Martes 27 de Junio de 2017 - 14:22hs. - República Argentina Edición # 1719

Revista #38 Mayo 2010 > Historia

Conciencia Nacional y radicalización de la lucha

La resistencia peronista y la muerte del líder


Por Javier Vitale

Los años que transcurrieron entre el golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955 hasta la victoria popular del ’73 son singulares y de una profusa potencia en nuestra historia. Dos cuestiones fundamentales, teniendo en cuenta la profundidad con que se desarrollaron y los procesos que se suscitaron a causa de los mismos, hicieron de este período una nueva batalla en la contienda entre un proyecto independentista: la proscripción del movimiento político que representaba y daba expresión a las grandes mayorías del pueblo, y el extenso exilio del líder del movimiento. Se intentó succionar y omitir de la realidad al peronismo y a Perón. Al movimiento nacional y a su líder. Este proceso forjó varios surcos en la complejidad argentina. En uno fluyó la conciencia nacional de las masas, el entendimiento de la etapa histórica que se estaba desarrollando y las contradicciones que generó; en el otro, la construcción de un engranaje socio-económico, digitado por el imperialismo estadounidense y puesto en práctica por la oligarquía, que dio un certero golpe a la Argentina socialmente justa, políticamente soberana y económicamente independiente que se estaba edificando.

El golpe conforma alineamientos más reducidos en el frente nacional encabezado por el peronismo. Los sectores de la burguesía nacional, gran parte de las fuerzas armadas y el orden eclesiástico, habían roto con el frente ya tiempo atrás temiendo un mayor protagonismo del movimiento obrero, y justamente son los que incitan y producen directamente la masacre y la represión, llevadas a cabo en los bombardeos a Plaza de Mayo el 16 junio de ese año, y en la posterior dictadura conducida por Pedro Eugenio Aramburu e Isaac Francisco Rojas. De esta forma, la exclusiva relación del movimiento nacional se dio entre Perón y los trabajadores. Sin embargo, es en esta conexión que también se percibe un trayecto diferente, con alteraciones en las velocidades y distancias de los objetivos.

El esquema socio-económico generado por la oligarquía argentina, susurrada por el imperialismo, genera el devenir de esta etapa histórica, cuyo mayor objetivo es retornar al país del endeudamiento constante, del modelo rentístico, con ganancias extraordinarias para pocos, de la transnacionalización cultural y el desconocimiento de los derechos de los trabajadores. No desmantela el aparato productivo industrial, sino que lo extranjeriza. Se mantiene una industrialización por sustitución de importaciones. Sin embargo, esta continuidad se hace en menoscabo del desarrollo nacional, minando la autodeterminación económica. Imperan las grandes empresas extranjeras. Ya no es el Estado el que, obteniendo la renta diferencial producida por el agro a través del IAPI, destina recursos nacionales para fomentar y desarrollar una capitalización e industrialización local. No más proyecto nacional, se propuso la oligarquía. Por lo tanto, con la desvergüenza de someterse sin tapujos al imperialismo, se les otorga todos los beneficios para hospedar aquí sus centros periféricos de producción, ajenos a los intereses nacionales.

Es justamente el desmantelamiento de las conquistas obtenidas por el movimiento obrero la característica principal de ese refuerzo complementario por parte de la clase dominante hacia los capitales extranjeros, deseosos de actuar bajo la total impunidad. Impunidad frente a los derechos de los trabajadores. El principal ejemplo de este atropello es la intervención a la CGT. El mayor objetivo de la patronal siempre fue desestimar, reprimir y, si es necesario según la coyuntura, “encausar” al sindicalismo, es decir, confrontar y destruir un sindicalismo con conciencia nacional.

Es de esta manera que se gesta una resistencia al embate imperialista-oligárquico: la resistencia peronista. El entendimiento del contexto histórico y de las luchas populares que se continuaban, hizo de la exigencia del retorno de Perón, el líder máximo del movimiento, la bandera que enarboló la resistencia. De forma inorgánica al comienzo, a medida que la represión de los gobiernos ilegales e ilegítimos aumentaba, se fue generando un colectivo más amplio que logró aglutinar ideas más amplias: configurar un proyecto que tenga arraigo en los intereses nacionales, planteando un Estado que posea los instrumentos necesarios para intervenir en la economía y genere un desarrollo autónomo, en la restitución unívoca de los derechos de los trabajadores y las políticas sociales en favor del pueblo, en el funcionamiento pleno del sistema democrático, anulando la proscripción al partido mayoritario de los argentinos, el Justicialismo. De esta conciencia colectiva surgen del seno del movimiento obrero los Programas de La Falda (agosto de 1957), Huerta Grande (junio 1962) y el programa del 1° de Mayo -originado este último por la CGT de los Argentinos, escisión de la CGT vandorista (central obrera dialoguista y pactista con la dictadura de Juan Carlos Onganía).

Los programas enarbolados por la clase trabajadoras comprueban el ascenso en el nivel de conciencia en torno a la cuestión nacional y social, en tanto forma de comprensión de la situación de dependencia económica frente al imperialismo, de sometimiento político a sus acompañantes de lujo -los sectores oligárquicos rentísticos- y del empobrecimiento de los sectores populares, mientras las ganancias de la patronal estaban en plena expansión. Es el enfrentamiento directo del movimiento obrero frente a los sucesivos gobiernos ilegítimos lo que transmite en distintos sectores de la sociedad una conciencia nacional ausente en gran parte de nuestra historia. Sectores medios recogen las banderas de la resistencia peronista, y las enriquecen tomando del contexto regional y mundial los procesos más avanzados de liberación nacional. Se produce por lo tanto una etapa histórica, que durará hasta la muerte de Perón, donde gran parte del movimiento obrero organizado y de los sectores medios (militancia juvenil, estudiantil, de base) homologan un objetivo y un destino, el de la liberación definitiva de nuestra nación.
 

COMENTARIOS (23)

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