Lunes 24 de Julio de 2017 - 23:42hs. - República Argentina Edición # 1747

Revista #27 Mayo 2009 > Fútbol

¿Para cuándo la democracia deportiva?

En el proyecto deportivo argentino siempre se ausentaron dos valores: democracia e igualdad. La AFA y el Comité Olímpico brillan por sus estructuras autoritarias y la búsqueda de competencias auténticamente federales son por ahora ilusiones u objetivos. Alguna vez hubo un Torneo Nacional. Alguna vez habrá Centros Deportivos de Alto rendimiento en todo el territorio.


Por Pablo Llonto

Cuando doblen las campanas del Bicentenario, un personaje de la Argentina sentirá el indescriptible placer de la eternidad. Julio Humberto Grondona, a quien insisten en apodar El Padrino, no sólo podrá decirles a sus nietos que él permaneció al frente del fútbol durante quince presidencias y que tiene fotografías con todos quienes se sentaron en el sillón de Rivadavia…también podrá contarles: “y por supuesto me invitaron a los festejos del Bi”.

La historia del deporte argentino durante doscientos años ha sido de triunfos, glorias y variedades, pero doliente en democracias. A la hora de revisar valores (si ésta es una de las aspiraciones de una festividad llamada Bicentenario), la Argentina deportiva carga con los defectos del autoritarismo, el personalismo y la desigualdad. Allí está nuestra principal debilidad.

Al comando del organismo más antidemocrático que nuestra Argentina aún no ha enderezado, el fenómeno Grondona (enquistado dentro del fenómeno AFA) resulta la mayor evidencia de cuánto camino nos falta recorrer para darle democracia al más popular de los deportes.

Años atrás, una encuesta indicaba que el 80 por ciento no elegiría Grondona como presidente de la AFA si existiesen las elecciones directas en la Asociación.

La consigna “un socio, un voto”, no significa nada en la cabeza de los dirigentes de los clubes para quienes la comodidad de reelegir a Grondona no es otra cosa que la continuidad de un sistema perverso ideado por el Jefe. Les ha prestado (y no de su bolsillo) tanto dinero a los clubes que hoy se encuentran aprisionados por el hombre que puede reprocharles los números rojos en sus cuentas. Si alguien quiere saber por qué los presidentes de los clubes no han reformado el Estatuto de la AFA para permitir que los socios voten directamente por sus dirigentes (actualmente son algunos presidentes de clubes quienes eligen al titular de la AFA), deberá entender que Grondona los tiene amarrados con voluminosas carpetas que contienen las deudas de cada club y el dinero que la AFA les ha prestado en las últimas décadas.

Otro tanto ocurre con el deporte olímpico. Hasta los últimos Juegos de Beijing (2008) el presidente del Comité Olímpico Argentino era un funcionario de la dictadura, electo en forma indirecta, solamente por el voto de los presidentes de algunas de las Confederaciones deportivas del país. La renuncia de Cassanello (ex intendente de Quilmes en 1980) fue obra del periodismo y de algunos valientes atletas que lo denunciaron. El COA, al igual que la AFA, le escapa a las urnas, al sistema directo de votación y a otras bondades de la democracia.

Es interesante que en una encuesta publicada en la página web de la Secretaría de Cultura de la Nación y que se llama “200 Argentina Bicentenario”, ante la consulta “¿Qué caracteriza más a los argentinos?”, las dos respuestas que acumulan el mayor porcentaje (entre ambas el 57 por ciento) son “la viveza criolla” y el “sálvese quién pueda”. Cualquier similitud con la frase “todo pasa” que lleva grabada Julio Grondona en su anillo es simple casualidad.

Igualdad, igualdad

A construir la democracia deportiva debemos sumarle otra tarea. Si entre los “Debates de mayo” se incluye encontrar el llamado “Proyecto Nacional”, bueno sería trasladar el tema a nuestro deporte principal.

¿Qué ha hecho el fútbol argentino por estimular la participación de los futbolistas, clubes, hinchas de todas las provincias?, ¿qué pasó con los torneos nacionales, aquellos en los que River visitaba a Sportivo Desamparados de San Juan?, ¿qué hubo del proyecto setentista que impulsara Menotti de llevar a la Selección nacional por los estadios del país para que los pibes de Jujuy vieran de cerca de las estrellas mayores?

Debatir el país deportivo que tenemos y el que anhelamos sin incluir los modelos que abundan en otros países no será el mejor camino. Durante los últimos cien años, al menos, no supimos encontrar en estas tierras las fórmulas de distribución de las alegrías deportivas. Somos un país de campeones del mundo de fútbol, boxeo; vencedores internacionales de tenis, golf, básquetbol, hockey, rugby, ciclismo. Casi no hay deporte sin logros. Sin embargo, en la mayoría de las escuelas públicas de cada provincia, los niños no pueden practicar deportes por falta de infraestructura, por falta de profesores, por falta de planes. La hora de gimnasia, es la hora de pasarse la pelota, saltar la soga o dominar el aro.

Fantasear con una pirámide deportiva como la cubana, con altísima participación de los niños y de la sociedad en los Juegos Escolares, con Centros de Entrenamiento especializados en detectar talentos o con figuras deportivas brindando la mayor parte de su vida a la enseñanza es asunto de Hoy.

Para mañana nos queda el anhelo de otras generaciones que garanticen a los argentinos el goce a un derecho al deporte que aún ni siquiera ha sido consagrado en nuestra Constitución. Si al menos tuviésemos un artículo como el 111 de los venezolanos:

“Todas las personas tienen derecho al deporte y a la recreación como actividades que benefician la calidad de vida individual y colectiva. El Estado asumirá el deporte y la recreación como política de educación y salud pública y garantizará los recursos para su promoción. La educación física y el deporte cumplen un papel fundamental en la formación integral de la niñez y adolescencia. Su enseñanza es obligatoria en todos los niveles de la educación pública y privada hasta el ciclo diversificado, con las excepciones que establezca la ley. El Estado garantizará la atención integral de los deportistas sin discriminación alguna, así como el apoyo al deporte de alta competencia y la evaluación y regulación de las entidades deportivas del sector público y del sector privado de conformidad con la ley. La ley establecerá incentivo y estímulos a las personas, instituciones y comunidades que promueven a los y las atletas y desarrollen o financien planes, programas y actividades deportivas en el país."  

Tal vez así evitaríamos que El Padrino sume una nueva foto presidencial en la mesada de retratos que completa su oficina.

 

COMENTARIOS (17)

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