Viernes 24 de Marzo de 2017 - 03:08hs. - República Argentina Edición # 1624

Revista #49 Noviembre 2011 > Historia

ENTREVISTA A MARTA ROJAS: PERIODISMO MILITANTE

Figura legendaria del periodismo y la literatura latinoamericana, la vida y la profesión la llevaron a cubrir hechos tan destacados como el Asalto al Cuartel Moncada y la Guerra de Vietnam. En una charla íntima, narra su historia y reflexiona sobre la realidad cubana.


 

Por Julio Ferrer

Marta Rojas nació en Santiago de Cuba. Recién graduada de periodista en la Universidad de la Habana, tuvo la posibilidad de cubrir dos de los acontecimientos más importantes en la historia de la isla: el Asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, y el juicio que posteriormente la dictadura de Batista realizó al pequeño grupo que sobrevivió a los fusilamientos. Ahí, el líder del frustrado ataque al cuartel militar, un joven abogado llamado Fidel Castro Ruz, asumiría  su propia defensa con un alegato categórico que el mundo conocería como “La historia me absolverá”.

Esta veterana escritora pertenece al grupo de periodistas que fundaron el diario Granma. Además de participar en distintos momentos revolucionarios de América Latina, fue corresponsal de guerra en Vietnam donde pudo entrevistar al líder revolucionario Ho Chi Minh.

Publicó una destacada obra literaria de ficción: El columpio, de Rey Spencer, Santa Lujuria, El harén de Oviedo, Inglesa por un año (obtuvo el Premio Nacional de Literatura Alejo Carpentier). En el género de testimonio y periodismo produjo Tania, la guerrillera inolvidable; Testimonios sobre el Che, El que debe vivir (Premio Casas de las Américas).

Hace un tiempo, cuando Marta Rojas visitó el país, estando en Buenos Aires, una colega y amiga en común, la enorme Stella Calloni, tuvo la generosidad de presentármela. Ese mismo día, los tres disfrutamos de una noche cautivante, llena de recuerdos y anécdotas, acompañados por empanadas, buen vino y el infaltable ron. Aquí va parte de lo que hablé con esa leyenda cubana.

 

El asalto al Moncada

-¿Cómo fue que cubrió el asalto al Moncada?

-Soy de Santiago de Cuba, pero estaba estudiando la carrera de Periodismo en la Habana. Para esa época (julio) venían los carnavales de Santiago, fiestas populares que a mí me gustaban muchísimo. Yo estaba de vacaciones, salí el 25 de julio a la tarde con unos amigos para disfrutar del carnaval. Llegó la noche y me encontré con un fotógrafo vecino, “Panchito” Cano, que trabajaba para una revista de Santiago. Me pidió que hiciera una crónica y los pies de grabado para su reportaje del carnaval para la revista Bohemia. Casi, al amanecer, nos íbamos a nuestras casas, sentimos los disparos. En ese momento no sabíamos de qué se trataba, ni donde ocurría el tiroteo. Al igual que la inmensa mayoría de la gente, lo atribuí a los cohetes chinos y fuegos artificiales propios del carnaval. Entonces Panchito me dijo que eran tiros y agregó: “Se nos fastidió el reportaje de los carnavales”, y yo les respondí: “Pues vamos a hacer el de los tiros”. Porque en el periodismo lo último que sucede es lo que se publica. De ninguna manera podía imaginarme que iba a ser testigo de uno de los acontecimientos revolucionarios de la historia de Cuba y América: el Asalto al Moncada por Fidel Castro y otros compañeros el 26 de julio de 1953.

También cubrió el juicio que le hizo la dictadura de Batista a Fidel Castro y sus compañeros de lucha.

-En aquella sala me parecía estar viviendo un episodio grandioso de la Guerra de Independencia, un acto cívico sin precedentes. El primer impacto lo había recibido con la entrada de Fidel. Su autoridad, su palabra y su estado de ánimo me llamaron la atención. También su sobria elegancia de vestir. Mi curiosidad periodística fue transformándose en admiración y después en solidaridad con aquellos jóvenes. En ese juicio de la Causa 37, o juicio del Moncada, es donde el doctor Fidel Castro, en las salitas de las enfermeras del Hospital Civil, pronunciará el histórico alegato conocido como “La historia me absolverá”

-Se cumplieron 58 años del asalto al Cuartel del Moncada ¿Qué reflexión le merece?

Los hechos deben medirse por sus resultados. El asalto al Moncada fue un revés táctico pero resultó una pronta victoria estratégica que, en un lapso bien corto, marcó la mitad política revolucionaria del siglo XX en América Latina y por supuesto la victoria revolucionaria en Cuba que persiste en la actualidad.

-¿Cómo encuentra la situación actual en la isla?

-El hecho de que Raúl esté en el poder no es algo extraño para los cubanos. Él estuvo desde el Moncada y siempre fue una figura preponderante de la revolución. Más del 50% de la población cubana nació con Fidel ya en el poder. Siempre hubo, en distintos momentos de estos años, grupos que jugaron un papel importante en la revolución y que tuvieron un gran protagonismo. Para ellos la revolución no es algo ajeno

 

La guerra en Vietnam

-Fue la primera mujer latinoamericana que viajó a Vietnam y Camboya como corresponsal de guerra ¿cómo fue esa experiencia?

-Fui a Vietnam por primera vez como corresponsal de guerra en 1965, porque formé parte del Comité Cubano de Solidaridad que presidía Melba Hernández. Dentro del Comité tenía la tarea de la divulgación y la propaganda y, a través de su presidenta, solicité viajar y fue aprobada la idea. En aquel momento los dos periódicos fundamentales eran Revolución, órgano oficial del Movimiento 26 de julio, y el Hoy, del Partido Socialista Popular (PSP). Fuimos asignados Raúl Valdés Vivó por el Hoy y yo por Revolución. Por cierto, estando en la selva vietnamita nos enteramos por Radio Liberación de la unificación de ambos periódicos, entonces nos preguntamos con Vivó: “Y ahora ¿para qué periódico escribimos? Andábamos con un pequeño grupo de guerrilleros que se movía con mucha facilidad dentro de la selva. El traslado se realizaba de tres formas: en bicicleta por el camino de Ho Chi Minh Y cuando era necesario cruzar ríos en balsas de bambú o sobre unos troncos muy largos que se extendían de un lado a otro de la corriente, sino era muy anchuroso. En la selva tuve mi primer encuentro con lo que conocemos como la guerra del todo el pueblo. Eran constantes los bombardeos de helicópteros artillados y toda clase de armamentos de última generación que los norteamericanos probaron durante la guerra, incluyendo las armas químicas y el agente Naranja (en un hospital de campaña pude ver los efectos destructivos de seres humanos. Una imagen monstruosa, imborrable). La participación de todos para expulsar al enemigo venía a apoyar la acción de los combatientes que estaban en primera línea. La construcción de kilómetros de túneles y refugios, la reconstrucción inmediata de los puentes, ese era el trabajo de la retaguardia. Me impresionó la manera, la forma inteligente que tenían los vietnamitas para combatir a un enemigo tan poderoso. Eran verdaderos sabios, innovaron en los métodos de lucha. Enterraban estacas en las superficies planas para que los aviones no pudieran aterrizar a recoger a sus efectivos en tierra, domesticaban avispas, serpientes, usaban las sanguijuelas, ponían trampas por todos lados. Yo hice un reportaje, que luego se transformó en libro que titulé Vietnam del Sur: su arma estratégica es el pueblo. En las zonas liberadas funcionaban hospitales, espectáculos artísticos e incluso se filmaban películas. También las escuelas –un techo de paja, piso de tierra y bancos rústicos por pupitres- tenían sus propias trincheras cavadas entre una hilera y otra de los asientos. Al grito de Bai mai (aviones norteamericanos), los niños se refugiaban y luego del bombardeo volvían a estudiar. Había una actitud de resistencia con convicción en la victoria.

-¿Pudo conocer al líder vietnamita Ho Chi Minh?

-Sí, conocí a    Ho Chi Minh por esos azares de la profesión. Fui la última periodista extranjera que le hizo una entrevista en Hanoi. Esto ocurrió durante el mes de julio y el murió en septiembre de 1969. Recuerdo que me recibió a las siete de la mañana, me saludó en perfecto español. Era un hombre muy inteligente, culto. Hablaba y escribía en francés, inglés, en varios dialectos de las minorías de su país, en ruso y en chino. Yo estaba con el traductor y el director del periódico Nam Dam, caminó hacia mí, llevaba una bata de seda blanca y andaba en plantilla de medias  del mismo color. Me dijo que le preguntara lo que yo quisiera, conversamos mucho y en cada palabra suya estaba la seguridad de que la victoria se produciría. El tío Ho, como todos lo llamaban, me dijo que le gustaba oír mucho los discursos de Fidel. También de la valentía del pueblo cubano enfrentando a los norteamericanos tan cerca. En esa ocasión me dijo: “Yo le doy a Vietnam toda mi vida y el dolor de los vietnamitas del sur es mi propio dolor”. Sabía que en el sur era más dura la guerra, al tener más de 250 mil soldados yanquis en tierra. Por aquellos días estaba haciendo su testamento político, en el cual expresaba la confianza de que Vietnam vencería a los yanquis.

-Mencionó el Testamento político de Ho Chi Minh, documento que se materializó con la victoria del pueblo vietnamita sobre el imperio norteamericano en 1975.

Exactamente, se hizo realidad un 30 de abril de 1975, en donde los televisores del todo el mundo mostraban un espectáculo sin precedentes: los soldados yanquis en desenfrenada estampida de las bases aéreas, marítimas y terrestres, agarrándose con desesperación a los patines de los helicópteros. Derrota aplastante del imperio en ese pequeño país. Ese día yo estaba en el periódico Granma; era entonces jefa de Información. De pronto escuché el tic, tic constante de los teletipos; cuando fuimos a ver, el cable decía: Cayó Saigón. Después se decidió que saliera rumbo a Viet Nam. En 36 horas estuvimos en Hanoi. Con Santiago Álvarez y todo su equipo del noticiero ICAIC nos montamos en un jeep y recorrimos alrededor de 2 000 kilómetros para llegar a Saigón, hoy ciudad Ho Chi Minh, y así poder ver algunos combatientes que había conocido en la selva y presenciar el Desfile de la Victoria, la derrota total de los yanquis.

COMENTARIOS (17)

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