Lunes 24 de Julio de 2017 - 23:42hs. - República Argentina Edición # 1747

Revista #33 Noviembre 2009 > Fútbol

Heredarás mi furia

Un libro sobre La Doce ha cubierto un vacío en el periodismo de investigación deportiva. Al fin un profundo relato sobre la barra brava más conocida del mundo. La obra de Gustavo Grabia merece lectura, estudio y archivo. Para hinchas de Boca o no, la trama de todo lo que suponíamos, en una verdadera enciclopedia de la corrupción, la violencia y la intolerancia.


Historia de La doce

Por Pablo Llonto

Hay que tener coraje en la Argentina para dedicarse a investigar y escribir sobre barrabravas. Lo que hasta aquí parece un elogio se transformará en un doble elogio ya que se trata de un periodista del diario Olé y de radio Mitre, dos medios que han hecho de la prensa un sufrimiento.

Gustavo Grabia, de él hablaremos, tiene 42 años y unos cuantos libros. El último, “La doce. La verdadera historia de la barra brava de Boca”, cuya franja para librerías dice exageradamente en letras blancas sobre fondo negro “El libro más peligroso del año”, merece un lugar en la biblioteca de los fanáticos boquenses, de los sensibles por el fútbol y también de los sensibles por la investigación.

Desde hace buen tiempo Grabia metió sus narices donde nadie se atreve. En el interior de los violentos grupos que, alimentados por el poder político, dirigencial y empresario de la Argentina, convirtieron las canchas y sus alrededores, y los medios de transporte, y las asambleas de los clubes y…tantos otros lugares, en tierra de nadie.

La primera cuestión del libro es un selecto quién es quién, y otro selecto quién era quién dentro de La Doce. Desde Pepino el camorrero (el tira tiros de 1924) hasta Mauro Martín, el heredero de Rafael Di Zeo y El Abuelo, quizás los dos capangas más famosos de la historia de la barra que el libropresenta como la “más fiera” del país.

Estimula meterse en una historia con tantas precisiones, corroboradas por un buen trabajo de archivo, pero también por una serie de entrevistas que tienen en Di Zeo al principal personaje. Leer su diagnóstico sobre la Doce: “es herencia, herencia, herencia”. O leer por ejemplo, algo de historia política de la violencia, en boca de este hombre irritante: “Nosotros agarramos la barra en serio recién desde el 96… Toma (por Miguel Angel, el ex diputado) se vengó de nosotros porque habíamos jugado en su contra y a favor de Scioli en la interna del PJ de Capital”.

Luego de cierta inmensidad de los datos, pasan por las páginas los asuntos más nombrados de las andanzas que casi todas las barras llevan adelante en nuestro país. Veamos:

  1. Los viajes a los Mundiales de Fútbol. “al Mundial (de Alemania) viajaron trece barras, divididos en dos grupos. Uno de seis, al mando del vaca Alarcón, Tatú y el colorado de Hudson, que manejan los sábados la barra de Defensa y justicia y los domingos se alinean detrás de La doce. Y otro de siete bajo la batuta de Mauro Martín y Maximiliano Mazzaro”.
  2. Las relaciones con el poder político: “Cuando en abril (2003) fue el quilombo de Brukman, tomada por piqueteros, vino a la Bombonera un ministro y le dio a Di Zeo veinte mil pesos para que llevaran cien barras e hiciera lío en la marcha...” (un barra arrepentido).
  3. La protección de la policía: “La barra tiene un acuerdo con el hombre de la Federal encargado de Boca. Se llama Esteban Pérez Méndez, es de la división Eventos Deportivos y er aquien nos monitoreaba por handy si de otras reparticiones nos andaba buscando, era el que nos pasaba las armas y el que nos hacía los papeles. Muchas veces era acompñado por otros oficiales de esa división” (El uruguayo Richard, ante la justicia).
  4. Los vínculos con el sindicalismo: “Como si la movida no le hubiera dejado réditos suficientes, Mauro recibió otra buena noticia el martes siguiente: se produjo una batalla gremial televisada para todo el país en el Sindicato de la carne. Las imágenes no dejaban lugar a duda, quienes lideraban al grupo que defendía la sede del gremio eran Horacio enrique, alias El Ninja, y Hugo Rodríguez, alias Huguito. El primero era la mano derecha del Uruguayo y quien había recibido los tickets de la dirigencia antes de los episodios en el parque. El segundo era un histórico miembro del riñón del Rafa”.
  5. Las presiones a los futbolistas: “Mis problemas con la hinchada comenzaron cuando me negué a comprar una entrada que ellos vendían para juntar fondos para ir a México. No entendía por qué tenía que pagarles. Entonces me hicieron la vida imposible” (Jorge Rinaldi, ex jugador).


Y así, uno tras otro, los hechos, los nombres, los arreglos. Cada seis o siete párafos, un delito. Abundan tanto las cuestiones repelentes que uno al final se pregunta: ¿dónde están los fiscales? ¿Habrá que comprarles un ejemplar?
 

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