Viernes 18 de Agosto de 2017 - 15:12hs. - República Argentina Edición # 1771

Revista #26 Abril 2009 > Fútbol

La pelota picando

¿Podrá una nueva ley de radiodifusión lograr el viejo anhelo de los hinchas argentinos, la televisación deportiva gratuita? Todo un asunto para los periodistas deportivos quienes, salvo las excepciones de siempre, no se han ocupado de generar el debate en los medios pese a que en el rubro fútbol ha sido aquel que más ha permitido el monopolio y el abuso.


“Es por eso que esta nueva ley de radiodifusión, en su espíritu de democratizar aun más el acceso a la información, abre una excelente oportunidad para que los clubes, sociedades sin fines de lucro y conformados por millones de ciudadanos, puedan replantear sus condiciones y hallar un camino para obtener lo que les corresponde”.

Estas educadísimas y refinadas palabras, dignas de históricas luchas antimonopólicas, no fueron pronunciadas por Luis Zamora. Tampoco por Dante Gullo. Ni siquiera por Pino Solanas.

La frase le pertenece al inclasificable Carlos Avila, ex zar del fútbol, ex dueño de Torneos y Competencias, ex ideólogo de la idea de colocar “una idea de Carlos Avila”,  en el comienzo de cada transmisión deportiva.

¿Es que Avila se nos está poniendo rojo con los años? ¿Es que el mundo empresarial está girando a la izquierda? ¿Es que la discusión sobre una nueva ley generará un blanqueo de los horribles dirigentes que tuvimos?

Si un día los historiadores especializados en Comunicación deciden buscar un ejemplo de abusos, censura, cretinez, ambición sin fin, monopolio, esquizofrenia, sólo deberán pronunciar tres palabras: “la televisión argentina”.

Somos el país maravilloso que se enorgullece de una historia así:

 

a)    Derechos de televisión de los partidos de Primera División  cedidos en exclusividad a una sola empresa (TyC-Clarín) desde 1992 y hasta el 2014. Veintidós años.

b)    Ser los privilegiados habitantes de un lugar en el mundo donde (década del 90) ningún partido iba en directo por televisión abierta y gratuita. “Para ver, hay que pagar” fue el slogan de Clarín y la AFA.

c)     Sólo aquí los clubes recibían primero un dinero y luego, mucho menos. Década del 90: la TV pagaba U$S 92 millones por 6 encuentros televisados (2 codificados)
Siglo XXI: la TV pagó U$S 60 millones por 10 encuentros televisados (5 codificados)

d)    La Selección Argentina, mayores y juveniles, ha sido exclusiva de quienes tenían dinero para el abono de la TV por cable. Con los años el escándalo fue tal que desde el Ejecutivo se promovieron “decretazos” para imponer la televisión abierta de algunos partidos de los seleccionados mayores.

Llevamos años de indignaciones silenciosas. Las lumbreras de la comunicación supieron instalar muy bien el discurso de los empresarios de la TV. Había que poner la zanahoria de la pelota. Y la pusieron.

Pero llamemos a las cosas por su nombre: los insaciables querían todo y los gobiernos, los clubes y el periodismo se lo dieron. Y así nos fue. Ellos se forraron para toda la vida. Nosotros viendo cómo comprábamos decodificadores truchos en la calle “para ver el fútbol en casa, señora o señor”. O aprendiendo a colocar empalmes clandestinos en los techos y zafar de la cuota del cable.

El artículo 67 del proyecto dice: “Las emisiones o retransmisiones por televisión de programas deportivos especializados, siempre que fueran autorizados por las entidades deportivas, darán lugar a una contraprestación económica a favor de ellas. Esta circunstancia no impedirá el acceso de otros operadores interesados, mediante la correspondiente remuneración”.

¿Esto quiere decir, sencillamente, el fin del monopolio? ¿Es el fin de la transmisión exclusiva? Veremos.

Algunos creemos que no es suficiente. Que la “libertad de cámaras” debe ser tan amplia como la existente hoy para los derechos de transmisión de un partido por radio (ver artículo 68). Es decir, arancel cero. Todas las radios que puedan, a transmitir. Y que vivan de la publicidad.

De cualquier modo el artículo 67 será difícil de digerir para TyC y todos esos cabrones de la exclusividad (ESPN, Fox, Direct TV).

Habrá que tener cuidado con el sucio manejo que ya exhibieron, en los últimos años, los abogados de los grandes medios. Nadie olvida que Clarín premiaba con un 15% de bonificación a los supermercados

que colocaban grandes avisos en el diario del domingo a cambio de que “no contrataran páginas de publicidad en otros diarios”. Copiando ese método, Clarín o el grupo que sea, puede ofrecerle 10 millones de dólares a Boca por los derechos de TV del torneo de Primera, “a cambio de no ceder los derechos de la Copa Libertadores a otro canal”.

Más en remojo se pondrán los multimillonarios dueños del negocio deportivo cuando se debata el artículo 68: “La cesión de los derechos para la retransmisión o emisión, tanto si se realiza en exclusiva como si no tiene tal carácter, no puede limitar o restringir el derecho a la información.

Tal situación de restricción y la concentración de los derechos de exclusividad no deben condicionar el normal desarrollo de la competición ni afectar la estabilidad financiera e independencia de los clubes. Para hacer efectivos tales derechos, los titulares de emisoras de radio o televisión dispondrán de libre acceso a los recintos cerrados donde vayan a producirse los mismos”.

¿Y esto? ¿Es un tiro para el lado de la justicia en el campo del periodismo?

Por si alguien no lo sabe, la prensa no puede ingresar hoy una cámara a un estadio si antes no cuenta con la autorización de la empresa dueña de los derechos que exige la firma de “un compromiso” de no pasar imágenes hasta las doce de la noche. Es decir, hasta que termina Fútbol de Primera por el trece.

De aquí en adelante (¿se aprobará antes del 28 de junio?) habría libre ingreso. Y podríamos irnos a dormir un domingo a las once de la noche, después de ver en todos los noticieros los goles de los principales partidos. Como era antes. 

No, no. No es la ley perfecta. Pero qué buena parece la sensación de un mínimo momento de revancha para los hinchas.

COMENTARIOS (3)

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