Lunes 21 de Agosto de 2017 - 14:53hs. - República Argentina Edición # 1774

Revista #40 Julio 2010 > Internacional

Histerias en Europa

Ajustes, achicamiento del Estado y retirada política en Europa. Las recetas que ponen en jaque la función social y reguladora de los estados.


Una mirada latinoamericanista

Por Diego Otondo

La crisis financiera dejó al menos dos conclusiones sustanciales: primero, que existe un profundo cuestionamiento al paradigma neoliberal, pero no precisamente de sus principales actores, que lo reproducen a cualquier costo. Segundo, que los procesos políticos dependientes del modelo neoliberal, sin una presencia firme y decidida del Estado que pueda torcer el brazo, carecen de una visión a largo plazo, y cualquier logro inmediato será cooptado por las directrices del mercado, que se regodean en el caos y dominan el desorden con sus recetas. Hoy por hoy ésta es una de las diferencias profundas que existe entre algunos países de América Latina y Europa, que aplica la fórmula de la Unión Europea y el FMI como si fuera producto de un destino manifiesto.

El fin del Estado

Los casos griego y español forman parte de una tragedia que se evidenciará en los costos políticos y sociales en cada caso. El caos económico y financiero en realidad es un gran avance para levantar las copas: los actores neoliberales obtienen así un justificativo que será ejemplar para el disciplinamiento de los estados, evitando la construcción de corte político que perdure en el tiempo, achicando la función social estatal y realizando una transferencia de recursos para el beneficio propio. En este sentido, es elocuente el artículo del economista francés Guy Sorman titulado “Cómo el socialismo destruye Europa”, deseando el fin de las atribuciones estatales. Para Sorman, es el Estado de Bienestar el causante de todos los males, es decir, el déficit público que hay que bajar cualquiera sea su costo.

Antes de que la debacle griega acogiera las medidas impuestas por la Unión Europea (Alemania y Francia) y el FMI, la reunión en Davos a principios de este año dio cuenta de cuáles serían los caminos a recorrer. Los directivos del Deutsche Bank, Lloyd's y el Standard Chartered Bank dijeron que no era necesario aplicar más regulaciones. En este sentido, para el ex ministro griego Mikis Theodorakis la cuestión es simple: se trata de revertir los logros obtenidos y poner a Grecia de rodillas frente a los países pronorteamericanos. La desregulación y el ajuste permiten hacer realidad el sueño de Sorman, de las calificadoras de riesgo, de la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (OCDE) y de Wall Street.

El filósofo Paolo Flores d’Arcais cuestionó a la socialdemocracia por su defensa de lo que él llamó el “sistema de privilegios”, que no es otra cosa que la aplicación de políticas de derechas en el contexto socialista. Y justamente, la aparente paradoja es que, tanto en Grecia como en España, la derecha con gran cinismo intenta sacar rédito político oponiéndose a las medidas de ajuste. “Hace tiempo que la socialdemocracia europea decidió alentar las privatizaciones, estimular la reducción de los presupuestos del Estado a costa de los ciudadanos, tolerar las desigualdades, promover la prolongación de la edad de jubilación, practicar el desmantelamiento del sector público, a la vez que espoleaba las concentraciones y las fusiones de mega-empresas y que mimaba a los bancos”, escribió Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique. El director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, es socialista.

 Y, precisamente, ha sido el presidente Zapatero quien se encargó de ofrecer toda su ayuda a los empresarios para que el “sistema de privilegios” no sufriera altibajos: “hasta ahora, (…) los empresarios que han visto frustradas o reducidas sus aspiraciones han pagado con creces su peaje en esta crisis. No es a ellos a los que quepa demandar solidaridad, sino a la inversa, ofrecérsela”. El sociólogo José Álvarez escribió sobre el asesinato político de Zapatero: “…el día después de la liturgia sacrificial será idéntico al anterior, porque nada importante depende ya de una persona sola o de un líder, la superchería más persistente de la política contemporánea”. Los gobernantes europeos son en estos momentos una anécdota y la cara visible de todos los males, mientras los verdaderos verdugos viven en la “clandestinidad”.

A diferencia de una economía política como en América Latina, que discute el paradigma neoliberal en gran parte de los países que la integran, las medidas tienden a una economía de carácter técnico, que como consecuencia tiene la antipolítica en sus postulados y avatares con las víctimas de siempre como actores protagónicos. Al respecto, poco y nada hizo el Grupo de los 20 desde la cumbre celebrada en Londres. Evitó, de la mano de los países centrales, algún tipo de transformación en las entidades multilaterales de crédito.

Los países europeos que caminan hacia el ajuste –Italia, Alemania, Reino Unido, Portugal y Francia- sitúan al Estado en las funciones básicas en las que un buen liberal cree: las tareas mínimas como la educación, la salud y, sobre todo, la seguridad; evitan la regulación que coarta la libertad de mercado y los logros individuales. Es decir, el objetivo de un Estado en su mínima expresión camina hacia la gloria y Europa desde las altas esferas se siente unificada con el ajuste.

Patas arriba

El panorama deja entrever que las cuestiones políticas están supeditadas al régimen de reglas y conductas que aplican las entidades financieras de carácter global. La fórmula de esta manera se invierte: el caos financiero es producto de un excesivo gasto público. La reducción del déficit público, según el economista francés Robert Boyer, es invertir la causa y el efecto. Se trata de que el Estado salga al rescate del mercado, ni más ni menos.
El FMI argumentó que el mayor de los males es el déficit público, que sustituyó al riesgo financiero. Sin embargo, España posee una deuda pública del 55% del PBI y está entre las más bajas de la Eurozona: se encuentra 20 puntos por debajo de la media (Pablo Beramendi y David Rueda, diario El País, 20 de mayo de 2010). La deuda española en su conjunto, privada y pública, es del 400%. Entonces, lejos está el Estado de ser el problema cuando los inconvenientes se deben a la recaudación y a la deuda que es, sobre todo, privada.

El primer ministro griego,  el socialista Yorgos Papandreu, sostuvo que “España y Portugal no estaban tan mal, y han sido víctimas del histerismo". Grecia y España fueron el experimento inicial. El escenario de deudas públicas es más alto que en España y es el siguiente: Grecia (124,9%); Italia (118,2%); Francia (83,6%); Inglaterra (79,1%); y Alemania (78,8%). Si tomamos deudas por fuera de Europa,  nos encontramos con un 200% en Japón y un 114% proyectado para los próximos años en Estados Unidos.

La excitación nerviosa de los mercados y los actores consustanciados con la causa neoliberal –economistas, políticos y los medios de comunicación del establishment- han desviado el eje de la discusión y presentaron un escenario parcializado. “Se está provocando una gran humareda en torno a los riesgos de nuestra deuda pública, mientras se está escamoteando el recalentado polvorín de la posición financiera deudora acumulada por nuestras empresas”, escribió en La Voz de Galicia el economista Albino Prada.

Cooptados

La planificación económica, desde una mirada latinoamericanista, implica una puja dialéctica entre el Estado y el mercado; el intento de un modelo nacional productivo, como lo llamó el vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera, en contraposición al modelo neoliberal. El camino recorrido hace casi una década en varios países, de un Estado más participativo en la economía, pudo sobrellevar la crisis internacional que se inició en los Estados Unidos en los Estados Unidos mejor que Europa.

Porque la crisis inmobiliaria en España y el ocultamiento de las cuentas griegas, han disparado cuestiones relativas al gobierno, al poder y al Estado. Los ajustes producto de las presiones de aquellos que comandan la Unión Europea y de los protagonistas neoliberales demuestran que el Estado y el gobierno no tienen el poder; que no se ha construido una planificación para contrarrestar las presiones que tienen como conclusión la complicidad con el régimen neoliberal, que sí tiene el poder estructural. Un ejemplo: el rescate para Grecia servirá, como parte del contrato con el FMI, de ayuda a los bancos para solventar la escaza liquidez.

El Estado viene desenvolviéndose en una retracción sobre sí mismo y deja que las fuerzas del mercado actúen con libertad. El politólogo alemán Peter Lösche escribió sobre el ocaso de la socialdemocracia europea y señaló que, en ese contexto, el capitalismo extremo “libre” está por fuera del control social y político. Ésta es una de las causas por las cuales el Estado basado en un modelo keynesiano había llegado a su fin. Esto es así porque existen dos economías disociadas entre sí: la pública y la privada.

Para el escenario español y griego, quizás, la aplicación del ajuste por fuera de los principios socialdemócratas sea un incentivo que refuerce a la derecha en las próximas elecciones. Pero no sólo se refuerza el papel de la derecha en los comicios, sino que también se fortifica la base estructural con la que gobernará. Es la posición estatal la que debe ser revalorada antes que la aclamada reforma financiera, para poder así llevar a la economía de la mano de la política y tener bien en claro cómo se transforman los mecanismos especuladores. No alcanza, por ejemplo, con que el 60% del gasto público sea para la protección social en el caso español (datos de 2003 Ministerio de Economía y Hacienda), si las reglas y decisiones van a correr por cuenta de aquellos que admiran los ajustes.

Presiones transatlánticas

Al nerviosismo mercantil, al ajuste y al achicamiento del Estado, se le suma la presión ejercida desde los Estados Unidos. La alianza transatlántica vía Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) corre peligro. Según el secretario de Defensa Robert Gates, “Europa se ha desmilitarizado mucho desde el final de la Guerra Fría y su infradotados presupuestos de defensa están minando los objetivos de seguridad compartidos”. El país que domina la OTAN está diciendo, con disimulo, que hay que aprovechar los recortes sociales y desviarlos hacia lo militar para poder solucionar, de una vez por todas, la catástrofe en Afganistán y Pakistán.

Todas las presiones pertenecen al mismo paquete: económico, político y militar, que lidera Estados Unidos a nivel global. A las críticas liberales conservadoras se suma el Presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, Richard Haass. Para Haass hay que decirle adiós a Europa como gran potencia, debe elevar el presupuesto militar y su mal mayor es el gasto público excesivo, el Estado keynesiano o de bienestar.

El gasto militar en Europa presenta el siguiente escenario: Francia gasta una cantidad aproximada al 2,6 % de su PIB, el Reino Unido el 2,4 % y Alemania el 1,5 %. Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), Grecia es el quinto comprador de armas del mundo: la casualidad nos dice que el 31 % de su arsenal lo obtiene de Alemania, el 24% de Estados Unidos, el 24% de Francia y el resto de otros países. Como vemos, los dos países que comandan a la Unión Europea (Alemania y Francia) son grandes exportadores de armas hacia el Estado griego. Mientras tanto, el gasto militar español asciende a los 18 mil millones de euros y se ha recortado un 2,4% con respecto a 2009.

Las presiones continuarán su marcha, porque la Unión Europea está lejos de ser un bloque geopolítico. Sin una coordinación en materia de política exterior y defensa, existe una suma de voluntades individuales, incluso en materia económica con el incumplimiento del pacto de austeridad que fija el gasto público en un 3%. Las asimetrías entre Alemania, Francia y el resto son notorias. Por ejemplo, cuando la Guerra Fría llegó a su fin, los países europeos se vieron atados militarmente a los Estados Unidos, como sucedió en la guerra de los Balcanes. Las intervenciones sólo se dan en el marco de la OTAN. En cuanto a qué es o no una amenaza, los europeos y los norteamericanos tienen ciertas distancias. Las políticas de la alianza transatlántica son definidas de acuerdo a la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos.

Un acercamiento a lo que ocurre al otro lado del Atlántico, nos permite observar cómo dos mundos asumen lo político-económico de manera disímil. En América Latina está intentándose construir un camino hacia la autonomía, sin la participación de los Estados Unidos como constructor de la agenda política, económica y social. Es la diferencia entre un debate con eje en lo político y el economicismo que impregna la visión europea. Esta última estigmatiza con su accionar los potenciales márgenes de maniobra. “Dado que los salarios y las prestaciones sociales constituyen un 75% del total del gasto público, debe reducirse el gasto público en salarios y pensiones. Por lo que se refiere a la consolidación fiscal, casi no existe otro margen de maniobra”. La declaración del FMI corresponde a la actualidad griega, pero es una señal para el mundo entero y sobre todo para aquellos que no hacen nada para que el histerismo mercantil sea curado.

La fiesta neoliberal

Los ajustes llevados a cabo en Europa y los que vendrán representan unos 217.900 millones de euros. El objetivo supremo es llegar al 3% que impone el pacto de prudencia fiscal. Portugal frenará obras de infraestructura e inversiones. El gobierno del socialista José Sócrates congeló los salarios de los funcionarios y aumentó algunos impuestos. Italia, por su parte, eliminó la ayuda a discapacitados, se prevén nuevos peajes para recaudar y la baja del salario de un 5% en los altos cargos. El ahorro se espera que sea de 24 mil millones de euros. Irlanda bajará un 5% el gasto social. Alemania quiere llevar su ahorro a 10 mil millones por año hasta 2016. Reino Unido con el nuevo gobierno conservador subirá el IVA de un 15% al 17,5%. Por último, Francia: retraso de la jubilación de 60 a 63 años, congelamiento del gasto público y reducción de los gastos operativos estatales.

Que sí, que no

Queda muy bien abogar por una reforma financiera ahora que los ajustes han sido implementados. Pero en Europa nadie se pone de acuerdo. Están mirando con atención lo que sucede en Estados Unidos con la propuesta para reformar el sistema financiero. Ya se escuchan las voces en contra de la reforma, aduciendo que los sistemas son diferentes en Europa y que hay que examinar con cuidado los pros y los contras. Es muy fácil advertir la necesidad de una reforma, pero muy complicado establecer las pautas comunes para ponerle el cascabel al gato.   
 

COMENTARIOS (4)

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