Viernes 18 de Agosto de 2017 - 15:09hs. - República Argentina Edición # 1771

Revista #27 Mayo 2009 > Historia

SOMISA, un recurso estratégico para la reindustrialización

Durante el golpe cívico militar que encabezó Martínez de Hoz se sentaron las bases para la desindustrialización de SOMISA, pero al ser obra del General Savio y formar parte de Fabricaciones Militares, las Fuerzas Armadas resisten el cierre de la planta aunque no logran evitar su desfinanciación.


MEMORIA DE ACERO

Por Ing. Enrique Zothner

Se toma al consumo del acero por habitante del país como uno de los indicadores más importantes en el desarrollo de su economía. En ese entonces se producía material ferroviario, locomotoras, e innumerables bienes que se utilizaban en el país. El nivel más alto alcanzado fue en el ‘75, con 182 kg por habitante, mientras los países industrializados llegaban a 600 kg por habitante.

Con el golpe cívico militar empezó la desindustrialización que continuó con la democracia donde el uso de acero alcanzó el nivel más bajo en el 85/86 con 42 kg/hab, consumos similares a sociedades no industrializadas como Bangladesh o Biafra. En la actualidad el material que se produce se exporta por lo que la cantidad de acero manufacturado no sirve para medir el desarrollo nacional, quizás sí para denotar el éxito de los que defraudaron a la nación.

En el dictamen del juicio del Dr. Ballesteros promovido por el Dr. Olmos, (fue enviado al Congreso) aparecen las maniobras para desfinanciar y endeudar a las empresas del Estado. Una de las maneras de endeudar a la empresa fue obligarla a vender a precios más bajos que los del mercado. Más de una vez se intentó exigir a los trabajadores a efectuar maniobras contra la empresa. Este método se utilizó en SOMISA, donde, perpetrados por directores que respondían a su intervención, se descontaron hasta el 90 por ciento del valor de venta de los productos,

La desindustrialización continuó con el inicio del ciclo de los gobiernos democráticos. El primer gobierno electo pos dictadura, trató de privatizar la empresa aunque sin éxito. SOMISA no figuraba dentro del presupuesto nacional, pero era el principal exportador industrial de Argentina hacia Alemania, Estados Unidos, India, China y Brasil. Tuvo una excelente obra social, generó PyMEs para el suministro de sus necesidades de equipos y materiales para su planta, reguló el precio del mercado, favoreció la competencia, capacitó personal. Además su obra fue reconocida en toda la nación a través de las visitas pagas que ofrecía a los colegios. SOMISA fue querida y apreciada por su personal, su capacidad y reputación se extendió más allá del país. Hoy todavía se contrata a ex trabajadores para trabajar en la empresa residual debido a que su capacitación y conocimiento.

La destrucción de SOMISA

Si tomáramos a SOMISA solamente podríamos trazar un panorama limitado, o trabajar sobre un caso aislado. Los patrones de destrucción fueron coincidentes, las empresas representaron avances tecnológicos, tuvieron una buena cobertura social, capacitación tecnológica, importaron desafíos para los profesionales. Fue innecesaria su destrucción a menos que existieran otros intereses.

Algunos creen que puede explicarse este fenómeno a través de ganancias fáciles de los autollamados “empresarios”, o buitresarios locales con la complicidad gobernantes implicados en la privatización.

Es cierto que la mediocridad humana fue utilizada hasta donde se pudo: facilitó las operaciones necesarias para la apropiación de las empresas. Fue necesario promover una cultura en donde se valorizaba el puesto, su posición y salario, pero no se otorgaba ninguna importancia ni a la capacidad técnica, ni a la solvencia moral, ni al conocimiento o cultura de alguna especie. Basta recordar los nombres de los interventores que actuaron en SOMISA, o los que cerraron Zapla, ninguno de los cuales tuvo la menor idea de la industria siderúrgica; algunos de ellos tienen en su haber una larga lista de denuncias por estafas y negocios poco claros, algunos ya comprobados.

Para los buitresarios las ganancias serían sustancialmente mayores

En SOMISA el precio pagado fue de $0 si se toma en cuenta el stock de material y los equipos de la planta vendidos a otros socios; un regalo valuado en U$S 5000 millones. Se destruyeron importantes maquinarias, entre otros un tren de laminación de rieles, un equipo estratégico para Argentina y Latinoamérica.

Todas las construcciones que sirvieron de apoyo para los trabajadores de la planta fueron separadas y desarticuladas. Algunas se vendieron a precio especial al personal que las ocupó, otras quedaron en manos de la municipalidad, el policlínico devino en hospital (Palpalá), el hotel que fuera de SOMISA hoy está en manos privadas, previo saqueo de sus históricos muebles.

Existen elementos importantes que resultaron de indicios coincidentes. La mención de la reiterada aparición en las empresas televisivas en los noticieros de periodistas, fueran éstos empleados o personal contratado, o socios, algunos de efímera notoriedad. Atacaron con información sesgada, mintieron con el fin de presentar a SOMISA como empresa deficitaria e hicieron aparecer a sus trabajadores como vagos con buenos sueldos. Las críticas fueron banales, sin profundidad, ni valorar los aspectos estratégicos, su importancia, trayectoria y logros.

La consigna fue clara: se buscaba destruir las empresas estratégicas de Argentina, las que le pudieran dar independencia económica, soberanía política y un bienestar a amplios sectores de la población basado en el desarrollo industrial propio. Los argumentos utilizados fueron otra vez poco menos que triviales: si la empresa privada se hacía cargo de esta empresa la iba a administrar mejor, se acabarían los vagos, ganarían más plata, etc. En ningún caso sucedió esto, en las grandes empresas estratégicas se desguazaron, se rompieron y desmembraron. Se cumplió lo que pareció ser la intención de fuerzas insaciables, que para tristeza de los argentinos, tuvieron éxito. Sólo quedaron activas las líneas de producción que las empresas que tomaron el control adaptaron para alimentar un negocio monopólico. El resto fue inutilizado, regalado o destruido; ya no sirven a las necesidades estratégicas de la Nación.

Una de las claves para entender el proceso de desindustrialización, tiene que ver con el rol de los medios, como informantes de la sociedad, como operadores de la información: el análisis de la situación que aconteció en el plano industrial no fue profundo, o por lo menos dejó muchas dudas en el nivel de los intereses. Los grandes medios son en definitiva empresas, que representan los intereses de una clase que valora la apropiación de los bienes del Estado para realizar sus ganancias.

Estas junto a otras empresas estratégicas y la explotación de recursos naturales fueron desarticuladas y desvinculadas de sus objetivos primigenios para con la sociedad que fueron pensadas. Estas empresas estratégicas atendieron las necesidades industriales y de defensa del país, a la vez que desarrollaron tecnología propia, creando empleos de alta calidad y buena remuneración. Su participación en los medios sirvió a los fines de la constitución de la identidad y capacidad de los argentinos en tecnología como operadores de la información para la sociedad. Al vincularlas con el sistema de la renta, con la productividad más allá de su potencial estratégico en la conformación de un país, se convirtieron en elementos manipulables para aquellos que poseen las “reglas del mercado”.

Durante la apropiación de los restos de SOMISA a la sombra de una conducción inescrupulosa se favoreció el robo articulado de materiales, equipos y herramientas en la búsqueda conciente o inconciente del quebrantamiento de la moral de miles de trabajadores honestos incluidos en ellos a profesionales y directivos. La gran mayoría conservó el orgullo de haber pertenecido a una empresa tecnológica argentina, algunos renunciaron inclusive a sus derechos laborales asqueados por la situación, alguno se suicidó, otros enfermaron, familias enteras todavía padecen los estragos de la devastadora situación vivida.

Existen otros componentes que dificultaron o impidieron la protección de la planta industrial y del trabajo. Cuando no bastó la propaganda emitida desde las empresas de medios se utilizó la fuerza enviada por el ejecutivo. En San Nicolás se ocupó la planta con tropas, se instalaron nidos de ametralladora, en su interior personal armado pedía carnets de identificación dentro de la planta, mientras al mismo tiempo se exigía el retiro voluntario,  y se efectuaban listas de personas. Algunos todavía se preguntan si los sindicatos podrían haber salvado la empresa con un accionar más firme.

Parecería que no es posible pensar que tal confabulación tuviera como resultado desarrollar tan macabro plan, si los intereses del Gral. Savio, del Gral. Mosconi,  o la lucidez de Arturo Jauretche y de tantos hombres que pensaron una Argentina independiente y desarrollada industrialmente, hubiera estado encarnada en el pensamiento y la acción de los sectores medios y altos  de la población. Solamente se alzaron voces solitarias en contra de este avasallamiento. Esas voces fueron derrotadas y perseguidas por un pensamiento establecido que se originó en otras culturas y en otros países.

Hoy vuelven con más fuerza la confianza y capacidad de hacer justicia. Volver a ejercitar los sueños de un desarrollo estratégico nacional propio, de exigir que se devuelva a los argentinos lo que nunca debió ser quitado. Reconstruir lo que se rompió, recuperar lo que se usurpó.

Proyecto estratégico en el desarrollo de las Pymes

Hay muchas maneras de iniciar un proyecto, una podría sustentarse en las necesidades básicas a satisfacer: el transporte. Es bien conocido que la forma de flete más económica es por vía marítima o fluvial, por tren y luego por transporte automotor. Un porcentaje considerable del Producto Bruto Interno (PBI) es transporte, este gasto repercute en los precios, y convendría optimizarlo, etc. El tren es también un excelente medio de transporte como solución para el traslado diario de pasajeros en el ámbito urbano y suburbano.

Se podría realizar un proyecto estratégico de transporte, hidrovía ferrocarril, camión y relacionarlo con toda la producción del país.

El desarrollo y la apropiación de la tecnología de los medios de transporte es esencial en un país como Argentina, y es conveniente la producción de la infraestructura por el mercado debido a la inmensidad de las distancias en Sudamérica. Sus efectos serán amplios para la industria, el bienestar de la población, para disminuir la cantidad de accidentes en las rutas, ahorrar combustible y mejorar los aspectos ambientales.

 

 

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