Lunes 26 de Junio de 2017 - 19:14hs. - República Argentina Edición # 1718

Revista #44 Noviembre 2010 > Entrevistas

Entrevista a Walter Abarca:"Para mí es como hablar de mi viejo"

Se fue un grande. Acaso el mejor de los últimos tiempos. Millones lo recordarán por haberlos sacado del infierno. Llegó por la ventana sin que nadie lo conociera y pasó a la inmortalidad ante la mirada perpleja de miles de jóvenes que se enamoraron de la política gracias a su ímpetu e irreverencia.


Por María Inés Pereita y Esteban Collazo

 Walter Abarca fue secretario privado de Néstor Kirchner durante los cuatro años de gestión. Luego continuó con la presidenta Cristina Fernández hasta que a mediados de 2009 fue nombrado Subsecretario de Relaciones Institucionales de la Jefatura de Gabinete de Ministros. Sentado en un cómodo sillón de su oficina le cuenta a Revista 2010 cómo era el hombre que puso fin a tanto dolor e injusticia.

Abarca flaco y alto como su Jefe, nació en Saladillo, provincia de Buenos Aires, un día después de que el pueblo votara a Héctor Cámpora y comenzara a imaginar el retorno de Juan Perón. Estudió en la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata. En el ’99 formó parte de la lista de concejales de Saladillo por el PJ, pero no completó su mandato porque en 2003 cambiaría para siempre su vida: se instaló en Buenos Aires y comenzó a trabajar en el sector de Documentación Presidencial para luego pasar a la secretaría privada del entonces presidente Kirchner. En 2007 fue candidato a intendente en Saladillo por el Frente para la Victoria, elección que no ganó pero obtuvo un 40 por ciento de los votos, contra el 48 de la UCR. “Es como hablar de mi viejo. Se fue y nunca supe por qué me llevó como secretario”, dice emocionado.

Kirchner cuando no era Kirchner

“Lo conocí a mediados del 2000. En esa época hacíamos peñas con unos compañeros. Carlos Kunkel nos dijo que quería invitar a comer un asado a Kirchner, el gobernador de Santa Cruz. Se lo había cruzado en el aeropuerto y Kirchner le había dicho que quería empezar a armar algo nacional. Nosotros le dijimos que sí, no había problema, aunque yo ni en foto lo conocía todavía. A los pocos días vinimos cinco a Buenos Aires a conocerlo e invitarlo a comer el asado, nos juntamos en un café cerca de Retiro, y a mí ese día Kirchner me impactó porque decía cosas muy contundentes. Recuerdo que habló de la política y de varios políticos con una claridad impresionante. Nos dijo que la política no era para hacer negocios, que hay muchos gobernadores que presupuestan obras que jamás se hacen y se roban la plata, y una catarata de cuestiones que lograron que yo me fuera de la reunión pensando que ese flaco iba al frente en serio”.

Transformar la Argentina

“El proyecto era 2007. Él intentaba posicionarse y recorrer. Hubo puntos que fueron decisivos, como cuando Duhalde le ofreció la jefatura de Gabinete y Néstor no agarró porque quería seguir trabajando de cara al 2007. La idea era intentar armar una estructura para poder ser candidato. 

Kirchner tenía un programa de gobierno y sabía muy bien las medidas que tenía que tomar. Era conciente de cuáles eran los factores de poder instaurados en el país y con quiénes tenía que hacer pactos coyunturales para poder establecerse y luego dar el cambio. Por eso arregla con Duhalde. Kirchner tenía muy claro que tenía que llegar y a partir de allí construir poder para transformar la Argentina”.

Respeto y seriedad

“Yo llevaba un mes en Documentación y atendía las cartas de los dirigentes políticos, intendentes, concejales, gobernadores, etc. Kirchner iba a reestructurar la privada, ya no quería que sus secretarios sean los edecanes, como históricamente habían sido, y me proponen integrar el equipo. Me dijeron que la única condición era que tenía que estar full time y que cuando Kirchner me necesitara, no importaba que esté haciendo yo, tenía que estar. Kirchner me dijo: “Bueno, Walter, ¿te contaron cómo vamos a funcionar acá?”. Sí, le respondí. “Lo único que te voy a pedir es respeto y seriedad”, y no dijo más nada.

Néstor estaba en todo, no se le escapaba ni un detalle. Era un tipo hiperactivo, hiperlaburador, y a los que trabajábamos con él nos tenía a full todo el día. Todo el día estaba laburando, no paraba nunca y tampoco se cansaba. Vivía para la política y para la construcción. Además, era una persona muy amable, claro que algún día malo tuvo, pero en general era un tipo con el que daba gusto trabajar”.

“¿Me compra una flor, señor?”

“Néstor tenía una sensibilidad increíble. Una vez, una chica que vendía flores en el semáforo, no se dio cuenta de que el auto que se había detenido era el del presidente de la Nación, entonces Kirchner, conmovido, nos dijo que a esa muchacha debíamos llamarla. Le dimos trabajo, así fue que la sacó de vender flores en la calle y hoy es una empleada administrativa en la Casa Rosada. Casos como ese hay miles”.

“Una mujer me apretó fuerte la mano”

“Él tenía una claridad ideológica impresionante, una capacidad militante como pocos, y era un trasgresor nato. Kirchner jamás iba a arriar una bandera de las que tenía. Quizás buscaba la vuelta para generar correlaciones de fuerzas y consensos que le permitan avanzar, pero nunca iba a dejar un ideal de lado. Era muy hábil en el manejo de la política, las relaciones y el poder. Kirchner era un hombre de mucha percepción de lo que pasaba en la sociedad. Muchas veces llegaba de un acto y decía “hay que ver el tema de la carne, porque tres mujeres me dijeron que no se podía comprar carne”. Escuchaba muchísimo lo que le decía la gente. “Una mujer me apretó fuerte la mano y me dijo que la carne era inalcanzable para los sectores populares”, nos contaba.

Decile que no estoy

“La negociación con el FMI fue impresionante. Lo llamaban en nombre de Anne O. Krueger y él decía decile que no estoy. Así diez veces, hasta que un día atiendo el teléfono y era la mismísima Anne Krueger que quería hablar con Kirchner. Entonces, yo entré al despacho, y con una cara pálida de nervios le dije: ‘Doctor, Anne Krueger al teléfono’. Él me miró como diciendo “qué me importa”. Entonces le dije que era como la décima vez que llamaba y por el tono de voz no estaba nada contenta. “Decile que no estoy, a mí el único que me puede apretar es el pueblo”, afirmó con una frialdad impresionante. Lo hacía todo con tanta convicción que para él era natural, no lo asustaba nada”.

¿Qué necesitás para ser candidato?

“El único desacuerdo que tuve con Néstor fue cuando yo quería ser candidato a intendente en mi ciudad y él me dijo que no. Le dije que iba a ser igual, que no me podía bajar, que si me bajaba no podía hacer más política en Saladillo, y él en ese momento no me dijo nada. A las tres horas me llamó por teléfono y me preguntó: ¿Qué necesitás para ser candidato?

Me dejó hacer campaña veinte días antes nomás, porque me decía que estábamos en la campaña presidencial y tenía que estar trabajando con él. Además, una de las condiciones que me puso fue que podía hacer campaña, pero cuando me necesitara tenía que ir. Una de esas que él me necesitaba era los viernes para ir a jugar al fútbol. El fútbol era sagrado. Una vez yo tenía que llevar a Paulita (su hija) al pediatra en Saladillo un sábado a la mañana y Néstor me dice ‘mirá que mañana jugamos al fútbol’. ‘No, no puedo’, le respondí. ‘¿Cómo que no podes? ¿Qué tenés que hacer?’, me preguntó. ‘Tengo que llevar a Paulita al pediatra’, le expliqué. ‘No, no, llamalo y decile que te atienda a la tarde’. ‘No, yo no soy el presidente de la Nación, que le puede decir al médico cuando atender a su hija’, le dije con ironía. ‘Bueno, entonces que la lleve tu mujer’. Y tuve que ir a Olivos a jugar, no había forma de decirle que no.”

100% K

“En general, jugaba de defensor y algunas veces de delantero. Ninguno jugaba bien, ninguno se destacaba. Él tenía un estado físico impresionante. Tenía una gran conducta para la gimnasia, para correr, para caminar. En el sur, un fin de semana de descanso, iba a almorzar y a la tarde hacía cinta. El fútbol era un espacio de dispersión: rosca en el vestuario, puteada en el fútbol y en el asado discusiones políticas. Pero mientras jugábamos era patada va, patada viene, bromas, calenturas, como cualquier partido de compañeros de trabajo o amigos… Éramos 15 ó 16 más o menos fijos los que íbamos. Yo jugaba en el equipo de él. Y teníamos la camiseta de la selección titular y el otro equipo tenía la suplente. En el pecho decían 100% K. Máximo jugaba en el equipo contrario al de su padre. Eran muy compañeros. Pero en el partido se mataban, como todos los hijos y padres. A Néstor le encantaba hacerlo calentar, y Máximo es calentón, más calentón que el padre. Y otro que se calentaba mucho era Aníbal Fernández. Él jugaba de delantero en el equipo contrario al nuestro, y Néstor y yo éramos defensores y le dábamos para que tenga y se calentaba. Era un buen espacio de dispersión en el que la pasamos verdaderamente bien”.

“Perdimos por no profundizar el modelo”

“Luego de la derrota electoral del 28 de junio de 2009 Néstor tuvo una capacidad de reacción increíble. Los primeros diez días estuvo mal, lo vi medio desconcertado, sentía que lo habían traicionado. Emilio Pérsico, días después de las elecciones, le fue a plantear a Kirchner atrincherarse en el Estado hasta el 2011 y pasar a planta a mil tipos en el Ministerio de Desarrollo Social y así ocupar la superestructura. Kirchner le contestó vos estás loco, perdimos por no profundizar el modelo. Es al revés, tenemos que salir a la ofensiva y no a la defensiva. Esa vez me dijo algo que nunca se lo escuché decir en público: estos tipos nos tuvieron en el piso y cuando nos pudieron matar no lo hicieron, nos dejaron revivir”.

“Cuídame bien las cosas, ¿eh?”

“Tenía un cuadernito en el que anotaba todo. Era sagrado, nadie podía ver ni tocar ese cuaderno. Los únicos que teníamos acceso éramos dos o tres, pero para cuidarlo. Cuando iba a almorzar a Olivos, dejaba sus carpetas y el cuaderno en el despacho y nos decía cuídame bien las cosas, ¿eh?. Kirchner a medida que hacía acuerdos armaba en el cuadernito las listas y después iba modificando y tachando. Se acordaba de todos los nombres, tenía una radiografía de los dirigentes en la cabeza”.

Su debilidad

“Su único pasatiempo era la política y la familia. Una de sus debilidades era su hija Florencia, por ella detenía el mundo. A veces miraba una película, pero no era algo común en él; leía mucho, de todo, aprovechaba los viajes porque no dormía y no dejaba dormir a nadie. No escuchaba música, miraba muy poca televisión, algún programa político. Kirchner vivía para la política”.

El legado del líder

“Néstor deja una construcción, un país estable, una heredera que es un cuadro político formidable, y deja también una terrible responsabilidad a los jóvenes de continuar esto y de estar a la altura de las circunstancias”.

Todavía conmovido por la ausencia de Néstor Kirchner, cree que lo expresado por el pueblo en la Plaza es un reflejo de lo que el ex presidente generó en una sociedad que hasta 2003 se encontraba desencantada con la política y los dirigentes. Sin acabar las anécdotas que en siete años compartió con “el flaco”, Abarca interrumpe la entrevista de más de dos horas y parte a una reunión con la satisfacción de haber contado al menos una parte de un hombre que cambió el rumbo del país.

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