En varias oportunidades señalé que el asesinato de Orlando Letelier, ex ministro del gobierno democrático popular del presidente Salvador Allende, hecho que sucedió en setiembre de 1976, en el llamado Barrio de las Embajadas de Washington, puso al descubierto las piezas de esa “Operación”. Pero en realidad esto venía de mucho tiempo atrás. Ya en 1975 el periodista-escritor Rodolfo Walsh, luego desaparecido por la dictadura militar argentina, había hablado de esta operación, lo mismo que el británico Richard Gott. Pero a fines del 76’ empezaron a confirmarse los rumores sobre la existencia de Cóndor. Uno de los informes provino del agregado legal de EE.UU. en Buenos Aires, el agente especial del FBI Robert Scherrer. Una semana después de la muerte de Letelier, Scherrer envío un cable al cuartel general del FBI dando nombre y describiendo la operación ¿Qué decía ese cable? Que Operación Cóndor era el nombre clave para una red de recolección, intercambio y almacenamiento de información secreta sobre izquierdistas, comunistas, marxistas, establecida por aquella época entre los servicios de inteligencia en América del Sur, con el fin de eliminar las actividades “terroristas/marxistas” en la región. Según Scherrer, el Operativo tenía previstas operaciones conjuntas contra “objetivos” (personas) en los países miembros; y una tercera fase, más secreta, implicaba la formación de grupos especiales de los países miembros, que viajarían por el mundo, hacia países no miembros, para realizar castigos que incluirían el asesinato de “terroristas, o simpatizantes de organizaciones terroristas””.

Uno de los objetivos centrales de Operación Cóndor, eran los asesinatos políticos. “En Argentina fueron asesinados el general chileno Carlos Prats y su esposa; y los legisladores uruguayos Zelmar Michelini y Héctor Rodríguez Ruiz. El senador chileno Bernardo Leigthon en Roma. Como ya nombré al ex canciller chileno Orlando Letelier y su secretaria, la estadounidense Ronnie Moffit, en Washington, los presidentes Omar Torrijos, de Panamá, Jaime Roldós Aguilera, de Ecuador, el general boliviano Juan José Torres y el primer ministro sueco Olof Palme. Luego se extendió a Centroamérica (1979/80/81). Para ejecutar sus fines, los gobiernos y la CIA, emplearon asimismo, la impunidad y la manipulación de los medios”

l intento de recolonización del Imperio y la Resistencia de América Latina
Estados Unidos ha utilizado políticas intervencionistas y de apoyo a las dictaduras para controlar América Latina. A partir de los años 90, Calloni explica que la nueva la herramienta de sometimiento es la guerra de baja intensidad: “es un plan contrainsurgente que es estar antes que los conflictos estallen. Es el disciplinamiento social de América conjuntamente con los planes económicos de apoderamiento de nuestros territorios y recursos. Necesitan tener control de toda la región. Los norteamericanos van haciendo maniobras militares y dejan la avanzada preparada para cuando la necesiten. Además de utilizar el Tratado de Libre Comercio en Centroamérica. Hoy existe un nuevo escenario: Venezuela, país rico de petróleo, que va aportando su crudo y otros elementos para el desarrollo energético, entre otras cosas; Cuba aportando su valiosísimo capital humano. Todo esto intercambiándose entre los pueblos de la región para su bienestar y crecimiento. Y sobre eso llega a la región andina el gobierno de Evo Morales, llega Rafael Correa a Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua. Desde el Mercosur pasando a la Unasur. Tenemos que estar muy atentos y tratar de que esta integración latinoamericana con todos sus defectos y virtudes- se mantenga ante el proyecto de recolonización”.
Sin duda que la vida y obra de Stella Calloni la han convertido en una de las mujeres imprescindibles de la profesión.
 

COMENTARIOS (21)

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VtX3DAYC

Never seen a betetr post! ICOCBW

matzcrorkz

tAtueP Im grateful for the article post.Much thanks again. Fantastic.

matzcrorkz

MxYyYO Thanks a lot for the blog post.Really thank you! Will read on...

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