Martes 25 de Julio de 2017 - 21:40hs. - República Argentina Edición # 1748

Revista #24 Febrero 2009 > Historia

Norma Arrostito y Amanda Peralta: Dos potencias se saludan

Todo vuelve. No siempre del mismo modo que los pájaros o las estaciones, pero el carácter cíclico se hace presente también en la historia, sobre todo en la Argentina, con tantos jóvenes necesitados de entender.


Por José Benarrosh

Así, la que vuelve ahora es Norma Arrostito, la única mujer en la fundación de Montoneros, la que se viste de celuloide para regresar como ‘Gaby’ en la piel de la actriz Julieta Díaz.

Y vuelve ahora, justo cuando se despide la primera guerrillera, Amanda Peralta, de FAP, quien murió en Suecia.
También en el ayer, durante la penúltima dictadura (1966-73), habían coincidido.

Amanda venía de militar en La Plata, desde el derrocamiento de Perón, cuando tenía 15 años. Una década después, se trasladó al Docke, en Avellaneda. Contará: “Yo hacía tiempo que andaba con la idea de un foco rural. Lo había intentado con el grupo del Vasco Bengoechea. Fracasó por la explosión de calle Posadas y, después, caí presa”.

En Coordinación Federal (desde agosto del '64 a marzo del '65), se hizo amiga de Dardo Cabo, quien habría de presentarle a ‘Cacho’ El Kadri.
A su salida, ingresó a la Acción Revolucionaria Peronista (ARP) fundada un año antes por John W. Cooke y Alicia Eguren. Ahí conoció a Arrostito: “Entró conmigo por un contacto con la Fede (Federación Juvenil Comunista). En el ‘66, quedé a cargo de ese grupo y ahí entró Fernando Abal Medina, de 19 años, muy niño, muy inexperto, que también vino a mi grupo”.
Siete años mayores que él eran Norma y Amanda:

“Mi marido Néstor (Verdinelli), y Rubén (Roitvan, pareja de Norma), viajaron a Cuba seis meses. Entonces, Norma empezó una relación con Fernando. Estaban enamorados y, cuando Rubén volvió, se lo plantearon”.
“Norma hizo conmigo las primeras cositas en la huelga de portuarios, contra Onganía. Nuestro apoyo consistía en volanteos, llevar materiales y ayudar a ocupar la CGT. En diciembre, nos agarró la Comisaría 22, con Norma, Fernando... Su primera experiencia con la policía. Los sacó Juan Manuel Abal Medina. Yo quedé quince días más porque tenía antecedentes” (había estado en Olmos y, ahora, en Humberto Iº).
Según la periodista Gabriela Saidon, Amanda buscó “descifrar el enigma” de conciliar el marxismo de Norma (que venía del PC) con el catolicismo de Abal Medina y Firmenich:

“Eran épocas de curas obreros, no se vivía como una contradicción; detrás estaba la Teología de la Liberación”.
La nueva parejita fue a Cuba (los únicos Montoneros en ir, según Gillespie, hacia 1967). Amanda y Verdinelli salieron de ARP: “Tomamos contacto con David Ramos, Eduardo Moreno... Ya en el monte tucumano, nos dedicamos a integrarnos: caminar, charlar, cavar trincheras, cursos... en una carpa grande, hacía mucho calor de día y mucho frío de noche”.
En esa carpa en Taco Ralo, fueron descubiertos el 19 de septiembre del ‘68, justo cuando moría Cooke.

“Me separaron de los compañeros. Ellos la pasaron en grupo pero yo, aislada. Para peor, no había otras presas políticas. En la cárcel de mujeres de Olmos, me levantaron la incomunicación. El 22 de noviembre, me trasladaron en secreto a la de San Nicolás. Y, en mayo de 1970, a la Capital, en Humberto Iº.

De ella, en su próximo libro, escribe Alberto Moya:
En junio de 1971, la radio propalaba: ... De la cárcel de mujeres del Buen Pastor, en San Telmo, fugaron… Zulema Attaide; Diana Traiy de Llorens; Amanda Peralta...

Por sobre la emisión, El Indio Allende, en Quilmes, pegó el grito: –¡Zafó la Negra! Je, qué atorrante este Pepe. –¿Quién, Firmenich? –¡No! Bah, no sé; porque dicen que entraron con apoyo de montoneros importantes. Yo hablaba del Pepe Shome, que fue con cinco cumpas en dos comandos de la P.

(Mientras, la obesa Zulema no tenía forma de saber cuán atado estaría su destino al conurbano sur. Habrá de combatir en Viejobueno, de donde saldrá herida en el pecho y fugaría hasta Córdoba. Ya en dictadura, vendrá a Berazategui y, mientras volanteaba, será muerta por un disparo desde la terraza de la fábrica Rigolleau).

En el conurbano sur y, parte de la Capital, Amanda se ocupó de organizar FAP. Frente a las elecciones, apoyó a Cámpora; rompió con FAP-Nacional y formó FAP-17, aunque ya pensaba que era hora de disolver las organizaciones armadas e integrarse a la lucha política.

Días después de la amnistía, festejaba la salida de su marido, de El Indio y de compañeros que volvían, como Roberto Quieto, con quien estaba en una pizzería grande, lleno de gente, cuando vio a Norma. “No pudimos hablar mucho, pero se la veía bien. Era muy suavecita, pero con puntos de vista muy firmes”.

Cuando se acabó la primavera camporista, Amanda operó en el sur del conurbano y, después del golpe, en septiembre del '76, fugó a Brasil.
Norma, en cambio, herida en la Ezeiza del ’73, fue bastardeada por sus pares: “continúa en la conducción de la Columna Sur, como responsable de militantes con grados inferiores, en una escala descendente en jerarquías, hasta llegar al cargo menor de secretario de Organización”, afirma Saidon.
El 4 de diciembre, la dictadura dijo que le habían matado en Lomas de Zamora.

Amanda, en agosto del '77, pasó a Suecia, desde donde se acercaba a Francia para protestar con El Kadri ante la embajada e ir a donde se organizaba lo que los militares llamaban "campaña antiargentina" que hacía Amnesty International.

Norma no había muerto, fue cautiva de lujo en la ESMA hasta que le inyectaron pentotal el 15 de enero de 1978, a dos días de cumplir 38 años.
A Amanda le tocó estar en Argentina cuando murió El Kadri. Ahora, no quiso amargarle las fiestas a los suyos y esperó a morir, con mucha tranquilidad, un 2 de enero.

No será mucha infidencia transcribir el correo que Verdinelli escribió a Susana El Kadri: “lamento tener que escribirte que Amanda falleció hace algunas horas. Vivió una vida activa y de combatiente por la justicia hasta último momento. El día que la internaron le habían publicado en el diario más grande de Gotemburgo un artículo a dos páginas sobre el aniversario de la revolución cubana. Se hizo todo lo que se pudo, pero a veces el destino es así. Sedada y dormida desde hacía dos días, murió con un rostro muy calmo. Quién sabe, quizás están Cacho y Amanda tomando unos mates por ahí, discutiendo con pasión alguna cosa”.

 

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