Miércoles 29 de Marzo de 2017 - 00:23hs. - República Argentina Edición # 1629

Revista #18 Mayo 2008 > Fútbol

Mundial 78, el opio del pueblo argentino

El periodista y abogado, Pablo Llonto, arribó a la ciudad de La Plata para presentar su libro “La vergüenza de todos (el dedo en la llaga del Mundial 78)”, Ediciones Madres de Plaza de Mayo, en conmemoración al 30º aniversario del Mundial ´78 dentro del Ciclo de Conferencias “Voces de la Cultura”, organizado por la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad.


Por María Inés Pereita

Pablo Llonto transita una destacada trayectoria en medios gráficos, radiales y televisivos. Trabajó en las revistas El Gráfico, Noticias, Somos; en los diarios Clarín, El Expreso y la Razón; en las radios Libertad y La Red. Actualmente escribe para las revistas Gatopardo y Veintitrés. Como Abogado, fue integrante de los equipos voluntarios del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), y representa a familiares de compañeros desaparecidos y asesinados.

La fiesta inolvidable

En 1978 la Argentina, como buena anfitriona, se vistió de celeste y blanco, cortó papelitos, multiplicó la camiseta, creó el gauchito mundialito, inventó a Clemente, dio origen a la consigna “los argentinos somos derechos y humanos”. Educó con propagandas de cómo tratar a un extranjero, y sobre todo, inculcó el respeto al gobierno de Videla, “como una plantita a la que hay que regar y cuidar”, decía una voz en off, en tanto, una vaca tranquila en el campo era atacada por unos bichos que se sacaba de encima con la ayuda de un gauchito; y bajo estas imágenes el locutor relataba, “Argentina tierra de paz y de enorme riqueza. Argentina, bocado deseado de la subversión internacional que intentó debilitarla para poder dominarla. Fueron épocas tristes y de vacas flacas. Hasta que dijimos basta de despojo, de abuso, y de vergüenza. Hoy vuelve la paz a nuestra tierra y esa paz nos plantea un desafío, el de saber unirnos como hermanos en el esfuerzo de construir una Argentina que soñamos”.

Mientras la sociedad miraba y disfrutaba de la fiesta de todos, a diez cuadras del estadio de River, en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada, se violaban los derechos humanos. En este contexto, macabro y festivo, seguido de triunfo y gloria, pasó de todo: muerte, tortura, desaparición, derroche, corrupción, doping, miedo, obsecuencia, mentiras. Todo fue una vergüenza.

“El Mundial ´78 aparece como el primer símbolo de aprobación masiva de la dictadura: Videla recibió seis veces el aplauso de las multitudes en estadios repletos. La fiesta de despilfarro en la organización del torneo apenas se cuestionó. Las voces de denuncia de los exiliados y los familiares de los asesinados, desaparecidos y encarcelados fueron tomadas como expresiones de la antipatria. El periodismo fomentó el anticomunismo, la delación de los luchadores y militantes de izquierda, y defendió, a buen precio, casi todos los actos del gobierno de la dictadura militar. Las distintas interpretaciones sobre cuáles fueron los motivos por los que una sociedad se encegueció de tal manera y aceptó, durante un buen tiempo, que tantas mentiras se repitieran como verdades incuestionables no son el objeto de este libro. En estas páginas se mostrarán los hechos y, apenas, algunas reflexiones indicativas como para advertir que nada fue casual”.  Reflexiona Pablo Llonto en el prólogo de su libro, “La vergüenza de todos (El dedo en la llaga del Mundial 78)” sobre la sencilla excusa de que nadie sabía lo que ocurría, y a partir de allí, inicia un recorrido a lo largo de un relato acompañado de testimonios, entrevistas y de historia, que se divide en diez capítulos.

El nombre del libro ironiza sobre el título del conocido film oficialista “La fiesta de todos” de Sergio Renán. Pero para su autor “La vergüenza de todos” se debe más que nada a que “fuimos parte de un país entre ciegos y enloquecidos, que creyó que la patria era la pelota, y la pelota, la patria. Un país que durante mucho tiempo negó el rol que ocupó como sociedad en la dictadura. Un país que recién muchos años después, entendió que necesitábamos una mirada crítica sobre qué papel habíamos jugado como sociedad”.

Un personaje particular
    
José María Muñoz,  inolvidable ícono del Mundial ´78 y fenómeno de la comunicación popular que, por tipificarlo, como introduce Llonto, “vendría a ser el Daniel Haddad de la época, ya que era accionista de Radio Rivadavia, la más escuchada, como la 10 ahora”.   Lo llamaban “el relator de América”, y desde radio Rivadavia hizo una intensa campaña para desprestigiar a aquellos que denunciaban la violación de los derechos humanos en Argentina. En 1979 lanza la  fuerte consigna, “Los Argentinos somos Derechos y Humanos”, ideada desde el poder para contrarrestar lo que llamaban la campaña anti-argentina.

“Si Muñoz viviera todavía estaría defendiendo lo que hizo. Nadie le escuchó jamás una autocrítica. Cuando en 1983 la periodista Cristina Castello le realizó una entrevista para El Gráfico, Muñoz seguía escapando”. A la pregunta sobre la actuación de los medios de difusión durante el último gobierno militar,  el relator de América contesta, “No puedo decir que fueron responsables. En cuanto a mí, yo iba atado nada más que al deporte, de manera que ahora recién me entero de ciertas cosas (…)”.

En democracia y ante las acusaciones de Muñoz, Julio César Calvo, uno de sus comentaristas durante el mundial, salió a defenderlo, “el gordo sabía lo de mi hermana y me ayudó”. Adriana Calvo había sido secuestrada junto a su marido en la provincia de Buenos Aires, en 1977, “gracias  a sus contactos con los militares yo pude rastrearla”.

A la semana de haber finalizado la Copa del Mundo, Muñoz declaró, “No soy demagogo ni me hice rico con el mundial”.

Carta a mi hija

 “Nos mean, y la prensa dice que llueve”
Grafitti de origen español, hoy de carácter internacional
Cap. 5. Lo dejaron ahí.


El capítulo 5, titulado, Lo dejaron ahí, está dedicado a vergonzosos textos periodísticos de diversos medios que adoptaron un discurso argentinista y pro-Junta Militar, como la revista Gente dirigida por Samuel “Chiche” Gelblung, con una llegada a 400.000 hogares y El Gráfico, que vendió un promedio de 300.000 ejemplares en la previa al mundial y 600.000 en la final, ambos pertenecientes a la editorial Atlántida.

“En la prosa periodística de aquellos años se puede encontrar al por mayor pícaros textos”, escribe Llonto y a continuación deleita al lector con un hecho para destacar como fue la falsa carta del capitán de la selección de Holanda, Rudolf Krol.

En pleno mundial le escribe una carta a su hija, que sale publicada en la revista  El Gráfico, “quiero decirte antes que nada que te extraño mucho, ya compré la muñequita que te prometí. Mamá me contó que el otro día lloraste porque algunos amiguitos te dijeron cosas muy feas que pasaban en la Argentina. Pero no es así, es una mentirita infantil de ellos. Papá está muy bien, aquí todo es tranquilidad y  belleza. Esta no es la Copa del Mundo si no la Copa de la Paz. No tengas miedo, papá está bien, tiene tu muñeca y un batallón de soldaditos que lo cuidan, que lo protegen y que de sus fusiles disparan flores (…)”.

La carta se publicó doce días antes de la final contra Holanda. Pero una vez, publicada se descubrió que el verdadero autor era el periodista argentino, Enrique Romero, hasta hace poco corresponsal del diario Olé en España. En ese entonces, sin una orden del jefe de redacción,  Romero escribió la carta en inglés y la publicó.

 “El director del gráfico, a quien entrevisté para el libro, dice que a él le llamó la atención la carta y que se comunicó con  Romero, que estaba en Mendoza con la selección Holandesa, y le dice-: ¿estás seguro que esto lo escribió Krol? Sí, quedate tranquilo”.

El escándalo no se hizo esperar. Cuando salió El Gráfico, la selección de Holanda protestó  e intervino la embajada. El Ministerio de Relaciones Exteriores argentino tuvo que pedir disculpas. La prensa argentina no publicó ni una línea de esto. “¿Ustedes creen que la revista El Gráfico y la editorial Atlántida pidió disculpas? No pidieron nunca disculpas. A Krol, hoy le siguen preguntando por la carta y dice que no cree todavía que haya ocurrido este hecho en pleno mundial de fútbol”.  Desde Holanda, Krol hizo escuchar su réplica: "No me entra en la cabeza que una persona haya hecho algo así. Fue indigno, artero y cobarde. Jamás escribí eso."

La Noble Ernestina

“Clarín fue re-contra cómplice en la dictadura y quienes trabajamos en Clarín tenemos parte de nuestra responsabilidad. Aún los que hicimos deportes, y aún los que hicimos campeonatos de Primera B, aún los que escribíamos sobre Deportivo Armenio contra Deportivo Español. Porque con ese paño de deporte que dábamos a la sociedad, casi 30 páginas, estábamos de alguna manera consciente o inconsciente, desviando la atención de la gente hacia aspectos menores”, expresa como periodista, y ex redactor de las secciones de Deportes y Política del diario Clarín,  desde octubre de 1978. En 1984, Pablo Llonto fue delegado gremial de los trabajadores de prensa de ese matutino hasta que la empresa le impidió el ingreso en 1991.

Llonto comenta al auditorio que va a dejar de hablar de la responsabilidad de los medios durante el mundial para enojarse un poco menos. Pero antes de pasar a otro tema, destacará tres situaciones aberrantes protagonizadas por la dueña del imperio Clarín, enmarcando el rol protagónico que jugó el medio,  como cómplice de la dictadura.

UNO- En 1979, durante la visita de la Comisión de Organización de Estados Americanos, OEA, que venía a tomar las denuncias de los desaparecidos, se jugaba el campeonato Mundial  Juvenil de Fútbol en Japón con Maradona. Argentina sale campeón. Se organiza una recepción piloteada por el periodista José María Muñoz. Se convocaba a la gente a que fuera  a la plaza a celebrar el campeonato juvenil, para demostrarle a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que “Los Argentinos somos Derechos y Humanos” y que era mentira todo lo que andaban diciendo. Cuando ocurre esto, Cardoso, periodista de Clarín, escribe una nota y no la firma, contando cómo se había utilizado los medios de comunicación para llevar a la gente a la plaza con la excusa de celebrar el campeonato juvenil del `79 y ocultar las denuncias a la Comisión.

DOS-En junio del 79, un año después del mundial, la señora Ernestina de Noble y su empresa Clarín organiza un partido de fútbol, en homenaje a los campeones del Mundial. Juega Argentina contra el resto del Mundo. Pierde Argentina 2 a 1.
Ernestina Herrera de Noble, acusada de haberse apropiado de dos hijos de desaparecidos en 1976, que hoy son Marcela y Felipe Noble y van a ser los herederos del imperio Clarín, entrega la copa junto a Jorge Rafael Videla.

TRES-
Clarín en la dictadura se quedó con papel prensa, con una fábrica entregada a precio vil por los militares.

Un logo peronista

“Siempre he pensado en un pueblo de deportistas,
Porque cuando se tiene un pueblo de hombres deportistas,
Se tiene un pueblo de hombres nobles y hombres buenos
Y de hombres de profundo sentido de moral de la vida,
Y esos son los únicos valores que hacen nobles a los hombres
Y grandes a los pueblos”

Discurso de Juan Domingo Perón en el Salón Blanco, 2 de agosto de 1951.

Cap.1, La vida por un mundial
         
El logo del Mundial, tatuado en la memoria del pueblo argentino, no fue un invento militar, sino un invento cien por ciento peronista. Representaba los brazos de Perón y la pelota en el medio. “Fue Perón quien quiso el Mundial de Fútbol, fue durante el tercer gobierno de Perón que el Estado argentino ratificó la decisión de realizarlo, fueron los brazos de Perón el logo del Mundial 78 y fue la marcha peronista, camuflada bajo el ‘Dale campeón/dale campeón’, la que la multitud cantó cuando la selección argentina dio la vuelta olímpica el 25 de junio de 1978 (…)”. Cap1, La vida por un mundial.

Y aunque el organizador del evento mundialista, el capitán de navío Carlos Lacoste, pariente de la mujer de Videla, quiso modificarlo al saber su origen, ya era tarde. La empresa que había ganado la comercialización internacional había puesto en marcha la reproducción del logo en monedas, banderines y camisetas.

Al concluir la presentación, la mayoría optó por cruzar la puerta con un ejemplar bajo el brazo. Algunos esperaron y se llevaron su libro con una dedicatoria firmada de puño y letra por el autor. Ahora sólo queda leer “La Vergüenza de todos”, y sumergirse en cada una de estas historias, anécdotas y testimonios, narrados con bronca, ironía, enojo y vergüenza. Episodios negados colectivamente por una sociedad que eligió el mutismo y la ceguera, y hoy son devueltos a la reflexión por el periodista Pablo Llonto.

“Somos un pueblo que tuvo vergüenza pero que también tuvo un enorme orgullo del que no nos debemos olvidar. Vivimos en un país que 32 años después de la dictadura, está dando la batalla por encontrar uno por uno a los represores, juzgarlos y mandarlos a la cárcel. Esto es parte del orgullo que debe sentir nuestro pueblo”.

 
 

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