Viernes 18 de Agosto de 2017 - 15:13hs. - República Argentina Edición # 1771

Revista #25 Marzo 2009 > Fútbol

Fútbol: ¿Otra industria sin chimeneas?

¿Es posible comparar al fútbol con el turismo como fuente de divisas para el país? Si la abundancia de euros y dólares por las transferencias de jugadores tuviese otro destino, más solidario y planificado, podríamos aprovechar al máximo uno de los recursos que suelen enorgullecer al argentino. Por supuesto, hace falta otra conciencia. Y nuevos hinchas.


Por Pablo Llonto


Ahora que todos comentan cuánto valdrá el infante Benjamín Agüero, nada menos que portador de sangre maradoniana entremezclada con otras buenas cepas, algunos pensamientos incoherentes reflexionan – con cifras- sobre el alto poder exportador del fútbol argentino.

Entre las virtudes de las estadísticas (hablar no es una de ellas) podemos encontrar la extravagancia. Se habla de 1.500 futbolistas argentinos por el mundo y un promedio de 44 transferencias por temporada. Según el matutino Crítica nuestros clubes pasaron de recaudar 43 millones de euros (55 millones de dólares) en 2007/2008 a sólo 12.5 millones de euros (16 millones de dólares) en la última liquidación.

La “venta” del Kun Agüero, por ejemplo, debió reportar 30 millones de dólares a la Argentina.

Pero estas cifras ¿qué quieren decir finalmente?

Podemos cometer el mismo pecado que los admiradores del turismo. Hablar por ejemplo de “otra industria sin chimeneas” y destacar que vamos hacia una alta contribución del fútbol a la economía nacional.

Pero cuidado. Que si bien el turismo supo convertirse en todo el mundo en un generador de políticas y estrategias para organizar una producción de bienes y servicios, el fútbol de los últimos años sólo ha servido para impactar en forma negativa en los clubes, aquellos que deberían ser los primeros beneficiarios del efecto multiplicador de esta “industria sin humo”.

Si la Argentina ha recibido el dinero que atestiguan las estadísticas, no podríamos tener una treintena de clubes quebrados o en convocatoria de acreedores como los hay, en todo el país.

Es tan evidente que el pasamanos del dinero (empresarios, intermediarios, horribles dirigentes, empresas de compra y venta de futbolistas, pagos en el exterior, evasión de impuestos) ha sido grosero, que sería fácil lograr una política de intervención estatal que terminara con tanto vuelto dando vueltas.

A pesar de los obstáculos, no hay lugar de la Argentina que, en este momento, se aparte de impulsar sus semilleros de futbolistas. En la abundante pampa húmeda que se especializa en fornidos delanteros o implacables defensores y en los castigados rincones del Gran Buenos Aires donde abundan genios de la gambeta, la producción de futbolistas se incrementa.

Sobre ellos van los insaciables buscadores de talentos. Capitalistas cínicos que ofrecen paraísos futboleros y paraísos fiscales a padres apocados que imaginan la oportunidad de la vida: vender un porcentaje de los derechos del nene.

Allí es donde empieza todo, en la desesperación.

El pensamiento económico primario es la ganancia fácil y rápida. El fútbol, primero, produce y comercializa futbolistas. Luego, imágenes de futbolistas (derechos de TV). Entre unos y otros transcurre la vida de los rapiñeros. Queda entonces la industria sin chimenea devastada. Como tantas otras.   
 
Nadie se puso a concebir planes, estímulos, o discretas genialidades que permitan lograr el desarrollo de una industria relacionada a una de las cosas que los argentinos solemos hacer bien: jugar al fútbol.

Tendríamos, pues, un país convencido de que el fútbol puede diversificar su visión y evaluar una gran cantidad de negocios que, desde una perspectiva estatal y de distribución, generaría el fútbol.

Tendríamos, pues, un país futbolero cuyo porvenir abundaría en divisas si primero sacáramos del medio a la mafia capitalista que hoy controla todas sus estructuras.

Los clubes, pieza fundamental en el armado de un criterio solidario que haga rentable “la utilización del fútbol”, deberían estar en manos de dirigentes que, en primer lugar, cuestionen este modelo económico del fútbol. Abandonar la idea de que el único camino posible para obtener divisas es entregarle el manejo de los pases y el marketing del club a empresarios o empresas privadas. Ese debe ser el primer paso.

Imaginemos un club con un alto debate sobre el manejo económico. Socios dispuestos a elaborar visiones que mejoren la calidad “productiva” del fútbol. La Argentina puede generar una industria que abarque desde técnicas de entrenamiento, literatura deportiva, escenarios deportivos hasta indumentaria deportiva, pero que fundamentalmente abarque, con criterio solidario, el manejo de los dineros que provienen del “imperio” del fútbol (los clubes europeos).  Una figura nueva que se acercaría al criterio cubano de planificación del turismo como principal fuente de ingreso.

Todo ello es posible si empezamos por transformar la conciencia de los primeros responsables de un cambio: los hinchas, cuyo primer compromiso debería apuntar a la mayor participación en los clubes. Boca tiene miles y miles de socios (57.000) que sólo piensan en el partido del domingo y en que otros se ocupen de administrar el club. Algo similar ocurre en los otros clubes. Mientras están distraídos, o poco interesados, las manos van y vienen de las latas.

No son tiempos buenos para reclamar hinchas nuevos así como el señor Guevara reclamaba hombres nuevos. Pero de las tantas epopeyas deportivas celestes y blancas no estaría mal acercarnos al “día en que el fútbol elaboró ideas”. Al menos, esperamos, una idea.

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