Sábado 29 de Abril de 2017 - 04:31hs. - República Argentina Edición # 1660

Revista #9 Agosto 2007 > Internacional

Un asunto tenebroso

Israel y el conflicto permanente. La justificación del Estado de Israel continúa siendo el estado de guerra permanente. Las políticas con respecto al conflicto palestino – israelí corresponden al punto muerto. Todos los medios utilizados son para poner en escena un fin que no es otro que la intención de mantener en alerta las fuerzas, de dar y castigar. El fin en sí mismo es la continuación del estado de guerra, y no una victoria política.


Por Diego Otondo

La violencia y el desorden inmersos en Oriente Medio tienen un fin, pero su discusión implica que el gran regulador de dicha situación absorbe el contexto de guerra para la justificación per se. Es Israel en este sentido, hace mucho tiempo por jerarquía y poder, un estado cuya relación con los Estados Unidos, más allá de ser el único estado occidental en la región, cuya opción por la guerra permanente satisface todas las directivas políticas de las principales potencias que en ocasiones se escudan en el discurso idealista del derecho internacional. Se persigue un orden amparado en las armas lejos de la constitución de un estado de justicia y convivencia.

Así, en los albores del siglo XXI, la máxima que debe regir es la de estar siempre alerta a los nuevos males. Israel para ello proporciona un modelo el cual, basado en la supremacía militar, siempre estará atento a la su seguridad y supervivencia. Siempre el problema palestino – israelí tendrá un componente común: esperamos la solución de los otros, a los que al mismo tiempo se los niega como ilegales o criminales. El ex primer ministro Ariel Sharon nos recuerda refiriéndose a la Hoja de Ruta (plan diseñado por Rusia, Estados Unidos, la ONU y la Unión Europea): “Esperamos que la Autoridad Palestina cumpla con su parte. No obstante, si dentro de unos meses los palestinos siguen desentendiéndose de su parte en la implementación de la Hoja de Ruta, Israel iniciará la medida unilateral de seguridad: desconexión de los palestinos”.

Democracia, un paso en falso

Efectivamente el “Plan de Desconexión” – el espacio aéreo de Gaza sigue controlado por Israel- que retiró a los colonos judíos de Gaza (ver recuadro 2) de manera unilateral, sin coordinación con el gobierno de la Autoridad Palestina, sembró la violencia para nuevamente comenzar el círculo vicioso. La provocación sin interrupción, como ha ocurrido en el nacimiento de la Intifada de Al Aqsa cuando Sharon y sus tropas irrumpieron en un Mezquita, no tiene la intención de sembrar un manto de piedad, sino la creación de la violencia justificada. A continuación, Israel acentúa el conflicto permanente negando a Hamás, elegido democráticamente en elecciones que Europa y Estados Unidos pidieron. El tiro salió por la culata.

Israel y los Estados Unidos han provocado, luego de las elecciones del 25 de enero de 2006, deliberadamente un retroceso en Palestina que está vinculado a dos cuestiones esenciales: en el ámbito regional Hamás es apoyado por Hezbollah, Irán y Siria, lo que resulta inadmisible. Consecuentemente con el primer punto fue necesario empujar a Hamás, como dice Khaled Hroub, autor de “Hamas: La guía de un principiante”, a su estado pre-electoral, es decir revivir la militarización del conflicto y empujar al grupo islámico al campo de batalla.

Israel planteó -y lo sigue haciendo en el contexto post electoral- soluciones que son de raíz, pero paradójicamente sólo en un sentido. En ese sólo sentido los palestinos deben desmantelar al terrorismo que es la supuesta solución para la existencia de dos Estados que convivan en paz y, al mismo tiempo,  la exigencia a los palestinos a controlar a su población. La socióloga y estudiosa de Medio Oriente Gema Martín Muñoz, ya advirtió que no es un problema de extremismos, sino que el problema es la colonización, el fondo de la cuestión. Israel mediante la construcción del muro o “Valla de Seguridad”, por ejemplo, anexará el 50% de Cisjordania. Los pozos de agua han quedado del lado oeste del muro.  Según la Consejera legal del Departamento de Negociaciones de la Organización para la Liberación Palestina (OLP), Stephanie Koury, los palestinos están siendo despojados de sus medios de supervivencia basados en la agricultura.

La jerarquía y el poder de Israel no tienen por misión establecer la paz con los palestinos, sino de controlar la situación, de poner freno, de dar y castigar. Siempre se esconde, bajo las premisas de ocasión, la libertad y los acuerdos protocolares que tienen como fin la opción y el reconocimiento de los dos estados como en los acuerdos de Oslo, y aquellos que comenzaron en Madrid en 1991 tras la petición de George Bush padre, un freno, un alto el fuego y un punto muerto, un callejón que no tiene salida.

Las máximas, hoy, de aquellos considerados terroristas, impregnan la realidad política en la siguiente disyuntiva: cómo negociar con Hamás en el contexto de la lucha contra el terrorismo post 11-S. Se impone el pensamiento de un sionista duro como Zeev Jabotinsky, quien planteó en 1923 que la lógica del nuevo estado israelí funcionaría, como cualquier otro estado, con un esquema amigo-enemigo.

Se podría argumentar o a modo de hipótesis que la instauración del estado palestino no traería vientos de paz a la región. En todo caso depende, eso sí, de las características que dicho Estado posea. La misión de Israel parece que no es buscar la paz con los palestinos. Su fin es otro: mantener en alerta permanente a la región y hacer el trabajo sucio de los Estados Unidos, como en el Líbano en pocas palabras: justificarse. Stuart Reigeluth, en un artículo titulado “Hezbolá, un modelo de resistencia para Hamás” en la revista Foreign Policy, sostiene que “a falta de un Estado central capacitado, los dos – Hezbolá y Hamás- obtuvieron apoyo popular (aunque eran muy restrictivos en cuanto al papel de la mujer) porque proporcionaban servicios sociales como asistencia médica, reparación de infraestructuras, enseñanza superior y seguridad básica”. La política considerada “errónea” por parte de Israel siguió con los enfrentamientos entre Hamás y Al – Fatah, la división interna palestina y nuevamente la represalia de las Fuerzas de Defensa Israelíes, sumado el apoyo explícito a Abu Mazen.  

De esta manera, como el fin es la permanencia del conflicto sin solución aparente, lo que importa aquí son los medios y las apariencias, para la justificación de las tareas. De aquella famosa máxima maquiavélica “el fin justifica los medios”, nos encontramos frente al papel israelí y nos preguntamos cuáles son sus fines: todos los medios utilizados son puestos en escena para mantener un fin que, en sí mismo, es la continuación de un estado de violencia que busca la paz, como lo demostró la guerra en el Líbano (ver recuadro 1), una extensión del conflicto palestino – israelí y de la política antiterrorista norteamericana. David Ben Gurión escribió hace tiempo que el conflicto no tiene solución porque los judíos quieren su tierra pero los árabes también. ¿Entonces? Hamás apareció en escena para reclamar los territorios anteriores a la Guerra de los Seis Días en 1967, hecho que no aprueba ni Israel, ni Estados Unidos, ni la Unión Europea. La realidad muestra que la construcción de asentamientos en Jerusalén y Cisjordania pone coto a las perspectivas palestinas para la creación de su Estado.

Borrar el pasado

La creación de un estado palestino borra automáticamente los argumentos per se del Estado de Israel, de sus fuerzas militares y de su misión. Todo el mundo conoce la solución al conflicto, pero el camino sigue hace mucho tiempo siendo el mismo. Al respecto, el pensador esloveno Slavoj Žižek dice que “hay efectivamente una suerte de síntoma neurótico en el conflicto de Oriente Medio; todo el mundo ve la forma de librarse del obstáculo, y no obstante, nadie quiere retirarlo, como si hubiera alguna especie de beneficio libidinal patológico ganado persistiendo en el punto muerto”.

En este sentido, la violencia debe necesariamente borrar de la faz y la tierra la memoria y la historia cultural y política palestina, como único camino posible para la paz. Jorge Luis Borges en “Otras inquisiciones” cuenta como el emperador chino Shih Huan Ti intentó borrar el pasado quemando todos los libros publicados anteriores a él. La continuación, varios siglos después, corresponde al ex primer ministro israelí Ehud Barak que argumentó que el estado palestino nacerá en el mismo momento en que surja una generación de palestinos que no recuerde los hechos de 1948, año en que se fundó el Estado de Israel. Quizás éste sea el último fin del Estado de Israel, borrar las huellas del pasado para seguir las premisas primigenias del precursor sionista Theodor Herzl plasmada en el siglo XIX: separar a los judíos de aquellos que no lo son.

El punto muerto es el fin de Israel. Pero si se queman todos los libros a la manera del emperador chino, podrán haber algunos cambios. Hoy la comunidad internacional juega al punto muerto, a los medios para llegar a un fin, ilusorio por cierto. La misma negación a la victoria electoral de Hamás con boicot económico incluido o la decisión de Israel de no pagar los impuestos que en su nombre recauda en Palestina, da motivos más que suficientes para que el apoyo popular a Hamás aumente. Es aquí donde todo comienza de nuevo. Mark Taylor  escritor, investigador y subdirector gerente del Instituto Fafo de Oslo, Noruega, expresa que hay una “inercia diplomática continuada”  y que las sanciones han ayudado a Hamás a consolidar su triunfo electoral en 2006 a lo que hay que agregar la toma del poder en la Franja de Gaza.

En tiempos de Guerra Fría, Henry Kissinger describe el pensamiento de aquella época y que se ajusta a estos tiempos: “Hasta que algún estado árabe mostrara la voluntad de separarse de los soviéticos, o éstos estuvieran dispuestos a desligarse del máximo programa árabe, no teníamos motivos para modificar nuestra política de punto muerto”.  La analogía hoy se traslada a la política unilateral fundada por Ariel Sharon y continuada por Ehud Olmert luego de los atentados a las Torres Gemelas.

Hoy Hamás es el punto muerto que Israel debe mantener; el apoyo a Abu Mazen de Olmert, Estados Unidos y la Unión Europea- con excepción de la población palestina mayoritaria -, en detrimento de los grupos islámicos y de la creación de un Estado islámico y nacionalista, desata la continuación de la política para una guerra prolongada. Israel de esta manera aprovecha la polarización política palestina y su continuación significa ensalzar los predicamentos surgidos de la guerra contra el terror emprendida por Estados Unidos, que no sólo acapara al terrorismo como objetivo final, sino a todos aquellos estados considerados peligrosos o fallidos como la nueva amenaza global.

La forma de violencia política que en esencia es el terrorismo, no plantea soluciones políticas con una paz verdadera, sino todo lo contrario. Porque Israel no lucha contra un adversario, sino contra un sistema, contra las urnas a favor de Hamás, contra el poderoso simbolismo que significa la lucha y la inmolación, contra las creencias, más políticas que religiosas, y las reivindicaciones. La responsabilidad de aquellos que tienen realmente el poder es el punto de partida. En este contexto, si la terquedad mantiene su hegemonía, la solución política efectivamente significará quemar todos los libros.
 

COMENTARIOS (6)

Leer todos los comentarios
crorkz

xYfArT Very informative article post.Thanks Again. Really Cool.

crorkz

vVtTjW Great blog post.Really looking forward to read more. Awesome.

cheap backlinks

9MXsKJ I really liked your blog article.Really looking forward to read more.

AGREGAR COMENTARIOS

La finalidad de este servicio es sumar valor a las notas y establecer un contacto más fluido con nuestros lectores. Los comentarios deben acotarse al tema de discusión. Se apreciará la brevedad y claridad de los textos, y el buen uso del lenguaje: las malas palabras y los insultos no serán publicados.